El viaje de Ulises - Ana Alonso - E-Book

El viaje de Ulises E-Book

Ana Alonso

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Beschreibung

Aprende un montón de cosas sobre la mitología griega con la historia de Ulises. Mientras Ulises, el héroe de la guerra de Troya, se encuentra inmerso en su largo viaje de vuelta a casa, son las mujeres de su vida las que nos cuentan su historia. Penélope, su mujer, Circe la hechicera, la diosa Atenea, la sirena Parténope, la ninfa Calipso y la princesa Nausícaa... Todas ellas unen sus voces para narrarnos historias esenciales de la mitología griega. Además de disfrutar de la lectura, los niños aprenderán sobre episodios y personajes fundamentales de la mitología.

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Seitenzahl: 73

Veröffentlichungsjahr: 2021

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CAPÍTULO 1 — Circe

Ya que los dioses me piden explicaciones, estoy dispuesta a dárselas. Pero no porque les tenga miedo; yo soy Circe, hija del Sol, y no tengo miedo de nadie.

Hablaré de Ulises porque es mi amigo. Sé que algunos sonreirán al oír esta palabra. Creen que ningún hombre puede ser amigo mío por su propia voluntad. Y ¿por qué lo creen? Porque soy una mujer poderosa. Conozco las propiedades de las plantas y sé preparar con ellas toda clase de pociones y hechizos. Pero, sobre todo, conozco la mente y el corazón de los seres humanos. Los conozco bien porque me he estudiado a mí misma. Llevo toda la vida escuchando a mi corazón, aprendiendo de mis errores, levantándome cada vez que me caigo, observando mis pensamientos. Supongo que eso me ha hecho sabia. Descubro la verdad más oculta de cada ser humano antes que él mismo.

La sabiduría da miedo. Sobre todo, a los que nunca han querido mirar dentro de sí mismos porque temen su propia oscuridad. Por eso me llaman bruja, hechicera, maga, e intentan protegerse de mí con trampas y mentiras. Creen que les voy a hacer daño. Se equivocan: yo actúo como un espejo, devuelvo a cada uno su imagen. No tengo la culpa de que, a menudo, no les guste. Lo único que hago es enfrentarlos con lo que son.

Reconozco que, con Ulises, las cosas no empezaron bien. Cuando su barco llegó a mi isla, envió a la mitad de su tripulación a investigar mientras él se quedaba a bordo protegiendo la nave. Sus hombres se lanzaron a explorarlo todo sin el menor respeto. Pisoteaban las plantas medicinales de mis bosques, arrancaban sus flores, molestaban y atacaban a los animales salvajes que viven en ellos.

Ya sé que corren extraños rumores sobre esos animales. Mucha gente dice que son seres humanos a los que yo he hechizado. No es del todo falso, pero tampoco es del todo verdad. Lo que ocurre es que, en mi isla, todo el mundo tiene libertad para ser lo que realmente desea ser. Y algunas personas descubren que lo que más desean es sacar a la fiera salvaje que llevan en su interior: por eso hay en mis bosques tantos leones y lobos. Eso sí, son pacíficos, no hacen daño a nadie y viven en paz consigo mismos y con los demás. Esa vida es la que ellos han elegido… Yo solo les ayudo con mi magia a hacer realidad sus deseos.

Lo mismo hice con los marineros de Ulises cuando se colaron en mi palacio de piedra gris y empezaron a exigir comida y bebida a gritos. Les ofrecí un delicioso banquete y ellos se lanzaron sobre la comida con tal voracidad, que me recordaron el comportamiento de los cerdos. ¿A quién le puede sorprender que, al terminar la comida, todos se convirtieran en cerdos de verdad? Yo me limité a hacer que su aspecto fuese el que merecían por su comportamiento.

Puede parecer un castigo demasiado severo, pero, en realidad, no fue más que una pequeña lección. Creo que, si les preguntasen a ellos, todos admitirían que les vino bien perder por un tiempo su forma humana. De esa forma, aprendieron a valorarla un poco más. Y también a valorar a los animales, a comprender que sufren y que hay que respetar sus derechos.

A Ulises no le gustó nada mi pequeña broma, por supuesto. Todavía me da la risa cuando me acuerdo de la cara que puso al ver a sus compañeros así transformados en las pocilgas del palacio. Era una mezcla de horror y lástima… Me dio tanta pena, que los desencanté enseguida. Después, se ha dicho por ahí que lo hice porque Ulises me obligó utilizando una planta mágica que le había dado Hermes, el mensajero de los dioses. Pero es falso. La planta no tuvo nada que ver. Lo que me convenció fueron sus palabras. Me di cuenta de que, a diferencia de sus hombres, él sí respetaba a mi isla y me respetaba a mí. Porque Ulises es, por encima de todas las cosas, una persona curiosa, con ansias de aprender… Un hombre que no teme arriesgarse para aumentar sus conocimientos.

Sé que algunos dioses están contra él y hacen todo lo posible para que no pueda regresar a su casa en la isla de Ítaca. Como si no fuera suficiente castigo haber malgastado diez años luchando en la guerra de Troya… Allí perdió a algunos de sus mejores amigos, como Aquiles. Vivió día tras día en medio del horror y la destrucción. Y se inventó la estratagema del famoso caballo de madera que estaba hueco y lleno de guerreros escondidos… Fue una idea ingeniosa, hay que reconocerlo. Claro, por su culpa fue destruida la ciudad de Troya y, eso, muchos no se lo perdonan. Pero Ulises no se merece tanto rencor. Ya ha sufrido lo suficiente.

Él mismo me contó que su peor enemigo es Poseidón. El dios del mar no puede perdonarle que dejase ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. Pero no tuvo más remedio, porque Polifemo lo habría matado si no llega a engañarlo para escapar de su cueva. A él y a todos sus compañeros… Poseidón reaccionó con furia y convenció a sus hombres para que abriesen la bolsa de los vientos y los dejasen salir. ¡Qué equivocación más absurda! Cuando ya estaban a punto de llegar a casa, volvieron a perderse. La verdad es que Ulises tuvo suerte de venir a parar a mi isla. Si no hubiera sido por mí, no habría sabido cómo continuar el viaje. Yo le di consejos muy valiosos que le salvaron la vida.

Ulises vivió un año entero en mi palacio. Se quedó conmigo porque quiso. Todos creen que yo lo hechicé para que se quedase, porque estaba enamorada de él. Otra vez se equivocan.

Claro que Ulises y yo nos queríamos. Desde el principio, se creó una conexión especial entre nosotros. En lugar de temerme por mis conocimientos, él me admiraba y deseaba aprender de mí. Y yo también aprendí mucho de él. No me cansaba nunca de escuchar sus aventuras: la historia de cómo atacaron la ciudad de Ísmaro, donde estaban los cicones, y la de la isla de los lotófagos, donde tres de sus compañeros comieron loto y perdieron el deseo de regresar a casa. Tuvieron que llevárselos a la fuerza… También fue terrible el enfrentamiento con los lestrigones. Esos gigantes devoraron a buena parte de la tripulación. Ulises estaba huyendo de ellos cuando llegó a mi isla.

Durante el año que pasamos juntos, nos dedicamos sobre todo a aprender uno del otro, a estudiar juntos los poderes de las plantas y a investigar las curiosidades de la naturaleza. ¡Nunca he tenido un amigo mejor que él! Me encantaba su manera de escuchar, totalmente concentrado, demostrando que le importaba de verdad lo que yo le decía. Y otra cosa maravillosa de Ulises es que siempre está dispuesto a admitir sus errores. Para eso hace falta ser muy valiente… Él lo es.

No voy a mentir: cuando me dijo que quería dejar la isla y reanudar su viaje, me disgusté mucho. Intenté convencerle de que se quedara conmigo. Teníamos a medias tantas investigaciones, habríamos podido descubrir tantas cosas juntos… Pero él quería volver a su casa, con su familia. Supongo que es normal. Yo nunca he tenido una familia, así que no sé exactamente lo que significa echar de menos a tus seres queridos. O, más bien, no lo sabía… Porque ahora echo mucho de menos a Ulises. Él es lo más parecido a una familia que he tenido.

A pesar de mi tristeza, hice todo lo que pude para ayudarle a que el resto de su viaje fuese un éxito. Le expliqué que todas las opciones que tenía para llegar hasta Ítaca eran peligrosas. Podía elegir entre navegar junto a las rocas errantes o pasar entre Escila y Caribdis, dos monstruos brutalmente agresivos. No sé qué camino decidiría tomar, porque no he vuelto a tener noticias de él.

También le ofrecí un truco para poder escuchar el canto de las sirenas al pasar cerca de ellas sin caer preso de su hechizo y arrojarse al mar. Escuchar a las sirenas merece la pena, porque su canto está lleno de belleza y sabiduría. Espero que haya podido seguir mis instrucciones y sortear el peligro.

Mi último consejo fue que visitase el reino de Hades, el dios de los muertos, para pedirle consejo al adivino Tiresias. Es algo que a la mayoría de los mortales les paralizaría de miedo. Pero estoy segur+a de que Ulises se habrá atrevido a hacer esa visita al inframundo, porque su principal característica es la curiosidad, y la curiosidad es el arma más poderosa que tenemos contra el miedo. Bueno, la segunda más poderosa. La más poderosa de todas es el amor. Cuando pensamos en las personas amadas, el miedo deja de importar.