Libro de la caza de las aves - Pero López de Ayala - E-Book

Libro de la caza de las aves E-Book

Pero López de Ayala

0,0

Beschreibung

Libro de la caza de las aves. Pero López de Ayala Fragmento de la obra De cada día vieron los hombres cómo, naturalmente, unas aves toman a otras y se ceban y alimentan de ellas, y las tales aves son llamadas de rapiña: así como son águilas, azores, halcones, gavilanes, esmerejones, alcotanes y otras. Y estas dichas aves, salvo el águila, nunca comen otra carne si no fuere de aves que ellas por sí toman y cazan; pero el águila cuando no puede tomar o cazar algún ave de las que acostumbra tomar o cazar, torna a tomar liebre, o conejo, o cordero pequeño, y aun viene al perro muerto, por la gran glotonería que en ella hay. Y hay, también, otras aves que algunas veces se ceban de las aves que toman, pero comúnmente sus viandas son carnizas de bestias muertas, así como son los cuervos carniceros, que muchas veces toman aves vivas, pero su caza natural es carniza de bestias muertas y de aquello tienen su mantenimiento. También hay otras aves que se cuentan entre las rapaces y toman y cazan aves vivas, e igualmente toman y se ceban de ratones y de tales cosas que se crían en la tierra; y entre ellas están las atahormas y budalones y aguiluchos. En todas las aves de rapiña son mayores las hembras que los machos. Y hay otras aves que su mantenimiento solo es de carnizas, y no toman aves vivas, así como buitres, abantos, quebrantahuesos. Hay otras aves que su mantenimiento es de carnizas, gusanos de la tierra y frutas, así como son cornejas, picazas, y otras. También hay otras aves que su mantenimiento es de simientes, así como avutardas, grullas, perdices, palomas, tórtolas, pájaros. Y también hay otras aves que su mantenimiento es de pescados, así como águila pescadora y alcatraces y otras aves de mar. Y hay otras aves que andan ribera de las aguas y su mantenimiento es peces menudos y gusanos de los que se crían en el agua y fuera, en las hierbas; son ánades, cisnes, ánsares bravas y otras. Así pues, las hay de muchas maneras y diversidades y de diferentes alimentaciones, pero de todas las aves las más limpias son aquéllas que solamente se alimentan y mantienen de aves vivas, y cada vez que se quieren cebar toman ave viva, y desde que se han cebado de ella no cuidan de lo que queda y aunque al otro día lo hallen, no se preocupan sino de buscar y cazar otra ave viva para su comer. Y estos son azores y halcones, gavilanes, esmerejones, alcotanes.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 184

Veröffentlichungsjahr: 2010

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Pero López de Ayala

Libro de la caza de las avesEdición de José Gutiérrez de la Vega

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: Libro de la caza de las aves.

© 2024, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN rústica: 978-84-9816-780-1.

ISBN ebook: 978-84-9953-752-8.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 9

La vida 9

Cristus Adsit Nobis Gratia 11

Prólogo 13

Capítulo I. De las aves que son llamadas de rapiña, así como azores, halcones y gavilanes, esmerejones y alcotanes 16

Capítulo II. De los plumajes de los halcones y primeramente del halcón neblí 19

Capítulo III. Del halcón baharí y tagarote 24

Capítulo IV. Del halcón gerifalte 26

Capítulo V. Del halcón sacre 28

Capítulo VI. Del halcón borní 30

Capítulo VII. Del halcón alfaneque 32

Capítulo VIII. Cómo se debe regir y alimentar el halcón neblí y ciertas reglas prácticas para ello 33

Capítulo IX. Cómo se debe limpiar el halcón del piojo 48

Capítulo X. Cómo se debe purgar al halcón del agua común que no es vidriada 49

Capítulo XI. Cómo se debe purgar el halcón del agua vidriada 50

Capítulo XII. De la purga común para purgar al halcón del cuerpo 54

Capítulo XIII. Del halcón que deseca 56

Capítulo XIV. Del halcón que está atemorizado 57

Capítulo XV. Del halcón que tiene güérmeces 59

Capítulo XVI. Del halcón al que le remanece el papo 61

Capítulo XVII. Del halcón que tiene el papo lleno de viento 62

Capítulo XVIII. Del halcón que tiene plumadas viejas 63

Capítulo XIX. Del halcón que tiene hinchado el buche 65

Capítulo XX. Del halcón que tiene lombrices 66

Capítulo XXI. Del halcón que tiene filandras o filomeras 68

Capítulo XXII. Del halcón que tiene piedra 70

Capítulo XXIII. De la úlcera que se hace en la llaga del halcón 72

Capítulo XXIV. De la comezón que tiene el halcón en las plumas, por lo cual se las come y se las arranca 73

Capítulo XXV. Del halcón que se le cae la uña 75

Capítulo XXVI. Del halcón que tiene clavos en los pies 76

Capítulo XXVII. Del halcón a quien se le hinchan los pies o le arden 78

Capítulo XXVIII. Del halcón que se le quiebra la pierna 79

Capítulo XXIX. Del halcón que se quiebra el ala 81

Capítulo XXX. Del halcón que se le quiebra el ojo 83

Capítulo XXXI. Del halcón que tiene hidropesía o hinchazón en el vientre 84

Capítulo XXXII. Del halcón que devuelve y tiene el papo y tripas frías 87

Capítulo XXXIII. De los halcones que son heridos por aves 89

Capítulo XXXIV. De la herida del halcón 91

Capítulo XXXV. De la abatidura del halcón 92

Capítulo XXXVI. Del halcón que tiene las tripas fuera 93

Capítulo XXXVII. Del halcón que tiene las quijadas torcidas 94

Capítulo XXXVIII. Cómo debes hacer la muda a tu halcón 95

Capítulo XXXIX. De algunos halcones que no quieren mudar, y cómo harás para que tu halcón mude muy aprisa 96

Capítulo XL. Cómo harás después que tu halcón hubiere mudado 98

Capítulo XLI. De los azores 99

Capítulo XLII. De los gavilanes 102

Capítulo XLIII. De los esmerejones 104

Capítulo XLIV. De los alcotanes 105

Capítulo XLV. Del paso de las aves 106

Capítulo XLVI. De cómo se deben injerir las plumas quebradas 109

Capítulo XLVII. De cuáles cosas y medicinas debe andar apercibido el cazador y traer consigo para sus aves 113

Libros a la carta 119

Brevísima presentación

La vida

Pero López de Ayala (1332-1407). España.

Nació en Vitoria, era hijo de Fernán Pérez de Ayala y de Elvira de Cevallos. Ejerció la política, la diplomacia, la guerra y la poesía.

Sirvió a cuatro monarcas: Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III. Combatió en varias batallas y cayó prisionero en las revueltas de la Aljubarrota a manos de los portugueses. En su rescate, que costó treinta mil doblas, intervinieron su esposa, doña Leonor de Guzmán, el maestre de Calatrava y los reyes, no solo de Castilla, sino también de Francia, pues, entre otros muchos cargos, fue embajador en este país.

Cristus Adsit Nobis Gratia

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Dice y amonéstanos el Apóstol que todas las cosas que hemos de hacer hagámoslas en el nombre del Señor, porque todo don bueno y acabado de Él viene, y sin Él no puede ser hecha cosa alguna.

Y por consiguiente, llamando su ayuda y gracia, comenzaré una pequeña obra para ejercicio de los hombres, por apartarlos del ocio y malos pensamientos y para que puedan tener, entre sus enojos y cuidados, algún placer y recreo sin pecado; la cual obra será un pequeño escrito, que tratará de la CAZA DE LAS AVES Y DE SUS PLUMAJES, DOLENCIAS Y CURACIÓN.

Prólogo

Al muy honrado Padre y señor don Gonzalo de Mena, por la gracia de Dios obispo de la muy noble ciudad de Burgos. Pero López de Ayala, vuestro humilde pariente y servidor se encomienda a la vuestra merced.

Señor, dice el filósofo Aristóteles en el octavo libro de las Éticas, en la Filosofía Moral, que a los verdaderos amigos, de buena y honesta amistad, no los separa la distancia de lugares; que quiere decir que por estar los amigos verdaderos alejados uno de otro y separados por luenga tierra, la verdadera y honesta amistad no se destruye entre ellos, antes está dura y firme en su valor.

Y señor, hace gran tiempo que fui y estoy alejado de vuestra presencia y vista por largo espacio de tierra, empero siempre la vuestra buena y verdadera y honesta amistad tuvo siempre en mí todo su valor.

Y señor, como en las quejas y cuidados sea gran consuelo al paciente tener memoria de sus amigos, en consecuencia,

Señor, en la mi gran aflicción o queja que tomé desde algún tiempo acá en la prisión do estoy, tuvo por consuelo acordarme de vuestra verdadera amistad. Porque, según dice San Isidoro, cuando el hombre está en buen estado y seguro, la verdadera amistad hace las cosas más dulces que son. Y si el amigo está en tribulación, la buena y verdadera amistad pone en las cosas adversas y tristes, consuelo y gran alivio. Porque con el consuelo del amigo sostiénese el corazón del atribulado, y no puede caer.

Y como por muchas veces recibí alegría y consuelo de vos en la caza de las aves, en la que os tuve siempre por maestro y señor; y por cuanto,

Señor, en esta arte y ciencia de la caza de las aves oí y vi muchas dudas, así en el razonar sobre los plumajes y condiciones y naturalezas de las aves; como en domesticarlas y ordenarlas para tomar las presas que deben y también, para curarlas cuando adolecen y son heridas. De esto vi algunos escritos que razonaban sobre ello, pero no concordaban unos con otros; también vi a muchos cazadores conversar sobre esto, y cada uno tenía su opinión, y por esto acordé trabajar, por no estar ocioso, en poner en este pequeño libro todo aquello que hallé más cierto, así por los libros como por las opiniones de los cazadores, según la experiencia que, de este hecho de caza, probé y vi.

Hecho este pequeño libro, acordé enviároslo, porque sois mi señor y maestro, para que vos lo veáis y enmendéis y añadáis y mengüéis lo que a vuestra merced pluguiere. Porque aquella opinión que vos queráis y determinéis, aquella acepto.

Y en este libro tomaré este orden:

primeramente mostraré cuál fue la razón que movió a los hombres a la caza de las aves;

y después pondré capítulos ciertos de todo lo que aprendí y vi y oí en esta arte, así de los plumajes, como naturalezas y condiciones de las aves;

y después la práctica del halcón neblí, porque es el más noble y más gentil de todos;

igualmente, después, pondré las enfermedades y sus señales; y curas y remedios para ellas.

Nuestro Señor Dios, cuando crió el mundo e hizo el hombre, todos los animales, por Él criados, hizo y puso para estar al servicio del hombre, y por tanto dijo el Profeta David en los Psalmos, alabando a Dios por las gracias y mercedes señaladas que hizo al hombre:

«todas las obras, Señor, por ti hechas sojuzgaste al servicio del hombre, aves del cielo», etc.

Y porque los servicios que el hombre ha de tomar de las cosas, deben ser honestos y con razón, acordaron, siempre, todos los sabios, que los hombres deben excusarse mucho de estar ociosos, porque es causa y achaque de pecar; porque no ocupándose el hombre en algunas cosas buenas y honestas, nácenle, en consecuencia, pensamientos en el corazón, de los cuales nace tristeza y mortificación; de tal tristeza viene escándalo y desesperanza que es raíz de toda perdición. Y también así como el ocio, según dicho habemos, traía estos daños y males al alma, así trae gran daño al cuerpo; que cuando el hombre está ocioso, sin hacer ejercicio y sin trabajar con el cuerpo y mudar de aires, fatíganse los humores y al cuerpo, consiguientemente, le recrecen dolencias y enfermedades.

Y por excusar estos daños, que vienen al alma y al cuerpo estando los hombres ociosos, procuraron aquellos que hubieron de criar hijos de los reyes y de los príncipes y grandes señores, tenerlos, con todo su poder, guardados de estar ociosos, y que trabajasen e hiciesen ejercicio por sus personas y cuerpos en algunas cosas buenas y honestas, con que tomasen placer sin pecado, sirviéndose y aprovechándose de las cosas que Dios crió e hizo para servicio del hombre, según dicho es. Y entre los muchos modos que buscaron y hallaron para esto, vieron, también, que estaba bien que los señores y príncipes anduviesen, algunas horas del día, en la mañana y en las tardes, por los campos, y mudasen de aire e hiciesen con sus cuerpos ejercicio.

Y, pues que así andaban por los campos, era necesario que hubiese conocedores en tal arte, que supiesen capturar aves bravas, y las domesticasen y amansasen, y las hiciesen ami gas y familiares del hombre; y después, con las tales aves tomasen las otras aves que andaban bravas y esquivas en el aire. Y que los tales maestros, para hacer esto, fuesen muy sutiles y muy conocedores de su arte, ya que es bastante sutileza y maravilla que por arte y sabiduría del hombre, un ave tome a otras a las que por su naturaleza nunca cazara, ni en la manera que se la hacen prender.

Así vemos que por arte y sabiduría del hombre, un halcón tagarote, toma una grulla que es ave muy grande y fea; también derriba el cisne y la avutarda y la cigüeña y el ánsar brava, y las embaraza en tal manera que un galgo traba de ellas y las contiene hasta que el cazador llega y las recoge.

Hay, también, otros bienes en la caza de las aves; una virtud que llama el filósofo en el cuarto libro de las Éticas, magnificencia que quiere decir grandeza o hechos de grandes señores; porque noble cosa es, y grandeza a un señor, tener halcones y azores y aves de caza en su casa; porque teniéndolas como se debe, parecen muy bien en las casas de los grandes señores y lo mismo en el campo delante de ellos, cuando cabalgan y van a ver tal caza. Por ello procuraron tener la tal caza de aves.

Y, pues que de ella es la materia del presente libro, pondré aquí el índice de los capítulos por los cuales podrán saber quienes de este arte tomaren placer, algunas cosas provechosas para su ayuda.

Capítulo I. De las aves que son llamadas de rapiña, así como azores, halcones y gavilanes, esmerejones y alcotanes

De cada día vieron los hombres cómo, naturalmente, unas aves toman a otras y se ceban y alimentan de ellas, y las tales aves son llamadas de rapiña: así como son águilas, azores, halcones, gavilanes, esmerejones, alcotanes y otras.

Y estas dichas aves, salvo el águila, nunca comen otra carne si no fuere de aves que ellas por sí toman y cazan; pero el águila cuando no puede tomar o cazar algún ave de las que acostumbra tomar o cazar, torna a tomar liebre, o conejo, o cordero pequeño, y aun viene al perro muerto, por la gran glotonería que en ella hay.

Y hay, también, otras aves que algunas veces se ceban de las aves que toman, pero comúnmente sus viandas son carnizas de bestias muertas, así como son los cuervos carniceros, que muchas veces toman aves vivas, pero su caza natural es carniza de bestias muertas y de aquello tienen su mantenimiento.

También hay otras aves que se cuentan entre las rapaces y toman y cazan aves vivas, e igualmente toman y se ceban de ratones y de tales cosas que se crían en la tierra; y entre ellas están las atahormas y budalones y aguiluchos.

En todas las aves de rapiña son mayores las hembras que los machos.

Y hay otras aves que su mantenimiento solo es de carnizas, y no toman aves vivas, así como buitres, abantos, quebrantahuesos.

Hay otras aves que su mantenimiento es de carnizas, gusanos de la tierra y frutas, así como son cornejas, picazas, y otras.

También hay otras aves que su mantenimiento es de simientes, así como avutardas, grullas, perdices, palomas, tórtolas, pájaros.

Y también hay otras aves que su mantenimiento es de pescados, así como águila pescadora y alcatraces y otras aves de mar. Y hay otras aves que andan ribera de las aguas y su mantenimiento es peces menudos y gusanos de los que se crían en el agua y fuera, en las hierbas; son ánades, cisnes, ánsares bravas y otras.

Así pues, las hay de muchas maneras y diversidades y de diferentes alimentaciones, pero de todas las aves las más limpias son aquéllas que solamente se alimentan y mantienen de aves vivas, y cada vez que se quieren cebar toman ave viva, y desde que se han cebado de ella no cuidan de lo que queda y aunque al otro día lo hallen, no se preocupan sino de buscar y cazar otra ave viva para su comer. Y estos son azores y halcones, gavilanes, esmerejones, alcotanes.

Tales aves como éstas decidieron a aquéllos que esta arte hallaron, a tomarlas, amansarlas y hacerlas conocidas al hombre, y tomar con ellas las otras aves bravas, y no solamente tomar con ellas a aquellas aves y presas en aquella manera que la naturaleza les otorga; mas con el trabajo y sutileza del cazador, tómanse otras aves y presas, y por más extrañas formas que solían tomarlas. Así como el balcón toma la garza alta en las nubes, perdida de vista o toma la grulla yendo alta por el aire, y así otras aves, en muy extraña manera; lo que nunca tomaran si no fuese por la maestría y sutileza del cazador.

Por esta razón los señores y los que tomaron placer en tal caza buscaron hombres maestros y sabios y de buen tiento, y de gran paciencia para ordenar, y guardar, y cazar con las tales aves. Pues aunque los señores y aquéllos a quienes esta tal caza pluguiese, tuvieren gran placer en poseer tales aves, y cobrarlas, y poderlas tener, faltábales saberlas regir. Y supuesto que las tuviesen, como dicho habemos, y las supiesen regir y alimentar, faltábales saberlas curar y medicinar cuando adolecen y están heridas. Por esto decía don Juan, hijo del Infante don Manuel y señor de Villena, que fue muy gran señor, y era muy cazador y muy ingenioso en esta ciencia de las aves, que gran diferencia había de querer cazar y ser maestro de caza, al saber regir y hacer las aves; y también que había gran diferencia de saber educar un ave, a saber curarla y ser buen cetrero, que quiere decir buen médico para ellas, y buen cirujano.

Consideremos estas tres cosas: primeramente querer cazar y tener gran voluntad de ello; lo segundo, saber hacer y ordenar que tomen tan extrañas aves y por tan desusada manera como hemos dicho; lo tercero, cuando su ave adoleciese o fuese herida, saberla curar. Y porque todas estas tres cosas son menester al buen cazador, hablaron de ello, de diferentes maneras, los que se complacían en esta caza, e hicieron algunos libros, cada uno según entendió y alcanzó su experiencia.

Y como dije en el comienzo, porque había diversas opiniones entre los cazadores, determiné reunir en este libro todo aquello que vi a grandes señores y muy cazadores que más cierto habían hallado, y púselo, sometiendo a la enmienda de los que más entendieron lo que yo oí a grandes señores y cazadores en muchas partes. Y también lo que dijeron algunos de ellos que no vi yo.

Primeramente en

Francia: al duque de Borgoña y al conde de Flandes y de Artois y al conde de Tancarville, y en

Aragón: al Vizconde de Illa, y a don Pedro Jordán de Urríes, mayordomo mayor del rey de Aragón; y a don Pedro Fernández de Híjar, rico-hombre. Y en

Castilla: lo que dijo don Juan, hijo del Infante don Manuel, señor de Villena; y don Gonzalo de Mena, obispo de Burgos; y don Enrique Enríquez, y don Juan Alfonso de Guzmán, y Remir Lorenzo, comendador de Calatrava; y Garci Alfonso de la Vega, Caballero de Toledo; y Juan Martínez de Villazan, alguacil mayor del rey, y don Ferrán Gómez de Albornoz, comendador de Montalbán, y lo que dijeron dos halconeros, el uno del rey don Fernando de Portugal, que se llama Pero Menino, y el otro Juan Fernández Burriello, halconero del rey don Pedro; porque todos éstos supieron y saben mucho en este arte, e hicieron muchas curas de aves que son muy ciertas y muy probadas.

Luego, primeramente diré de los plumajes de los halcones y cuántas clases de plumajes hay en ellos; también dónde crían y nacen, y qué aspecto y plumas deben tener; y después diré cómo se deben curar cuando adolecen o son heridos de grullas, o de garzas o en cualquiera otra manera.

Me extenderé más en la práctica del halcón neblí y en su gobierno, porque, verdaderamente, ésta es la más noble y mejor de todas las aves de caza, y quien buen cuidado tuviese con el neblí, en todas las otras aves podrá tener buen cuidado.

Capítulo II. De los plumajes de los halcones y primeramente del halcón neblí

Halcones, entre cazadores, comúnmente, son llamados seis plumajes, o seis linajes de ellos, que es a saber: neblís, baharís, gerifaltes, sacres, bornís, alfaneques. De los tagarotes no hacen mención aparte porque se les considera como baharís, aunque en el plumaje haya diferencia entre el baharí sardo, o mallorquín, o de Romaña, con el baharí tagarote; sin embargo, en todas las condiciones son de una naturaleza, según más cumplidamente diré adelante en el capítulo que habla del halcón baharí.

Y debéis saber que en todas las tierras de cristianos, salvo en España, son llamados estos seis plumajes por sus nombres, porque al gerifalte llaman así por su nombre, gerifalte, pero no halcón, y al sacre dicen sacre; y al borní y al alfaneque llámanlos laneros. Y a todos éstos no los llaman halcones, antes dicen que son villanos, así como quien dice halcones bastardos o fornecinos.

Solamente al neblí y al baharí llaman halcones gentiles, porque tienen las manos grandes y los dedos delgados, y en sus talles son más gentiles, ya que tienen las cabezas más firmes y más pequeñas, y las alas en las puntas mejor sacadas, y las colas más cortas, y más esbeltos en las espaldas y más apercibidos y más bravos, y de mayor esfuerzo; y en sus alimentos son más delicados que los otros que dicho habemos. Y quieren ser alimentados de mejores viandas, y ser traídos siempre muy bien en la mano, por el gran orgullo que tienen, y no sosiegan mucho en la alcándara y son de muy gran corazón.

Los gerifaltes, y sacres, y bornís, y alfaneques son de otros talles y complexión en los cuerpos, y las colas más largas, y las cabezas grandes, y las manos más gruesas, y los dedos más cortos y más gruesos, y sufren mejor aunque les den más toscas viandas.

Cualquiera que sea el plumaje del ave, si le dieren buenas viandas y fuere bien traído siempre, lo hallarás en el su volar y cazar, y en estar más sano; pero unos halcones hay que soportan en su alimentación más toscas viandas que otros, porque si tú dieres la vianda con que el borní y el sacre se sustentan, al neblí, poco tiempo te servirías de él, ya que por su naturaleza es tan delicado, que luego se cargaría de dolencias y se perdería.

Y los halcones neblís en todas las tierras son llamados gentiles, que quiere decir hijosdalgo, y en Castilla y en Portugal son llamados neblís, pero al comienzo fueron llamados nebis y con el tiempo corrompióse este vocablo y llámanlos neblís.

Y en Aragón y en Cataluña llámanlos peregrinos, por comparación de los peregrinos y romeros que andan por todas las tierras y por todo el mundo, que así son los halcones gentiles, o neblís o peregrinos, que todo el mundo andan y atraviesan con su volar, partiendo de la tierra donde nacieron.

Pero en Francia, y en Alemania, e Italia llaman halcones peregrinos a unos halcones neblís que algunas veces se hallan y capturan; tienen ya las tijeras tan largas como los cuchillos mayores, y sobrepasándolos, lo que comúnmente no tienen los halcones; y cuando tales halcones peregrinos son capturados, précianlos mucho porque salen muy buenos.

Debéis saber que los halcones neblís se crían y nacen en Alemania del Norte, en una comarca que es llamada Suecia; también en Noruega y en Prusia. Allí los compran los mercaderes y los traen a las comarcas de Alemania, cuando vienen a Flandes, y traénlos a Brujas, y de aquí los llevan a todas las tierras: a París, a Bretaña, y a Hainaut e Inglaterra; y traen algunos a España, para los reyes y señores que se lo encomiendan a los mercaderes cuando van allá a Brujas.