23 Abriles - Agustina Iparraguirre - E-Book

23 Abriles E-Book

Agustina Iparraguirre

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Beschreibung

En la vida, muchas veces nos encontramos con caminos inesperados, situaciones que desafían nuestra fuerza interior y resiliencia. Para mí, ese camino inició a mis 23 años. Fue el momento en que mi vida dio un giro completo y comenzó un viaje que nunca imaginé emprender. Este libro, no solo habla de mí como sobreviviente, sino de la profunda transformación que experimenté durante y después de mi tratamiento. Narra la lucha contra una dura enfermedad, pero también profundiza en mis adversidades, mi oscuridad, mi voluntad y mis deseos de vencer a pesar de los obstáculos. Cuando el diagnóstico de cáncer irrumpió en mi vida, trajo consigo miedos y desafíos inimaginables. Pero también despertó una gran determinación y un deseo inmenso de vivir. "23 Abriles" representa un relato de redescubrimiento, de la búsqueda de la vida en su forma más auténtica. Te invito a descubrir conmigo las lecciones que la experiencia de enfrentar la fragilidad y la incertidumbre me ha enseñado y cómo marcó el comienzo de una nueva vida llena de significado, de altibajos, reflexiones, pero también logros. Y de esos que valen doble. Alguien una vez dijo..."Uno no sabe lo que es ser fuerte, hasta que ser fuerte es la única opción posible".

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Seitenzahl: 77

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Agustina Iparraguirre

23 Abriles

Iparraguirre, Agustina 23 Abriles / Agustina Iparraguirre. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-4917-4

1. Autobiografías. I. Título. CDD 808.8035

EDITORIAL AUTORES DE [email protected]

Índice

Prólogo

23 abriles

Entre sábanas y agujas

Lágrimas y sonrisas

Volviendo a casa

Mi amigo el linfoma

Ella y yo

Mamá, compañera de aventuras

Transición

Reinventarse

Punto de partida

A paso firme

Jaque mate

Como un Ave Fénix

Paréntesis

Sí, quiero

Rayos de sol

Montaña Rusa

Brújula

Reiniciar

Agradecimientos

Siempre hay un nuevo amanecer

Prólogo

En la compleja trama de la vida, a veces se tejen historias que desafían la comprensión y nos empujan a un torbellino sin sentido.

En las páginas de este libro, mi hija Agustina, nos invita a recorrer esa trama. A sus 23 años, Agustina no solo enfrentó el desafío de su propia fragilidad, sino que lo hizo con la promesa de la vida misma creciendo en su interior. Embarazada de Alma, esa trama se volvió un viaje impensado e inesperado.

A través de este relato, Agustina nos comparte su travesía. A veces habla de batallas, a veces habla de esperanza, otras de sus angustias y miedos más profundos.

¿Por qué escribir sobre algo tan personal?

Creo que Agus encontró en las palabras una forma de abrazar su Alma. Literal y simbólicamente. Este libro no es una crónica médica, sino más bien un camino de vuelta para ella. Es una forma de volver y resignificar su camino.

Te invito a leerlo como si fuera una charla con una amiga. Aquí no hay héroes, solo una joven que se encontró frente a algo inesperado y difícil. No esperes una lección magistral, sino más bien una conversación honesta sobre las distintas etapas del tratamiento, los altibajos emocionales y el arte de aprender a vivir de nuevo.

Prepárate para sentir, reflexionar y quizás, encontrar un eco de tu propia historia en estas líneas. Porque a veces, en las palabras de otro, descubrimos la fuerza para seguir adelante, llevando con nosotros lo que nos toca, sin luchas épicas, solo con la autenticidad de vivir cada día como un capítulo nuevo.

Marcela Fernández

Me desperté sobresaltada, aun sentía la presión de su mano sobre la mía, el aroma inconfundible de su perfume inundaba mi habitación y las lágrimas comenzaron a deslizarse al compás de mi corazón agitado, eufórico en mi pecho, tratando de encontrarlo entre tanta oscuridad... 9 meses pasaron desde su partida, inesperada, impredecible, pero ahí estaba, a los pies de mi cama, con su mirada color café, diciéndome tantas cosas, hablándome en silencio... quería abrazarlo, pero un cielo inmenso nos separaba. No solía aparecer salvo en algún que otro sueño, él sabía que Alma venía en camino, algo pasaba... un tiempo después lo entendí.

23 abriles

(abril del 2010)

Sonó el despertador como cada día de cada semana. La rutina es algo a lo que estamos acostumbrados, levantarse, tomar el desayuno, algunos nos duchamos, otros simplemente hacen todo a las corridas, ir al trabajo... en fin, hacer sistemáticamente lo mismo, una y otra vez. Pero ese martes, no sería para mí, como cualquier rutinario martes... ese martes cambió mi vida, sin saberlo comencé a escribir esta historia, no en un papel, sino en mi cuerpo, en mi Alma y en mi memoria.

Varios días llevaba intentando descifrar la visita, tan real por cierto, de mi papá. Aquella noche quedó grabada a fuego en mi piel, estaba convencida de que había un motivo, sus miradas profundas siempre fueron una forma de advertirme, pero también de cuidarme, nos entendíamos a la perfección.

No estaba teniendo una buena semana, no me sentía del todo bien, estaba dispersa, cansada, y mi humor no era de los mejores, bueno, aunque para los que me conocen, eso era algo normal. “Tenés las hormonas revolucionadas” solía ser la frase de cabecera, y claro, un embarazo de 5 meses revoluciona a cualquiera. Pataditas de a ratos, movimientos bruscos de vez en cuando, mi panza era una fiesta, y ahí estaba ella, para dibujarme las sonrisas más grandes que jamás imagine tener, Alma... mi mundo entero. Hacía solo un par de días nos habíamos enterado que iba a ser nena, originalmente Valentina, pero alguien dijo Alma y llamó mi atención. Alma, un nombre con mucha presencia, un nombre que resumía en 4 letras, el verdadero significado de la vida.

Agarré mi cartera, mi saco y me despedí de mis compañeros de oficina, con algunas risas de por medio, como habitualmente sucedía, éramos un lindo grupo, un buen equipo. Jamás imaginé que ese iba a ser el último día, mi último día. Me fui esperando volver al día siguiente, pero eso no pasó, nada a partir de ahí, sería como antes.

Tenía el pecho cerrado, no podía respirar bien, tosía una y otra y otra vez, me dolía el cuerpo y las fuerzas no me daban ni para agarrar una frazada que calmara mis chuchos de frío; No podía creer que un embarazo me generara tanto desgaste físico. Así pasé toda la noche, entre pañuelos y almohadas. Decidimos llamar al médico, parecía un resfrío de esos que te dejan en cama por semanas. Así fue, semanas enteras sin ninguna mejoría, desfilaban médicos de todo tipo, antibióticos de todos los colores habidos y por haber, nada causaba efecto, absolutamente nada.

Finalmente, en una de las tantas visitas domiciliarias, un médico, de quien jamás me olvidaré, asoció todos mis síntomas a lo que en ese entonces parecía estar de moda, sobre todo en embarazadas, la Gripe A; Por lo que recomendó mi traslado al sanatorio para internarme y así hacer los estudios que fueran necesarios. Empezó entonces un viaje que difícilmente pueda borrar de mis recuerdos, una aventura que se tiñó de todo tipo de colores, desde el blanco, pasando por el rosa, el anaranjado, pero infinitas veces de negro, llenando mi vida de incertidumbre y oscuridad.

Allá íbamos, en esa ambulancia, una situación ridícula y hasta innecesaria para mí, en definitiva, no era más que una gripe, qué tanta historia. Al lado mío estaba él, mi compañero de ruta desde hacía algunos años, mi amigo, mi amante, mi mitad, mi compinche, mi todo. Imposible no recordar ese momento en el que nos reíamos pensando ¿Qué hacemos acá? Y repitiendo, ilusamente... “bueno en un par de horitas volvemos a casa”. Un par de horitas que se convirtieron en días.

Una hora y media aproximadamente esperando que los médicos de guardia me atendieran, de a ratos me agarraban esos ataques de tos insoportables y mi ánimo empezaba a caldearse, Ariel intentaba calmarme, sabe cómo me pongo, no suelo ser de mucha paciencia. La enfermera llegó justo, un chequeo rápido y directo a placa de tórax... ese fue el primer instante en el que mi mundo se vino abajo, ¿por qué? ¿Por qué pedirme una placa de tórax? Desde la enfermedad de mi papá si hay algo a lo que le tengo pánico, es a la placa de tórax, y ahí fui, con el corazón a mil, con un miedo difícil de explicar con palabras y con una sensación que me congelaba el alma.

Mis lágrimas se acumulaban en la retina, deseosas de salir y deslizarse por mis mejillas. “Respirá profundo, contené la respiración y... listo, respira normal” una frase que desde ese día escuché infinita cantidad de veces, y que aún hoy, algunos años después siguen sonando en mi interior con la misma intensidad.

“Vamos a dejarte en observación Agustina, para controlar simplemente”. Pasar la noche en la clínica no era algo que estuviera en mis planes y de a poco el enojo fue convirtiéndose en miedo, un miedo que empezaba a recorrer todo mi cuerpo, pero no terminé de sentarme en la cama de aquella pequeña habitación, que el ruido de la puerta me sobresaltó, ahí estaban otra vez los médicos, esta vez eran dos y lo que venían a decirme iba a helar por completo mi sangre, mis sentidos, mi corazón. “Tenemos que llevarte a terapia intensiva”, el pulso se me aceleró, las palabras salían de mi boca totalmente mezcladas, nada tenía sentido, ¿cómo se pasa de “controlar simplemente” a terapia intensiva? ¿Qué estaba pasando?

Ya las lágrimas habían saltado de mis ojos y se duplicaban segundo a segundo, no podía estar pasando eso, otra vez una placa de tórax paralizaba mi mundo, no cabía en mi cabeza tener que pasar siquiera un instante en terapia. Mi papá había estado ahí, sabía lo que era, sabía con lo que podía encontrarme. Solo lloraba y gritaba, no había médico, ni enfermero capaz de calmarme, Ariel estaba desconcertado, ninguno entendía nada, ya no había sonrisas, solo miedo... mucho miedo.

“No pueden ingresarme contra mi voluntad, me quiero ir a mi casa”.

“No me importa lo que me digan, yo estoy bien. No voy a entrar a ese lugar”.

“Ariel por favor llamá a mi mamá... quiero ver a mi mamá”.