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Con cinco hermanos autoritarios, Piper Dare debe dirigirse al Oeste para forjarse su propia vida. Su viaje toma un giro inesperado cuando se apunta como una novia por correo por una mujer que conoce en el autobús.
Lane Haskins y Spur Drews están sorprendidos por su nueva novia. Una pelirroja portadora de un arma que escupe un lenguaje grosero no es lo que esperaban. Pero no les importa la pequeña gata salvaje. De hecho, la aman instantáneamente.
Pero esta coincidencia toma un giro decidido y su amor—y devoción—es sometido a una prueba muy poderosa.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Derechos de Autor © 2016 por Vanessa Vale
Este trabajo es pura ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora y usados con fines ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas, empresas y compañías, eventos o lugares es total coincidencia.
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro deberá ser reproducido de ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y retiro de información sin el consentimiento de la autora, a excepción del uso de citas breves en una revisión del libro.
Diseño de la Portada: Bridger Media
Imagen de la Portada: Period Images
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Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
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ACERCA DE LA AUTORA
PIPER DARE
Mi cabeza se cayó cuando el autobús se tambaleó en un surco particularmente grande y me desperté con un sobresalto. La baba llenó la comisura de mi boca y la limpié con mis dedos. Levanté la mirada para asegurarme de que la mujer delante de mí no había visto mi saliva no apropiada para una señorita, pero ella—afortunadamente—estaba dormida, su cabeza inclinada hacia atrás y su barbilla estaba dirigida hacia mí. Estaba bastante cálido e incluso con solapas de la ventana abiertas, no había mucha brisa. Halé mi corpiño, la tela húmeda y pegada a mi piel. Tenía mucha sed y anhelaba un vaso de limonada helada. Parpadeé una vez, después froté mis ojos. El tiempo pasaba lentamente en el autobús y no tenía idea de por cuánto tiempo había descansado. Incluso con una marca en mi cuello y una espalda dolorida… y trasero por el asiento duro e incómodo, no pudo haber sido por demasiado tiempo. De acuerdo a la posición del sol en el cielo, solo debería ser otra hora o dos antes de la siguiente parada. Mi última parada.
Casi me quedaba sin monedas y el autobús no me llevaría más allá del siguiente pueblo sin esperar más. Estaba contenta de estar lejos de Wichita, aunque sabía que mis hermanos me podían rastrear fácilmente; solo tenían que seguir los pasos del autobús. Me había ido desde hace seis días ya y esperaba que la nota que dejé, diciéndoles que me iba a quedar en el pueblo con mi amiga, Rachel, detuviera su búsqueda por unos días. Para este momento, sin embargo, tenían que saber que había desaparecido. Vendrían por mí, estaba segura de eso. Con cinco hermanos mayores, ninguno casado, nadie más iba a cocinar y a limpiar. Ninguna mujer parecía ansiosa por casarse con todos ellos, entonces necesitaban a alguien que se hiciera cargo de todo. O sea, yo. No tenía intención de ser su esclava. No podía encontrar a mi propio esposo si estaba demasiado ocupada haciéndome cargo de ellos.
Además de todo eso, eran ridículamente sobreprotectores. Persiguieron a cada posible pretendiente con sus miradas oscuras, palabras cautelosas y rifles cargados. No dudaban en dispararle a los pies del hombre para que se moviera si permanecía demasiado tiempo cerca de mí.
Yo tenía veintidós años y estaba a punto de ser una vieja criada, pero ellos solo me veían como su hermana pequeña. ¡Ni siquiera he sido besada! Demonios, ellos no han dejado que un hombre se me acerque lo suficiente para sacudir mi mano, mucho menos poner sus labios sobre los míos.
Mientras que ninguno de ellos era cruel y sabía que me amaban, quizás me amaban demasiado. No necesitaba ser protegida y definitivamente no necesitaba convertirme en su criada. Ellos necesitaban sus propias esposas y yo necesitaba mi propia vida. Un esposo.
Así que guardé un poco del dinero de la casa en secreto, lentamente pero seguro, hasta que tuve suficiente para un boleto de autobús. Desafortunadamente, no me llevaría demasiado lejos… y esa distancia parecía ser el siguiente pueblo.
Miré a través de la ventana; praderas hasta donde alcanzaba a ver. Estaba acostumbrada a eso viviendo en las afueras de Wichita, pero por ahora no había un pueblo de su tamaño cerca. No había nada. ¿Sería capaz de encontrar trabajo? Podía encontrar trabajo como una criada, como ama de llaves, cocinera, incluso lavandera. Lo había hecho todo y no me oponía al trabajo duro, podía hacerlo. Preferiría encontrar una cantina y un juego de cartas, pero no podía ser muy exigente si no tenía dinero. Al menos estaba cálido en esta época del año; podía dormir debajo de las estrellas si lo necesitaba. Había hecho eso antes también.
El autobús se sacudió y puse la mano afuera instintivamente como para no chocar contra la pared. La cabeza de la otra mujer se volteó a un lado y estaba impresionada de su capacidad para dormir tan profundamente. Ella se presentó cuando se unió a mí en la Ciudad de Dodge. La señorita Patricia Strong, una novia por correo. Ella se dirigía a un pueblo pequeño en Colorado, Slate Springs era el nombre, para conocer a un esposo nuevo. Un esposo con el que fue enlazada a través de una agencia. No podía imaginarme casándome con un extraño, pero sabía que las mujeres luchaban de maneras que los hombres no hacían. Era tan encantadora con su cabello y ojos pálidos y su comportamiento amable, tuve que imaginarme a los pretendientes que la rodeaban como abejas a una flor. Si ella tenía que ofrecerse de voluntaria para ser una novia ordenada por correo, ¿qué esperanza había para mí?
Yo tenía el cabello rojo. ¡Rojo! Era como el fuego y todos decían que tenía la personalidad a juego. Estaba impresionada con la capacidad de Patricia para hacerse cargo de su vida, para decidir un camino y seguirlo. Encontrar un esposo cuando uno no venía a buscarte. O en mi caso, no podía. No con una cerca de hermanos en el camino.
El autobús se sacudió otra vez. Puse los ojos en blanco y suspiré, deseando gritarle al chofer del autobús, aunque no era su culpa que hubiera surcos profundos en el camino. Por fuera de la esquina de mi ojo, vi a Patricia deslizarse a los lados, inclinándose hacia adelante como si fuese a caerse. Me acerqué, agarré su hombro antes de que golpeara el suelo de madera sucio.
“¡Patricia!”, grité, poniendo su espalda derecha, su cabeza acomodándose en la esquina de una manera extraña.
La mujer no se despertó, no puso sus brazos afuera para sostenerse. Ni siquiera se movió.
Me puse de pie, poniendo una mano sobre la pared para no caerme, y me incliné sobre ella. Sabía que el viaje era agotador, pero esto era un sueño profundo. Demasiado profundo.
Fue entonces que me di cuenta de que no estaba durmiendo. Estaba muerta.
“¡Detengan el autobús!”, grité, alejándola de la pared. “¡Detengan el maldito autobús!”
Tumbándome en el asiento enfrente de Patricia, golpeé la pared que me separaba del chofer mientras me quedaba mirando fijamente con los ojos y la boca abierta.
Ella estaba muerta.
Sabía que no era de muy femenino maldecir, pero si alguna vez había un momento para hacerlo, este lo era. “Santo jodido infierno. A la mierda, esto es malo”. Seguí murmurando cada mala palabra que alguna vez había escuchado decir a mis hermanos mientras solo miraba a Patricia.
Estaba pálida, blanca incluso. Sus labios ya no estaban rosados, sino de un color gris extraño, como si todo su color se hubiese desaparecido. Su cuerpo estaba flácido y se sacudió cuando el autobús se detuvo. Tuve que poner mi mano afuera para evitar que cayera sobre mí una vez más. Temblando la puse derecha otra vez.
Una vez que nos detuvimos, abrí la puerta y salté hacia abajo, luchando con mi falda antes de tropezar y aterrizar de rodillas en la tierra.
“¿Qué demonios, mujer?” El chofer del autobús saltó de su asiento y escupió jugo de tabaco en la hierba alta, manos en la cintura.
Me di vuelta, señalé con un dedo tembloroso hacia la puerta abierta y al cuerpo postrado de Patricia.
Tragando con dificultad, respiré profundo. El sol se posaba sobre nosotros y sentí el sudor cubrirme la frente. “Ella está muerta”.
El chofer me miró como si estuviese bromeando con él. Cuando no me levanté del suelo, caminó hacia la puerta abierta y miró hacia adentro.
“Maldición”, maldijo él, después levantó la mirada al cielo. Fue como si le estuviera preguntando a Dios silenciosamente por qué la mujer estaba muerta, en su autobús. “Estaba bien hace dos horas. ¿Qué demonios le pasó?”
Se quitó su sombrero, se llevó los dedos por todo su cabello sudado. Tenía unos cuarenta años con una barba canosa y le faltaban algunos dientes. Estaba desgastado por los viajes, en cuerpo y alma, asumía que Patricia no era su primer cuerpo muerto.
Era el mío, sin embargo, y estaba contenta por el suelo duro debajo de mí. Nunca había sido considerada delicada, pero nunca antes había tenido a nadie muerto delante de mí, especialmente alguien tan joven como Patricia.
Mientras negaba con la cabeza, respondí: “¿Cómo demonios deberían saberlo?”
La ceja del chofer se levantó con mi uso de la palabra “demonios”. Eso no era nada. Ser criada por hermanos me había enseñado unas cuantas cosas poco femeninas.
“No tengo idea”, añadí, respondiendo su pregunta finalmente. “Estábamos dormidas y ella simplemente no se despertó”.
Frunció el ceño, escupió en el suelo otra vez. “Las personas simplemente no se despiertan. No a su edad. Demonios, no puede tener más de veinte años”. Sacudió sus manos en el aire como si eso ayudaría, como si discutir conmigo cambiaría algo. No importaba cómo murió. No era como si pudiéramos arreglarlo, o ella.
“Bueno, definitivamente no va a despertar”, contesté. El viento soplando sobre la grama, el canto de los saltamontes parecía tan normal, como si no tuviésemos que descubrir qué hacer con una mujer muerta.
“Bien, vámonos entonces”. Se metió en el autobús.
“¿Qué? ¿Simplemente la vas a dejar aquí?” Mi voz sonó alta y aguda, mi mareo creciendo ante la actitud casual que este hombre tenía por los muertos.
Suspiró, negó con la cabeza mientras se alejaba del autobús.
“Sentarse aquí a charlar no la va a poner más fresca”, gruñó él. “Tendrás que quedarte en el autobús con ella hasta que lleguemos al próximo pueblo, donde te vas a bajar”.
Miró a la mujer muerta otra vez, después a la pradera inmensa, probablemente listo para cambiar de opinión.
“A pesar de que no tengo ningún interés de pasar ni un segundo más en el autobús con un cuerpo muerto, simplemente no es honorable ni lo más mínimamente cristiano dejarla afuera para que se pudra”.
“Yo también espero que haya una funeraria en el próximo pueblo”, gruñó él, escupiendo en la grama.
Pobre mujer. Patricia era—había sido—tan valiente. Mientras compartía la historia, en realidad estaba un poco celosa. Saber que un hombre la estaba esperando al final de su destino era bastante envidiable. Alguien que la quisiera lo suficiente para publicar un anuncio y pagarle el viaje. Alguien que estaba verdaderamente ansioso por ella.
Y después estaba yo, sin hogar y sin recursos tan pronto como llegáramos a la siguiente parada. Ningún hombre. Ningún esposo. No—
Una idea se formó en mi cabeza, haciendo que mi corazón diera un salto. Patricia tenía a un hombre esperando por ella. Un esposo. Alguien que quería una esposa. A él no le importaba quién particularmente porque había escogido una novia por correo. Una extraña. Yo podía ser la novia por correo. Podía tomar el lugar de Patricia.
Podía funcionar. ¿No es así? ¿Estaba bien aprovecharse de una mujer muerta? Me quedé de pie con piernas temblorosas y miré el cuerpo muerto de Patricia, después aparté la mirada. Ella ya no estaba en este mundo y no le importaría.
Ella no me culparía. En el infierno y la muerte, las mujeres tenían que tomar ventaja de lo que les era dado.
“Está bien. Me quedaré atrás con ella”, le dije al chofer.
Levanté mi barbilla hacia arriba, me encontré con la mirada afilada del hombre mientras caminaba por el autobús, eché un vistazo, después alcancé mi pequeño bolso. “Pero tú me llevarás a donde iba la Srta. Strong”.
“Llevarte…” Se colocó su sombrero de vuelta sobre su cabeza, escupió sobre la grama de nuevo. “Sé lo que estás tramando”.
“¿Ah sí?”, pregunté. “¿Y qué es eso?”
“Vas a tomar su lugar”.
“Saqué mi arma de mi bolso, la apunté hacia él. Levantó sus manos lentamente.
“Y tú ibas a dejar a un pasajero afuera de la pradera para los lobos”, discutí.
“Ahora no hay necesidad para un arma”. Me miró. No con miedo, sino con suspicacia. “¿Qué tipo de señorita eres tú?”
“El tipo de señorita que tiene cinco hermanos mayores. Un arma añade cierto nivel de… seguridad de que tú harás lo correcto para mí y me llevarás a Pueblo y al hombre con el que ella se iba a casar”.
“¿Y lo correcto es dejarte convertirte en la esposa de un extraño?”
Obviamente, sabía más de Patricia que de lo que sabía de mí.
“El hombre que está esperando en Pueblo solicitó a una mujer, no específicamente a la Srta. Strong. Escuche, Sr… um, chofer”. No tenía idea de su nombre. “Mis hermanos me enseñaron un par de cosas además de disparar”. Me encogí de hombros ligeramente, pero el arma ni siquiera se movió. “Me enseñaron a tomar una oportunidad cuando cae en mi regazo”.
Incluso cuando era un cuerpo muerto.
¿Quería yo casarme con un hombre que nunca había conocido? Patricia lo iba a hacer. ¿Por qué yo no podría? Es lo que yo quería, mi propio hombre, tener hijos algún día. Pero no sabía nada de él. ¿Y si es viejo o si ya tiene siete hijos? ¿Y si es malvado? ¿Un borracho? Bueno, podía simplemente dispararle. Eso lo pondría en su lugar.
El chofer pensó por un momento, rascó la parte posterior de su cuello, después negó con la cabeza lentamente. “No me importa que sea de una forma u otra. Su viaje fue pagado y preferiría no tener que explicarle al hombre cuando llegue a Pueblo que su esposa simplemente se murió”.
Bajé el arma entonces. “Entonces nos haremos un favor el uno al otro”.
Caminó hacia la parte delantera del autobús, se alzó a sí mismo. Bajó la mirada hacia mí antes de meterse en el asiento grande, después señaló hacia el autobús. “Vamos a dejar el cuerpo de la Srta. Strong en la siguiente parada y no vamos a esperar su entierro. Tengo un itinerario que seguir y tú tienes un hombre por conocer”.
A pesar de que ver que la mujer fuera enterrada apropiadamente era lo correcto, sabía que no podía discutir. Me estaba ganando un esposo.
LANE HASKINS
“No lo puedo creer”, murmuré. He visto unos cuantos en mi vida, pero esto… Nunca lo olvidaré. “Esta tiene que ser la cantina más sucia y sórdida del pueblo”.
“Buscamos en cualquier otra parte”, respondió Spur, quitándose su sombrero, llevándose las manos por su cabello oscuro.
A pesar de que llegamos un poco tarde para encontrarnos con el autobús, Patricia Strong no estaba allí esperándonos. Como la hora de llegada del autobús variaba considerablemente dependiendo del clima o de la sobriedad del chofer, nos dispusimos a llegar un día más temprano. Mi mina en Jasper se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza; el último fiasco con las vigas de madera retrasó nuestro viaje por la montaña hasta esta mañana. El dueño del negocio del pueblo dijo que el autobús había llegado, por supuesto, una hora más temprano, lo cual significaba que teníamos que encontrar a nuestra novia en el alboroto de Pueblo. Fue más difícil de lo que esperábamos porque ella no estaba en ninguna guarida femenina, tomándonos más de una hora para encontrarla. Para hacerlo en una maldita cantina.
Nos quedamos parados unos cuantos metros dentro de la entrada y observamos como nuestra esposa, con el cabello del tono rojo más hermoso que haya visto, ganaba una mano de póker contra no solo dos ni tres, sino cinco hombres. Pude ver una escalera real extendida delante de ella. Estaba apostando en una cantina, y ganando. Se inclinó hacia adelante y arrastró su antebrazo por toda la mesa marcada, reuniendo sus ganancias y guardándolos en un bolso que colgaba pesadamente de su muñeca. Por la forma en que se hundió, solo me podía imaginar lo que tenía ahí dentro.
“Esa es tu esposa”, murmuré, dándole un codazo a Spur en un lado. Él era el único casado legalmente con ella a través de la compañía de novias por correo. Yo era el único que estaba legalmente casado con ella a través de la ley reciente en Slate Springs que decía que dos hombres se podían casar con una mujer, así que ella también era mía, por ley.
No sabíamos nada sobre ella además de su nombre, que era de Kansas y que iba a llegar hoy en el autobús de la tarde. Quizás el hombre que dirige el servicio de novias por correo dejó afuera el resto intencionalmente.
Por fuera de la esquina de mi ojo, vi a Spur sonreír mientras la miraba. Yo miraba al hombre infeliz que estaba sentado enfrente de ella. Por la forma en que su rostro se estaba tornando de un rojo oscuro y su cuerpo temblaba de la rabia, iba a hacer algo estúpido, y a nuestra esposa.
“¡Yo no voy a perder ante una mujer!” Se levantó y la señaló. Sí, a pesar de que Spur era el doctor y solía leer a las personas en su profesión, aprendí bastante a través de mis negocios. Este hombre, sin embargo, no era muy delicado.
Sus ganancias estaban ordenadamente guardadas en su bolso de señorita y tenía sus manos bien dobladas en su regazo.
Puritana. ¡Ja! Estábamos en una maldita cantina, no en una iglesia.
Los que estaban en las mesas cercanas se callaron, lo que hizo que el resto del salón se diera cuenta, no es como si no hubiesen estado observando a la hermosa mujer adelante. En cuestión de segundos, incluso el piano desafinado se quedó en silencio.
“Por la forma en que jugaste, pudiste haber perdido contra la mula del Viejo Harry que está allá afuera”. Ladeó su cabeza a un lado indicando al hombre sin dientes al lado de ella. Basado en el hecho de que lucía más viejo que la tierra, asumía que él era el Viejo Harry.
