Abraham: Amigo de Dios y padre de la fe - Samuel Pagán - E-Book

Abraham: Amigo de Dios y padre de la fe E-Book

Samuel Pagán

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Beschreibung

Con una narrativa clara y accesible, el autor nos lleva a descubrir las riquezas de la vida de Abraham, un personaje clave para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Abraham como modelo de fe: Analiza la vida de Abraham, destacando sus virtudes, desafíos y fallos humanos como el «amigo de Dios» y «padre de los creyentes», a la vez que resalta su papel en el establecimiento de una relación íntima y duradera entre Dios y la humanidad. Perspectivas históricas y espirituales: A través de investigaciones arqueológicas y el análisis del hebreo bíblico, Pagán conecta el contexto histórico de Abraham con verdades espirituales que siguen siendo relevantes hoy, ofreciendo interpretaciones profundas pero accesibles. Fe en medio de desafíos: La obra aborda las incertidumbres, errores y momentos clave de Abraham -como la salida de Ur, la promesa de descendencia, la intercesión por Sodoma y el sacrificio de Isaac-, reflexionando sobre su relevancia contemporánea como símbolo de esperanza y resiliencia. Abraham: Amigo de Dios y padre de la fe es una obra imprescindible que revela el impacto del patriarca en la historia bíblica y su relevancia espiritual hoy. Combina profundidad y claridad para fortalecer la fe y entender mejor las Escrituras.

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Seitenzahl: 287

Veröffentlichungsjahr: 2026

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ABRAHAM

Amigo de Diosypadre de la fe

Colección biografías bíblicas

Samuel Pagán

Editorial CLIE

C/ Ferrocarril, 8

08232 Viladecavalls

(Barcelona) ESPAÑA

E-mail: [email protected]

http://www.clie.es

© 2026 por Samuel Pagán.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)».

© 2026 por Editorial CLIE. Todos los derechos reservados.

ABRAHAM

Amigo de Dios y padre de la fe

ISBN: 979-13-87625-00-9

eISBN: 979-13-87625-01-6

Biografía bíblica / Antiguo Testamento

Acerca del autor

El Dr. Samuel Pagán es pastor de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo en Puerto Rico, y ha servido por más de medio siglo en el desafiante y grato mundo de las traducciones de la Biblia. Además, ha sido profesor de Biblia en diversas partes del mundo, y decano y presidente de escuelas graduadas de teología y seminarios en Puerto Rico y los Estados Unidos.

Como escritor, el Dr. Pagán ha publicado más de 80 libros y escrito cientos de artículos referente a temas teológicos, bíblicos y pastorales. Y el libro del patriarca Abraham es uno en la importante serie de personajes bíblicos, a los cuales le ha dado prioridad en esta etapa de su vida y ministerio.

Está casado con la Dra. Nohemí Pagán, es padre de dos hijos, Samuel y Luis Daniel, suegro de dos nueras, Yasmín e Ileana, y abuelo de tres nietos, Samuel Andrés, Ian Gabriel y Mateo Alejandro, y una nieta, Natalie Isabel.

Agradecimientos

Dedico este libro sobre el patriarca Abraham a mis padres, Luis Pagán e Ida Luz Rosa, quienes en el hogar me enseñaron la importancia del mensaje de la Biblia y la relevancia de sus personajes.

Y con esta nueva obra, doy gracias a Dios por el Dr. Yochanan Muffs, mi profesor guía en el Seminario Teológico Judío de Nueva York. Bajo su cuidado, inicié mis estudios de la Biblia hebrea y el judaísmo. Y fue en ese ambiente académico y espiritual, que descubrí que Abraham era amigo de Dios y padre de la fe.

ÍNDICE

PRÓLOGO

PREFACIO

El Abraham bíblico

El Abraham histórico

El Abraham contemporáneo

Gratitudes

INTRODUCCIÓN

El personaje bíblico

La historia primigenia

La torre de Babel

Ur de los caldeos

Jarán o Harán, ciudad de paso

Las narraciones sobre Abraham y su familia

CAPÍTULO UNO. Abraham y la promesa divina

El pacto abrahámico

Las promesas de Dios

Abraham sale de Ur y Harán

Llegada a Egipto

CAPÍTULO DOS. Abraham y Lot

La separación

Implicaciones de las decisiones de Lot

La liberación de Lot

El rey de Salem, Melquisedec

Una nueva bendición de Dios

CAPÍTULO TRES. Un nuevo pacto

No tengas miedo

Cuenta las estrellas del cielo

Fe humana y justicia divina

Pactos de Dios

CAPÍTULO CUATRO. Agar e Ismael

La criada, el patriarca, el hijo y la esposa

Agar e Ismael

Sara, Abraham y el ángel de Dios

La revelación del ángel de Dios

Una lectura teológica del apóstol Pablo

CAPÍTULO CINCO. Los cambios de nombres y la circuncisión

El pacto y sus implicaciones éticas

Abram y Abraham

La circuncisión

Saray y Sara

Nacimiento de Isaac

CAPÍTULO SEIS. Anuncio del juicio a Sodoma y Gomorra

Dios visita a Abraham

Sara y su risa

Abraham intercede por Sodoma

La intercesión

CAPÍTULO SIETE. La destrucción de Sodoma y Gomorra

Los ángeles de Dios llegan a Sodoma

Las acciones del pueblo y las respuestas de Lot

La orientación de los ángeles

El juicio a Sodoma y Gomorra

¿Qué sucedió realmente en esas ciudades?

Lot y sus hijas

CAPÍTULO OCHO. Abraham y Abimelec

La mentira de Abraham

Abraham el profeta

Respuesta del rey Abimelec

CAPÍTULO NUEVE. El nacimiento de Isaac

Nacimiento y circuncisión de Isaac

Abraham, Sara, Isaac, Agar e Ismael

Pacto entre Abraham y Abimelec

CAPÍTULO DIEZ. Dios prueba a Abraham

El sacrificio de Isaac

La intervención del ángel

La familia extendida de Abraham

CAPÍTULO ONCE. Muerte de Sara

La muerte de Sara

El sepulcro y la tierra prometida

CAPÍTULO DOCE. Isaac y Rebeca

La búsqueda de esposa para Isaac

El criado cumple la encomienda de Abraham

Rebeca regresa a su casa

CAPÍTULO TRECE. Muerte de Abraham

Una nueva esposa y más hijos

El tema de la primogenitura

Muerte del patriarca

Descendientes de Abraham

Ismael, primer descendiente de Abraham

CAPÍTULO CATORCE. Abraham en el Nuevo Testamento, el judaísmo y el islam

Abraham en el Nuevo Testamento

Abraham en el judaísmo

Abraham en el islam

BIBLIOGRAFÍA

Prólogo

En el vasto universo de la literatura espiritual y teológica, pocos personajes han dejado una huella tan profunda como Abraham. En este cautivador libro, su autor nos invita a explorar la vida de este patriarca, presentándolo no solo como el padre de la fe, sino también como un amigo íntimo de Dios. Con una narrativa fascinante, el autor logra entrelazar la historia bíblica, el contexto cultural e histórico, y las aplicaciones espirituales que resuenan en la vida contemporánea.

Desde el primer capítulo, donde se establece la promesa divina a Abraham, hasta su muerte y legado, el autor demuestra un dominio excepcional del contexto bíblico y del texto mismo. Cada episodio de la vida de Abraham, ya sea su relación con Lot —el pacto con Dios— o su interacción con personajes como Abimelec, es tratado con un enfoque equilibrado que permite al lector apreciar las múltiples facetas de este hombre extraordinario. Las transiciones suaves entre narrativas bíblicas y reflexiones teológicas enriquecen la experiencia, haciendo que cada capítulo sea informativo y profundamente inspirador.

La habilidad del autor para integrar su conocimiento exegético, hermenéutico, con un lenguaje ameno y accesible es digna de reconocimiento. A medida que seguimos a Abraham en su peregrinación, desde su llamado divino hasta los momentos de prueba más intensos, somos guiados a reflexionar sobre nuestro propio viaje de fe. Su enfoque en las virtudes de Abraham: su obediencia, su perseverancia y su capacidad para interceder por otros, nos anima a emular su ejemplo en nuestras propias vidas.

Además, el autor no se limita a presentar a Abraham como un ícono de perfección. Destaca y explica sus fallas humanas: la mentira, la falsedad, y la condescendencia hacia la singular sugerencia de Sara de “cumplir” la promesa de un hijo dada por Dios, todo ello con sus respectivas consecuencias. Aborda, con precisión, la perspectiva neotestamentaria sobre el legado del padre de la fe a la iglesia de Cristo. Muestra, además, la relevancia de Abraham en el judaísmo y el islam. Los capítulos finales ofrecen una visión contemporánea sobre su legado, recordándonos que su influencia permanecerá en todas las familias de la tierra. Este libro no solo es una biografía; es un estudio profundo que nos invita a reconsiderar nuestra relación con Dios, con los demás y con nuestro caminar en la fe.

En resumen: “Abraham: Padre de la fe y amigo de Dios” es una obra que combina erudición y accesibilidad, invitando a los lectores a sumergirse en la vida de uno de los personajes más importantes de la historia sagrada. Con cada página, el autor nos desafía a explorar nuestras propias creencias y a buscar una relación más profunda con lo divino, haciendo de esta lectura una experiencia transformadora.

Extiendo mis más sinceras felicitaciones al doctor Samuel Pagán por esta magnífica obra, recomendada para todo creyente en Cristo sin distingo. Es una contribución valiosa a la literatura bíblica teológica y un testimonio de su dedicación y pasión por explorar las profundidades de la fe.

Rigoberto M. Gálvez Alvarado. MSc, ThD, PhD.Pastor, autor, profesor de Teología Bíblica y Sistemática

Prefacio

Por la fe Abraham, quien había recibido las promesas,

fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único,

a pesar de que Dios le había dicho:

“Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac”.

Consideraba Abraham que Dios tiene poder

hasta para resucitar a los muertos;

en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos.

Hebreos 11:17-19

El Abraham bíblico

De acuerdo con la Carta a los hebreos, Abraham era un hombre de fe. Una persona obediente a la voluntad divina, que no se amilanaba ante los grandes desafíos de la vida. Un líder que estaba dispuesto a hacer lo inimaginable si el Señor lo ordenaba. Y esa devoción y fidelidad del patriarca, motiva al autor neotestamentario a reconocer que Dios tenía poder hasta para resucitar muertos.

En ese marco teológico amplio es que comienzo a estudiar, reflexionar y escribir un nuevo libro sobre el patriarca Abraham. Un personaje bíblico que ha sido ejemplo de fe para las tres religiones monoteístas. Luego de más de tres milenios, las enseñanzas que se desprenden de su vida sirven de modelo y buenos testimonios para sinagogas, iglesias y mezquitas.

Las dos afirmaciones que vamos a destacar en este libro son las siguientes: Abraham es “amigo de Dios” y “padre de los creyentes”. Esas dos descripciones, que están directamente asociadas a la vida del patriarca, ponen de relieve la intimidad del patriarca con Dios, y las repercusiones que esa cercanía con lo divino propicia para la humanidad, especialmente para las personas creyentes. En efecto, el testimonio de alguien como Abraham es digno de estudiar con detenimiento.

Mi análisis, al escribir este nuevo libro sobre Abraham, se fundamenta en un diálogo íntimo con el texto bíblico. Especialmente deseo estudiar detenidamente las narraciones sobre Abraham, que se incluyen en el primer libro de la Biblia (Gn 11:27–25:18), aunque exploraré las repercusiones de esos testimonios en el resto de las Escrituras. Mi objetivo fundamental es identificar temas desafiantes, estudiar teologías pertinentes, descubrir detalles significativos, y disfrutar enseñanzas transformadoras que se desprenden de la vida del famoso patriarca hebreo.

Abraham, aparte de Moisés, es el personaje que más se menciona en el Antiguo Testamento. Su descripción como “amigo de Dios” (St 2:23) no se confiere a ninguna otra persona en la Biblia. Además, su importancia histórica se pone claramente de manifiesto al descubrir que los creyentes de todas las generaciones se identifican como “hijos de Abraham” (Gl 3:7).

Para el estudio voy a utilizar, en compañía a la Biblia Hebraica Stuttgartensia, las versiones en castellano más utilizadas por los creyentes y las iglesias (p.ej., NVI, RV1960, BJ, entre otras). Y emplearé tiempo para analizar términos y expresiones en hebreo, y algunas en griego, cuando esas explicaciones contribuyan positivamente a una mejor comprensión de las narraciones bíblicas.

El Abraham histórico

Una figura tan importante en la Biblia, que ha tenido influencias positivas en la historia en el cristianismo y el islam, debe ser estudiada desde varias perspectivas. Analizar los componentes teológicos en diversos contextos de la vida de Abraham es impostergable, y revisar las implicaciones éticas, morales y espirituales de su vida son necesarias.

De la vida de Abraham tenemos bastante información en las narraciones bíblicas (Gn 11:26–25:11); sin embargo, de su nacimiento y primeros años de vida los detalles personales son escasos. Cuando en las Sagradas Escrituras se menciona al patriarca por primera vez, ya tenía setenta y cinco años (Gn 11:28).

En ese entorno de estudios y reflexiones hay detalles, sobre las investigaciones en torno al patriarca, que son importantes para nuestro análisis. Los contextos sociales y culturales que se desprenden de las narraciones bíblicas coinciden con el conocimiento actual de las costumbres en el Oriente Medio en el segundo milenio a.C. Y esas comprensiones nos permiten entender mejor algunos temas y varias experiencias en la vida del patriarca como son las alianzas o los pactos, los sacrificios, y las dinámicas alrededor de sus vivencias y tradiciones nómadas.

Grandes tiendas nómadas, quizás como la de Abraham.

Las investigaciones arqueológicas de ciudades mencionadas en las narraciones patriarcales, como Ur y Jarán, han descubierto detalles de las realidades cotidianas que se incluyen en los relatos bíblicos. Y esos datos culturales descubiertos en las investigaciones, están en coherencia con los relatos de la vida de Abraham en esas ciudades.

De acuerdo con las narraciones bíblicas, el padre de Abraham, Taré (Gn 11:27), y su familia provienen de Ur, una ciudad importante al sur de Mesopotamia, que estaba ubicada sobre el río Éufrates —entre el actual Golfo Pérsico y la contemporánea metrópoli de Bagdad— salieron de Ur para establecerse en Jarán (Gn 11:31-32), enclavada en la ruta comercial entre Nínive y Damasco. Y, finalmente, Abraham y su familia prosiguieron su peregrinar hasta las tierras de Canaán.

Algunos estudiosos piensan que Abraham también podría ser una figura que representa la personificación de grupos tribales antiguos. En el caso del patriarca, su figura se asocia a diversas comunidades que se trasladaron de Mesopotamia a Canaán. Su vida simbolizaría la memoria colectiva de esas comunidades antiguas. Inclusive, hay académicos que entienden que Abraham representa los ideales y valores, asociados a la fe y la obediencia, de los antiguos grupos hebreos.

El presupuesto teológico y metodológico en nuestro estudio es que Abraham es un personaje bíblico que representa la voluntad divina en un momento preciso de la historia. Y que el patriarca, además de iniciar con su vida estas tradiciones, ha legado a la historia y al monoteísmo enseñanzas extraordinarias referente a la fe, la obediencia y la confianza en las promesas de Dios.

El Abraham contemporáneo

Las enseñanzas relacionadas con la vida de Abraham son importantes para la sociedad contemporánea en general, y para las comunidades de fe en particular. La demostración de una vida guiada por buenos valores morales, principios éticos y convicciones espirituales han sido fundamentales en las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

En primer lugar, Abraham es símbolo de la posibilidad de diálogos interreligiosos. Al ser una figura respetada por tres religiones monoteístas, el patriarca se convierte en modelo para incentivar el respeto y propiciar los diálogos entre diversos sectores religiosos del mundo. Además, del estudio de la vida de Abraham se desprenden valores, entre los que se incluyen los siguientes: fe, obediencia a Dios, confianza en las promesas divinas, respeto a la dignidad humana, y solidaridad con las personas cautivas y en necesidad.

El patriarca es también una inspiración ética y moral, y un buen modelo de fe liberadora y espiritualidad saludable. También es símbolo de resiliencia y esperanza, pues tuvo la capacidad de esperar las promesas divinas, aunque la vida pasaba y los años avanzaban. La incertidumbre y los desafíos no detuvieron el paso de Abraham al futuro.

De singular importancia referente a la vida de Abraham es que la Biblia no esconde sus dificultades personales y debilidades. Por lo menos en dos ocasiones, el famoso patriarca mintió en referencia a su relación con Sara, que en vez de presentarla como esposa lo hacía como hermana (Gn 12:10-20; 20:1-18). El propósito de esas acciones, que demuestran inseguridades, temores y ansiedades, era proteger su vida en ambientes políticos y sociales que podrían ser hostiles. En ambos casos, sin embargo, Dios permitió al patriarca superar la crisis, demostrando el poder de la misericordia divina.

Mis recomendaciones para el uso de este libro en torno a Abraham son varias. Deseo que se lea en las iglesias locales, en los estudios bíblicos congregacionales y en los cultos de hogar; y espero que los temas expuestos incentiven sermones y diálogos teológicos sobrios y sabios. Es mi deseo que esta obra contribuya positivamente al desarrollo de la espiritualidad personal y colectiva. Además, debo afirmar que el lenguaje usado es popular, pues evito tecnicismos y palabras de difícil comprensión.

Gratitudes

No han sido pocas las personas a las que debo mi agradecimiento al finalizar este nuevo libro. Entre esas personas están mi padre y mi madre, Luis Pagán e Ida Luz Rosa, que me iniciaron en el mundo de los estudios bíblicos. También reconozco a mis profesores en el Seminario Teológico Judío en Nueva York. Ese buen grupo de colegas me acompañaron en un peregrinar educativo, que se caracterizó por las reflexiones y los diálogos interreligiosos. Y, especialmente, agradezco y dedico este libro a mi profesor guía, Dr. Yochanan Muffs, que me inició en el estudio de las figuras bíblicas de importancia histórica y teológica como Abraham.

Y como en todos mis libros, mi agradecimiento especial va a la Dra. Nohemí Pagán, quien lee con criticidad mis manuscritos, evalúa con sobriedad mis reflexiones, comenta con inteligencia mis ideas y edita con sabiduría mis escritos. Gracias, Nohemí, mi eterna Dulcinea, por estar a mi lado cuando más lo necesito.

Y para culminar este prólogo, incluyo un poema que escribió un buen colega y amigo, Dr. Pedro Miranda, “Bendita la prueba que me conduce al Señor”. Estos versos hermosos ponen claramente de manifiesto los desafíos que vivió Abraham en su peregrinar al futuro, fundamentado en su amistad con Dios y en su fe.

A la víspera estoy de encontrar esa ruta

Que me lleve a senderos y un destino contigo

Donde no vacilen mis ritmos torcidos

Que me alejan de aquello que nunca yo he sido.

Estoy cerca de encontrar esa ruta

Donde la hiel sucumbe ante fecunda añoranza

Y el amor entre otros es encuentro constante

Y el encanto de ser se entremezcla en tu celo.

A un paso estoy, mi Señor, de fundirme otra vez

En aquello que fui cuando mi embrión observaste

Ante el calor de una madre que también era dios

Donde jugabas conmigo y sabía de ti.

A un respiro estoy de volver a nacer

De dejar aquello a lo que tanto me aferro

Que destruye ese ego que sembraste en mi pecho

Cuando te plugo traerme a este terruño sagrado.

Me trazaste un camino, al que pronto entraré

Dejando estos miedos que destruyen anhelos

Acariciando esperanzas y observando en silencio

Que en la ruta con otros es que muere el desierto.

Llegaré. Pronto. Cercano está el día

Lo sé, y será en esta vida

El camino feliz sorprenderá, esta, mi estancia

Que me asfixia y ahoga, pero que tiene final.

Lo declaro y lo urjo, sacudiré mis cimientos

Para que muera este aliento que consume mi andar

¡Sí! A la víspera estoy de comenzar a vivir

Contigo en mí, y conmigo en ti.

Dr. Samuel Pagán

Clermont, Florida

30 de noviembre de 2024

Introducción

Téraj salió de Ur de los caldeos rumbo a Canaán.

Se fue con su hijo Abram, su nieto Lot, hijo de Harán,

y su nuera Saray, la esposa de Abram.

Sin embargo, al llegar a la ciudad de Jarán,

se quedaron a vivir en aquel lugar

y allí mismo murió Téraj a los doscientos cinco años.

Génesis 11:31-32

El personaje bíblico

En la lista de personajes distinguidos en la Biblia, Abraham ocupa un lugar protagónico. Aunque Moisés, Débora, Elías, David, María Magdalena y Pablo, entre otros, contribuyen de forma destacada a la historia de la salvación en las Sagradas Escrituras, únicamente el patriarca Abraham se identifica y distingue, no solo como “padre de la fe” o de los creyentes (Gl 3:7, 29) sino como “amigo de Dios” (2 Cr 20:7; Is 41:8). Y esa distinción íntima tiene repercusiones espirituales, teológicas, culturales e históricas.

Referente a la importancia de nuestro famoso patriarca, debemos añadir que inclusive su nombre se relaciona íntimamente con algunos atributos divinos. El Dios de la Biblia hebrea se le conoce como “Dios de Abraham” (Ex 3:6, 15, 16), y padre del pueblo de Israel (Is 51:2). Además, la importante expresión bíblica, “Dios de Abraham, Isaac y Jacob” (Ex 4:5; Mt 22:32), pone de relieve la relación entre el Señor de la creación y la historia primitiva de Génesis, y el líder que sale de su hogar y sus tierras en la antigua ciudad de Ur (Gn 12:1-20), para comenzar un nuevo proyecto de vida al futuro. Y es esa decisión del patriarca la que establece los fundamentos históricos y teológicos, de acuerdo con los relatos bíblicos, del pueblo de Dios.

En esta obra, las referencia al famoso patriarca hebreo se harán con su nombre tradicional, Abraham. Al comienzo de las narraciones bíblicas su identificación se relacionaba con su nombre original, Abram, pero posteriormente en las Sagradas Escrituras (Gn 17:5) se cambia a Abraham, como una manifestación de la autoridad divina. Además, ese cambio de nombre pone de manifiesto una nueva relación divino-humana con el patriarca. Abram significa, “padre exaltado”; y Abraham transmite la idea de “padre de multitudes o padre de muchas naciones”, que pone en evidencia la transformación de su encomienda divina. Y este cambio de nombre, también revela la expansión de la promesa divina al incorporar en la revelación a generaciones del futuro y a multitud de naciones.

Es de singular importancia notar que, en la Biblia, los cambios de nombres tienen implicaciones que sobrepasan los límites de la lingüística. Esos cambios implican transformaciones profundas, pues suelen estar acompañados de nuevos significados espirituales y teológicos. A menudo, reflejan renovaciones en la identidad, el propósito de vida, o en la relación de una persona con Dios.

Entre los personajes que vivieron esas transformaciones divinas asociadas al nombre, además de la experiencia con el patriarca, se incluyen los siguientes personajes bíblicos: la esposa de Abraham, Saray, que es transformada en Sara (Gn 17:15), que significa princesa, y es una manera de destacar su nuevo papel en la vida y misión del patriarca; y el nombre de Jacob se cambia a Israel (Gn 32:28), para destacar la transformación de la relación con Dios, luego de luchar con el enviado divino y angelical, además de poner de relieve su singular futuro como parte del pueblo del Señor.

Los cambios de nombres, con implicaciones teológicas y transformadoras, también se encuentran en el Nuevo Testamento. Y entre las personas transformadas, en las que se utiliza el cambio de nombre para delatar esas experiencias de vida, están dos líderes de importancia capital en el nacimiento de la iglesia. Simón es cambiado a Pedro (Jn 1:42), que significa roca o piedra, y destaca su fortaleza en la fe. La experiencia de conversión y renovación en Saulo, que era un aguerrido perseguidor de los creyentes (Hch 13:9), se describe y destaca con su nuevo nombre, Pablo. Y esa forma novel de identificar al apóstol revela su nuevo proyecto de vida, de perseguidor a embajador de la gracia divina a los gentiles.

La historia primigenia

Las narraciones bíblicas comienzan en el libro de Génesis, con una serie de declaraciones teológicas referentes a la creación del cosmos y de la humanidad, antes del llamado de Abraham (Gn 1:1–11:26). Esos relatos, además de discutir temas teológicos fundamentales, como la creación de la naturaleza, el orden en el universo, y el pecado y la caída de Adán y Eva por la desobediencia, preparan el camino para la llegada al mundo bíblico del patriarca, que inaugura una dimensión nueva del diálogo divino-humano. Y es ese tipo de conversación íntima con el Dios creador, en efecto, el que sirve de marco de referencia para presentar la voluntad divina al pueblo en medio de la sociedad.

Los primeros once capítulos del libro de Génesis articulan una comprensión universal de la creación, pues toman en consideración no solo el entorno inmediato de la iniciativa divina y el huerto del Edén (Gn 1:1–3:24), sino las implicaciones teológicas de la desobediencia, la soberbia y la caída de la humanidad. Y ese acto de rebeldía a la revelación divina de Adán y Eva, se manifestó posteriormente en la violencia entre Caín y Abel (Gn 4:1-16), en el rechazo al llamado divino en las narraciones del diluvio universal (Gn 6:1–9:29), y también en la confusión de los lenguajes en la antigua ciudad de Babel (Gn 11:1-11).

En ese contexto de narraciones intensas referentes a la naturaleza humana, es Noé quien anuncia que serán los descendientes de Sem los que recibirían la famosa promesa divina (Gn 3:15). Las comunidades cristianas han relacionado directamente esa importante promesa divina con la revelación y manifestación del Mesías, que al final de los siglos vencerá a Satanás y todas las fuerzas del mal (Rm 16:20; Ap 12:17).

Zigurat babilónico, o templo de escalones, quizás como la torre de Babel.

En el relato de la torre de Babel (Gn 11:1-11), Dios rechaza abiertamente la rebeldía y el egocentrismo de la humanidad, al querer construir una torre para llegar al cielo (Gn 11:4). Y ese acto impropio de egocentrismo humano era una manera pública de menospreciar el poder divino, y una forma inadecuada de autoproclamarse independientes del poder, la autoridad y la voluntad de Dios.

Las narraciones que prosiguen a la llamada “historia primigenia o primitiva” del libro de Génesis (Gn 1:1–11:32), presentan una serie de relatos sobre los patriarcas hebreos (Gn 12:1–50:26). Y entre esos distinguidos patriarcas se encuentran Abraham, Sara y sus descendientes, que imprimen a la historia de la salvación en la Biblia una huella destacada e indeleble, pues su relación con el Dios Eterno se describe como cercana, íntima y de amistad.

La torre de Babel

Los descendientes de Noé (Gn 10:1-32), luego de superar la crisis del diluvio, se esparcieron por toda la tierra. En ese momento histórico, de acuerdo con el relato bíblico, en la tierra se hablaba un solo idioma (Gn 11:1). Y con esa singular comprensión de la sociedad y del mundo, de que lo unía un solo lenguaje, el pueblo asociado con Noé fue moviéndose al oriente, en donde hallaron las tierras de Sinar, ubicada en una llanura entre los ríos Éufrates y Tigris, en Mesopotamia.

La confusión de las lenguas fue el resultado de una muy directa y clara intervención divina, cuando el Señor se percató de la iniciativa humana “que deseaba llegar al cielo” (Gn 11:4). Esta expresión en hebreo es una forma lingüística de aludir a un proyecto que intenta desafiar los límites que Dios puso a la humanidad (Is 14:13-14; Gn 3:6; Ez 28:2). Como respuesta a esa actitud impropia, que revela prepotencia, infidelidad e insensibilidad, es que Dios desciende y confunde el idioma, que es el contexto en el cual se desarrollan diversos lenguajes en la humanidad, de acuerdo con las narraciones bíblicas. Y el origen de los diversos idiomas en el mundo, según el libro de Génesis, es el egocentrismo humano y la intervención divina, que desea mantener a las personas y los pueblos dentro de la voluntad de Dios.

En las ciudades babilónicas se construían templos conocidos como zigurat, en forma de pirámide y en escalones. Para esas antiguas comunidades, la cima de las torres representaba el contacto y la unión entre el cielo y la tierra, era el punto de encuentro entre lo divino y lo humano. El zigurat que estaba en Babilonia medía unos 90 metros de ancho y como 90 metros de alto. La torre “que debía llegar al cielo”, en el famoso relato bíblico, era una representación de la altanería de la humanidad, que deseaba organizar una comunidad independiente de Dios, actitud que fue directamente rechazada por el Señor (Is 14:13-14). Y de gran importancia teológica en la narración es que el nombre Babel, del cual proviene Babilonia, se asocia con la idea de “puerta para llegar a dios o puerta de los dioses”, sin embargo, en la Biblia se identifica la ciudad con el verbo hebreo balal, cuya pronunciación transmite la idea de “confundir”.

La torre de Babel representa las actitudes humanas que rechazan la autoridad y la voluntad de Dios, para sustituirlas por gestos egoístas, actitudes prepotentes y decisiones impropias fundamentadas en la conveniencia personal y en el rechazo de la hegemonía divina. Y en contraposición a esas decisiones que llevaron a la confusión de las lenguas, en el Nuevo Testamento se afirma que la llegada del Espíritu Santo a los creyentes el día de pentecostés, cuando estaban en actitudes de unidad y humildad ante Dios, tiene la capacidad y el poder de facilitar la comprensión de lenguajes, los diálogos interculturales y la comunicación con Dios (Hch 2:1-8).

Terrazas del templo de Zigurat de Ur.

Los descendientes de los hijos de Noe fueron tres, según el texto bíblico: Sem, Cam y Jafet (Gn 10:1), y esos hijos, a su vez, tuvieron familias. Dos años después del diluvio, y a la edad de cien años, Sem engendró a Arfaxad, que procreó otros hijos, ¡y vivió otros quinientos años! (Gn 11:11).

Las referencias a los muchos años de vida en los personajes bíblicos aluden a la importancia del personaje en las narraciones bíblicas. La longevidad, en la antigüedad, se relaciona con el cumplimiento de alguna misión destacada o el desempeño de responsabilidades de importancia capital en los relatos asociados a la revelación divina.

Ur de los caldeos

Téraj salió de Ur de los caldeos rumbo a Canaán.

Se fue con su hijo Abram, su nieto Lot, hijo de Harán,

y su nuera Saray, la esposa de Abram.

Sin embargo, al llegar a la ciudad de Jarán,

se quedaron a vivir en aquel lugar

 y allí mismo murió Téraj a los doscientos cinco años. Génesis 11:31-32.

La identificación de los descendientes de Sem culmina con la presentación de Téraj o Taré, padre de Abraham (Gn 11:24), que vivió setenta años; es decir, disfrutó una vida plena, completa y con sentido de misión, pues el siete y sus múltiplos apuntan hacia lo bien hecho, a lo que se ha llevado a efecto con responsabilidad y pulcritud (Sal 90:10). Además, este relato genealógico es muy importante, pues presenta a Lot como sobrino de Abraham, hijo del hermano del patriarca (Gn 11:27), y lo incorpora en el plan divino. Y es en esta narración bíblica que se indica el nombre de la ciudad donde vivían: Ur de los caldeos.

La ciudad de Ur, una de las más antiguas del sur de Mesopotamia, posiblemente estaba ubicada en las inmediaciones de la desembocadura del río Éufrates al golfo pérsico. Se identifica en los relatos bíblicos como “de los caldeos” (Gn 11:28, 31), pues con el tiempo, por los años 600-539 a.C., estuvo bajo el domino de ese pueblo de origen semita y de lengua aramea. De singular importancia, al estudiar la cultura y la historia de la ciudad, es que su principal divinidad era la luna, que con el tiempo se convirtió en uno de los signos representativos del islam.

En torno a la antigua ciudad de Ur es importante afirmar que, tanto los descubrimientos arqueológicos como los documentos asociados a la ciudad y la región, la identifican como una comunidad económicamente próspera y culturalmente avanzada. Es posible que su población llegara a unas doscientas cincuenta mil personas, que es el marco de referencia fiscal para tener un comercio local e internacional floreciente, activo y ordenado. Y entre los productos y las industrias de más importancia comercial en la ciudad estaban los siguientes: diversos tipos de tejidos, trabajadores de oro, plata, nácar y lapislázuli; carpinteros, constructores de barcos y alfareros.

Posibles rutas de Abraham desde Ur de los caldeos.

La identificación precisa de la ciudad no es un proyecto fácil, por varias razones. En primer lugar, el nombre “Ur” significa “ciudad” en general, y algunos estudiosos piensan que la expresión “salir de Ur” tenía el sentido básico de dejar alguna ciudad babilónica de importancia. Otros académicos asocian la antigua Ur con varias comunidades que en la actualidad todavía se incluyen en mapas; por ejemplo, con Urfa en la actual Turquía (cerca de la frontera con Siria), o con Ura, en Asia Menor. Sin embargo, como Abraham salió hacia la ciudad de Jarán o Harán al noroeste, camino a Canaán, debemos descartar ambas posibilidades.

Una alternativa importante, para la ubicación de la antigua ciudad de Ur de los caldeos, es la moderna Tell el-Mukayyar, que está enclavada a orillas del río Éufrates, al sur de Iraq. El lugar ha sido estudiado con profundidad y es donde se han encontrado documentos que la identifican como la antigua y bíblica ciudad de Ur; además, se han hallado artefactos que delatan su prosperidad económica, sus dinámicas culturales y sus actividades comerciales.

El patriarca Abraham, en efecto, salió de una ciudad próspera, que daba a su familia seguridad económica y sentido de futuro, y que propiciaba un ambiente de sobriedad cultural importante para la estabilidad y la salud individual, familiar y comunitaria. Y se dirige a otra ciudad desconocida, que representaba lo desafiante, fundamentado en la revelación de Dios, de acuerdo con el relato bíblico.

Jarán o Harán, ciudad de paso

De acuerdo con el testimonio bíblico, Téraj o Taré salió con Abraham y Lot hacia Canaán, pero el grupo se detuvo en la ciudad de Jarán o Harán donde finalmente murió (Gn 11:32). En la antigüedad, esa ruta entre Ur y Jarán era muy importante, tanto desde la perspectiva comercial como de la militar. En la actualidad, ese viaje se debe ubicar en la región entre Siria y Turquía. Y entre esas dos ciudades había unos ochocientos ochenta y cinco kilómetros, y Jarán estaba al noroeste de la antigua Ur.

Es interesante descubrir que el nombre “Harán” significa “encrucijada”, que pone claramente de manifiesto la naturaleza desafiante del lugar en los viajes del patriarca entre Ur y Canaán. Salieron de la próspera Ur, y la tentación era quedarse en Harán, que también era una ciudad progresista y económicamente muy desarrollada. Y en esta ciudad se adoraba a la divinidad Sin, también asociada con la luna, que estaba en continuidad con la adoración de los dioses de Ur.

Jarán era conocida por su templo, donde la adoración se dirigía a la diosa luna. Quizá esa continuidad religiosa de adoración de dioses asociados con la luna fue un factor de importancia para que el padre de Abraham se detuviera en esa ciudad. Inclusive, parte de la familia se quedó viviendo en esa región, como es el caso de Nacor (Gn 24:15; 28:5). El llamado a Abraham, sin embargo, no fue a quedarse en Jarán, sino proseguir a un lugar novel, aun desconocido, pero prometido por Dios.

Un elemento fundamental en la decisión de Abraham de proseguir su camino a Canaán era dejar atrás el politeísmo. En efecto, el patriarca deseaba comenzar con su familia y sirvientes una nueva etapa de relación con el Dios que se le había revelado. Y de ese peregrinar al futuro es que el monoteísmo fue tomando forma de manera paulatina.

Las narraciones sobre Abraham y su familia

En el capítulo doce de Génesis comienza un nuevo ciclo de narraciones bíblicas, que tiene como uno de sus temas básicos la vida de los patriarcas. Y esos relatos se fundamentan en una importante promesa divina, que introduce elementos de esperanza y futuro para Abraham, su familia y la humanidad: Abraham (Gn 12:1–20:18), Isaac (Gn 21:1–28:9), Jacob (Gn 28:10–36:43) y José (Gn 37:1–50:26).

Macho cabrío. Figura encontrada en Ur, aproximadamente del 2500 a. C., relacionada con la época de Abraham.

Las narraciones bíblicas de los patriarcas inauguran una nueva era en las relaciones de Dios con la humanidad. Luego de la revelación del poder de Dios en la creación, de la manifestación de las desobediencias humanas, y de la posterior serie de respuestas divinas, inicia una etapa novel de las relaciones del Señor con las personas y los pueblos.

Y esas dinámicas se fundamentan en una extraordinaria promesa a Abraham:

Bendeciré a los que te bendigan

y maldeciré a los que te maldigan;

¡por medio de ti serán bendecidas

todas las familias de la tierra! Génesis 12:3.

En efecto, con las narraciones de la vida de Abraham surgen las posibilidades de un futuro mejor para la humanidad.

En la historia inicial o primigenia de Génesis (Gn 1:1–11:32) se identifican tres manifestaciones claras del juicio divino, como respuesta a la desobediencia humana: Adán y Eva son expulsados del Edén (3:23-24), el diluvio destruye a la humanidad (Gn 6:1–9:29), y la confusión de los idiomas es el marco de referencia ideal para la incomunicación y el caos (Gn 11:1-9).