Psicología - Ada Albrecht - E-Book

Psicología E-Book

Ada Albrecht

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Beschreibung

La meta de la verdadera psicología no es otra que ayudar al ser humano a lograr esa mente serena que permita el surgimiento de la Visión Perfecta. No es tarea fácil abordar tema tan importante con palabras simples. Para ello es necesario de una gran pedagogía unida a la necesaria vivencia interior. Tales cualidades las reúne la profesora Ada Albrecht, quien, a través de las páginas de este libro nos iniciará en la Senda del auténtico crecimiento: el Crecimiento Interior, que no hace seres más eruditos, sino más buenos, sencillos, y a la vez, más profundos.

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Seitenzahl: 131

Veröffentlichungsjahr: 2024

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OM SRI GANESHAIA NAMAHA

Reverencia a Sri Ganesha

Deva de la Sabiduría Espiritual

en la Religión de la India y

Guía de los devotos de Dios

Ada Albrecht, Fundadora de Hastinapura, en la Sede Central de Hastinapura, en Buenos Aires, República Argentina

Ada Albrecht

PsicologíaApuntes formativos

Libro de texto de la Cátedra de Psicología de la Fundación Hastinapura

2020

EDITORIAL HASTINAPURA

BUENOS AIRES, ARGENTINA

Índice de contenido
Portadilla
Legales
PRÓLOGO
PALABRAS PRELIMINARES
CONCIENCIA
YO, ELLO, SUPERYO
LA CONCIENCIA PURAY LA CONCIENCIA REFLEJADA
ATENCIÓN
ESTAR ATENTOS
NUESTROS SENTIDOS Y EL MUNDO
ATENCIÓN INTUITIVA
MEMORIA
LA HISTORIA DE KUNGTI
DEBEMOS ESTAR ATENTOS Y DESPIERTOS
LOS VRITTIS
SOBRE EL RECORDAR Y EL OLVIDAR
LAS CUATRO FUNCIONES DE LA MEMORIA
INTELIGENCIA
RAZÓN E INTELIGENCIA
PRIMER PASO:LA DESUBJETIVACIÓN
SEGUNDO PASO:EL CONTROL DE LOS SENTIMIENTOS NEGATIVOS
TERCER PASO:EL CONTROL DE LA IMAGINACIÓN
IMAGINACIÓN
EL MUNDO DE MÂYÂ
SER E “IMAGINAR SER”
IMAGINACIÓN CREADORA
EJERCICIO PARA EL CONTROL DE NUESTRAS FANTASÍAS
EMOCIONES Y SENTIMIENTOS
CONCIENCIA ATENTA
EMOCIÓN INFERIOR Y EMOCIÓN SUPERIOR
DOMINIO DEL VEHÍCULO EMOCIONAL
LAS TRES NATURALEZAS PRIMARIAS DEL SER HUMANO
LAS ACTIVIDADES PSÍQUICAS: INTELECTUALES, VOLITIVAS Y AFECTIVAS
HÁBITO
HÁBITOS E INSTINTOS
LA MENTE Y LOS HÁBITOS
SENSACIONES
EL VALOR RELATIVO DE LOS SENTIDOS
LOS SENTIDOS O INDRIYAS
LA ENERGÍA DEL SER HUMANO
LAS CUATRO ELEVACIONES DE LA ATENCIÓN
PERSONALIDAD
CONFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD SEGÚN LA VEDÂNTA
CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONALIDAD
IDENTIFICACIÓN-ESPEJO E IDENTIFICACIÓN-IMAGEN

Psicología: apuntes formativos

Ada Albrecht

Ediciones: 2008, 2012, 2015, 2020

Imagen de la portada: El Señor Ganesha, Dios del Discernimiento.

Todos aquellos que deseen profundizar sus estudios sobre los temas tratados en este libro pueden llamar o acercarse a cualquiera de las direcciones dadas al final del volumen.

El tipeo, diseño y corrección del presente libro ha sido realizado íntegramente por Miembros de la Fundación Hastinapura.

Albrecht, Ada

Psicología : apuntes formativos / Ada Albrecht. - 3ed 2da reimpa ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2024.Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga ISBN 978-987-4038-80-7

1. Psicología. I. Título

CDD 150.2

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

© by Editorial Hastinapura

Riobamba 1018 (C1116ABF)

Buenos Aires, República Argentina

Tel/Fax (0054-1) 4811-9342

E-mail: [email protected]

Internet: www.hastinapuralibros.com

ISBN edición digital (ePub): 978-987-4038-80-7

Primera edición en formato digital: julio de 2024

Versión 1.0

Digitalización: Proyecto451

PRÓLOGO

“Sumerge tu pensamiento en Dios,

sé Su devoto, sacrifica en Su honor,

póstrate ante Él. De este modo, llegarás a Él”

Bhagavad Gîtâ

NOS ENSEÑAN LOS GRANDES MAESTROS de la Espiritualidad que la Meta de la vida humana es tan sólo una: LA UNIÓN CON DIOS.

Sin embargo, el ser humano, en su Sendero hacia Él, suele hallar obstáculos que, casi siempre, provienen de su propia persona, es decir, de su propia mente. Es por ello necesario aprender a conocer a esta última, saber a qué impulsos responde, cómo se relaciona con el mundo que nos rodea, de qué manera puede ser perjudicial para nuestro desarrollo interno, y también, cómo puede ayudarnos en el develamiento de nuestro Ser.

A lo largo de la historia de la Mística Universal, con respecto a la mente y sus hijos, los pensamientos, imaginaciones, recuerdos, etc., ha habido una coincidencia total y definitiva: cuanto más inquieta es la mente, tanto más lejos se halla el ser humano del Conocimiento de Dios. Se nos enseña que el Amor a Dios, Energía Celeste dadora de toda Bienaventuranza, nace en la criatura humana en la medida en que se deja a un lado el caleidoscópico y engañoso universo mental, y nuestra existencia se pone sumisamente bajo la guía del corazón purificado.

En otras palabras, es en nosotros mismos donde comienza el camino hacia la Eternidad.

Estas breves palabras son suficientes para comprender por qué en una Escuela de Filosofía Espiritual, como lo es Hastinapura, se presenta la cátedra de Psicología, cuyo objetivo no es el simple adiestramiento de la mente, sino, más bien, el hacer comprender que, tarde o temprano, ella ha de ser trascendida por la inefable intuición espiritual, fruto del desarrollo de la Conciencia Divina en nosotros.

No es tarea fácil abordar tema tan profundo con palabras simples. Para ello es necesario de una gran pedagogía unida a la necesaria vivencia interior. Tales cualidades las reúne la Profesora Ada Albrecht, quien, a través de las páginas de este pequeño libro —pequeño por su extensión, pero gigantesco por su contenido— nos iniciará en la Senda del auténtico crecimiento: el Crecimiento Interior, que no hace seres más eruditos, sino más buenos, sencillos, y a la vez, profundos.

Finalizamos así este prólogo con el anhelo de que estas enseñanzas brinden claridad y sirvan de guía a todos los sinceros Buscadores de la Verdad.

Claudio Dossetti

Bs. As., 2 de Mayo del 2003

PALABRAS PRELIMINARES

“Sin duda que inquieta y rebelde al

yugo es la mente, pero a subyugarla

bastan el esfuerzo sostenido

y la carencia de pasiones”.

Bhagavad Gîtâ

UNA MENTE EXCESIVAMENTE INQUIETA, que corre detrás de cada objeto que se presenta ante ella, una mente distraída, indisciplinada, inconstante, una mente que comienza a elaborar una idea y antes de finalizarla se desvía hacia otra, una mente tal difícilmente pueda ser un vehículo adecuado para la purificación del ser y la consiguiente elevación espiritual de la criatura humana.

Una mente clara y serena es requisito indispensable para abocarse al estudio de toda filosofía espiritual, y también para transitar por la vida buscando el bien y brindando lo mejor de nosotros mismos a quienes nos rodean.

Para ello es necesario que conozcamos —aunque más no sea de un modo somero— la constitución interna del ser humano, las diversas formas que la mente adopta y cómo se manifiesta, sus aspectos positivos y negativos, sus virtudes, y también sus defectos.

Si bien el vehículo interno de la criatura humana conforma una unidad, con un afán pedagógico se ha dividido este libro en varios capítulos con el objeto de abordar sus diversas modalidades.

Así, encontraremos:

CAPÍTULO I: CONCIENCIA. En este capítulo se tratará sobre qué es lo que llamamos “Conciencia”, desde un punto de vista metafísico. La Conciencia como aquello que arroja luz sobre todo nuestro ser, nos otorga el poder del conocimiento y posee naturaleza Divina.

CAPÍTULO II: ATENCIÓN. Aquí se tratará sobre una característica muy importante que debe poseer el discípulo. Estar desatentos equivale a estar “ausentes”, con la mente distraída, y si una mente distraída no es capaz de comprender ni aun las cuestiones cotidianas, cuánto menos podrá captar aquello que pertenece al reino metafísico, el cual es mucho más sutil.

CAPÍTULO III: MEMORIA. En la antigua India, los Maestros daban gran importancia al cultivo de la memoria de sus discípulos. Decían ellos “aquello que cada ser humano guarda en su memoria es en lo que paulatinamente se irá transformando su ser”. De allí la importancia de conocer qué es y como funciona en nosotros la capacidad de recordar.

CAPÍTULO IV: INTELIGENCIA. Aquí se estudia qué debe ser comprendido por “Inteligencia”. Esta no es la mera razón discursiva, sino algo mucho más elevado: es la capacidad de “Discernir”. Es aquello que permite al ser humano Ver y distinguir con claridad meridiana que es lo Real (Dios) y qué las formas ilusorias (el mundo de Mâyâ) que se presentan ante nuestros sentidos.

CAPÍTULO V: IMAGINACIÓN. Se trata en este capítulo sobre la naturaleza de la Imaginación. Su aspecto positivo (la imaginación creadora) y su aspecto negativo (la fantasía). La relación entre la imaginación creadora y las más elevadas facultades del ser humano.

CAPÍTULO VI: EMOCIONES Y SENTIMIENTOS. Se hace aquí una clara distinción entre las simples emociones emparentadas con el vehículo físico del ser humano y los Sentimientos más elevados que nacen del contacto con las potencias Espirituales y permiten al ser humano remontarse hacia los Planos Divinos.

CAPÍTULO VII: HÁBITO. En este capítulo se presenta a los hábitos como adquisiciones —muchas veces subconscientes— que suelen mecanizar al ser humano, no permiténdole actuar con la libertad necesaria para adentrarse en temas espirituales.

CAPÍTULO VIII: SENSACIONES. Un breve estudio acerca de cómo se producen las llamadas “sensaciones”, su relación con la mente y los sentidos.

CAPÍTULO IX: PERSONALIDAD. Aquí se presenta a la personalidad como un conjunto de envolturas ilusorias que “cubren” al verdadero Ser de la criatura humana, cuya develación es la Meta de toda Metafísica.

De este modo, tratamos de brindar en una forma práctica y sencilla elementos básicos para el conocimiento de nuestro propio ser, elementos que, unidos a las enseñanzas de los Grandes Maestros podrán servirnos para encauzarnos por el Sendero que conduce a Dios Nuestro Señor.

CAPÍTULO I

CONCIENCIA

“El Yo conocedor es no nacido; Él

no muere; no ha brotado de nada;

nada ha brotado de Él. Nonato,

eterno, sempiterno y anciano,

Él no muere cuando muere el cuerpo”.

Katha Upanishad

CONCIENCIA ES SIEMPRE “conciencia de un Yo”. De todos los autores de manuales de Psicología es Pradines quien mejor la define (1). Dice que conciencia es “cumscire” o posesión de nuestra ciencia; pero el caso es que los hombres que se ajustan a lo que dice el citado autor se cuentan en el mundo con los dedos de una mano. Él parece haber tenido como modelo de ser conciente a un superhombre, y define lo que es conciencia ajustándose a este arquetipo.

¿Qué tenemos que decir nosotros al respecto? Mucho, pero vamos a comenzar diciendo algo referente al tan citado “yo”. Analicémonos: estamos infectados de automatismos, de una precariedad conciencial infinita. La disgregación es hálito siniestro que esparce al Yo, al Espíritu más elevado, lo serviliza, lo golpea, lo debilita.

Yo en mis instintos, yo en mis emociones, yo en mis sentimientos; nunca yo en el Yo; desde su “cabina de control” el yo direcciona todo cuanto debe ser ordenado por él. Me finjo “yo” y al hacerlo trabajo la mayor parte del día para mis enemigos.

Uno de los obstáculos más temibles es nuestra falsa percepción de lo que debe ser estético en nosotros, porque conviviendo con la personalidad como lo hacemos, rebajamos lo estético a lo efímero y damos belleza a lo intrascendente, terminando por morir para lo Bello-aformal.

Sonrisa, simpatía, refinamiento de “clown” adiestrado para el buen comportamiento social, son elementos altamente importantes. Pero nacen de un seudoconsejero: el yo-animal; no los posee por naturaleza y por eso trata de incrustar estos arquetipos en su fango, cosa que no le será posible, y ni bien se distraiga, la máscara caerá y saldrá a relucir la verdad de su hechura artificiosa. La estética del vestido suplanta la estética del Ser.

Se nos dio un vehículo para conducir, pero no hacemos el menor esfuerzo para interpretar los botones de su tablero.

Se dice que “el ser humano piensa”, y esto es otra falsedad. Por ocultos caminos entran al recinto mental del ser humano fracciones del mundo que le ordenan: “piénsame, soy el interés del triunfo que te ha poseído y ahora debes obedecerme”..., “piénsame, soy tu amor propio insatisfecho que ahora ordena hacer tal o cual acción a fin de que yo me sienta vengado”...

En este paradójico universo en que subsistimos, solemos prestar más energía mental a la colocación de un botón que acaba de soltarse de nuestra camisa que a la ubicación de un acto virtuoso que acaba de descolocarse de nuestro ser.

En consecuencia, es evidente que no podemos creer que “todo acto de conciencia gira alrededor de un único Yo”; porque somos especialmente prolíficos en “yos” y nuestro planeta individual posee una superpoblación increíble. Cualquier cosa es preferible al abominable hábito de controlarse y “centrarse”.

Por otra parte el mundo nos modela, nosotros no modelamos al mundo; absorbemos todo cuanto existe en él, todo aquello que consideramos buena cosecha para nosotros: ideas, sueños, gestos, miradas, palabras; no extraemos de nuestro propio fondo, sino que elegimos del gran muestrario exterior que se nos presenta, optamos por lo que juzgamos de mayor conveniencia para nosotros, para parecer mejores o “eso” que deseamos parecer.

Tenemos una idea bastante devaluada de lo que somos porque jamás dejamos de vernos como superficie. Somos como el mar, del cual sólo nos interesan sus costas fáciles: no tenemos alma de buzo para profundizar en nosotros mismos pese a que a menudo solemos decir que “daríamos cualquier cosa por ‘sabernos’ a nosotros mismos”...

El ser humano posee gran facilidad para desplazarse por todos sus dominios; y es en esa facilidad donde estriba precisamente el peligro: “se pone” dentro de sus sentimientos y goza o sufre con ellos, o bien con los sentimientos de los demás. Así también hace con sus instintos y sus pensamientos. Nunca está “en sí”, siempre sale “fuera de sí”.

YO, ELLO, SUPER-YO

Según Freud, la personalidad del ser humano se halla estructurada por el ello, el yo y el super-yo(2). Sin embargo, esta clasificación no resiste un análisis a fondo sin quebrantarse, porque el ser humano es, sobre todo, “ello”. El yo y el super-yo son meras segregaciones del primero en el común de la humanidad.

Para tener yo es menester “recogerlo”; es decir, para poseer un yo, es imprescindible tener conciencia de su actual atomización, que se manifiesta en nuestro comportamiento. Somos yo-deseo, yo-vanidad, yo-pasión, pero el Yo es otra cosa que está vacía de esa clase de vivencias siempre esclavizadas por los mandatos de la sensibilidad. En la práctica sólo poseemos un yo-animal (3).

Si trabajamos para lograrlo, podemos llegar a develar nuestro yo-humano (4)... carecemos de super-yo. Para poseer super-yo hay que convertirse en “hombre-humanidad”. Para ser un “hombre-humanidad” hay que dejar de ser un “hombre-personalidad”.

Poseemos un yo-animal y vivimos más para las necesidades de nuestro animal que para aquello que lo trasciende. Perdemos energía-tiempo en vestirlo, en darle de comer, en buscarle donde vivir. Respetamos sus caprichos, pasiones, sexualismos... El yo-animal fagocita al yo-humano.

El yo-animal nos tiene en un puño; nosotros nos dejamos tener. Sube hasta nuestra mente y nos obliga a pensarlo y a cuidarlo, incluso nos enseña cómo y cuanto debemos respetarlo. Nosotros obedecemos porque hasta ahora no nos hemos dado cuenta —puesto que dormimos— de lo catastrófico de esa esclavitud.

Aun no tenemos yo-humano, pero podemos tenerlo; no lo tenemos porque no lo concienciamos, no lo sabemos.

Así como el yo-animal tiene necesidades de yo-animal, el yo-humano tiene las suyas; para que él se manifieste debemos convertirnos en alquimistas de nosotros mismos. A esta alquimia se llega por el control de nuestras facultades, pensamientos, emociones, etcétera. Este control procede de la voluntad. Por ahora carecemos de voluntad, sólo poseemos poli-impulsos (que no tienen dirección continua sino que se disgregan en cientos de fines epidérmicos, casi todos).

El yo-humano necesita sobre todo la obediencia de nuestro yo-animal, pero lograr su obediencia es difícil, porque involucra su propia muerte, por eso se niega instintivamente a ella.

Necesita de nuestra ubicación. Si jugamos a estar inmersos en las partículas de “yos”, él no se manifiesta, ni tiene por qué hacerlo puesto que nadie lo requiere. Es menester que nuestra totalidad reunida lo espere ansiosamente para que ponga orden.

El yo-humano debe controlar y ubicar al yo-animal. Cuando mi yo-animal no me descentra, cuando acata mis órdenes, comienzo a poseer yo-humano, no así cuando sucede a la inversa.

Una persona sin yo-humano es animal mimético. Se determina a ser bueno, a ser moral, sabiendo apenas por qué se determina. No sondea mucho. Si para diez generaciones “eso” fue bueno, lo será para él también. Es el niño que cuando come no coloca los codos sobre la mesa porque alguien le dijo que “eso está mal”. ¿Por qué está mal?, no lo sabe. Y de la misma manera el ser humano se casa. Si eligió ser moral, no tiene amores extramaritales. ¿Por qué?, porque es malo; argüirá razones que oyó a su vez argüir a otros pero, de hecho, ¿por qué tener un solo hogar y no dos o tres o siete? Él no lo sabe, sólo se dejó pensar que lo sabía, pero no lo sabe. Esto no es entonces super-yo, es ello-super-yo.