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El autor de este libro con pedagogía y sencillez nos hace descubrir los tesoros del Corazón de Jesús saliendo al paso de los prejuicios o malentendidos que esta devoción ha podido suscitar. La presente publicación es una valiosa ayuda para tomar conciencia de la misión sublime que tenemos de consolar al Corazón dolorido de Jesús y para hacernos partícipes de la fuerza transformadora de la consagración de nuestras vidas a los Corazones de Jesús y María. Te invitamos a disfrutar de esta lectura y a introducirte en esta escuela de vida interior, la escuela del Corazón de Jesús, que como verás no está reservada solo a los santos, sino a todos aquellos que desean poner su vida al servicio del mejor de los proyectos: la civilización del Amor, el Reino del Corazón de Jesús.
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Seitenzahl: 439
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Amor por amor
Título original: Rendre amour pour amour
© 2019 by Editions Pierre Téqui
8 rue de Mézières
75006 – Paris
© 2025 de la traducción realizada por
Maria Florencia (Flor) Saéz Fernández
by EDICIONES COR IESU (hhnssc)
Plaza San Andrés, 5, 45002 - Toledo
www.edicionescoriesu.es
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopias, por registro y otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
ISBN (papel): 978-84-18467-72-1
ISBN (ebook): 978-84-18467-73-8
Depósito Legal: TO 70-2025
Impreso en España
Ulzama Digital SL (Huarte, Navarra)
Joël Guibert
Amor por amor
Una espiritualidad del Corazón de Jesús
Del mismo autor
Renaître d’en haut, une renouvelée par l’Esprit Saint, Editions de l’Emmanuel, 2008.
El abandono en Dios un camino de paz en la escuela de Teresita, Monte Carmelo, 2022.
Quevienne ta miséricorde, éditions de l’Emmanuel, 2011.
La sagesse de la Croix, éditions de l’Emmanuel, 2012.
Vivre en Marie, éditions du Carmel, 2013.
L’art d’être libre, éditions de l’Emmanuel, 2013.
Prêtre, éditions de l’Emmanuel, 2014.
Las personas que deseen participar en un retiro predicado por el P. Joël Guibert pueden consultar en la siguiente página web: www.perejoel.com
Introducción
Hasta no hace mucho tiempo casi no me había sentido atraído por lo que se llama la espiritualidad del Sagrado Corazón. Sin tener nada en contra, pensaba que era para aquellos que sentían una fuerte sensibilidad hacia ella. No obstante, me interrogaba sobre esta «insensibilidad» personal hacia lo que representa, sin embargo, un monumento de la espiritualidad cristiana. Tal vez, como el señor Jourdain1, hacía prosa sin saberlo: aunque no utilizaba la expresión formal de «espiritualidad del Sagrado Corazón», hablaba, sin darme verdadera cuenta, de esta espiritualidad. Me había nutrido abundantemente de los escritos de estos mensajeros del Corazón misericordioso de Jesús como son Faustina, Teresita de Lisieux, Josefa Menéndez, la venerable Conchita Cabrera de Armida,pero no había gustado realmente el mensaje de santa Margarita María Alacoque, a quien el Sagrado Corazón se le había revelado particularmente. Había leído, por supuesto, algunas cosas de la religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial, pero sin duda no había elegido la puerta de entrada adecuada o simplemente el Espíritu Santo no había visto mi corazón lo suficientemente maduro como para recibir semejante alimento.
Y he aquí que, a raíz de unas lecturas hechas un poco por casualidad, me fijé en dos afirmaciones precisas: en primer lugar, la del papa Pío XI, para quien la devoción al Sagrado Corazón de Jesús «contiene la suma de toda la religión»2; después la de su sucesor, Pío XII, quien afirmaba que «el Corazón de Jesús era la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención»3. Estas expresiones, fuertes, me marcaron profundamente y no me pude contentar con quedarme en el umbral de esta espiritualidad. Sin demora, me sumergí en los escritos de estos papas y también en los de santa Margarita María: mi corazón fue tocado y mi inteligencia iluminada. No me quedaba más que profundizar decididamente en este tema. Para este trabajo, me fue de preciosa ayuda la obra del P. Glotin, La Bible du Coeur de Jésus4. El padre jesuita interpela al lector:
Has comprendido que este Libro de Vida para las Iglesias del tercer milenio se encuentra por encima de los manuales prácticos que necesitarán para evangelizar a los pueblos de hoy. Requiere pues la elaboración de productos derivados y adaptaciones a diferentes culturas5.
Resulta difícil rechazar esta invitación. La obra del P. Glotin es una lectura bastante exigente. Hacen falta obras de divulgación que permitan a los cristianos descubrir o redescubrir esta espiritualidad del Sagrado Corazón que pertenece a la esencia misma de su vida bautismal. Con este libro, Devolver amor por amor, que quiere ser muy accesible sin ocultar la profundidad del mensaje, no tengo otro deseo que el de servir a la vida espiritual de los bautizados, nutrir su corazón con el de Jesús y dar gloria al amor de nuestro Dios.
La empresa es ambiciosa, pero ¿no estaría condenada al fracaso incluso antes de comenzar? En efecto, el culto al Sagrado Corazón tuvo su importancia en la Iglesia universal durante varios siglos en el seno de todas las categorías sociales. Los papas de la primera mitad del siglo XX consagraron importantes enseñanzas a este tema, mientras que en la segunda mitad de ese mismo siglo se asistió a un verdadero colapso de esta devoción en los países de la vieja cristiandad, particularmente en Europa. ¡Qué misterio! ¿Por qué lanzarse pues a esta peligrosa empresa de rehabilitación, cuando el culto al Sagrado Corazón es a menudo considerado como superado, sentimental o «dolorista»? Quizá esta devoción correspondía a un período pasado de la historia y ya no tiene cabida en nuestros tiempos… ¡Celebrémosle unos solemnes funerales y pasemos a otra cosa! Pero los movimientos de la historia y las sorpresas del Espíritu Santo lo han decidido de otra manera. En Paray-le-Monial, lugar donde el Sagrado Corazón se manifestó a santa Margarita María, se asiste a una verdadera resurrección que algunos datan de 1975, año conmemorativo de los hechos de Paray6. ¿Quién no ha oído hablar en las parroquias y en las capellanías de las famosas «sesiones» de verano de Paray-le-Monial, donde afluyen grandes muchedumbres, sacerdotes e incluso obispos? El culto al Sagrado Corazón no se situaría tras nosotros, sino más bien ante nosotros. Los que se reúnen en ese lugar santo y beben de esta espiritualidad del Corazón de Jesús, no pretenden una «restauración», sino más bien una resurrección, una profundización de su vida interior y un crecimiento del don de sí mismos. Este renacimiento del culto al Sagrado Corazón se verificará con el paso del tiempo. Pero antes incluso de constatarlo, vislumbramos ya la actualidad muy real de esta devoción por dos buenas razones. Sumergiéndonos en el Corazón de Cristo, en primer lugar, vamos a comprender mejor que esta devoción no tiene nada de anticuada, sino que es la devoción que engloba a todas las demás:
No piense ninguno que esta devoción perjudique en nada a las otras formas de piedad […]. Al contrario, una ferviente devoción al Corazón de Jesús fomentará y promoverá, sin ninguna duda, más particularmente el culto de la Santa Cruz, no menos que el amor hacia el augustísimo Sacramento del altar7.
También hay que mencionar esta otra perspectiva, que augura un bello futuro para la devoción al Sagrado Corazón: cuando la recepción del auténtico Concilio Vaticano II -y no el «Concilio de los medios de comunicación» y su reduccionista mirada- impregne realmente las diferentes instancias católicas y las comunidades parroquiales, percibiremos claramente que el culto al Sagrado Corazón no fue eliminado por ese Concilio, sino que es una de las claves para comprenderlo. Este fue el análisis profético de san Juan Pablo II:
El Concilio Vaticano II, en su análisis penetrante del «mundo contemporáneo», llegó a ese punto que es el más importante del mundo visible, a saber, el hombre bajando, como Cristo, a lo más profundo de las conciencias humanas, alcanzando el misterio interior del hombre que se expresa, en lenguaje bíblico e incluso no bíblico también, con la palabra «corazón». Cristo, Redentor del mundo, es Aquel que ha penetrado, de modo único e irrepetible, en el misterio del hombre y ha entrado en su corazón»8.
En resumen, el problema del renovado culto al Sagrado Corazón no es que lleguemos demasiado tarde, ¡sino que quizá llegamos demasiado pronto! En efecto, es una mina de la que todavía no han sido explotadas sus inmensas riquezas. Cuántas maravillas, cuántas sorpresas y enriquecimientos están preparados para los corazones que se abran hoy y mañana a este amor en forma de cruz.
«Enamorarse’’ del Corazón de Jesús hasta devolver amor por amor es toda una aventura. Para lanzarse a ella hay que aceptar ciertamente que contiene terrenos desconocidos, pero es necesario trazar un camino. He aquí los pasos más importantes del itinerario que nos proponemos iniciar: en un primer momento, contemplaremos al Sagrado Corazón y después veremos cómo nuestro propio corazón puede responder a los reclamos amorosos de Dios.
Si el culto al Sagrado Corazón reúne en sí mismo los grandes misterios de la fe, intentaremos en la primera parte conectarlo con la fe en la Santísima Trinidad, en la encarnación y en la redención. En la segunda, abordaremos la respuesta del hombre, devolver amor por amor: confianza, ejercicio de la caridad, experiencia de los sacramentos, reparación, consagración y tantas otras realidades que permitirán desarrollar una verdadera espiritualidad del Sagrado Corazón.
Notas:
1. Personaje de la obra El burgués gentilhombre, de Molière (N. del T.).
2. Pío XI. Miserentissimus Redemptor, 8 de mayo de 1928, nº 3.
3. Pío XII, Haurietis Aquas, 1956, nº 24.
4. P. Édouard Glotin, La Bible du Coeur de Jésus, éd. Presses de la Renaissance, 2007.
5. Ibid., p. 706.
6. Cf. Bernard Peyrous, prefacio de Martin Pradère, Jésus doux et humble de coeur, éd. de l’Emmanuel, 2005, p.10.
7. Pío XII, Haurietis Aquas, 1956, nº 35.
8. San Juan Pablo II, Encíclica Redemptor Hominis, 1979,nº, 8.
Primera parte: Dios, un corazón abrasado de amor por el hombre
El Sagrado Corazón: una larga historia de amor
Santa Margarita María, «heredera» del Sagrado Corazón
Basta con mencionar al Sagrado Corazón para que aparezca espontáneamente ante nosotros la figura de santa Margarita María. La religiosa de Paray-le-Monial pertenece al siglo XVII (1647-1690), que no está tan lejos de nuestro siglo XXI. La cuestión se plantea pues de manera directa: ¿el culto al Sagrado Corazón es una invención tardía? En relación con esta devoción9, ¿no había nada o casi nada antes de las revelaciones privadas hechas a Margarita María en los tiempos modernos? Para evitarnos atajos engañosos, analicemos la cuestión de cerca.
Estamos en el 31 de diciembre de 1678, Margarita María, la salesa del monasterio de Paray, se entrega como ofrenda a Cristo. A cambio, recibe estas palabras: «Te constituyo “heredera” de mi Corazón»10. Heredera del Sagrado Corazón, ¿cómo comprender estas palabras?
La expresión puede sugerir a primera vista que Dios le entrega, a través de su Corazón, todos los tesoros de su amor. Pero a la luz del desarrollo histórico de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, se puede entender de otra manera: la experiencia mística de Margarita María recapitula toda la historia pasada del culto al Sagrado Corazónhasta el punto de constituirla en heredera y, como tal, en referencia también para todo aquello que enriquecerá esta devoción después de ella.
Basta repasar la historia del culto al Sagrado Corazón -desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días- para descubrir que esta devoción ha sido preparada desde hace mucho tiempo por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. La experiencia espiritual de Margarita María ocupa, en el centro de esta historia, un papel crucial. Es momento ahora de recorrer, a grandes rasgos, esta larga y bella historia de amor entre el Corazón de Dios y el corazón de los hombres.
La alianza de amor del Antiguo Testamento
Todo lo que necesitamos saber de Dios nos ha sido revelado por Jesucristo. San Juan de la Cruz afirma, comentando a Hebreos 1,1-211:
[...] Le podría responder Dios de esta manera diciendo:»Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que esto? Pon los ojos sólo en Él, porque en Él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en Él más aún de lo que pides y deseas.
Pero, dado que el hombre se inscribe en una historia, las riquezas contenidas en esta gran Revelación, completada en Jesucristo, se desarrollan progresivamente a través de los siglos. A propósito de la Revelación conviene distinguir lo implícito de lo explícito. Pongamos un ejemplo sobre una cuestión que, al tratarse del núcleo de nuestra fe, no es de las menores: incluso si el término «Trinidad» no se menciona explícitamente en la Escritura, su realidad no está menos implícitamente presente, y a la Iglesia le han sido precisos varios siglos para explicitar este gran misterio trinitario.
Guardando la debida proporción, se aplica lo mismo al culto al Sagrado Corazón. Como escribió el papa Pío XII en su encíclica Haurietis aquas:
Es indudable que los Libros Sagrados nunca hacen una mención clara de un culto de especial veneración y amor, tributado al Corazón físico del Verbo Encarnado como símbolo de su encendidísima caridad12.
Pero si no se encuentra mención explícita de la devoción al Sagrado Corazón tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el objeto mismo de este culto -el amor de Dios- está en ellos presente en todas partes13.
Ya desde el Antiguo Testamento, la alianza de amor entre Dios y los hombres puede ser considerada como una verdadera prefiguración del culto al Sagrado Corazón. Jeremías es su anunciador profético:
Con amor eterno te amé. […] Esta será la alianza que pacte con la Casa de Israel, después de aquellos días, oráculo de Yahvé. Pondré mi ley en su interior y en sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. […] cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme. (Jr 31, 3; 33-34)
Como acabamos de ver, esta alianza de amor no tiene nada de palabrería -«¡palabras, palabras y nada más que palabras!»-, sino que más bien revela un «trasplante de corazón»: Dios implanta el fondo de su ser -su Ley, su vida, su amor- en el corazón mismo de sus criaturas. Esta comunión de amor es tan amplia y tan profunda que son necesarias varias aclaraciones para poder aprehenderla.
Dios nos ama con un Corazón de Padre
Ningún otro profeta como Oseas ha expresado con tanta fuerza y profundidad el amor con el que Dios va en pos del hombre:
Cuando Israel era niño lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. […] Yo enseñé a caminar a Efraín, tomándolo en mis brazos, pero no sabían que yo los cuidaba. Los atraía con cuerdas humanas, con lazos de amor; yo era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla, me inclinaba y les daba de comer (Os 11, 1-4).
Dios es un Padre que ama con un Corazón de Madre14
Dios ama como un padre, ¡pero también como una madre! Encontramos acentos asombrosos de ello en el profeta Isaías. Al pueblo que tiene la impresión de que Dios lo ha abandonado, el Señor le responde:
¿Acaso olvida una mujer a su niño sin dolerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo jamás te olvidaré (Is 49, 15).
Dios nos ama con un Corazón de Esposo
Un Dios con Corazón de Padre, de Madre e incluso de Esposo. Hoy resulta acorde con los tiempos proclamar que el cristianismo es una religión fría y moralizante. La Sagrada Escritura, y particularmente el libro del Cantar de los Cantares, hace saltar por los aires esa conclusión apresurada:
Mi amado es mío y yo de mi amado […] Ponme como sello en tu corazón, como un sello en tu brazo. Que es fuerte el amor como la muerte […]. Sus saetas son una llamarada de Yahvé. Los torrentes no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo (Is 6,2; 8, 6-7).
Acabamos de ver que la gran preocupación que recorre el Antiguo Testamento es la de recordarle a Israel que es verdaderamente el pueblo escogido por Dios en una alianza de amor absolutamente única. A partir de la elección del pueblo de Dios ya quedan establecidos los fundamentos del culto al Corazón de Dios. Por eso, se comprende el motivo por el que el papa Pío XII, en la encíclica antes citada, escribía esta conclusión:
Es persuasión nuestra que el culto tributado al amor de Dios […] a través del símbolo augusto del Corazón traspasado del Redentor crucificado jamás ha estado completamente ausente de la piedad de los fieles, aunque su manifestación clara y su admirable difusión en toda la Iglesia se haya realizado en tiempos no muy remotos de nosotros, sobre todo después que el Señor mismo reveló este divino misterio a algunos hijos suyos, y los eligió para mensajeros y heraldos suyos, luego de haberles colmado con abundancia de dones sobrenaturales15.
El Corazón de Jesús en la escuela de san Juan
Tras fijarnos en el Antiguo Testamento, acerquémonos ahora al Nuevo. De los tres textos evangélicos escogidos para la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón (Mt 11, 25-30, Jn 19, 31-27; Lc 15, 3-7), sólo uno menciona explícitamente el Corazón de Jesús, el del Evangelio de San Mateo:
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera (Mt 11, 29-30).
Volveremos sobre estas palabras de Cristo cuando desarrollemos en la segunda parte de esta obra algunos de los aspectos principales de la espiritualidad del Sagrado Corazón. Pero antes dejemos que san Juan nos guie hacia los secretos del Corazón de Jesús16.
Reclinado en el pecho de Jesús
Jueves santo. Jesús y sus discípulos comparten la solemne cena pascual. La atmósfera que se vive en el cenáculo es muy particular. Jesús irradia alegría ante la idea de entregar su Cuerpo y su Sangre, manifestación suprema de su amor. Pero este tiempo de intensa comunión es también un momento doloroso, pues Jesús declara que uno de ellos -Judas- lo va a entregar. Imaginemos este cuadro absolutamente único, vivido en esa hora precisa en la habitación del piso de arriba del Cenáculo. Como se hacía en aquel tiempo, las comidas se tomaban tumbados apoyados en un cojín. San Juan estaba en la mesa «al lado de Jesús», dice el Evangelio (Jn 13, 23). El discípulo se encontraba muy cerca del pecho de Jesús (kolpos en griego), como un niño que reposa en el seno de su mamá o de su papá. Observemos que es la misma palabra griega que emplea san Juan al principio de su evangelio para referirse a la muy particular relación que tiene Jesús con su Padre del cielo: «A Dios nadie lo ha visto jamás: lo ha contado el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre» (Jn 1,18). Sin duda esta cena pascual fue para san Juan un momento de intensa comunión con el amor de Cristo que latía en su seno, en su corazón. Por ello el Evangelio precisa, a propósito del apóstol Juan, que «uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba reclinado en la mesa sobre el pecho de Jesús» (Jn 13, 23).
Este Corazón a corazón no se detiene allí. Pedro pide a Juan que se acerque aún más a Jesús para saber quién lo va a traicionar. Juan, “reclinándose sobre el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?”» (Jn 13,25). Es como si el apóstol muy amado penetrara más profundamente aún en el Corazón de Cristo, más lejos que su Corazón afectivo, hasta el núcleo mismo de su amor, en su «misterio interior» en contacto con los acontecimientos y las personas17. Juan en esta escucha del Corazón del Maestro, no sólo le es dado saber el nombre de Judas. Presiente, sin duda, todo el dolor de Jesús traicionado, así como su extremo amor misericordioso, sin límites, hacia Judas. No olvidemos que, según la costumbre de la época, darle a alguien el bocado (Jn 13, 26-27) expresaba una enorme señal de amistad hacia quien lo recibía. «Simbólicamente, Jesús se entrega al que lo entrega»18.
La experiencia del Corazón traspasado de Cristo en el Gólgota
La tarde del Jueves santo, Jesús abrió a san Juan los tesoros de sabiduría que estaban encerrados en su Corazón: «Juan reposó en el espíritu y en el Corazón de Jesús y en los sentidos ocultos de su doctrina», escribió Orígenes19.
Al día siguiente, Viernes Santo, el Corazón físico de Jesús se abre por la lanzada del soldado. Como para los judíos era el día de la Preparación, no querían que quedasen los cuerpos de los ajusticiados en la cruz el sábado (cf. Jn 19, 31). Había que verificar que los cuerpos estaban muertos para poder enterrarlos. Para asegurarse de que Jesús había expirado: «Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua» (Jn 19,34). Testigo privilegiado del acontecimiento, contemplando este momento preciso, Juan emplea una fórmula muy solemne: «El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido y él sabe que dice la verdad para que vosotros creáis» (Jn 19,35). ¿Por qué tanta solemnidad en este testimonio? Después de todo, se trataba de un simple «procedimiento» para asegurarse de la muerte del reo. El mismo Evangelio nos ofrece la clave para comprenderlo: «Y todo esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,36). Para san Juan está claro que este Crucificado es «el Cordero que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). En efecto, estas dos profecías del Antiguo Testamento que Juan rememora evocan, para cualquier judío que conoce la Biblia, la figura del Mesías. Es como si san Juan, en el momento preciso en que el costado de Jesús es traspasado, recibiera una revelación más profunda aún de la identidad del Crucificado y del amor infinito que brota de su Corazón abierto. Este es el motivo por el que el discípulo habla con tanta solemnidad: quiere gritar al mundo esta verdad para que los hombres contemplen también al Traspasado y reconozcan en Él a su Salvador que los ama hasta el extremo.
Para Juan, escribe el cardenal Ratzinger, la imagen del costado traspasado es el punto culminante no sólo de la escena de la Cruz, sino de toda la historia de Jesús20.
Los secretos del Corazón traspasado de Jesús
Como acabamos de ver, las circunstancias conmovedoras de la muerte de Jesús dan testimonio, para san Juan, de que es el Mesías tan esperado y anunciado de manera profética en el Antiguo Testamento. Pero esta escena en la que el Corazón de su Maestro es traspasado conmueve al discípulo amado por otra razón aparentemente anodina. En efecto, dice el Evangelio: «Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua» (Jn 19,34). Estos signos físicos del corazón traspasado de Jesús son completamente «normales» para la medicina. Pero Juan, iluminado por la ciencia divina que emana del Corazón de su Maestro, recibe una lectura mucho más mística que este enfoque meramente médico.
¡Sólo el Espíritu discierne el Espíritu!
¿Cómo discernir, sin el Espíritu Santo, que esta sangre y esta agua superan en mucho las simples consecuencias físicas de una lanzada que perfora y vacía un corazón humano? La Primera Epístola de san Juan lo precisa: Jesucristo fue el que vino con agua y con sangre. […] Y el Espíritu da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre (1 Jn 5,6-8).
Entonces, ¿qué da a entender precisamente el Espíritu de Dios con estos signos del agua y de la sangre? A Juan le hace ver que es justamente el Espíritu Santo el que brota del costado de Cristo. Recordemos que el último día de la gran fiesta de las Tiendas Jesús dijo en voz alta, ya con el Gólgota en perspectiva: El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: «…de sus entrañas manarán ríos de agua viva» (Jn 7, 37-39).
Para Juan, como para nosotros, ¡es indispensable tener el Espíritu… para discernir el Espíritu! «Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, incluso lo profundo de Dios» (1Co 2,10) Intentemos, gracias al Espíritu del Dios vivo, desvelar los secretos escondidos en este manantial del agua y de la sangre que manan del costado abierto del Cordero.
La Cruz: un volcán de amor finalmente liberado
Nuestra fe no se funda en revelaciones místicas, sino en la Escritura leída en el seno de la Iglesia. Sin embargo, la teología de los santos y la sabrosa ciencia de las almas místicas pueden enriquecer poderosamente la fe y la vida espiritual del pueblo de Dios21. La primera vez que vi esa obra maestra que es La Pasión de Cristo de Mel Gibson me golpeó una escena: ¿Por qué ese «géiser» de agua y de sangre brotando del costado de Cristo cuando el soldado lo traspasaba con su lanza? Mi primera impresión fue pensar que el realizador se había tomado demasiada libertad al interpretar la lanzada Pero mi apreciación negativa cambió cuando supe que se había inspirado en las revelaciones de ciertas místicas, como Ana Catalina Emmerich, María de Ágreda… Pero sólo voy a citar las palabras de Cristo dirigidas a la beata Conchita Cabrera de Armida: «En el calvario, la lanzada alivió el volcán de amor que consumía mi corazón y que buscaba comunicarse»22. El deseo de amor de Cristo de entregar su vida a los hombres era tan fuerte que estaba como «comprimido» en su Corazón. Hizo falta que este divino Corazón fuera perforado para permitir que la sangre, portadora de vida y de amor, fuera finalmente liberada para así esparcirse profusamente por el mundo. Santa Teresita entendió muy bien el misterio de este «amor-géiser» de Dios, que sufre al tener que darse tan poco y que se siente como consolado cuando encuentra almas abiertas a los torrentes de su amor:
Creo que si encontraras almas que se ofreciesen como víctimas de holocausto a tu Amor, las consumirías rápidamente. Me parece que te sentirías feliz si no tuvieses que comprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti23.
¡Qué conversión debería obrarse en nosotros, inconscientes religiosos, tan prontos a imaginar un Dios «tacaño» que no nos da su amor más que con cuentagotas!
La Cruz: manantial de la misericordia
La crucifixión manifiesta a la vez la herida del Corazón de Dios debida al pecado de los hombres y el exceso de amor de Dios en respuesta a esta ofensa: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Al pie de la cruz, Juan, la Santísima Virgen y el soldado que había traspasado su Corazón son literalmente rociados por este rocío de misericordia que brota del Corazón de Cristo.
Una lanza, escribió san Bernardo, atravesó su alma y llegó hasta su Corazón,de modo que ya no ignora cómo compadecerse de mis debilidades. Las heridas que recibió su cuerpo nos descubren los secretos de su Corazón; nos permiten contemplar el gran misterio de su compasión, las entrañas misericordiosas de nuestro Dios24.
Al día siguiente de la resurrección, esta experiencia de la misericordia, que brota de las llagas de Jesús, se verá confirmada. Jesús resucitado se aparece a los apóstoles que estaban reunidos; y sobre su traición durante la Pasión pone una palabra de consuelo y de perdón: «La paz con vosotros» (Jn 20,19). Así es como Él, en este intenso momento de misericordia, les confía su futura misión, que justamente será la de comunicar la misericordia: «A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados» (Jn 20,21). ¡El Corazón abierto de Cristo es verdaderamente la esclusa de la misericordia divina!
La Cruz: ¡la vida que brota de la muerte!
Nuestro pensamiento, a menudo demasiado analítico, tiende a distinguir, hasta el punto de separar, a veces, los misterios de la salvación. Por ejemplo, para nosotros, el don de la vida eterna sólo viene después de la muerte de Cristo. La contemplación de la Cruz de Cristo hecha por Juan nos invita, por el contrario, a unir los misterios sin confundirlos. Para el discípulo amado, antes incluso de su resurrección, Cristo, en lo más profundo de su estado de muerte, deja ya brotar la vida a través de los signos de la sangre y del agua25. San Agustín, influido por una traducción de san Jerónimo, contemplará el costado abierto de Cristo en la cruz y hará este comentario:
El evangelista ha usado el verbo con cuidado. No dice «golpeó» o «hirió» su costado, u otra cosa cualquiera, sino «abrió» para que la puerta de la vida se abriera allí dedonde han manado los sacramentos de la Iglesia, sin los que no se entra a la vida que es la auténtica vida26.
Por la Cruz nació la Iglesia, fuente de los Sacramentos
Releyendo la Escritura bajo la luz del costado traspasado del Crucificado, la Iglesia no tardó en comprender que su propio nacimiento místico se había iniciado en el Gólgota. Del mismo modo que Eva fue formada de una de las costillas de Adán (Gn 2 21,22), así la Iglesia, esposa inmaculada del Hijo de Dios, ha nacido de su costado abierto por la lanza: «Cristo ha formado la Iglesia a partir de su costado, como del costado de Adán fue formada Eva», enseña san Juan Crisóstomo27. Una vez más, no disociemos, separándolos de manera perfecta, estos diferentes momentos de la salvación, muerte, resurrección de Cristo y envío del Espíritu: precisamente de la misma unidad de estos misterios nace la Iglesia. Dicho esto, en la Cruz es donde ha nacido, de los «méritos» de Cristo, cabeza de la Iglesia:
La Iglesia, ya concebida y nacida del costado del nuevo Adán reclinado en la Cruz, se ha manifestado por primera vez a los hombres de modo solemne en el celebérrimo día de Pentecostés, escribía el papa León XIII28.
Y esta Iglesia es, de alguna manera, la gran «fuente» de la que brotan esos siete ríos que son los sacramentos que irrigan el corazón de los creyentes y santifican misteriosamente el mundo. No desarrollamos aquí más estos temas de la Iglesia y de los sacramentos, ya que les dedicaremos un capítulo en la segunda parte de esta obra.
Entremos a través de la «puerta «del Corazón
Nuestra meditación ha dejado entrever los inestimables tesoros que están escondidos en el Corazón del Crucificado. Para tener acceso a ellos hay que franquear esta puerta que es el costado abierto de Nuestro Señor: «Cristo es la puerta de entrada, y la puerta te ha sido abierta cuando la lanza perforó su costado», dice san Agustín29. El alma contemplativa, ávida por entrar por esta puerta misteriosa del Corazón herido en el Gólgota, no quedará decepcionada, sino que será introducida en un conocimiento íntimo y sublime de Cristo. Como escribía el papa Pío XI a propósito de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús:
Y con razón, venerables hermanos; pues en este faustísimo signo y en esta forma de devoción consiguiente, ¿no es verdad que se contiene la suma de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, como que más expeditamente conduce los ánimos a conocer íntimamente a Cristo Señor Nuestro, y los impulsa a amarlo más vehementemente, y a imitarlo con más eficacia?30.
Pero dicha experiencia de «conocimiento-unión» difícilmente sucederá sin una frecuentación asidua y amorosa de la Pasión de Cristo, a imagen del ciervo sediento que busca el agua viva (cf. Sal 42,2). San Ambrosio nos invita insistentemente a ello:
Bebe de Cristo, porque Él es la Roca de donde brota el agua. Bebe de Cristo porque Él es la Fuente de la vida. Bebe de Cristo porque Él es la Paz. Bebe de Cristo, porque Él es el Río cuya corriente alegra la ciudad de Dios. Bebe de Cristo, porque de su seno brotan ríos de agua viva31.
El Sagrado Corazón: de los comienzos de la Iglesia hasta santa Margarita María
No pretendemos exponer de una manera detallada la historia del culto al Sagrado Corazón. Como si de una pintura impresionista se tratara, nos limitaremos a trazar algunas pinceladas en este imponente fresco histórico que permitirán al lector encontrar en ellas alimento para su vida espiritual y le mostrarán cómo el Espíritu Santo ha suscitado y amplificado a través de los siglos esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el alma de los creyentes.
Los primeros mártires
Durante los primeros siglos era impresionante la increíble resistencia de los mártires. Su singular perseverancia sólo podía ser el fruto de su unión con la fuerza vivificante que brotaba del Corazón de Cristo. Así se dice, a propósito del diácono Sanctus, quemado con un hierro al rojo vivo durante la persecución acaecida en Lyon en 177, que «permanecía inflexible, firme en la confesión [de fe] y fortificado y aliviado por la fuente celestial de agua viva que brota del seno de Jesús»32.
La Edad Media
En la Edad Media se desarrolla una mística más afectiva. Inspirados por el Espíritu, se penetra más adentro en el Corazón de Cristo y muy particularmente en su herida de amor. Si Francia es tierra de elección del divino Corazón de Jesús, Alemania le precede a través de grandes místicas como santa Lutgarda. Mientras que un pretendiente ronda a esta joven adolescente, Jesús se le aparece, mostrándole la herida de su costado y le dice:
Renuncia a la adulación de un amor indigno de ti, no dejes de contemplar aquí lo que amas y por qué lo amas. Yo te prometo que aquí encontrarás delicias de toda pureza33.
Abandonemos Renania para ir a Sajonia y descubrir allí a la gran Gertrudis de Helfta. Toda su comunidad religiosa está reunida en el coro, cantando el oficio de lecturas de la fiesta de san Juan Evangelista. De repente, el discípulo amado se le aparece a Gertrudis y la lleva ante la dulce presencia de Cristo:
Ven conmigo, le dice Juan, y reposaremos juntos sobre el pecho del Señor, fuente de toda dulzura, que encierra el secreto tesoro de toda bienaventuranza34.
Esta invitación a reposar sobre el Corazón de Cristo confirma la interpretación mística, sugerida antes, de san Juan en la última cena pascual. Al escuchar los latidos de amor del Corazón de su Maestro, santa Gertrudis es sumergida en un profundo arrebato: «Las santísimas pulsaciones, que hacían latir sin cesar el Corazón divino, le causaban un gozo indecible». Comprendiendo que san Juan también había sentido estos latidos de amor durante la santa Cena, se asombra de que hubiera guardado silencio de semejante experiencia en su Evangelio, experiencia que hubiera sido tan provechosa para toda la Iglesia. El apóstol le da esta asombrosa respuesta:
Mi misión era que del Verbo increado de Dios Padre yo no transcribiera para la Iglesia naciente más que una sola palabra, en la que hay suficiente para satisfacer las mentes de todo el género humano, hasta el fin del mundo, incluso aunque nadie llegará jamás a comprenderla plenamente. En cuanto a la dulce elocuencia de estas pulsaciones, ha sido reservada para los tiempos actuales a fin de que su eco vuelva a calentar el amor adormecido que dirige a Dios este mundo envejecido35.
¿Cómo no conmoverse ante el final de esta revelación privada? La situación descrita es la de nuestro mundo moderno, tentado por la apostasía tranquila, el pecado y los odios intestinos. Para volver a calentar esta era de glaciación del amor, Dios nos ofrece esta arma secreta como es el culto al Corazón de Cristo. A la medida de la iniquidad creciente y del amor que se enfría cada vez más en muchos (cf. Mt 24,12), esta devoción, a menudo considerada como anticuada, se presenta más bien como un divino «ardid de amor» para el futuro de la Iglesia y del mundo.
San Juan Eudes
A principios del siglo XVII, san Juan Eudes (1601-1680), apóstol y teólogo, intuyó muy pronto el papel central del Corazón de Jesús en el objetivo de la salvación: la unidad de los hombres entre sí en la comunión con Cristo. Al colocar al Sagrado Corazón como fundamento mismo de la comunión de la Iglesia y del género humano, el pensamiento de san Juan Eudes anuncia ya el del Vaticano II, que ve en esta comunión la esencia misma de la Iglesia. ¡Qué asombroso eco, en efecto, con las palabras de Juan Pablo II!:
La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del Corazón del Padre eterno, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da, para hacer de todos nosotros «un solo corazón y una sola alma». Al realizar esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta como «sacramento», o sea, «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano»36.
Esta convicción central de san Juan Eudes deja traslucir otra intuición profética. Para nuestro santo, el modelo y la fuente de esta unión de la Iglesia a su Señor se encuentra en la unión entre los Corazones de Jesús y de María, figura de la Iglesia. La conciencia que tiene de esta comunión salvadora entre Jesús y María es tan viva que, para él, sin negar su distinción, prevalece la unión:
No es justo separar dos cosas que Dios ha unido tan estrechamente […], dos Corazones que están unidos por el mismo espíritu y por el mismo amor que une al Padre de Jesús con su Hijo amado para no formar sino un solo Corazón: no en unidad de esencia, como es la unidad del Padre y del Hijo, sino en unidad de sentimiento, de afecto y de voluntad37.
Volveremos más tarde sobre esta unión de los dos Corazones de Jesús y de María.
Santa Margarita María
¡Verdaderamente Dios sabe lo que hace!
En este siglo XVII bisagra, siglo de santos que ve una renovación grande de fervor y que sin embargo prepara el siglo de las Luces y la gran apostasía de los tiempos modernos, Jesús se aparece a una religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial, santa Margarita María. Dios prepara el alma de su futura confidente desde su infancia, con sufrimientos purificadores, pero también con poderosas influencias del Espíritu; hasta tres apariciones mayores, durante las cuales Jesús revela a sor Margarita María los secretos de su amor, pidiéndole incluso promover una fiesta litúrgica dedicada a su Sagrado Corazón. Para ese mundo que pronto va a hundirse en la apostasía silenciosa, Jesús quiere, «por un último esfuerzo de su amor»38, sacudir a los hombres revelándose como un Corazón inflamado de amor hacia ellos: «Este Corazón arde de tanto amor hacia ti y hacia todos los hombres que ya no puedo contenerlo»39. Pero Jesús, al revelarle su corazón abrasado de amor, le hace también una queja dolorosa: Corazón lleno de amor, pero también Corazón herido en su amor:
Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres que no ha ahorrado nada […] para demostrar su amor. Sin embargo, la mayor parte de ellos me corresponde con ingratitudes40.
Ya hemos hecho referencia a esto antes: la elección divina de Margarita María, el contenido del mensaje que le encarga vivir y transmitir al mundo, confiere a la santa de Paray-le-Monial un estatus completamente único en la historia del culto al Sagrado Corazón. Con Margarita María se ponen de manifiesto las grandes claves teológicas y espirituales de la devoción al Sagrado Corazón. Encontramos aquí, como en una síntesis, los grandes misterios de la fe católica, así como las grandes líneas de la espiritualidad del Sagrado Corazón: devolver amor por amor, reparar, consagrar, vivir la compasión, la consolación, la caridad fraterna, etc.
El Sagrado Corazón: de santa Margarita María a nuestros días
Mientras que la experiencia mística de Margarita María recapitula la larga maduración del culto al Sagrado Corazón desde los principios de la historia de la salvación, a partir de ella van a suceder otros acontecimientos. Con figuras contemporáneas como santa Faustina y la beata Conchita, entre otras, el Espíritu Santo enriquece el culto al Sagrado Corazón con nuevos y hermosos acordes.
Santa Faustina
Las revelaciones hechas a Faustina Kowalska (1905-1938) nos adentran todavía más en los misterios del Corazón de Cristo.
Pongamos primero en perspectiva tres grandes fiestas litúrgicas oficializadas en la Iglesia que han sido adoptadas después de las revelaciones privadas hechas a tres mujeres. La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesús -Corpus Christi- tras las revelaciones, en la Edad Media, a santa Juliana de Cornillon; la fiesta del Sagrado Corazón, después de las recibidas por santa Margarita María Alacoque, en el siglo XVII y la fiesta de la Divina Misericordia, tras las revelaciones, en el umbral del tercer milenio, a santa Faustina.
La relación de estas tres solemnidades muestra a la vez una continuidad en la revelación progresiva del amor divino, pero también una profundización, hasta remontar, con Faustina, a la fuente última del amor. El P. Eduardo Glotin lo señala con razón:
De la adoración festiva del «Corpus» de Cristo, hemos pasado a la adoración reparadora de su «Corazón» herido. Desde el símbolo del Corazón, volvemos hoy a remontarnos hacia el misterio de la misericordia, del que es la revelación41.
El mensaje de la Divina Misericordia de santa Faustina presenta otra faceta que no debe descuidarse, especialmente hoy. A la sombra de la experiencia de santa Margarita María, Faustina tiene la misión de recordar a nuestra sociedad secularizada -y a los creyentes a menudo contaminados por el espíritu del mundo- los atributos de Dios. Dios no es únicamente misericordia, es también el Dios infinitamente santo que ejerce la justicia42. Sí, la urgencia actual es anunciar la misericordia de Dios a un mundo herido, pero sin ocultar las exigencias de su justicia, evitando ofrecer a las almas un dios falso y, finalmente, engañándolas y encerrándolas en su pecado. Cristo dio a entender a santa Margarita María que el culto al Sagrado Corazón era una oportunidad ofrecida al mundo en un «último esfuerzo» del amor divino. La enseñanza del Diario de la religiosa polaca parece acentuar esta gravedad, afirmando que la divina misericordia se presenta como una última oportunidad para la humanidad antes de la venida de Cristo:
Deseo que mi Misericordia sea venerada, dice Cristo a Faustina. […] Doy a la humanidad su última tabla de salvación, es decir, el refugio de mi misericordia43.
Beata Conchita
Concepción Cabrera de Armida (1862-1937) -más conocida como Conchita- es una personalidad fuera de lo común. Madre de nueve hijos, esta seglar mejicana fue fundadora de dos institutos religiosos, uno de ellos sacerdotal. Digamos en primer lugar que Conchita recibió la misión de continuar la obra de santa Margarita María:
El apostolado de la Cruz, le dijo Jesús, es la obra que continúa y completa la de mi Corazón y que le fue revelada a la bienaventurada Margarita María44.
Se trata claramente de una profundización del mensaje de Paray-le-Monial. ¿En qué punto preciso? La Cruz es el mensaje central de los escritos revelados a Conchita. Jesús le hace comprender que Margarita María tenía por misión revelar el amor ardiente del Corazón de Cristo, y ella, Conchita, tendrá la tarea de revelar más intensamente sus sufrimientos45. El Señor desea que se preste una atención particular a los «dolores interiores» que habitaron su alma mucho antes de la sangrienta Pasión. Tendremos ocasión de desarrollar este punto más adelante.
Al término de nuestro recorrido a través de la Sagrada Escritura, la Tradición, la liturgia y las experiencias de las místicas, se imponen a nuestro espíritu tres convicciones.
•Hemos observado que el culto al Sagrado Jesús Corazón de Jesús no es una «invención» tardía. Se remonta al Antiguo Testamento. Desde los inicios de la Alianza con la humanidad, Dios preparaba desde siempre a los hombres para esta revelación cada vez más luminosa: De lo que hemos expuesto, escribe Pío XII, hasta ahora aparece evidente, venerables hermanos, que en los textos de la Sagrada Escritura, de la Tradición y de la Sagrada Liturgia es donde los fieles han de encontrar principalmente los manantiales límpidos y profundos del culto al Corazón Sacratísimo de Jesús, si desean penetrar en su íntima naturaleza y sacar de su pía meditación sustancia y aumento para su fervor religioso»46.
•Si Dios ha suscitado místicas a través de los siglos para hablar del Sagrado Corazón y difundir su mensaje, no son sus revelaciones privadas las que dan fundamento a este culto, sino más bien el Espíritu inspirando la Escritura, la Tradición y el Magisterio en su papel de discernimiento. No obstante, las revelaciones privadas hechas a Margarita María y a otras personas, no deben ser tenidas en poca consideración: Dios las suscita en el transcurso de los siglos para despertar y recalentar las almas de los creyentes con vistas a una más grande comunión de amor su Señor47.
•Observemos, para terminar, que el desarrollo a través del tiempo de la devoción al Sagrado Corazón, no es de ninguna manera una deriva sentimental, que hubiera podido más o menos contaminar la sana doctrina. El culto al Sagrado Corazón de Jesús pertenece a la esencia misma de la fe católica y la favorece: «Su admirable crecimiento, precisa el papa Pío XII, se debe principalmente al hecho de haberse comprobado que era en todo conforme con la índole de la religión cristiana, que es la religión del amor»48.
Después de haber recorrido a grandes pasos esta bella historia de amor entre Dios y los hombres, es tiempo de contemplar con más detalle el amor de Dios. Según el gran Bossuet, el Corazón de Jesús es «el compendio de todos los misterios del cristianismo»49. La afirmación es fuerte y nos invita a vincular el Sagrado Corazón con los misterios centrales de la fe cristiana. Justamente, el papa Pío XII propone en la encíclica Haurietis aquas tal perspectivadel Corazón divino de Jesús con la fe en la Trinidad, la encarnación y la redención:
Estamos persuadidos de que estas nuestras reflexiones, dictadas por la enseñanza misma del Evangelio, han mostrado claramente cómo este culto se identifica sustancialmente con el culto al amor divino y humano del Verbo Encarnado, y también con el culto al amor mismo con que el Padre y el Espíritu Santo aman a los hombres pecadores; porque, como observa el Doctor Angélico, el amor de las tres Personas divinas es el principio y origen del misterio de la Redención humana50.
Las tres avenidas están claramente trazadas, comencemos por evocar a la Trinidad en quien el Sagrado Corazón encuentra su origen y sus características.
Notas:
9. La palabra devoción, utilizada en esta obra, no tiene nada que ver con la concepción común, a menudo desvalorizada, de una devocioncilla sentimental y anticuada. El sentido que nosotros damos a esta expresión se inspira en la muy noble definición de santo Tomás de Aquino (cf. Suma Teológica II, II, q. 82 a.1). Devoción significa dedicarse, entregarse a Dios y a su servicio.
10. Santa Margarita María de AlacoqueObras completas, Editorial Monte Carmelo, 2022, Carta nº 133 al P. Croiset, p.1007.
11. San Juan de la Cruz, Obras completas, «Subida del Monte Carmelo», 2011, editorial Monte Carmelo, 2º, cap. 22 p. 346.
12. Pío XII, Haurietis Aquas, 1956, nº 6.
13. «Este hecho, que se debe reconocer abiertamente, no nos ha de admirar ni puede en modo alguno hacernos dudar de que el amor de Dios hacia nosotros —razón principal de este culto— es proclamado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento con imágenes con que vivamente se conmueven los corazones». Pío XII, Haurietis Aquas, 1956, nº 6.
14. «Conviene recordar que Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Trasciende también la paternidad, la maternidad humanas». Catecismo de la Iglesia católica, nº 239. La experiencia íntima de la tierna paternidad de Dios hacía decir a Marthe Robin: «¡Qué mal se conoce el corazón de Dios! Sin embargo, no solamente Dios es Padre, sino que a la vez es Madre», Marthe Robin, Journal. Décembre 1929-novembre 1932, éd. Foyer de charité, 2013, p. 235.
15. Haurietis Aquas. 1956, nº 25.
16. Recomendamos dos hermosas reflexiones que han nutrido nuestra meditación: P. Dany Dideberg, Le clair regard. La Bible du Coeur de Jésus, tome 4: La prière, bajo la dirección del P. Édouard Glotin, S. J., y Dany Dideberg, éd. de l’Emmanuel, 2014, p. 7-18; Martin Pradère, Jésus doux et humble de coeur, éd de l’Emmanuel, p. 75-114.
17. El discípulo amado se reclina sobre el pecho de Jesús su στήθος palabra griega que designa mejor lo que los judíos llamaban el corazón, es decir, «todo el misterio interior», de la persona», en Martin Pradère, op. cit., p. 92
18. Ibid., p. 91
19. Orígenes, In Cant., I : PG 13, 87 B.
20. Cardenal Joseph Ratzinger. Foi chrétienne hier et aujourd’hui, éd. Mame, 1969, p. 163. Citado por Martin Pradère, op.cit., p.80.
21. «La interpretación de la Sagrada Escritura quedaría incompleta si no se estuviera también a la escucha de quienes han vivido realmente la Palabra de Dios, es decir, los santos. En efecto, la interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua. […] Cada santo es como un rayo de luz que sale de la palabra de Dios», Benedicto XVI, Verbun Domini, nº 48.
22. J. Gutiérrez González, La experiencia del misterio eucarístico en Concepción Cabrera de Armida, BAC 2004.
23. Teresa de Lisieux, Obras completas, 1998, Monte Carmelo, Manuscrito A 84 rº.
24. San Bernardo, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, 61, 3-5.
25. Orígenes, preguntándose por qué una tumba nueva para Cristo, da esta admirable respuesta: «Era necesario que fuese enterrado en un sepulcro nuevo.[…] El que no fue semejante a los otros muertos, pero que, en el estado de muerto, mostró signos de vida: la sangre y el agua, y fue, por decirlo así, un muerto nuevo», en Orígène, Contre Celse 2, 69, Cf. P. Édouard Glotin, la Bible du Coeur de Jésus, Presses de la Renaissance, 2007, p. 217.
26. San Agustín, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, CXX, 19,2: PL 35, 1953
27. San Juan Crisóstomo: Catequesis bautismales, 3, 13-19.
28. León XIII, Encíclica Divinum Illud, 7. El concilio de Viena (1312) ya enseñaba: Confesamos también […] que, después de exhalar su espíritu, Él [Jesús] fuera perforado por la lanza en su costado, para que, al manar de él las ondas de agua y sangre, se formara la única inmaculada y virgen, santa madre Iglesia, esposa de Cristo, como del costado del primer hombre dormido fue formada Eva para el matrimonio; y así a la figura cierta del primero y viejo Adán que, según el Apóstol, es forma del futuro {Rom. 5, 14], respondiera la verdad en nuestro novísimo Adán, es decir, en Cristo», en Denzinger, 901.
29. San Agustín, Sermón 311: PL. 38, 1415. Cf. PL. 35, 1512
30. Pío XI, Carta Encíclica Miserentissimus Redemptor, 3, 8 de mayo de 1928.
31. San Ambrosio, Explanatio psalmorum, I, 33, Citado por el P. Édouard Glotin, Voici ce Coeur qui nous a tant aimés, ed. de l’Emmanuel, p. 38.
32. Eusebio de Cesarea, Histoire ecclésiastique, trad. G. Bardy, V, chap.1-4, & 22, Citado por el P. Édouard Glotin, op. cit., p. 288.
33. Vie de sainte Lutgardepar Thomas de Catimpré, Presses universitaires de Namur, 991, 5. Citado por el P. Édouard Glotin, op. cit., p. 296-297.
34. Santa Gertrude d’Helfta, Le Héraut de l’amour divin, IV, 4.3
35. Ibid., IV, 5.
36. San Juan Pablo II, Carta apostólica para el nuevo milenio Novo Millennio Ineunte, nº 42.
37. San Juan Eudes, Oeuvres complètes, 8, 206.
38. «Esta devoción era como un último esfuerzo de su amor que quería favorecer a los hombres en estos últimos tiempos con esta redención amorosa […] para colocarnos bajo la dulce libertad del imperio de su amor, el cual quería restablecer en los corazones» Santa Margarita María de Alacoque, Obras completas,op.cit., «Cartas» nº 133 al P, Croiset, p. 1005.
39. Santa Margarita María de Alacoque, Obras completas, op.cit., «Autobiografía» nº 53, p. 165.
40. Ibid., nº 92, p. 214.
41. P. Édouard Glotin, s.j. , La Bible du Coeur de Jésus, op.cit., p. 449
42. Santa Faustina, Diario, nº 180.
43. Ibid., nº 998.
44. Concepción Cabrera de Armida, Journal spirituel d’une mère de famille, éd. de l’Emmanuel, 2003, p. 64. Citado por el P. Michel Marie Philipon,o.p.
45. «Escribe a su padre espiritual: «Padre, tengo vergüenza de decirle esto, pero es el mismo Jesús quien ha evocado el recuerdo de Margarita María… Me ha dicho que había escogido a las dos [Margarita María y Conchita], una para una cosa y otra para otra, es decir, una para revelar al mundo su amor y la otra su sufrimiento». Beata Conchita, Cuenta de conciencia (Diario espiritual) C. C., mayo, 1894, 3, 89.
46. Pío XIIHaurietis Aquas, nº 27.
47. «No puede decirse, por consiguiente, ni que este culto deba su origen a revelaciones privadas, ni cabe pensar que apareció de improviso en la Iglesia; brotó espontáneamente, en almas selectas, de su fe viva y de su piedad ferviente hacia la persona adorable del Redentor y hacia aquellas sus gloriosas heridas, testimonio el más elocuente de su amor inmenso para el espíritu contemplativo de los fieles. Es evidente, por lo tanto, cómo las revelaciones de que fue favorecida santa Margarita María ninguna nueva verdad añadieron a la doctrina católica.[…] De hecho, mediante una manifestación tan excepcional, Jesucristo expresamente y en repetidas veces mostró su Corazón como el símbolo más apto para estimular a los hombres al conocimiento y a la estima de su amor; y al mismo tiempo lo constituyó como señal y prenda de su misericordia y de su gracia para las necesidades espirituales de la Iglesia en los tiempos modernos», Pío XII, Haurietis Aquas, 1956, nº 26.
48. Pío XIII, Haurietis Aquas, 1956. nº 26.
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