Satsanga - Ada Albrecht - E-Book

Satsanga E-Book

Ada Albrecht

0,0

Beschreibung

La India, país de la mística por excelencia, es tam­bién maravilloso crisol de cuentos religiosos, de historias y de narraciones fantásticas. No solamente nos ha legado el tesoro inapreciable de sus Libros Sagrados, sino también el de sus hermosos cuentos. Los Gurus enseñan a sus discípulos las artes del es­píritu a través de narraciones. No solamente reciben aquellos la doctrina pura y metafísica, sin ningún lazo de unión con lo literario, sino que además, cuando la ense­ñanza de los grandes Sastras finaliza, se agregan los cuen­tos para que estos fijen más aun, en las almas de sus discípulos, la sabiduría impartida. Satsanga significa "buena compañía". Dicen en In­dia que un hombre puede perderse —o reencontrarse espiritualmente— de acuerdo a cuál sea la compañía con la que cuenta en su paso por el mundo. Si la misma es baja, el hombre se verá empequeñecido. Si, por el contrario, es noble y pura, ese hombre resplandecerá en bienes espirituales. Quiera el Señor que este libro sea la "buena compañía" de aquellos que anhelan llevar una vida dedicada al cultivo del espíritu y el acercamiento a Dios.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 165

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



OM SRI GANESHAIA NAMAHA

Reverencia a Sri Ganesha

Deva de la Sabiduría Espiritual

en la Religión de la India y

Guía de los devotos de Dios

Dios

¡Hablar de Ti no es Amarte

pensar en Ti no es quererte

ni siquiera es el rezarte

el camino para Verte!

Ni tampoco es admirarte

la manera de tenerte

la clave está en el negarte

donde es imposible verte.

Y no se te puede ver

Señor, en lo temporal

en lo vano y terrenal

en el pobre parecer.

Así, el que anhela tener

de Ti celestial visión

de la mano de la Fe

que te halle en su corazón.

Ada Albrecht

Ada Albrecht

SATSANGA

CUENTOS DE LA INDIA

2013

EDITORIAL HASTINAPURA

BUENOS AIRES, ARGENTINA

Página de legales

Satsanga: Cuentos de la India

Ada Albrecht

Ediciones: 1983, 2001, 2013

Imagen de la portada: Los Dioses Brahmâ, Vishnu y Shiva, conocidos como la Trimurti o las tres Formas de Dios.

Todos aquellos que deseen profundizar sus estudios sobre los temas tratados en este libro pueden llamar o acercarse a cualquiera de las direcciones dadas al final del volumen.

El tipeo, diseño y corrección del presente libro ha sido realizado íntegramente por Miembros de la Fundación Hastinapura.

Albrecht, Ada

Satsanga : cuentos de la India / Ada Albrecht. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-4038-92-0

1. Cuentos. I. Título.

CDD

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

© by Editorial Hastinapura

Riobamba 1018 (C1116ABF)

Ciudad de Buenos Aires, República Argentina

Tel. (0054-1) 4811-9342

E-mail: [email protected]

Internet: www.hastinapuralibros.com

Primera edición en formato digital

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

A manera de prólogo

1. Historia de Ganesha: Dios de la Sabiduría

2. Historia de Shiva: Dios de la piedad

3. Historia de Sati: esposa de Shiva

4. El encuentro de Shiva y la Diosa Uma

5. Historia de Krishna Avatara

6. El Divino Pastor y Sus amigos del bosque

7. La batalla de Krishna y la serpiente Kaliya

8. Krishna vence al Rey Kamsa

9. El rey, el águila y la paloma

10. Historial del Rey Harischandra

11. Historia de Bharata, el Rey

12. Una libra de harina

13. Yayati, el emperador mundano

14. Historia del brahmín Utanga y Vasudeva

15. La fuente encantada

16. Shiva, Arjuna y el arma Pasupata

17. La devota de la Diosa Uma

Glosario

Lista de páginas

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24

25

26

27

28

29

30

31

32

33

34

35

36

37

38

39

40

41

42

43

44

45

46

47

48

49

50

51

52

53

54

55

56

57

58

59

60

61

62

63

64

65

66

67

68

69

70

71

72

73

74

Puntos de referencia

Portada

Portadilla

Legales

Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

Ada Albrecht, Fundadora de Hastinapura, en la Sede Central de Hastinapura, en Buenos Aires, República Argentina

A manera de prólogo

La India, país de la mística por excelencia, es tam­bién maravilloso crisol de cuentos religiosos, de historias, de narraciones fantásticas. No solamente nos ha legado el tesoro inapreciable de sus Vedas, Mahâbhârata, Upanishads, Puranas, sino el de sus cuentos que, desgra­ciadamente, no son conocidos en la medida que ellos se merecen en las tierras de Occidente.

Los Gurus enseñan a sus discípulos las artes del es­píritu a través de sus narraciones. No solamente reciben aquéllos la doctrina pura, metafísica, sin ningún lazo de unión con lo literario, sino que además, cuando la ense­ñanza de los grandes Sastras finaliza se agregan los cuen­tos para que éstos fijen más aun, en las almas de sus che­las, la doctrina impartida.

Al deambular por las selvas y santuarios de los Himalayas, suelen hacer un alto, a un costado de la Madre Ganga-Ji para dar lugar a sus fantásticas narraciones. Inú­til intentar describir con cuánto interés son seguidos. El paisaje milenario cobra nuevo color a los ojos de los discí­pulos; éstos creen ver realmente pasar como otrora, el carro de Arjuna y su divino auriga, porque, allí mismo, a distancia muy breve de donde nos hallamos sentados, entre las piedras, fue donde Draupadi... o bien Bhimasena... o el mismo Dios Indra... Uno se da cuenta entonces que se halla en tierra sagrada: está en los Himalayas. Allí se guare­cieron los cinco príncipes Pandavas, durante años sin cuento, perseguidos por los Kuravas, allá fue donde Gatotkacha, el hijo de Bhima... o el Rey de Kasi, o el mismo Dios Shiva...

Las narraciones son entonces historias, y ellas, re­alidades. El Alma corta las cadenas del tiempo, y el ayer está ahora presente. Arjuna puede sorprendernos en cual­quier recodo del camino, Vashista puede hallarse en me­ditación en cualquier ermita, y el mismo Sankara, quizás nos sorprende con sus enseñanzas, en ese minuto de la vi­da nuestra que tal vez se una con la fe más sublime.

Difícilmente llegue a saber si, en mi estadía en los Himalayas, aprendí la doctrina milenaria de sus sabios a través de sus Sastras, o de sus cuentos. Ambos iban uni­dos. Hablar del Dharma, era hablar de las mil y una aven­turas de Yudhistira, hablar del Karma, quedarse sobre la trama del Ramayana y repetir mil veces las historias del Dios Rama, o Hanuman, o Sita... En fin, era dar color a la enseñanza fría y austera, que recibía uno en los ashrams.

Pero eso no es todo: junto a los innumerables cuentos del Mahâbhârata y del Ramayana, hay centena­res de miles de narraciones sobre santos, guerreros, prín­cipes, brahmines, devotos, en fin, un enjambre fantástico de “había una vez” para adultos, que se desgranan como jazmines de una cósmica guirnalda literaria, sobre el alma de aquél que las escucha.

En apretada síntesis, he recogido de mi memoria estas narraciones desprendidas del Mahâbhârata, otras de libros religiosos, o bien de narradores anónimos.

El lenguaje y la forma en que fueron escritos han sido buscados ex profeso: del modo más simple posible. Son narraciones que los padres podrían leer a sus hijos, a la vez que los adultos podrían extraer de ellas algunas en­señanzas.

Ni por un instante se pensó en el simbolismo que encierra cada uno de ellos. La Historia del Rey Bharata, por ejemplo, convertido en gacela, daría para escribir todo un tratado de ontología o metafísica pero, contándolo así, como si fuera parte de viejas historias, se buscó otro cami­no: no dar que pensar a la mente, sino por el contrario, hacerla descansar. Sin pensamiento, dicen en el Oriente, suele abrirse más rápidamente el loto del corazón... y este “loto del corazón” es un raro sentimiento de amor, una es­pecie de inclinación hacia lo divino, que saca al hombre del mundo de las formas y las especulaciones y lo lleva a un paraje desconocido para él: el de la devoción. Cosa extraña, quienes lo alcanzan dicen que reencuentran al pensamiento antes abandonado, pero esta vez, no ya re­vestido de opinión, sino de verdad.

Satsanga significa “buena compañía”. Dicen en In­dia que un hombre puede perderse —o reencontrarse espiritualmente— de acuerdo a cuál sea la compañía con la que cuenta en su paso por el mundo. Si la misma es de baja calidad, el hombre se verá empequeñecido, y a esto, llaman sangadosha. Sí, por el contrario, es noble y pura, ese hombre resplandecerá en bienes espirituales, y será cada vez mejor.

Ada Albrecht

SATSANGA

Capítulo 1

Historia de Ganesha— Dios de la Sabiduría —

A la puerta de su choza se hallaba sentado un sannyâsin (1), de larga barba blanca.

—¿Quieres conocer la historia de Ganesha, el Dios de la Sabiduría? —pregunta a un joven brahmachâry (2) moreno detenido a su lado. Éste no contesta, pero se aco­moda a sus pies y escucha.

Entonces, el sannyâsin comienza:

Las miríadas de estrellas del cielo apenas si alcanza­rían, como el más débil candil, para iluminar la figura de nuestro Dios que, como te decía, es el padre de la Sabiduría y del Amor Puro y también el Señor de los Resplandores.

¿Te das cuenta, brahmachâry? Él ha enseñado al lirio a florecer, al agua a cantar, al fuego a alumbrar. Ha hilado la vestidura del Día en su propia Divina Rueca, y también la hierática vestidura de la noche. Él ha dispuesto también que todos los caminos de este mundo tengan piedras y flores. Porque si sólo de flores estuvieran conformados los caminos, nadie trascendería al Camino. Fue necesario al­ternarlas, para que el hombre busque aquello que está más allá de ambas. Con la flor, el Dios Ganesha los incita a perseguir la belleza eterna, pero esa flor que los mueve a la gran Búsqueda, que sirve de acicate, debe ser efímera, pues ésta es la Casa de Mâyâ, la Gran Ilusión. La piedra cumple su papel, haciendo que el Hombre anhele el fin de esa senda, para no encontrarlas más a su paso. Alegrías y pesares, placeres y dolores: ¡he allí la divina mezcla, he allí el mágico filtro que convierte a enanos en gigantes, a peregrinos vagabundos en reyes de sí mismos!

Disgusta al hombre sabio la felicidad de este mun­do, porque sabe que inexorablemente será seguida por el dolor. Este tampoco lo turba en demasía, pues no ignora que aquélla lo ha de seguir. Y así, viendo este juego de lu­ces y de sombras en todas las cosas, aprende a diferen­ciarse de ellas, bajo la guía de nuestro Señor Divinísimo.

¡Benditas sean las tumbas y las cunas, benditos el bien y el mal, la sonrisa y el llanto! ¿No te das cuenta lo que persiguen? ¿No ves lo que buscan con sus alocados vaivenes, con sus flirteos con el hombre? Buscan can­sarlo, ¡oh discípulo!

“¡Salid de nosotros!”, gritan a los oídos del Al­ma. “¡Buscad lo Consistente, enamoraos de la Perenni­dad que no podemos ofreceros!”

Con sus danzas carnavalescas, con sus innume­rables máscaras, con sus vestiduras de ángeles y demo­nios, buscan humillarlo. El Hombre es un Rey, y nada hay peor para un Rey que verse humillado. Tan pronto coge en la cesta de su tiempo el fruto de la felicidad, tan pronto la mano del dolor se lo arrebata. No ha terminado de llorar su última lágrima, cuando una nueva alegría ya amanece. Nunca está seguro, siempre vive incierto. Su esencia, que es la Eternidad, no se aviene con estas pendulaciones, y así termina maldiciendo la vida, maldiciendo la muerte, maldiciéndose a sí mismo, abrazado a un cósmico cansan­cio de ser juguete de las circunstancias.

¡Reíd, reíd! Deteneos. Ahora, ¡llorad, llorad! Dete­neos otra vez. Ahora seréis Amos. ¿Os gusta vuestro papel? Entonces ahora, pasaréis a ser esclavos y mendigos.

Nuestro Dios Maravilloso espera con todo esto ha­cer comprender cuál es el verdadero Camino. Pocos lo comprenden. Lo comprenden sólo aquéllos que tienen despierto al Rey en sus corazones, pues los Reyes no na­cieron para participar de estas danzas alocadas. Los Reyes son estáticos. El verdadero Rey no gusta del movimiento. Además, tan sólo los Reyes saben lo que significa haber perdido un Reino. Tal vez, esa sea la causa por la cual só­lo ellos están dispuestos a abandonarlo todo por volver a conquistarlo.

Sus ojos saben diferenciar muy bien la corte del mercado. En los mercados, a veces se venden tronos para Reyes, pero el verdadero Rey, no se aviene a su compra. Los tronos legítimos son de otra naturaleza, y sólo cuando se es Rey puede entenderse en qué se diferencian.

Los falsos Reyes van detrás de los tronos de perlas y rubíes, poseen cortejos de bayaderas, príncipes genuflexos e hipócritas que los alaban en todo momento, y habitan en grandes palacios de mármoles lujosamente trabajados.

También hay falsos Reyes que se coronan a sí mis­mos llamándose humildes, visten de andrajos, comen en cuencos raídos, y duermen sobre jergones nauseabundos, en chozas de paja y lodo. Cualquier cosa serían capaces de hacer estos hipócritas por conservar sus máscaras de soberanos. Mas los reyes apegados a la riqueza, y estos otros, fascinados por la miseria, han comprado su reino en la casa del tiempo, y éste inexorablemente los destruirá entre sus poderosas mandíbulas. Los primeros tienen al orgullo material por amo. Los segundos, al orgullo espiri­tual. Ambos son orgullo, y senda es que lleva hacia la tierra, no hacia la Liberación Celeste.

Por eso te digo que despertar al verdadero Rey en el corazón es el último tramo del Camino, pues es desper­tar a la indiferencia por todo cuanto se halla manifestado. A esto nos lleva el Dios Ganesha. Él sabe que, en días por venir, todos los monarcas falsos de la tierra, a solas, se preguntarán:

“Pero... ¿a qué estamos jugando? ¿Qué es todo esto que nos rodea, qué es ese afán nuestro de gloria y ho­nor? ¿No pasan glorias y honores? ¿Qué habrá detrás de esos telones suyos?…”

Tímidamente al principio, con an­siedad después, tomarán el Camino de la Gran Búsqueda... Entonces, Ganesha sonreirá esplendorosamente, y abrirá sus brazos para que en ellos se refugien aquellos que deci­dieron ser auténticos Reyes de sí mismos.

El viejo sannyâsin hizo una pausa, y luego dijo a su discípulo:

¿Te hablé de las innumerables formas de este Dios? En Egipto los Hombres le dieron figura de perro, y así lo llamaron Anubis, el Gran Salvador de las Almas que cruzan el océano de la vida y la muerte. Él, decían ellos, conducía a la Humanidad hasta su verdadera Patria espiri­tual. Fue el gloriosísimo Apolo en Grecia, y también fue Minerva. Aquí, en India, lo adoramos bajo la figura del Dios Elefante... Al respecto existe una larga historia que voy a narrártela como pueda. El misterio de los Dioses queda siempre allende las palabras, y sólo logra captarlo el corazón que no habla, pero ama. Comenzó el sannyâsin:

Según nuestras más viejas tradiciones, el Dios de la Sabiduría, al nacer, era tan bello y majestuoso que to­das las esencias del universo se disputaban su conquista. Dioses, Rakshasas, Suras y Asuras (3) lo deseaban para sí, pues bien sabían ellos que por su contacto y cercanía, se podía librar uno de la manifestación cambiante. Hijo de Parvati, la diosa Existencia, y de Shiva, el Dios de la Libe­ración, vino al mundo a traer la Verdad de lo que somos, la mejor y mayor presea de todas cuantas existen. Su an­gustiada madre, cruzando los mares y ríos del Tiempo, veía extenderse hacia su hijo sagrado manos impuras, que para nada lo merecían todavía.

—¿Qué hacer? —dijo entonces, dolorida.

Y Brahmâ, el Señor de la Creación, repuso:

—Escóndelo detrás de una máscara digna de su Ser excelente. Así, tan sólo los sabios podrán intuir la presencia que se oculta detrás de ella, y venerarlo como corresponde, mas los ilusos no, pues se sujetan a la forma, que es lo único que pueden ver, ya que sólo poseen visión física.

Sri Ganesha

Entonces Parvati interrogó al Dios Soberano:

—¿Cuál es el mayor de todos los animales que tú creaste en esta tierra?

—El elefante —dijo éste.

—¿Y el más noble y bueno?

—El elefante —respondió por segunda vez.

—Entonces —dijo Parvati—, lo ocultaré detrás de una máscara de elefante, para que nadie me lo arrebate, excepto los clarividentes.

Y, tomando una cabeza de este animal, ocultó en ella el rostro de su hijo divino. Desde entonces, a Ganesha le hemos levantado templos y recitado Mantras (4) a sus pies.

Los que nada entienden de esta historia suelen reírse de nosotros, y nos llaman idólatras: dicen que adoramos un elefante en nuestros templos. Mas, los versados en las ciencias religiosas, bien sabemos a quién rendimos culto y tributo, bien sabemos quién está detrás de esa forma, y a Él nos entregamos con alma y vida, pues es el Señor del Dharma, el Camino Perfecto, luz en este inmenso valle de tinieblas mortíferas, el que de la mano nos lleva hasta su Padre Shiva, el Padre de los Videntes de Dios, Hombres Perfectos, Reyes verdaderos sobre la tierra.

—Entiende en este símbolo y esta historia —conti­nuó el sannyâsin—, la verdad misma que Ganesha represen­ta. Hasta que no purifiquemos nuestro corazón, no podre­mos darle cabida en nosotros. La verdad sólo reside en los auténticos: no puede ser conquistada por quienes compar­ten sus deseos con lo Ilusorio, pues mentira y verdad no han nacido para habitar el mismo trono. Cuando una de ellas impera en el espíritu, falta la otra, y viceversa...

Sin embargo, Él trabaja en líquenes y bayanes, en chispas de fuego y en estrellas, para despertarlos a su Ser, que es la Única Realidad. Peregrino de la vida, quiere llevar a ésta hacia la Eternidad, y nada escapa, en la casa-universo, a su esfuerzo fantástico.

Calló el sannyâsin, pues era el atardecer, hora de Puya (5) y meditación. El brahmachâry, respetuosamente, se alejó con el corazón hilando devociones sin cuento, en su rueca enigmática.

“…Trabaja en líquenes y bayanes, en chispas de fuego y en estrellas”, se repetía, al alejarse por el sendero que lo llevaba hasta su morada. Entonces, y como si deseara cantar de algún modo la gloria de este Dios, detúvose en un recodo del camino y dijo, a su manera, palabras que eran la continuación de las expresadas por su maestro el sannyâsin. Con toda su alma, el joven anacoreta cantó así:

¡Salve, Ganesha, Dios Universal de la Sabiduría!

Dueño de los Secretos de Ishvara (6), eres Tú quien conoce los enigmáticos resortes de su alquimia cósmica. De una hoja crecida como tantas, artista divinísimo, sabes cómo ingeniártelas, para purificarla y convertirla en pétalo de flor.

Arquitecto de maravillas, has sido Tú quien diagra­mó el palacio del cosmos, según las necesidades y fanta­sías de su moradora, la Vida. Respetas su romanticismo de poetisa, su mente analítica de científica, su grandeza de filósofa, su sensibilidad de música. Pones, aquí y acullá, las farolas de tu genio para que Ella no se desoriente en su Camino. Cuando esta honorable veleta desnuda el capri­cho de su corazón diciéndote “quiero ser tigre”, haces las garras de su defensa, y si luego te dice “colibrí” estructuras el puntiagudo pico y las alas movedizas... o la piel del eri­zo, la mole geométrica del rinoceronte, la sutileza extrema del lirio, la etereidad casi mágica del alba. Donde Vida quisiera estar, y como quisiera manifestarse, allí Ganesha sapientísimo te diriges a hacer la morada para esta dulce niña, morada serpiente, gusano, átomo o estrella.

¡Oh, para verte mejor quisiera poder ir a esconder­me en las raíces de los pinos! Vería entonces que esas raíces son el arco, y tu Amor, la flecha verde y cantarina que las convierte en ramas perfumadas y dulzura de bro­tes maravillosos. La tierra deja de ser tierra, para conver­tirse en copa de tu vino alegre de poeta. La escancias con tus labios, y la conviertes en blancos arrayanes, sabios no­gales, álamos dorados... Si pudiera volar como los pája­ros, con ellos me uniría para verte trabajar en las corolas de sus cuerpos, y sentirme hechizado antes los “mirubíes”, claveles rojos convertidos por Ti en llamaradas de cantos, o en las gaviotas ebrias de mar, o las azules golondrinas sin hogar... ¡Oh amadísimo Timonel de la barca de la Exis­tencia! ¡Qué sería sin Ti tu propio padre Shiva! Estático, in­diferente al mundo entero, espera en su mansión de luz, por las almas de aquellos hombres píos que despertaron al gran camino de la liberación...

Él, Señor Perfecto, aguarda, pero, Ganesha, eres Tú quien se arrodilla ante la sombra, la cubres de besos, la acunas en el espacio universal, y le enseñas con la pacien­cia de los sabios cómo se llega a ser aurora.