Oscuridad en la montaña - Vale Vanessa - E-Book

Oscuridad en la montaña E-Book

Vale Vanessa

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Beschreibung

Si te gustó el Condado de Bridgewater, ¡no querrás perderte a los hombres salvajes de montaña de Cutthroat, Montana!

Queríamos un para siempre con Kit Lancaster. En lugar de tenerla entre nosotros, se fue de la ciudad, desbocada como un caballo en un establo en llamas. Un año después Kit está de regreso y va a ser nuestra. Para tenerla, abrazarla y quedarnos con ella. Para siempre.

¿Qué podría meterse en el camino? Ah sí, un pequeño detalle llamado asesinato.

 

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Oscuridad en la montaña

Hombres salvajes de montaña - 1

Vanessa Vale

Derechos de Autor © 2021 por Vanessa Vale

Este trabajo es pura ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora y usados con fines ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas, empresas y compañías, eventos o lugares es total coincidencia.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de este libro deberá ser reproducido de ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y retiro de información sin el consentimiento de la autora, a excepción del uso de citas breves en una revisión del libro.

Diseño de la Portada: Bridger Media

Imagen de la Portada: Hot Damn Stock; Deposit Photos: EpicStockMedia

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Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Epílogo

Contenido extra

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Acerca de la autora

1

KIT

Saqué el brazo de debajo de las sábanas y golpeé la parte superior de mi despertador para que se callara. Dios, era demasiado temprano. A pesar de que el sol se asomaba debajo de las persianas, quería acurrucarme por unas horas más. Quejándome, saqué las piernas y me senté. La boda de anoche había transcurrido sin problemas; al menos al novio y a la novia les había parecido así. Erin y yo pudimos desembriagar a tiempo al tío del novio con dos tazas de café para las fotos familiares. Nunca notaron que la mezcla de vegetales en las comidas no había sido una mezcla en absoluto, sino brócoli solo.

Aunque la pareja tuvo un día de bodas —y muy probablemente una noche— para recordar, el mío había sido menos emocionante. Para mi sábado salvaje por la noche, busqué el billete de lotería diario para mi madre de camino a casa, pateé la puerta principal con mis tacones y luego me caí en la cama como si fuera un árbol recién cortado y dormí hasta… la molesta alarma.

Teníamos un desayuno de trabajo con nuestro nuevo —y más importante— cliente, y todo este trabajo era la razón por la que regresé a Cutthroat, pero unas pocas horas extra de sueño no me habrían hecho daño.

No olía ningún café que estuviera preparándose, lo que significaba que Erin aún dormía. Ella había programado la reunión temprano, así que lo menos que podía haber hecho era levantarse primero y tener lista la inyección de cafeína.

Ya de mal humor, hice mi cama rápidamente y luego salí de mi habitación por el pasillo, tirando de mi camisa de dormir hacia abajo. Llegué hasta el sofá de la gran sala y luego me detuve. Miré fijamente. Parpadeé. No estaba del todo despierta; mi mente no estaba encendida en todos los sentidos, pero al ver a Erin tirada en el suelo, me puse totalmente alerta entre un latido y el siguiente.

—¡Erin! —grité arrodillándome delante de ella. Su cabello rubio estaba cubierto de sangre hasta la cabeza. Mucha sangre empapaba la alfombra. Sus ojos azules me miraban fijamente, vagos y vacíos—. Dios mío, Erin. ¡Despierta!

Racionalmente, sabía que estaba muerta. Sus ojos no se movían. Sus labios se tornaron grises. El costado de su cabeza… Dios, estaba fatal. Irracionalmente, la levanté sobre mi regazo, coloqué su cabello hacia atrás y seguí diciéndole que se despertara. Cuando me di cuenta de que me estaba manchando con sangre, me paré. Empecé a temblar, a mirar a mi alrededor para ver cómo Erin había terminado así. Ayuda. Ella necesitaba ayuda.

Con cuidado, la recosté en el suelo nuevamente, corrí a mi habitación y cogí mi móvil del cargador. Con dedos temblorosos, traté de deslizar la pantalla para tener acceso.

—Vamos —gimoteé, pero mis dedos cubiertos de sangre no funcionaban. Los limpié con mis pantaloncillos de dormir y lo intenté de nuevo.

—911 ¿Cuál es su emergencia?

—Yo… mi amiga… está muerta. Oh, Dios. Tienes que enviar una ambulancia.

—Señora, ¿cuál es su dirección?

Se la dije, luego contesté todas las preguntas que me hizo con su eficiente voz. Me quedé en línea con la mujer hasta que escuché sirenas, luego colgué y corrí hacia afuera. La casa de Erin era una construcción hecha toda de madera y vidrio, con más habitaciones de las que necesitaba una persona. Se ubicaba en un enclave de casas de alto nivel, con lotes grandes y vistas increíbles, que harían un gran agujero en las cuentas bancarias de la mayoría de la gente, pero no en las de Erin. Ella era una Mills. Corrí descalza por el pasillo delantero para encontrarme con el camión de bomberos y la ambulancia que se había metido en el camino circular de ingreso y señalé hacia la casa.

—¿Estás herida? —preguntó uno de los paramédicos, mirándome mientras los otros entraban.

Negué con la cabeza.

—No es… no es mi sangre. Yo la encontré.

Le seguí hasta la casa, donde el otro paramédico y tres bomberos estaban parados en el gran salón de doble altura frente a la chimenea de piedra de río, pero no hacían nada para ayudar a Erin. Uno hablaba por un intercomunicador, aunque yo no prestaba atención a qué decía.

Miré a Erin en el sofá, justo como la había dejado. El servicio de emergencia no actuaba en nada porque sabía que estaba muerta. Se veía muerta, incluso con sus familiares pantalones negros de yoga y su camiseta blanca de tirantes, la camiseta manchada de sangre en el lado derecho.

—Señora, ¿puede decirme qué pasó aquí? —preguntó un bombero, tomando en cuenta mi apariencia—. ¿Te metiste en una pelea?

Mi boca se abrió.

—¿Qué? No. Yo… me acabo de despertar. La encontré así. —Señalé a Erin.

—¿Por qué estás cubierta de sangre?

Me giré hacia la voz. No era ninguno de los de servicios de emergencias, sino otra persona. Alguien que conocía tan solo por el tono profundo de sus palabras.

—Nix —susurré.

El hombre que había protagonizado la mayor parte de mis fantasías nocturnas estaba parado delante de mí en todo su metro ochenta de gloria. Llevaba puestos unos vaqueros y una camisa con botones, también una preciada hebilla de cinturón de rodeo en la cintura. Una pistola de servicio colgaba dentro de una funda en su cadera, justo al lado de la placa, y justo al lado de ese… bulto.

Parpadeé y aparté la mirada. Dios, mi compañera de cuarto estaba muerta y yo me comía con los ojos el paquete de entre piernas de Nixon Knight. Pero era Nix. Todo en él era familiar, era como volver a casa, aunque no lo había visto en más de un año. A pesar de que él era una de las razones por las que me fui de Cutthroat. A pesar de que no tenía ningún interés en mí. El recuerdo hizo que mirara hacia otro lado con mis mejillas ruborizadas. No por haber sido atrapada, sino por la vergüenza del año pasado. Mi ilusión desperdiciada. Mi amor fuera de lugar.

—Kit —contestó acercándose, colocó su mano sobre mi hombro y se inclinó desde la cintura para que sus oscuros ojos se encontraran con los míos—. ¿No estás herida?

Su mirada era perspicaz, evaluadora, observando cada centímetro de mí.

—No. Toda esta sangre es de ella. —Levanté las manos y las dejé caer—. Yo… fui a ayudarla, pero... pero no había nada que hacer. Llamé al 911.

Quería correr a sus brazos, que me abrazara fuerte y que hiciera desaparecer todas las cosas malas, pero no estaba aquí como amigo, ni siquiera como casi novio. Estaba trabajando. Yo era su trabajo.

—No sabía que habías vuelto a la ciudad —dijo.

Me mordí el labio y aparté la mirada de su escrutinio.

—Um… el mes pasado.

—¿Te estás quedando aquí con Erin?

—Sí. Estoy trabajando con ella en Mills Moments. —Parecía confundido—. Su negocio de planificación y organización de eventos.

—Oh. Claro.

—Estaba ahorrando algo de dinero para conseguir un lugar propio. Sin embargo, hemos estado muy ocupadas, organizando algunos eventos más pequeños, como la boda de anoche. La mayor parte de nuestro tiempo últimamente ha sido con un gran cliente, para ocuparnos de todo el catering, las fiestas y los eventos de marketing de una nueva película de Eddie Nickel. Íbamos a reunirnos con él esta mañana.

Eddie Nickel era una estrella de cine famosa, y tenía una casa en Cutthroat. Dos hijos. Shane era unos años mayor que yo y Amapola había estado en mi clase de la secundaria. Ambos crecieron aquí con una niñera mientras Eddie estaba en Hollywood o filmando.

—¿Un domingo?

Me encogí de hombros.

—Trabajan todos los días cuando están en la locación.

—Haré que alguien se ponga en contacto con él —respondió. Obviamente, no iba a ir a esa reunión. Erin tampoco. Tragué con fuerza, dándome cuenta de lo horrible que era todo. Las lágrimas amenazaban, pero las contuve.

Nix caminó hacia el cuerpo de Erin, pero no demasiado cerca, se agachó, miró todo. Sabía que estaba observando cosas que yo no podía ver.

Después de un minuto, se puso de pie y se volvió hacia mí.

—Cuéntame lo que pasó.

—No sé qué le pasó. Yo… estaba durmiendo y vine a hacer café. La encontré y luego llamé al 911.

—¿Dónde está tu dormitorio? —Miró alrededor del espacio. La cocina inmensa estaba abierta hacia la gran sala; una escalera curvilínea se situaba al lado de la chimenea.

Señalé al final del pasillo y a la parte de atrás de la casa.

—Detrás de la cocina. La habitación de Erin está arriba. El segundo piso es más o menos una suite grande principal.

Miró hacia donde le indiqué, luego me miró a mí.

—¿Por qué estás cubierta de sangre?

Me miré a mí misma, volteé las manos hacia arriba y vi cómo estaban completamente cubiertas; luego le dije cómo había sentado a Erin en mi regazo preguntándome cómo se había golpeado la cabeza, todo eso. No era mucho, pero los paramédicos escuchaban en silencio. Solo la voz de los intercomunicadores cortó el mutismo.

Me estremecí y crucé los brazos sobre mi pecho cuando me di cuenta de que estaba de pie frente a Nix y otros cinco hombres con una camiseta —sin sujetador— y con pantalones cortos de dormir. Miré hacia abajo, noté mis pezones sobresaliendo del algodón elastizado, pero luego vi toda la sangre sobre mí. El amarillo de la camiseta estaba teñido de rojo, mis manos estaban cubiertas, mis brazos embadurnados. Incluso había manchas en mis pantalones cortos con rayas azules y en mi muslo.

—¿Cuándo fue la última vez que la viste?

Levanté la vista de la sangre de mi mejor amiga.

—Anoche, en el Red Barn. En la boda que planeamos.

Era un lugar de recepción familiar que estaba fuera de la ciudad, en diez acres de tierra, un hermoso granero antiguo renovado que servía para una variedad de funciones.

—Me fui antes que Erin; dijo que tenía planes después —agregué.

—¿Cuáles eran?

Negué con la cabeza.

—No lo sé. No los compartió conmigo, pero supongo que con un chico.

—¿La puerta principal estaba abierta? —Inclinó su cabeza hacia la entrada actualmente abierta. La mañana estaba fresca, como todas las mañanas de verano en Montana, pero se calentaría cuando el sol subiera más alto.

Fruncí el ceño. Pensé.

—No. La abrí cuando escuché las sirenas.

—¿Estaba cerrada con llave?

—No. —Me estremecí de nuevo.

—Veo una alarma junto a la puerta. —Señaló el sistema de alta gama—. ¿No estaba activada?

—Erin nunca la colocaba, que yo sepa. No sé el código. ¿Puedo… puedo ir a buscar un suéter o algo? —La sangre de mis manos se había secado e hizo que la piel se sintiera ajustada.

—Iré contigo, pero el equipo de la escena del crimen necesita hacer su trabajo.

—¿Escena del crimen? —repetí.

Su ceja oscura se elevó.

—Ella no se tropezó, Kit. —Miró al cuerpo de Erin en el suelo—. Fue asesinada.

2

NIX

Kit Lancaster.

Dios, KitLancaster. Joder.

Aquí. En Cutthroat. Me preguntaba a dónde se había ido. No ido. Escapado. Literalmente se fue una medianoche, y yo no tenía ni jodida idea de por qué. Un día iba a venir a cenar, al siguiente se mudó a Billings. Ni una llamada. Ni un mensaje. Ni siquiera una maldita nota adhesiva.

No habíamos salido, ya que vernos para tomar un café y hablar del Baile de los Policías no contaba. ¿Y el beso? Un pico en su mejilla definitivamente tampoco contaba. Quería mucho más. Maldición, quería todo con ella. Esperaba que regresara a la ciudad porque ella fue quien se escapó. A quien todavía quería, incluso después de un año. Joder, ella era la indicada.

¿Y ahora? La mujer de mis sueños, de cada una de mis fantasías eróticas, estaba metida en un asesinato.

Ver muerta a Erin Mills en el suelo de su sala de estar la mañana de hoy fue impactante, pero al ver a Kit cubierta de sangre… maldición, envejecí diez años al verla así, pensando que había sido gravemente herida. Después se cubrió sus manos, sus antebrazos, incluso su ropa de dormir y sus piernas. Quería sujetarla, abrazarla, alejarla del horror con el que se había despertado. Pero era lo último que podía haber hecho. Yo era un detective y ella estaba… en una maldita tonelada de problemas.

Se encontraba cubierta de evidencia. Sin darse cuenta, manipuló una escena del crimen cuando fue a ayudar a Erin. Su ADN no solo se hallaba por toda la casa, porque se estaba quedando allí, sino por toda una mujer muerta que había sido brutalmente asesinada. Mi trabajo era averiguar qué había pasado y llevar a un criminal ante la justicia. Había un protocolo. Pasos a seguir. Uno de ellos era no abrazar a una testigo —un sospechoso potencial— y arruinar las evidencias.

Mierda. Ese encuentro ocurrió hace doce horas y todavía pensaba en ella.

Mi turno había terminado, pero estaba conduciendo hacia la oficina de Mills Moments. No me atreví a decirle a nadie que mi cabeza no se había concentrado en la víctima, sino en la compañera de cuarto. La compañera de trabajo.

Kit estaba hermosa de pie justo en medio de la sala, aun con sus ojos atormentados y con la oleada de adrenalina de pánico que la hacía temblar. Perfecta. Su cabello oscuro estaba despeinado por el sueño. Sin maquillaje en su cara redonda. Se veía como la chica de al lado perfecta con su diminuta ropa de dormir. Era muy sexy, excepto por la maldita sangre. Y el cadáver. Eso fue lo que evitó que mi pene se pusiera duro frente a los paramédicos.

Me acerqué a un semáforo en rojo y me moví en mi asiento.

Antes había sido protector con Kit, pero ¿ahora? ¿Alguien había intentado matar realmente a Erin Mills o el asesino estuvo ahí por Kit? ¿Erin se había metido en el camino? ¿Por qué Kit no escuchó nada? Tantas preguntas sin responder…

—¿Crees que ella estará allí? —me preguntó Donovan irrumpiendo en mis pensamientos. Lo tenía en el altavoz del coche para poner al día a mi amigo sobre el caso. Como fiscal de la Fiscalía, el caso iría en dirección a él. Eventualmente. Una vez que tuviéramos un arresto. Pero no preguntaba por Kit debido al caso. Era porque ella había regresado a la ciudad. Porque regresó en medio de un maldito desastre.

Después de dejar al equipo de la escena del crimen que hiciera su trabajo en la casa de los Mills, llamé a Donovan y le conté lo que había pasado. Le dije que Kit había vuelto y que estaba en medio de todo. Él no sabía que había regresado a Cutthroat porque me lo habría dicho. Ambos habíamos estado esperando volver a estar frente a Kit para tener la oportunidad de decirle lo que sentíamos y poder hacerla nuestra.

Eso es correcto. Nuestra.

Cambié mi luz intermitente y crucé hacia la Main Street. Para ser un domingo por la tarde en Cutthroat, la calle estaba concurrida, llena de turistas y ciudadanos disfrutando del clima espectacular. No había nada mejor que el verano en Montana, excepto cuando en el invierno los diamantes negros de Cutthroat Mountain tenían un polvo épico.

Pensé en la pregunta de Donovan. ¿Estaría Kit en la oficina de Mills Moments? De ninguna manera iría a casa de su madre. Por lo que sabía, la señora Lancaster no había salido de su casa en años. La vida familiar de Kit había sido un maldito desastre. Su padre se marchó cuando ella tenía seis años, lo cual le hizo mucho daño a su madre. La depresión y la ansiedad se convirtieron en ocultamiento extremo y agorafobia. Kit se había criado a ella misma y había cuidado de su madre.

—Por lo que Kit me dijo el año pasado, la entrega de comestibles y las compras en línea han ayudado a la madre con su rollo. Obviamente, lo de Erin es un callejón sin salida. —Suspiré y me froté la cara con una mano—. Maldición, no quise decirlo.

Donovan se rio.

—Podría estar en un hotel.

Negué con la cabeza a pesar de que no podía verme.

—Ya revisé los hoteles. No hay habitación a su nombre. —Esa era la ventaja de ser detective—. La oficina está a la izquierda.

Volteé mi parasol hacia abajo; el sol me cegaba mientras descendía en el cielo.

Con la ciudad ubicada entre parques nacionales y un sinfín de gente de campo que venía a Montana a disfrutar, Cutthroat era una ciudad popular. Nombrada inocentemente en honor a la trucha del río local que fluye a lo largo del lado este de la ciudad, puede que fuese pequeña, pero había crimen. ¿Qué ciudad no lo tenía? Había suficiente para mantenerme en la nómina. Y ocupado. El último asesinato fue en 1984 cuando una mujer mató a su esposo con una motosierra después de descubrir que la había engañado con una monja del convento de camino a Missoula. Este caso, sin embargo, era diferente.

Pediría las finanzas de Erin, los registros telefónicos, los datos de siempre. Descubrí que la oficina de Mills Moments estaba en el segundo piso de uno de los edificios históricos en el extremo este de la ciudad. Llena de tiendas lujosas y tiendas de accesorios destinadas a los hombres ricos que gustaban de actividades al aire libre, esa dirección significaba que el negocio de planificación y organización de eventos iba bien. Lo suficientemente bien como para que Erin necesitara una compañera como Kit.

Después de que los paramédicos llevaron a Kit al hospital —para asegurarse de que no estuviera herida y para catalogar su ropa y tomar muestras de ADN—, esperé a los investigadores de la escena del crimen y al forense. Me había llevado horas fotografiar el cuerpo, procesar todo, mecanografiar los informes, lidiar con mi jefe, con el periódico. La noticia del asesinato se difundía rápidamente, especialmente si se trataba de Erin Mills.

La autopsia tendría lugar mañana y la evidencia estaba siendo procesada. No había nada más que hacer esta noche. Excepto encontrar a Kit.