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Este relato autobiográfico es sobre una vida tan "normal" como cualquier otra. Sin embargo, a los 28 años, súbitamente, durante un paseo por la ciudad, Pablo desmaya sin razón aparente. Lo peor está por comenzar: descubren un tumor en el oído interno ya bastante crecido y hay que operar. Producto del gran tamaño del tumor, pierde la audición en ese oído y una parálisis facial y otras complicaciones motrices lo acompañarán, como resultado probable de este tipo de lesiones. Por ejemplo, tuvo que aprender a escribir nuevamente. Realiza su vida profesional y ejecutiva desde ese momento con un solo oído, lo cual es perfectamente factible. Pero el destino le tenía preparada otra prueba. A los 38 años se descubre otro tumor, pero esta vez en el lado contrario, lo que se traduce en que con la nueva cirugía perderá totalmente la audición. A los 42 años está completamente sordo. Una de estas lecciones descritas por Pablo es que hay que prepararse para el siguiente escenario que llegará. En su caso la sordera total, y decide aprender lo mejor posible lectura labio facial. Otras fuentes de esperanza vendrán a su vida de los significativos avances tecnológicos que la humanidad está logrando. Afortunadamente ya se había desarrollado el Implante Auditivo al Tronco Cerebral (ABI por sus siglas en inglés), el cual se instala en el paciente simultáneamente con la cirugía para extraer el tumor. La historia de Pablo demuestra el valor de la resiliencia y la capacidad humana para superar los obstáculos más difíciles de la vida. A pesar de enfrentar una serie de desafíos médicos y emocionales, él ha encontrado una manera de continuar su vida de manera productiva y significativa, sirviendo como un poderoso ejemplo de perseverancia y determinación para todos aquellos que luchan contra la adversidad.
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Seitenzahl: 88
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Pablo Franetovic Yob
© 2023 by JC Sáez Editor
ISBN: 978-956-306-173-4
ISBN digital: 978-956-306-177-2
Edita y distribuye en Chile
JC SÁEZ EDITOR
Teléfono: +56 2 3346 2281
Villavicencio 361 oficina 113, Comuna de Santiago, Santiago de Chile.
www.jcsaezeditor.cl
Dirección: Juan Carlos Sáez C.
Edición y corrección de estilo: Daniel Trujillo
Diseño de portada: Jeju Jure de la Cerda
Diseño y diagramación: Jeju Jure de la Cerda
Imagen de portada: Pablo Ulloa
Derechos exclusivos reservados para todos los países en castellano corresponden a JC Sáez Editor.
Derechos digitales (electrónicos) exclusivos reservados para todos los países en castellano para JC Sáez Editor.
Prohibida su reproducción total o parcial, para uso privado o colectivo, en cualquier medio impreso o electrónico, de acuerdo con las leyes Nº17.336 y 18.443 de 1985 y 20.435 de 2010 (Propiedad intelectual).
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
ÍNDICE
Nota del editor¿Cómo vemos el mundo?
Presentación
Capítulo 1“Como una mandarina chica”
Capítulo 2 “Ya salí de esta”
Capítulo 3Atravesando la frontera
Capítulo 4Más lento y modulado, por favor
Capítulo 5Upgrade
Capítulo 6Gustos semiocultos: viajar y leer
Capítulo 7Artículos
Epílogo
Agradecimientos
A mi familia y a mis amigos.
“Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca estériles”-Ernest Renan.
NOTA DEL EDITOR¿Cómo vemos el mundo?
En el año 2013 edité el libro La voz de mi cuerpo de Martine Renassia. Es la historia real de la autora, artista plástica francesa; un libro en el que ella registra su historia de lucha contra el cáncer para que, algún día, en sus palabras, su hijo de pocos años –testigo mudo del drama que viven sus padres ante una enfermedad imparable, implacable– pueda encontrar respuestas a las tantas preguntas que surgieron.
Quizás ésta sea una de las principales razones, como lo dicen tanto Martine como Pablo Franetovic, por la que nuevamente incursiono como editor en este extraño género de la autobiografía de una vida en constante peligro de ser destruida por los procesos del propio cuerpo: la idea de registrar la lucha contra un mal recursivo, para que sus hijos y otras personas, amigos y desconocidos, puedan encontrar respuestas a preguntas que emergen incomprensibles.
Martine escribe: «Nadie conoce mejor que yo mi cuerpo; se está rebelando, células anárquicas proliferan; debo retomar el control para obtener el resultado opuesto».
«Yo ya no me creo nada… Mientras no haya encontrado la respuesta a todo esto en mi fuero interno, no me podré liberar de esta pesadilla cada vez más mórbida».
Una mujer que, a pesar de su capacidad para reinventarse en medio de este proceso de destrucción, apenas escucha como en sordina su cuerpo, cuya voz le grita desde el dolor «¡basta ya de operaciones!».
Ante la pregunta correcta, experimentará un retroceso en el tiempo que le hará revivir todo ese sufrimiento que había querido borrar. A pesar de todas las preguntas que se había planteado sobre el origen de su «enfermedad».
Al final, su búsqueda interior dará con una clave que, por ser muy simple, cercana e inverosímil, era imperceptible para sus sentidos, enfocados estos en mantener las ganas de vivir, para seguir siendo madre, mujer y artista.
Pero ninguna vida es igual a otra. Y la historia que nos cuenta Pablo Franetovic, a pesar de que tiene un origen similar, no es la misma. En ambos casos se trata de una enfermedad que cada cierto tiempo reaparece. El autor, ante las mismas preguntas, se permite otras respuestas y va superando cada una de ellas, tal como Martine, pero con otra mirada.
Este documento es un registro en otra clave, igualmente valiosa y que, para quienes conocemos a Pablo y para quienes no, pero que transitan, o no, por experiencias tan extremas, podrá beneficiar su “ser en el mundo” con este relato profundamente auténtico.
Tan sobrio, como auténtico. Al punto que Pablo apenas hace referencia a su prestigio profesional y personal.
Lo conocí como mi Profesor Auxiliar en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile. Sus clases, como pocas, muy claras y rigurosas, combinadas con gentileza y dedicación a sus alumnos, cualidad esta última que, en aquella, aunque maravillosa Escuela de Ingeniería, escaseaba.
Quienes no han vivido vidas como éstas no pueden imaginar el mundo en el que se desenvuelven otros como Pablo, que navegan permanentemente contra el viento y la corriente.
Quienes no vivimos en estos extremos, sin embargo, con frecuencia vemos la vida con menos fe y menos optimismo. Una lección para aprender.
Para el gran filósofo alemán, Martín Heidegger, “el cuerpo (Leib) no es un objeto estático, sino que deviene en su relación existencial con el mundo”1.
Para decirlo en breve, nos invita Rafael Echeverría2: “‘No vemos las cosas como son, sino como somos’”.“Esta no es una idea nueva. Ya en la Antigüedad, Protágoras, como (…), advertía:‘El hombre es la medida de todas las cosas’.Nietzsche, por su parte, sostiene:‘¿Por qué no ve el hombre las cosas? Se interpone a sí mismo: tapa las cosas’.
Es a partir de nuestra forma particular de estar en el mundo, del tipo de existencia que nos caracteriza, que construimos esas interpretaciones”.
Este relato autobiográfico es entonces, una invitación a mirar el mundo con la apertura necesaria para conocer cómo la experiencia de vida de otra persona nos abre la capacidad de vislumbrar otros mundos, que difícilmente de otro modo pudiéramos observar, comprender y aprender de ellos.
Nicanor Parra identifica, en forma de clave secreta en su poema El hombre imaginario, aquello que nos une a todos los seres humanos, a pesar de que veamos cosas y experimentemos mundos que son tan distintos como lo somos los unos de los otros, mundos que son como cada uno es.
Todos los versos de este poema mencionan el adjetivo “imaginario o imaginaria”, salvo dos en los que el lector atento descubrirá la clave secreta que nos une.
“El hombre imaginario/ vive en una mansión imaginaria/ rodeada de árboles imaginarios/ a la orilla de un río imaginario” …
…y así a lo largo de todo el poema. Al llegar a la última estrofa, misteriosamente, solo en dos versos, desaparece el adjetivo:
“Y en las noches de luna imaginaria/ sueña con la mujer imaginaria/ que le brindó su amor imaginario/ vuelve a sentir ese dolor/ ese mismo placer imaginario/ y vuelve a palpitar/ el corazón del hombre imaginario” (Hojas de Parra, 1985).
En efecto. Aquello que no es imaginario y por lo tanto es real, siempre, en todos, es el dolor y el corazón que nos late. Y eso sí podemos no sólo sentirlo, sino que verlo (leerlo), tanto en los demás como en nosotros mismos. Eso une a toda la humanidad.
Juan Carlos Sáez C.Santiago de Chile, marzo de 2023
PRESENTACIÓN
Por largos años me preguntaba si escribir o no sobre mi caso y mi experiencia con la sordera.
Más de alguna vez me pregunté ¿para qué revivir y ahondar en temas poco a poco superados con esfuerzo y dolor? Sin embargo, me motivó hacerlo, finalmente, el hecho de que, conociendo historias de discapacidad y las distintas formas como los protagonistas las han manejado, las personas, todas, cualquiera sea su origen o condición, podrían encontrar inspiración para enfrentar de mejor manera los diversos problemas que les toca vivir.
Para todos los seres humanos es bueno saber que no están solos, no son los primeros, ni serán los últimos en atravesar la adversidad. No obstante, lo que nos hace únicos es el modo cómo hemos elegido vivir, cada uno de nosotros, los desafíos que nos impone la adversidad.
En este libro no solo abordo mi experiencia con la sordera y las diversas intervenciones quirúrgicas, tratamientos, exámenes y todo lo relacionado con la serie de problemas de salud que he sufrido. También escribo sobre cómo he hecho para todo aquello no me haya impedido vivir una vida plena.
Con humildad, movido por el deseo de compartir esperanza y fe, comprensión y empatía, también comparto aquí aspectos de mi vida que han ido quedando plasmados, por escrito. Por ejemplo, publicaciones en la prensa, un artículo publicado en una revista especializada en el tema de la audición que me ha tocado vivir, recuerdos de viajes, momentos inolvidables. Entre líneas se va desvelando mi pensamiento y parte de lo que he aprendido en este viaje de ida y regreso, a través de La Frontera del Silencio.
Pablo Franetovic Yob
CAPÍTULO 1“Como una mandarina chica”
1984 - 1993
Había salido de la universidad cuatro años antes. Mi despegue laboral fue rápido y ascendente y para entonces vivía solo en Coquimbo. Estaba a cargo de una gerencia de área en una empresa pesquera mediana, tenía 28 años y corría 1984.
Un día caminando por el centro de Coquimbo comencé a sentir mareos y vértigo. De un momento a otro me sentí mal, vomité, perdí el equilibrio y caí al suelo. Las personas que pasaban por mi lado deben haber pensado que era producto de una borrachera. Simplemente pasaban por mi lado con cara de reproche y yo apenas podía moverme. Estaba aturdido, desconcertado y el temor crecía. Después de un rato alguien me socorrió, me llevó a casa y descansé.
Había sido algo totalmente sorpresivo. Aún, todo me daba vueltas alrededor. Experimenté un susto que nunca había sentido. Hasta ese día no había percibido nada parecido y no tenía idea de qué podía estar pasando con mi cuerpo.
Al día siguiente pedí hora con un gastroenterólogo, por los vómitos. En el intertanto procuré descansar, esperando ansiosamente la consulta médica que llegaría muy pronto. La primera persona que supo lo que me estaba pasando fue un doctor amigo con quién éramos vecinos. Cuando le conté el episodio en la calle se preocupó notoriamente y estuvo muy de acuerdo en que viera un especialista. Entonces comencé a pensar en que todo esto podían ser síntomas de alguna dolencia. Por el momento decidí no contarle nada a mi familia que estaba en Santiago, hasta ver un médico y tener un poco más clara la situación.
Llegó por fin la cita con el gastroenterólogo. Chequeos y preguntas se sucedieron, y al final el doctor me sugirió que viera un otorrino, ya que en el oído está radicado el equilibrio.
Consulté con dos otorrinos, uno en Coquimbo y el otro en La Serena. El primero no encontró nada extraño y pensó que debió haber sido un malestar pasajero. El segundo, en cambio, sospechó que algo podía estar pasando en mi oído y sugirió realizar un escáner cerebral. Parecía un escenario extremo, pero ameritaba indagar cabalmente lo que me estaba pasando. La sospecha era que la pérdida de equilibrio, la caída, el vértigo y que todo me diera vueltas podía corresponder a un tumor cerebral.
