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Aprende un montón de cosas sobre mitología con esta divertídisima historia de Lucas y su abuela, donde los superhéroes y los dioses griegos se ven las caras. Las vacaciones para superhéroes de Lucas, su abuela y su amiga Leonor duran apenas unas horas. Themis, la diosa griega de la justicia, los necesita para una misión: devolver su forma humana a personas que llevan una eternidad transformados en araña, pavo real, árbol de laurel o vaca. Por el camino, descubrirán cómo terminaron recibiendo semejantes castigos... Además de disfrutar de la lectura, los niños aprenderán acerca de los dioses de la Antigua Grecia y otros personajes mitológicos fundamentales.
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Seitenzahl: 49
Veröffentlichungsjahr: 2021
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—Por fin estamos aquí —dijo la abuela Ruth sonriendo satisfecha—. ¡No me lo puedo creer! Hacía tres años que no me tomaba unas vacaciones. Pero nos las hemos ganado, ¿eh, Lucas?
Desde luego que nos las habíamos ganado. Mi abuela y yo somos superhéroes, y últimamente tenemos más trabajo de lo normal. Se nos acumulan las misiones, y, aunque tenemos amigos que nos ayudan, la verdad es que hemos llegado al verano agotados. Porque yo, además de ser superhéroe, voy al colegio, y mis padres no me dejan utilizar mis superpoderes para hacer los deberes, así que tengo que trabajar como todos. O sea, que tengo dos trabajos. Y lo mismo le pasa a mi amiga Leonor, que también es superheroína.
Mis padres a veces no entienden que es muy difícil cumplir las misiones y ser un niño al mismo tiempo. Como ellos son personas normales y no tienen poderes… Menos mal que mi abuela se lo explica. Cuando terminó el curso, vino un día a casa y les dijo:
—Lucas necesita desconectar, y disfrutar de la playa y del sol. Así que quiero invitarlo a pasar tres semanas conmigo en el Gran Hotel Las Palmeras. ¿Os parece bien?
—Pero ese hotel es solo para superhéroes, ¿no? —preguntó mi madre—. Nosotros no podremos ir.
—De todas formas, tenemos que trabajar en verano —le recordó mi padre—. Y es verdad que a Lucas le vendrá bien un descanso. Además, los hoteles para superhéroes tienen todas las comodidades que él necesita: pistas de vuelo con capa, piscina de olas gigantes, talleres de armaduras mágicas, acampadas invisibles… ¡Se lo pasará bien!
—¿Podemos invitar también a Leonor? —pregunté, pensando en lo mucho que le gustarían todas aquellas cosas.
—Está bien —contestó la abuela—. Avísala y dile que se prepare, porque pasaremos a buscarla esta misma tarde.
Tres horas después, estábamos en el Gran Hotel Las Palmeras. Nos dieron tres habitaciones comunicadas: una para Leonor, otra para la abuela y otra para mí. Lo bueno era que compartíamos la terraza, que daba a la playa. Tenía tres tumbonas, una para cada uno. En cuanto nos pusimos los bañadores y las gafas de sol, salimos a tumbarnos en ellas. Mi robot, Bip, se fue a deshacer el equipaje, y Clarissa, que es el robot de Leonor, nos trajo unos burbujeantes refrescos de limón.
—¡Esto es vida! —dijo la abuela, después de probar el suyo.
—Desde luego —sonrió Leonor—. Pienso pasarme todo el día bañándome en el mar, sin hacer nada.
—¿No quieres apuntarte al «Taller de supercapas turbo»? —pregunté—. Parece interesante…
—No sé. —Leonor dejó su refresco y consultó el folleto del hotel con la programación—. Creo que prefiero el «Taller de conjuros modernos».
—Pues yo me voy a apuntar a «Superzumba» —anunció la abuela—. Es como la zumba normal, pero todos los ejercicios se hacen a supervelocidad. ¡Es ideal para ponerse en forma!
—Tú ya estás en forma, abuela…
En ese momento llamaron a la puerta de la habitación del centro. Oímos que Bip abría.
—Qué raro —dijo Leonor—. Una visita nada más llegar…
—Será mi amigo Mac Mosquito —apuntó la abuela—. Le encanta este hotel, y me dijo que iba a venir.
Pero no era Mac Mosquito. Era una señora muy alta, con un moño de pelo dorado, una espada en una mano y una balanza en la otra. Lo más curioso era que llevaba una venda en los ojos, pero, aun así, vino hacia la terraza sin tropezar ni una sola vez. Yo creo que veía perfectamente.
Al reconocerla, mi abuela se puso en pie tan deprisa, que se le cayó el refresco.
—¡Themis! ¡Qué gran honor! Pero ¿qué haces tú por aquí?
La señora nos miró a Leonor y a mí sin quitarse la venda. Era un poco inquietante.
—Te lo puedes imaginar, Ruth —dijo en tono majestuoso—. ¡Problemas en el Olimpo!
Como si solo de pensar en ello se agotase, se dejó caer en el extremo de mi butaca. Se ve que, con la balanza y la espada y todo, pesaba bastante, porque las patas de aquel lado de la butaca se doblaron, y mi extremo salió disparado hacia arriba, lanzándome por el aire como si fuera una catapulta.
Menos mal que Leonor me agarró con su brazo elástico y me devolvió a la terraza.
La tal Themis sonrió como si aquello fuese muy divertido.
—Es tu nieto, ¿verdad, Ruth? —preguntó—. Qué gracioso… Me alegro de conocerte, Lucas. Y tú debes de ser su amiga Leonor… Encantada.
—¿Cómo nos conoce? —preguntó Leonor con desconfianza.
Themis dejó la balanza en el suelo y se puso a abanicarse con la mano.
—Querida, en el mundo de los superhéroes sois bastante famosos, y a mí me gusta estar al tanto de las noticias. En el Olimpo no tenemos tele ni móviles, pero tenemos el tapiz de mis hermanas las parcas, que muestra todo lo que pasa en el pasado, el presente y el futuro. O sea, que estamos bien informados.
—No entiendo. Pero usted, ¿de qué época es? —pregunté.
La venda se volvió hacia mí con un poco de enfado.
—¿Cómo que de qué época soy, niño? Soy una diosa olímpica. O sea, que soy de todas las épocas: pasado, presente y futuro. ¡Soy eterna!
—Mi amiga Themis es la diosa griega de la justicia —explicó la abuela Ruth—. Y, como todos los dioses y diosas, tiene un montón de poderes asombrosos. Es como si fuese una supersuperheroína.
Leonor y yo la miramos impresionados.
—¿Y por qué no te quitas la venda? —me atreví a preguntar—. ¿No estarías más cómoda?
—Estoy de servicio, y no me la puedo quitar —respondió ella—. La venda me sirve para no dejarme engañar por el aspecto de la gente y juzgar solo sus acciones. Es complicado.
—Entonces, ¿estás en una misión? —preguntó mi abuela.
—Justamente. Es una misión muy delicada, y no la puedo realizar yo —explicó Themis—. Por eso he venido a pedirte ayuda.
—¿De qué se trata?
