Una Mujer Perversa - Vanessa Vale - E-Book

Una Mujer Perversa E-Book

Vale Vanessa

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Beschreibung

Debido a sus hermanastras, Eve Jamison es expulsada de su pueblo natal por un escándalo con un boleto de tren en una mano y una licencia de matrimonio en la otra. Pero cuando llega al pequeño pueblo en la montaña Colorado, descubre que su prometido murió recientemente. Aunque nunca conoció a su esposo, la nueva viuda se entera de que es millonaria. A merced de la familia avariciosa de su difunto esposo, Knox y Jed Dare prometen protegerla. Los dos quieren a la estudiosa hermosa y se niegan a cederle el camino al otro.

Eve tiene otras ideas con respecto a los dos hombres. Porque ahora es una mujer de Slate Springs, no tiene que escoger. Los quiere a ambos Jed y Knox… y los obtiene.

 

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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Una Mujer Perversa

Ordena por correo La novia de Slate Springs - Libro 3

Vanessa Vale

Derechos de Autor © 2019 por Vanessa Vale

Este trabajo es pura ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora y usados con fines ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas, empresas y compañías, eventos o lugares es total coincidencia.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de este libro deberá ser reproducido de ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y retiro de información sin el consentimiento de la autora, a excepción del uso de citas breves en una revisión del libro.

Diseño de la Portada: Bridger Media

Imagen de la Portada: Hot Damn Stock

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http://vanessavaleauthor.com/v/ed

Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

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ACERCA DE LA AUTORA

1

Eve

“¿Disculpe?”, pregunté, mi voz un susurro. Apenas pude escuchar al odioso hombre porque mi corazón estaba latiendo en mis oídos. “¿Dijiste que me relevaron de mis deberes?”

Me senté en una silla recta enfrente de una mesa larga donde el consejo de la ciudad de Clancy se sentó a juzgar. El ayuntamiento estaba vacío. Eran seis de ellos, todos hombres con expresiones severas y malos modales.

“Eso es correcto, Srta. Jamison”. Cuando el Sr. Polk asintió con su cabeza, tembló su papada.

Había trabajado durante años, años, para obtener este trabajo. Quería ser la maestra de la ciudad desde hace tanto tiempo, tanto tiempo para que se me fuera de las manos así.

Estos seis hombres tenían mi destino, destino que pensé que había sido establecido hace un mes cuando me dieron el gran papel. El empleo de maestra de Clancy era mío. Fui contratada según mi certificado de maestra adquirido recientemente, por el hecho de que era de la zona, que conocía a los niños y las familias y que yo misma había ido a la universidad.

“Nos ha llamado la atención—” El hombre apretó sus labios como si se hubiese tragado un limón. “—su comportamiento ha sido… inapropiado para una maestra”.

Sentí mi frente arrugarse. Sabía que Tara diría que eso me causaría arrugas, pero no lo pude evitar. No ahora. No podía permanecer apacible si iba a perder mi trabajo.

“¿Mi comportamiento?”

Los caballeros parecían retorcerse en grupo. Uno se limpió la frente con un pañuelo. Quería moverme en mi asiento, toquetear con los dedos, incluso limpiar el sudor que estaba corriendo por mi labio inferior. Pero no. No podía mostrar ni la más mínima emoción. Nada, porque necesitaba este trabajo. Era mi vida.

El Sr. Polk miró de izquierda a derecha a los demás miembros, se aclaró la garganta. “No somos quienes para hablar de esas cosas, especialmente enfrente de una señorita, pero cuando se trata de la señorita en cuestión…” Hizo una pausa, quizás para hacer que admitiera algo. Como no lo hice, él continuó. “Fuiste vista con tu jardinero en una posición muy comprometedora”.

La boca se me cayó y se me aflojó la cara. Quizás ahora Tara pensaría que me veía como un pescado. “Yo… comprometedora… con el Sr. Nevil?” Mi voz se puso más suave, pero se elevó en su tono, mientras me colocaba los anteojos sobre la nariz.

Muchos de los hombres asintieron con sus cabezas.

El Sr. Nevil era diez años mayor que yo y había trabajado para mi padre desde que era una adolescente. Lo conocía casi de toda la vida y a pesar de que éramos amistosos, no éramos nada más. Nunca había estado sola con él ni siquiera una vez para ser vista haciendo algo comprometedor. Nunca había estado sola con ningún hombre. ¿Quién iba a estar interesado en mí? Yo era una estudiosa. Tenía el cabello castaño que se enrollaba salvajemente y que siempre estaba despeinado. Era bajita, rellenita, tenía pecas. Usaba anteojos. La lista era larga de las razones por las que un hombre no me miraría dos veces, todos ellos eran atraídos una y otra vez por mis hermanastras. Dado que ningún hombre me querría, el papel de maestra era perfecto. Un requisito era no estar casada.

“Estamos decepcionados, Srta. Jamison, porque una mujer de su clase pueda tropezarse así”.

Me lamí los labios. Mi desayuno se asentó grotescamente en mi estómago. “Sr. Polk, yo no he hecho nada inapropiado con el Sr. Neil ni con cualquier otro hombre”.

“Usted fue presenciada”, contestó él rápidamente.

Fue en ese momento que lo supe.

Cerré los ojos brevemente, dejando que se instalara la gravedad de la situación. Todo esto eran mentiras, por supuesto, pero no importaba. Eran especulaciones de Tara y Marina. Mis hermanastras me odiaban. Mientras que odiar era una palabra ruda, era apta para esas dos. Me odiaban lo suficiente para usar el buen nombre del Sr. Nevil para lastimarme. Y esta era la última crueldad.

Ellas sabían que yo quería ser una maestra desde que mi padre se casó con su madre y se mudaron a la casa cuando tenían catorce años. Yo era un año mayor, pero no era rival para el dúo. Nunca lo había sido. Me habían torturado despiadadamente desde entonces. No pasa ni un día en el que ellas no se burlaban de mí o me menospreciaban, me lastimaban físicamente o arruinaban mi ropa. Su madre, Victoria Jamison, no las disuadía. De hecho, yo le disgustaba tanto como lo hacían sus hijas. Ella quería el dinero de mi padre cuando se casaron, no a mí. Cuando mi padre murió un año después de su boda, ella no estaba complacida de estar atrapada conmigo—no podía simplemente lanzarme a la calle y hacerse lucir mal a ella misma—y me lo recordaba. La magnitud de sus acciones era tan enorme que me había vuelto inmune a su comportamiento. Hasta ahora.

Con el rol de maestra, me iba a mudar de la casa a la pequeña casa rural que me ofrecieron con el cargo esta semana, lejos de ellas y por mí misma. Iba a ser completamente libre de ellas, excepto quizás en la iglesia o cruzando caminos en la calle principal. Pero nada de esto iba a pasar.

¿Por qué? ¿Por qué estaban siendo tan crueles?

Si me hubiesen apuñalado con una navaja en el pecho, hubiese dolido menos. Los hombres me estaban mirando con vergüenza en sus ojos. No me podía redimir a mí misma. Si ellos sabían, entonces seguramente sus esposas también lo sabían. Todos sabrían pasada la hora, si no es que ya. Solo me podía imaginar lo que estaban haciendo Tara y Marina mientras yo estaba sentada aquí avergonzada por el consejo municipal.

Tenía que saber, para estar segura de la fuente de mi caída. Tragué, intenté que las palabras pasaran por el nudo de lágrimas atrapadas en mi garganta. “¿Presenciada por quién?”

“Tu hermana Tara te vio con el hombre cuando venía de llevarle cestas de comida a los necesitados”.

¿Tara, llevándole comida a los necesitados? Quería levantarme y sacudir los pies, decirles la verdad, pero eso solo me pondría en una luz más dura. Solo me dejaría como rencorosa.

“¿Y qué hay del Sr. Nevil?”, me pregunté. ¿Cómo se ha comportado en este escándalo? Él era un buen hombre y solo me podía imaginar lo furioso que estaría al ser usado de esa manera.

“Un hombre no puede ser ayudado si una mujer se le lanza y lo seduce con sus métodos perversos”. Ese fue el Sr. Craft, quien era el mayor del grupo. Él había estado casado dos décadas antes de la Guerra Entre los Estados.

“¿Lanza?”, respondí, después me mordí fuerte el labio para recordarme permanecer en silencio. Quería lanzar a Tara justo sobre su cabeza, pero eso no me haría ningún bien. ¿Cómo estos hombres no podían estar siquiera molestos con el Sr. Nevil—incluso si era inocente—y darme tales consecuencias?

“Aun no te has hecho cargo de la casa para la maestra, lo cual es bueno. Tu hermana podrá mudarse para allá sin retraso”.

Las palabras del Sr. Polk hicieron que parpadeara. ¿Lo escuché correctamente? “¿Mi hermana?”, susurré. Estaba segura de que mi corazón se detuvo.

Los hombres ofrecieron sonrisas amables. “Sí, la Srta. Tara Jamison ha sido lo suficientemente amable para ofrecerse a llenar el puesto hasta que se encuentre otra maestra”.

“Ella no puede contar a menos que use sus dedos”, respondí precipitadamente. “¿Cómo va a ser capaz de enseñarle a los niños?”

“Tu comportamiento rencoroso es impropio”, dijo el Sr. Seamus, sus cejas altas sobre su cabeza calva. Se sentó en el extremo derecho y tenía las manos dobladas en su regazo. Su hija, Miranda, era mi amiga. Él, más que cualquiera de los hombres, debería saber que Tara no era muy estudiosa.

“Sr. Seamus, usted me ha conocido desde hace años. Todos lo han hecho”. Miré a los ojos a cada hombre. “¿Esto parece como algo que yo haría? ¿Alguna vez me han conocido por ser rencorosa?”

“Por eso es que esto es tan impactante”, añadió el Sr. Polk.

“¿Puede que no me represente a mí misma?”, pregunté. Creyeron en las mentiras de mis hermanas bastante rápido. ¿Por qué no escuchaban la verdad?

Todos los hombres sacudieron sus cabezas y el Sr. Polk pareció hablar por el grupo: “Quizás, Srta. Jamison, en algún momento Dios la guiará en la dirección correcta. Yo solo estoy agradecido de que su carácter ha salido a la luz ahora, antes de que estuvieras enfrente de los niños de la comunidad. Debería esperar que las señoritas sean caritativas con usted”.

No solo estaba dejada de lado del trabajo, sino que ahora era una paria en Clancy. Todos sabrían que el consejo rescindió el trabajo de maestra por vileza moral y por esa razón, todos considerarían las mentiras que mis hermanas esparcieron como verdad. Les creerían porque mucha gente se alimentaba de chismes excitantes. Todos lo hacían siempre.

“Se puede retirar”.

Eso fue todo. Después de tanto soñar, años de estudios y después en diez minutos, todo estaba arruinado y aplastado debajo del pie de mi hermana. Tenía que hacer un último esfuerzo, porque nada de esto era verdad. ¡Era tan injusto! “Pero—”

“Srta. Jamison, buen día”. La voz del Sr. Pol tenía un tono afilado y supe que no había oportunidad para más discusión. Fui pintada de ramera.

Me puse de pie lentamente, pero los hombres no se levantaron como sería lo correcto y respetuoso siendo una señorita. Tragando un nudo que se formó en mi garganta, fui hacia la puerta y salí hacia el sol brillante. Limpiándome una lágrima que se deslizó por mi mejilla, me volví a casa. El sol estaba brillante y se reflejaba en mis anteojos, haciéndome entrecerrar los ojos.

“Es casi increíble. Alguien como tú siendo capturada con el musculoso Sr. Nevil”.

Miré a la voz chillona por encima de mi hombro. Se me cayó el estómago. “Marina”.

Por supuesto, ellas estarían esperándome. De seguro querían ver mi reacción a la noticia. Era parte de su diversión, presenciar el resultado de sus esfuerzos. ¿Cómo no las había visto, sentadas esperando y listas para regodearse, pavonearse sobre mi desgracia? Sin ganas de hablar, me volteé hacia atrás y continué hacia casa, ignorándolas.

Escuché sus pasos detrás de mí, siguiéndome. “Tú eres muy poco atractiva para él, incluso si es solo un jardinero. Para cualquier hombre, realmente”.

Pude sentir sus miradas en mi espalda, probablemente mirándome a través de sus narices, mirando mi vestido marrón simple, mi cabello que se estaba saliendo de sus pinzas.

“Pero los mendigos no pueden escoger, ¿no es así?”

Las palabras de Marina cortaron profundo como lo hacían siempre. Las cicatrices de sus heridas incontables me hicieron dura, sin embargo. Pero estaba debilitada por lo que habían hecho, porque esto fue lo más cruel. Tenía que saber por qué.

Girándome, enfrenté a mis dos hermanastras, las manos sobre mis caderas. Se detuvieron abruptamente y sus cejas curvas se levantaron en sorpresa. Marina era morena mientras que su gemela, Tara, era rubia. No se parecían en nada, pero sus personalidades combinaban perfectamente. Despiadadas, astutas y crueles. Mientras que yo era bajita y rechoncha, ellas eran altas y delgadas, con cuellos largos, curvas suaves perfectas, cabello peinado perfectamente.

“A ti ni siquiera te gustan los niños”, dije, pensando en todas las veces que Tara evitaba asistir a la escuela los domingos.

Sonrió, aunque estaba llena de malicia en vez de calidez. “¿Niños? Yo no hice todo esto por los niños”.

“¿Entonces por qué?” Estaba tan cerca de llorar y lo intenté tanto por permanecer estoica.

Marina le dio una palmada a su cabello y se encogió de hombros. “Estábamos aburridas y porque podíamos. Ahora, Tara tendrá la encantadora casa de maestra y tú no”.

Arruinaron mi vida porque estaban aburridas. No pude soportar más moderación y las lágrimas cayeron. Ambas señoritas me alcanzaron y cada una tomó un brazo, me giraron y me guiaron por la calle lejos de la casa. “¿Qué tipo de señorita eres tú, llorando en la calle?”

Incluso con los ojos mojados, vi a Tara buscar en su cartera y sacar un trozo de papel.

“Aquí”.

Me lo enseñó, pero no podía leer con mis lágrimas. Tenía que limpiar mis anteojos.

“Oh, sí, no puedes ver, ¿no es así?” Después de su recordatorio amable de otra deficiencia mía, comenzó a leer. “Matrimonio por poder de la Srta. Eve Jamison con el Sr. Melvin Thomkins de Slate Springs, Colorado”.

Fruncí el ceño. “¿Matrimonio por poder?”

“No puedes esperar permanecer aquí en Clancy, ¿no es así? Tu reputación está hecha trizas. No tienes mérito. Lo has arruinado todo con tu amorío con el Sr. Nevil”.

Clavé los talones y miré a Marina. “Yo no tuve un amorío con el Sr. Nevil”, respondí.

“Por supuesto que no. Él nunca estaría interesado en un ratón como tú”, contestó Marina sacudiendo su mano.

Quería tener un amorío con alguien, incluso leí sobre ellos en las novelas de la tienda que compré en el mercantil. Si iba a perder mi trabajo y mi reputación, hubiese sido genial haber hecho realmente lo que estaba siendo regado por el pueblo. Disfrutado a mí misma. Pero no, estaría arruinada y permanecía sin ser tocada.

“Te estamos haciendo un favor”, añadió Tara.

“¿Favor?”

“Encontrándote un esposo”, dijo Marina.

Me guiaron hacia la estación del tren, pero no me di cuenta de que era nuestro destino hasta que nos detuvimos en la plataforma. El tren con dirección al oeste había llegado hace una hora; el sonido de este no se podía confundir. El vapor siseó del motor y los pasajeros se arremolinaron.

“Tú no podías encontrar uno por ti misma”.

“No estaba buscando un esposo”, contesté. No lo estaba. Estaba contenta con la realidad de nunca tener uno y ser una maestra, lo cual no te permitía un pretendiente, mucho menos un esposo.

“Bueno, ahora tienes uno. Deberías estar agradeciéndome por encontrarte uno. El Sr. Melvin Thomkins. Tú eres su novia por correo. Aquí está tu licencia de matrimonio. Tu pasaje”. Tara me entregó los papeles en las manos.

“¿Pasaje?”, pregunté, mis lágrimas se habían ido hace rato. Mi mente todavía estaba en el aire con lo que había pasado con el consejo del pueblo y Marina y Tara se estaban moviendo demasiado rápido. Hablando demasiado rápido para mis pensamientos. Bajando la mirada, vi que sostenía un pasaje con una dirección a Denver junto con la licencia de matrimonio. “¿Para qué?”

“Enviándote lejos. Es por tu propio bien”.

¿Enviándome lejos?

Di un paso atrás, pero Marina agarró mi brazo en un apretón de garra.

“Se están deshaciendo de mí”. Miré entre mis hermanastras muy hermosas y muy malvadas. “No me quiero ir a ninguna parte. No me quiero casar con un extraño”.

“No puedes mostrar tu rostro por aquí. ¿Has escuchado lo que las personas están diciendo de ti?”, preguntó Tara.

Vi a las personas moviéndose por la plataforma. ¿Me estaban mirando? ¿Haciendo juicios? ¿Sabían ellos?

El tren silbó, haciéndome saltar.

“Tenían todo esto planeado. Incluso la salida del tren es tan puntual. Buscar un esposo probablemente tomó meses. No creía que tuviesen la inteligencia para esto”, contesté. Puede que la púa haya dado en el blanco, pero no me importaba. Ellas lo habían hecho peor.

La sonrisa de Tara desapareció.

Marina saludó a un portero que llevaba una maleta, una que reconocí como mía. Sí, esto había sido bien planeado. Mentir con una indiscreción solo era parte del plan. Probablemente pretendieron ser yo en la agencia de novias por correo, incluso encontraron a alguien que entregara mi maleta—ya llena.

“¿Por qué ahora? Me han odiado por casi diez años”.

Las dos se encogieron de hombros, pero Marina habló: “¿Por qué no?”

Negué con la cabeza, casi sacudí mi pie. “No me voy a ir. No me pueden obligar”.

“Eso es cierto, no podemos”, dijo Tara, después se encogió de hombros. “Quédate si lo deseas. Estoy segura de que las Damas Auxiliares estarán ansiosas por tu presencia en la reunión mañana”.

Estaba impresionada con el uso de ironía dramática de Tara, aunque probablemente ella no sabía lo que era eso.

“Y la iglesia el domingo, ¿no estabas dirigiendo el programa de los niños? Estoy segura de que eso ya no es una posibilidad”, añadió Marina. “Toma”. Puso algunas monedas en mi mano y las agarré fuertemente. “Mami ofrece esto como un presente de partida. Para el autobús de Denver para que conozcas a tu nuevo esposo. Ella no quería que tuvieras problemas”.

Mami o Victoria como yo la llamaba, probablemente estaba encantada de separarse de las escasas monedas para poder separarse de mí. Y no solo al otro lado del pueblo a la casa de la maestra, sino a un pequeño pueblo llamado Slate Springs en el lado opuesto de Denver.

“Quieres decir que ella no quería que existiera la posibilidad de que yo regresara”, contesté.

Marina exhaló, pero no respondió a mi afirmación, porque sabía que era verdad. “Vamos. Quédate. Tú decides”.

Con una última mirada despectiva de cada una de ellas, se voltearon y se marcharon, sus cabezas sostenidas en alto. Un hombre inclinó su sombrero hacia ellas mientras pasaban y las miró a los ojos por más tiempo del apropiado. Una vez que estuvieron fuera de vista, permanecí donde estaba, con el pasaje y la licencia de matrimonio en mano, la maleta a mis pies. El silbato del tren sonó otra vez, pero estaba demasiado conmocionada para estremecerme esta vez.

La Sra. Michaels de la calle de abajo pasó, se detuvo y me dio una mirada de… decepción y tuve que apartar la mirada.

“Vergonzoso”, murmuró antes de marcharse. Me había conocido de toda la vida y creía lo peor. ¿Así era como iba a ser si me quedaba en Clancy? Con una mentira, Tara me había arruinado. Con los planes cuidadosos de Marina, me estaban enviando lejos. Tenían razón. No tenía elección. Tenía que marcharme. No había nada para mí aquí. Con mi Padre fallecido, ni siquiera podía garantizar que Victoria no me echaría por las mentiras que esparcieron sus hijas.

“¡Todos a bordo!”

El grito del conductor me hizo mirar al tren, ver a los pasajeros a través de las ventanas. La plataforma estaba vacía. No tenía trabajo. Ni una familia que me quisiera. Nada. Solo un pasaje de avión y un esposo que era un completo extraño. Levantando mi maleta, me subí al tren y hacia una nueva vida.