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LOS ENGRANAJES OCULTOS DE LAS ONG Vivimos en un mundo marcado por guerras y catástrofes, pero cada día surge una llama de esperanza en forma de iniciativas solidarias. Las ONG y fundaciones canalizan estas propuestas con el objetivo de procurar el bien común, aunque su gestión debe ser impecable, pues administran grandes recursos y donaciones. Desde 1995, el doctor Pedro Clarós dirige la Fundación Clarós, que organiza misiones humanitarias para combatir enfermedades otorrinolaringológicas y faciales en países emergentes. Su experiencia en decenas de viajes le ha convertido en un experto en los retos que afrontan estas organizaciones: cuestiones legales, de seguridad, de política y de gestión de personal. En este libro, Clarós entrevista a destacados profesionales para abordar los problemas más candentes del sector y mostrar la importancia vital de estas entidades. Una obra que invita a valorar su labor y a comprender por qué son imprescindibles hoy.
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Seitenzahl: 315
Veröffentlichungsjahr: 2026
Índice
Participantes en los diferentes capítulos de este libro
Prólogo
1. Esqueleto de una ONG
2. El arte de preparar una misión humanitaria
3. Hacia una ONG honesta
4. Golpes de Estado inesperados
5. Misión sí..., pero segura
6. La tortura y el maltrato en el siglo xxi
7. Un negocio deleznable
8. El rito de la muerte
9. Repatriación de un cooperante
10. ¿Cómo maridar ONG con la ética médica?
11. El derecho internacional y las ONG
12. El placer de ser cooperante
13. El milagro de los medicamentos
14. El abuso sexual en las ONG
15. Ucrania entre la guerra y el caos
Agradecmientos
Notas
© del texto: Pedro Clarós, 2025
© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S. L. U., 2026
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición en libro electrónico: febrero de 2026
REF.: OBEO031
ISBN: 9791370311230
Composición digital: www.acatia.es
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
HACER LAS COSAS BIEN TIENE EL PREMIO
Y LA SATISFACCIÓN DE HACERLAS DOS VECES MEJOR.
AMAT, ORIOL. Licenciado y doctor en Ciencias Económicas, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) y doctor honoris causa por la Universidad de Montpellier (Francia). Ha sido rector de la UPF, decano del Colegio de Economistas de Cataluña y consejero de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
AMAT, TERESA. Lingüista y logopeda.
BARCELÓ, MERCEDES. Licenciada en Medicina y presidenta de la Fundación África Digna.
BERMEJO, ROMUALDO. Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, doctor en Derecho por la Universidad de Friburgo (Suiza) y diplomado del antiguo Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, del Instituto Universitario de Estudios Europeos de Ginebra y del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo.
CASANOVA, JOSÉ. Licenciado en Derecho, juez, presbítero de la iglesia Católica y exvicario judicial adjunto de la Archidiócesis de Barcelona. In memoriam.
CASAS, EVA. Doctora en Derecho. Magistrada-jueza. Actualmente jubilada.
CORONA, JUAN FRANCISCO. Licenciado y doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, catedrático de Economía Aplicada y director de la Cátedra de Estudios Mundiales, catedrático Jean Monnet de Integración Fiscal Europea, rector honorario de la Universidad Abat Oliba CEU, presidente de la Fundación de Estudios Norteamericanos, fellow de la Royal Geographical Society y miembro de la Sociedad Geográfica Española.
DE CEA, CÉSAR. General de Brigada, jefe de la 3.ª Subinspección General del Ejército, comandante militar de Barcelona y Tarragona y diplomado del Estado Mayor, con amplia experiencia en operaciones, principalmente en Oriente Medio.
FERRER-ROCA, OLGA. Licenciada y doctora en Medicina por la Universidad de Barcelona (UB), catedrática de Anatomía Patológica de la Universidad de La Laguna, fundadora y responsable de la primera cátedra UNESCO de Telemedicina y presidenta de la asociación CATAI.
GENÉ, MANUEL. Licenciado y doctor en Medicina y Cirugía, catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Barcelona.
JAIME ORTEGA, JUAN MANUEL. Director técnico del delegado del Gobierno en Cataluña.
LACASA, CINTA. Licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona, máster of Business Administration por ESADE, de la Universidad Ramon Llull de Barcelona y presidenta de la Asociación Edugascar.
LOZANO DE LUACES, VICENTE. Profesor titular del Departamento de Odonto-Estomatología honorífico de la Universidad de Barcelona, miembro de Dentistas sin Fronteras (DSF), coordinador del Proyecto India de la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur y coordinador del proyecto sanitario del dalái lama en Dharamsala, Tíbet en el exilio, y vicepresidente del ICD (International College of Dentists from Europe). Autor de Control de infecciones cruzadas. Coautor de El manual de odontología, Odontología preventiva y comunitaria, Bases farmacológicas de la terapéutica odontológica, Arte y ciencia de los materiales odontológicos y Tratado de odontología.
MUT, MARÍA. Licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas, máster de Estudios Internacionales de posgrado en Derecho Comunitario y posgrado en Derecho Público y Ciencia Política, profesora agregada en Derecho Internacional Público y de la Unión Europea, research fellow del Institute of Commonwealth Studies de la Universidad de Londres.
PADILLA, MARÍA LOURDES. Licenciada en Medicina y teniente coronel de Sanidad Militar.
QUALA, ABDULÁ. Cónsul honorario en Barcelona de un país de Oriente Medio.
RIPOL CARULLA, SANTIAGO. Catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad Pompeu Fabra, director de la Asesoría Jurídica Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.
SALIDO, JOSÉ LUIS. Licenciado y doctor en Derecho, abogado laboralista asesor de empresas, profesor titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la UB, y académico de la Real Academia Europea de Doctores.
SANTAMARÍA, MARÍA JOSÉ. Enfermera jubilada que ha realizado misiones con Médicos sin Fronteras.
TOVAR, JOSÉ LUIS. General de División de la Guardia Civil con mando en Cataluña.
VALDÉS GUÍA, PEDRO. Coronel jefe del Regimiento de Infantería Barcelona, n.º 63. Doctor en Gobierno y Cultura de las Organizaciones por la Universidad de Navarra y diplomado de Estado Mayor, con diversas misiones militares en Bosnia, Líbano o Afganistán.
VIELLA, TERESA. Voluntaria de la ONG Save the Children.
ZAMORA, JOAN. Ingeniero industrial.
ZAMORANO, ANA. Periodista y licenciada en Ciencias de la Comunicación. Experta en falsificación de medicamentos.
Los hechos que ocurren en las ONG y fundaciones tienen mucha importancia para potenciar su credibilidad. Por fortuna, la mayoría de ellas actúa de buena voluntad y son muy fieles a sus principios constitucionales. Sin embargo, algunas —pocas— no lo son. Que cometan infracciones o sean poco transparentes en su funcionamiento salpica negativamente a todas las demás que, aun actuando de buena voluntad, se ven afectadas indirectamente de forma nefasta.
El autor de este libro conoce bien el tema, lleva más de veinticinco años al frente de una fundación humanitaria que ha realizado más de 125 misiones de carácter médico en muchos y diversos países emergentes del mundo y ha tenido la oportunidad de presenciar, en primera persona, ciertas irregularidades cometidas por otras instituciones —llamémoslas humanitarias— cuyo único objetivo era beneficiarse, dicho de un modo claro, de su posición.
El índice del libro está estructurado de una manera ordenada para que a los lectores —entre ellos posibles futuros o nuevos encargados de dirigir u organizar una ONG o fundación— les resulte muy útil a la hora de reconocer la verdad y, en su medida, evitar repetir estos errores.
Nunca hemos pretendido que este libro sea una vulgar crítica agria del papel que realizan algunas de estas instituciones que se dedican al llamado tercer sector, sino todo lo contrario, advertir de los riesgos y peligros existentes y, de esta forma, poder evitarlos.
Como en otros libros del mismo autor, en este formato, se ha diseñado una distribución agradable que resulte amena a los lectores —y les permita aprender mucho— y les facilite seguir la lectura de los diferentes capítulos de un modo sencillo y entretenido. Hemos estructurado cada uno de ellos de manera que transcurra como una conversación sobre los temas más candentes acerca de las ONG y fundaciones. Se van desgranando los asuntos que envuelven los puntos más álgidos de las instituciones dedicadas a la cooperación internacional. Nada de lo que se dice carece de un soporte documentado en información pública. Todas las conversaciones son reales y, antes de su redacción, han sido bien estudiadas y revisadas por expertos en las diversas materias abordadas y que, sin duda, son excelentes comunicadores.
Como podrán apreciar, cada capítulo tiene personalidad propia y en él se expresan diferentes expertos que, junto con el autor, le acercarán a la verdad de lo que ocurre en el complejo mundo de la cooperación internacional.
El tono con que se desarrollan las conversaciones es muy coloquial y cercano; con ello buscamos transmitirles una información que, posiblemente, no conozcan en profundidad.
Seguro que alguno de los lectores se cuestionará la veracidad de lo contado en el libro, pero, por desgracia, he de decirles que es muy cierto todo lo narrado.
En la medida de lo posible, y siempre para evitar desacreditar a nadie, hemos mantenido mucha discreción sobre algunos de los hechos y nombres propios que se narran, si bien es cierto que lo que afirmamos ha sido ya, previamente, contado y referenciado por medios periodísticos o citas bibliográficas.
Participan más de veinticinco autoridades del mundo universitario, expertos de las fundaciones y las ONG, de la medicina, de las fuerzas del orden o del periodismo que, a modo de suculentos diálogos, llegan a exponer la verdad y solo la verdad de los hechos narrados.
Deseo que disfruten de este libro tanto como lo hemos hecho todos los que hemos participado en su elaboración.
¡Muchas gracias y les deseo una buena lectura!
EL AUTOR
Como capítulo introductor de este libro de debate sobre diversos aspectos de las organizaciones no gubernamentales (ONG), me gustaría dejar claros algunos principios fundamentales para que todos entendamos, de primera mano, sus características propias. El primer punto sería definir con sencillez una idea tan importante como «qué es una ONG». Bajo el concepto de la ONU, se considera como tal a cualquier grupo de ciudadanos voluntarios que, sin ánimo de lucro, se unen en una tarea de naturaleza altruista y dirigida por personas con un interés común y a dichos grupos u organizaciones, al actuar de forma independiente y ajena al poder público, se los denomina «no gubernamentales».
Se estima que en el mundo hay unos diez millones de ONG,1 y solo en España se calculan unas cien mil entre las que están registradas por el Ministerio del Interior, el patronato de fundaciones y los registros autonómicos. Estos datos indicarían que muchos países han delegado en ellas, conscientemente o de facto, trabajos y actuaciones sociales básicas para su normal funcionamiento.
Aprovechando mi amistad con Joan Zamora y Teresa Amat, los invité a participar en este ciclo de debates sobre ONG y fundaciones que había decidido organizar con todos aquellos expertos que mi trayectoria como médico y fundador de una ONG me había permitido conocer, y les propuse discutir un tema del que se habla mucho pese a que, en realidad, un gran número de personas desconoce lo que propiamente son y llevan a cabo estas organizaciones.
Tanto Joan como Teresa, mi esposa y yo mismo —en la Fundación Clarós (FC) llevamos más de veinticinco años de cooperación internacional y 125 misiones a cuestas— tenemos buena experiencia en cuanto a fundaciones, pero, en el caso de Joan y Teresa, además, aparte de tener una fundación, también trabajan desde el asociacionismo (en tanto que federación), y llevan veinticinco años luchando en pro de las personas sordas para que puedan acceder a los tratamientos y las ayudas auditivas en cualquier punto de la geografía española, con independencia de su edad y sus recursos.
—Como sabes, Pedro —comienza Teresa respondiendo a mi invitación de explicar las diferencias entre los diversos tipos de organizaciones y fundaciones—, cada institución posee una función específica, ya sean fundaciones, asociaciones o confederación de asociaciones. En todas ellas su principal problema es la fuente de financiación. Algunas reciben sus fondos de medios públicos, pero la nuestra es totalmente privada. Nuestra fundación está centrada en participar en misiones en países emergentes para ofrecerles a sus habitantes un tratamiento médico o quirúrgico específico. Estamos dentro de lo que se llama el Global Health System.
—Sé perfectamente que vosotros, a través de vuestra fundación, hacéis una magnífica labor, pero me entristece saber que algunas personas tienen un concepto negativo de las fundaciones. Creen que tras ellas se esconde mucho trapicheo, pero es porque solo, debido a que salen a la luz pública, de vez en cuando, noticias periodísticas negativas cuando «se destapan» algunas malas actuaciones que, tristemente, enmascaran el buen hacer de las demás. Se tendría que valorar que hay muchas fundaciones en España que desempeñan un trabajo loable, honroso e imprescindible —aclara Joan.
—Es cierto, ciertas fundaciones actúan mal, pero son la minoría. Lo que hay que mirar es el gran papel que desarrollan las ONG que, de buena fe, actúan llegando allí donde no llegan los Estados —añade Teresa—. Las ONG conseguimos el milagro de obtener mayor eficacia con menor cantidad de dinero. Piensa que tenemos pocos recursos económicos y tiempo limitado, y, por lo tanto, nuestro impacto social es pequeño, pero positivo.
—De hecho —intervengo—, esto que comentáis tiene mucho que ver con el origen de las ONG en el mundo: antes de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia era prácticamente la única institución que organizaba grupos de voluntarios para brindar atención médica en las zonas rurales de los países en desarrollo. Tras este conflicto bélico, un gran número de instituciones seculares constituyeron ONG para ayudar con las secuelas de la fatídica guerra.2
—Supongo que su presencia ha influido en el cambio social que ha experimentado la humanidad, ¿no te parece? —comenta Teresa.
—Sí, sin duda, aunque esta transformación social es más de lege ferenda3 que una realidad. Si nos atenemos a la diferencia básica entre las fundaciones privadas y las públicas —prosigo—, las fundaciones públicas reciben todas fondos públicos, mientras que, en el ámbito de las privadas, algunas sí reciben fondos públicos y otras no. La nuestra es una fundación privada y, desgraciadamente, no tiene ninguna ayuda estatal.
—Pero, Pedro, y entonces, ¿cómo os financiáis?
—Nuestros recursos proceden de aportaciones privadas o de empresas, también de actividades que organizamos para autofinanciarnos, tales como conciertos y otros eventos en iglesias, teatros, salas privadas o conferencias. Así, aparte de pasarlo muy bien y gozar de una buena velada musical, recogemos pequeñas cantidades para la supervivencia de la Fundación Clarós y vamos cubriendo los gastos que conllevan los viajes humanitarios que llevamos a cabo durante el año.
—Hemos seguido muy de cerca vuestro trabajo y es de admirar. El nuestro es diferente, pero no deja de ser muy útil —interviene Joan—. Ayudamos a personas con problemas auditivos y a sus familias, principalmente a los implantados cocleares, y potenciamos su movimiento asociativo. Queremos lograr cambios sociales que mejoren la calidad de vida de este colectivo, y creemos más en la necesidad de lograr cambios en las actitudes de las administraciones públicas que en el efecto de lograr ayudas para casos individuales. Con las manos no pararemos una ola del mar, esto solo lo podremos hacer con un dique, y los diques los construyen las administraciones.
—Es maravillosa esa metáfora, la verdad es que hay espacio para todos y, sin lugar a dudas, todos somos útiles —reconozco.
—Si otras personas se animaran a hacer lo mismo, los resultados serían mucho más eficaces. Lo importante es que se extienda la idea de crear más organizaciones de voluntarios, y que los demás se den cuenta que ayudar es muy importante. Hoy en día, las ONG desempeñan un papel global significativo en la salud de los países pobres como resultado de la reducción de sus gobiernos en el gasto en salud pública.
—Cierto, algunos gobiernos del tercer mundo no se preocupan de la sanidad de su país y dejan la entrada libre a las ONG extranjeras que acuden a ayudar, y no solo en sanidad, sino también en educación, agricultura, ecología, etcétera.
—Todos tenemos en mente la idea de que las instituciones religiosas, de cualquier tendencia, han sido muy positivas en los países pobres —añade Joan.
—Pensad que el auge de las misiones sociales de las diferentes Iglesias del mundo, tanto las católicas como de otras creencias, han realizado un gran papel de ayuda. En este ámbito podemos distinguir tres procedencias: la religiosa, la laica y una tercera formada por movimientos y asociaciones de voluntariado. España creó el Ministerio de Cooperación Exterior, que nació con el objetivo de dar respuesta a los conflictos surgidos de los movimientos de descolonización y así poder dar algún tipo de ayuda y ganar influencia geopolítica en las antiguas colonias.
—¿Pensáis que esto significó una forma de diplomacia exterior para ganar influencia internacional? —pregunta Teresa.
—Sí y no, aunque en realidad fue un cambio significativo en la evolución histórica de las ONG —opino—. Este se produjo cuando algunas de estas comenzaron a definirse y comprometerse políticamente a finales de la década de los sesenta. De este compromiso, que iba más allá de lo asistencial, surgió, por ejemplo, Médicos sin Fronteras (MSF), creada por el médico francés Bernard Kouchner, que participaba como cooperante de Cruz Roja y consideró que no era suficiente con atender a las víctimas, sino que era necesario denunciar lo que sucedía en las zonas de conflicto a las que acudía esta ONG.4 Su objetivo fundacional era la agrupación de muchos profesionales de la medicina que, de una manera u otra, querían ayudar a las necesidades del mundo, en especial cuando ocurrían catástrofes, de una forma independiente, imparcial, neutral, siguiendo una ética médica.
—Hablemos de la evolución en nuestro país. ¿Cuál fue el origen y la evolución de las ONG en España? —nos pregunta Teresa.
—Los primeros antecedentes históricos de las ONG en nuestro país se originaron en las organizaciones caritativas y asistenciales vinculadas a la Iglesia católica a principios del siglo XIX, que es lo que llamamos «el asistencialismo religioso» —comento—. Pensad que, mientras en Europa, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, el proceso de creación e implantación de las ONG toma fuerza, nuestro país parece ajeno a este fenómeno, a excepción de Cruz Roja, que comienza a realizar intervenciones en determinadas catástrofes.
»Era lógico; no os olvidéis de que España estaba muy debilitada en aquella época por muchas circunstancias, pero sobre todo por los daños catastróficos de la guerra civil española y sus prolongados efectos posteriores, que no hacen más que acrecentar las diferencias con respecto de los países de nuestro entorno, prohibiéndose todas las organizaciones que no estuvieran directamente relacionadas con la nueva estructura política del Gobierno de Franco. Del mismo modo, se prohíbe la actuación en nuestro país de organizaciones internacionales que, durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta, se habían generalizado en otros países.
—Es cierto que bajo el paraguas de la Iglesia se agruparon movimientos sociales que actuaban en la cultura, la atención a personas en peligro de exclusión, en movimientos juveniles. Parecía la aplicación de «acogerse a lo sagrado» durante la dictadura, y especialmente en los años sesenta y primera mitad de los setenta. Surgieron, por ejemplo, las delegaciones diocesanas de escultismo (DDE), que, siguiendo las enseñanzas del movimiento scout, de origen británico, pretendía educar a los jóvenes en valores de compromiso social, respeto y solidaridad —explica Joan.
—Yo mismo pertenecí a él —les revelo—. Sin embargo, las únicas ONG que surgen realmente en España en estas fechas son las de carácter religioso, vinculadas a la Iglesia católica y al régimen franquista. En este marco debemos situar el nacimiento de Cáritas en 1942, la Asociación Misionera Seglar en 1947, la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza en 1956, Intermón en 1956 o la Obra de Cooperación Apostólica Seglar Hispanoamericana en 1957. La etapa aperturista acontecida a finales de la década de los cincuenta, con la entrada de España en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional, supone también la entrada de organizaciones relacionadas con las instituciones internacionales, como la Asociación de Amigos de las Naciones Unidas, fundada en 1962, o la Sociedad Internacional de Desarrollo en 1966. En esta etapa también ven la luz otras organizaciones como Médicos Mundi, creada en 1963, o Manos Unidas, en 1969.
»Desde la década de los cincuenta la cooperación que reciben los países emergentes por las ONG es diferente en un mismo Estado, y es muy diferente la que recibe la zona sur de la del norte. A veces esto se percibe como resultado de la manipulacion política de nuevos Estados o la influencia de grandes países a través de ONG.5 Desde 1947 hasta 1979 se crean un promedio de 1,2 ONG por año, si bien desde 1980 hasta 1990 se han creado 51 ONG, lo que significa el 76 % de las ONG federadas en la coordinadora española de ONG.6
—Pero esto es una barbaridad, son muchas de nueva creación...
—Tienes razón, Teresa, pero, desde la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea y la reestructuración producida en el Ministerio de Asuntos Exteriores, se produce una nueva etapa en la cooperación gubernamental. Es precisamente durante este período y hasta principios de los años noventa, cuando hay un crecimiento desorbitado, hasta tal punto que se llega a constituir jurídicamente entre 1985 y 1989 más ONG que en toda la etapa anterior. En una publicación leí que el año 1985 supuso un cambio de velocidad en la creación de estas organizaciones,7 se pasó de un crecimiento medio de organizaciones de 0,81 por año durante la dictadura franquista (hasta 1975), y de 2 ONG por año durante la Transición (19761984), a otro período de 7,25 ONG en la etapa 1985-1988.
—¿Cómo se legisla una ONG médica? —pregunta Teresa.
—La legislación actual para fundar una nueva ONG es poco exigente en todos los países. Basta con que dos o tres personas redacten los estatutos de una asociación «sin ánimo de lucro» de acuerdo con el Código Civil vigente. No hay necesidad de inscribir esta asociación en un registro. Las Convenciones de Ginebra de 1949 son favorables a la existencia y actuación de las ONG.
—Eso sí, todas ellas están sujetas a «justificar sus gastos» a los donantes públicos o privados, a empresas e instituciones que les aportan recursos —añade Joan—. No te olvides que una cosa es crearla y la otra, cumplir con las obligaciones que conlleva. No solo eso, en la memoria anual se deben plasmar las principales acciones que se han llevado a cabo a lo largo del ejercicio e informar sobre la evolución de las cuentas y actividades humanitarias que ha realizado. Hay que dejar constancia de todo lo que se ha hecho, por qué y cómo.
—Una auditoría determina su grado de transparencia8 —explico—, porque ser transparentes es garantía para los que nos ayudan.
—Pedro, las ONG que actúan en los países emergentes son de dos tipos: las llamadas de servicio (plaidoyer) y las de asistencia humanitaria. La vuestra es de este último tipo, pero ¿qué es una ONG de servicio, protección o plaidoyer?
—Las ONG plaidoyer, Teresa, son aquellas que actúan en defensa del interés público, sin ambiciones ideológicas o comerciales, vigilando o alertando sobre los peligros que amenazan a los países emergentes y que ponen en peligro su desarrollo (peligros económicos, políticos, sociales y ecológicos en particular). Algunas denuncian actos de tortura, mutilación genital femenina, xenofobia, racismo o violaciones de los derechos humanos internacionales. La propia CARE International utiliza la plaidoyer para abordar las «causas fundamentales de la pobreza y la discriminación» a través de un enfoque basado en los derechos. Del mismo modo, las ONG ambientales (como Greenpeace o WWF) llevan a cabo actividades de monitoreo y alerta sobre el estado del medio ambiente en los países del sur, y su preservación es una de las condiciones esenciales de todo desarrollo sostenible.
—Ahora ya me queda claro. Son muy diferentes a las que se ocupan de la asistencia médica, como las vuestras —dice Joan.
—Sí, pero también cumplen su papel. Estas ayudan a denunciar aspectos concretos como la responsabilidad social y ambiental de las empresas (empleo de pesticidas, gestión de residuos radiactivos, uso de anticonceptivos o la práctica de abortos). Lo cierto es que las ONG humanitarias gozan de mayor simpatía porque parecen menos burocráticas y más efectivas en la lucha contra la pobreza que la ayuda bilateral de los gobiernos y la ayuda de grandes instituciones multilaterales.
»Hay que recordar lo que dijo Kofi Annan, el secretario general de la ONU: «El creciente número de ONG en países emergentes, antes conocidos como países del tercer mundo, son reconocidas por su “papel pionero” en el desarrollo y pueden ayudar a sacar a miles de millones de personas de la pobreza».
»Y ya para acabar, he de deciros que hay ONG multifuncionales que tienen un enfoque denominado global que intervienen al mismo tiempo en emergencias humanitarias, programas de desarrollo y actividades de promoción (Oxfam Internacional, CARE organizaciones misioneras internacionales basadas en la fe, ONG migrantes que viven fuera de los países de origen, pero que actúan para promover iniciativas de desarrollo vinculadas a sus países nativos).9
—Es interesantísimo todo lo que nos has contado, Pedro —comenta Joan.
—Creo que hemos repasado y aclarado los conceptos básicos del esqueleto de las ONG. Vale la pena estimular a la gente para que se anime y se lance al mundo de la cooperación. Puede que algunas entidades no sean transparentes, pero la inmensa mayoría sí que lo son.
Ya son 125 las misiones que hemos llevado a cabo en la Fundación Clarós. Parece que deberíamos saberlo todo acerca de una misión, que no tendría que haber secretos ni sorpresas. Pues no. Hay que tener en cuenta que cada misión es un mundo, y su preparación sigue siendo una tarea difícil de verdad.
Cada misión se compone de tres fases: la preparación, el desarrollo y su recapitulación. La primera toma mucho tiempo, y más si se trata de un nuevo lugar; es necesario establecer nuevos contactos, tener previsiones de lo que pueda acontecer en el destino y muchas otras cuestiones más. Cuanto más exhaustiva sea la elaboración de esta primera fase, menos fallos o errores cometeremos en su desarrollo. No sé si esto ocurre en todas las fundaciones u ONG que organizan periódicamente misiones, pero en la fase preparativa, al menos en nuestro caso, es así. Una persona o dos deben dedicar muchas horas de su tiempo para preparar la estrategia logística, el equipo humano con sus características personales, las relaciones internacionales con el país receptor elegido, cuadrar los horarios de los vuelos, las reservas de hoteles y, lo más importante, la selección de los pacientes que vamos a intervenir. Ellos son la base de nuestro objetivo, sin ellos no hay misión posible. Cada año realizamos, según nuestra disponibilidad, de tres a cuatro salidas, aunque en un pasado solíamos realizar seis o más por año.
Tomemos un ejemplo práctico. La misión de Madagascar de octubre de 2023 fue muy compleja y participaron una veintena de voluntarios de diferentes áreas: oftalmología (Fundación Barraquer), odontología (UIC), audiología (Aural), cirugía de malformaciones faciales (Fundación Clarós), educación (Edugascar) y psicología (Fundación Clarós). Era un reto enorme, pues en realidad estamos hablando de organizar seis misiones diversas en una sola. Vale la pena explicar con detalle su origen y los motivos por los que quisimos realizar esta macro misión polifacética.
Para ello debo remontarme a febrero de 2023. Todo sucedió cuando, estando de misión con la Fundación Clarós en Cabo Verde, recibí diversos e-mails de una persona que no conocía en aquel entonces y que se identificó como Cinta Lacasa. Se presentó como presidenta de una asociación española llamada Edugascar, dedicada al ámbito de la educación en Madagascar, y me solicitaba ayuda para tener una posible colaboración de la Fundación Clarós allí. Conocía nuestro trabajo a través de un familiar amigo y estaba interesada en que participáramos.
Lo cierto es que yo no conocía este país africano y pensé que podría ser una oportunidad de organizar un nuevo destino, y más si lo hacíamos de la mano de una persona conocedora del terreno. Valoré mucho la propuesta, busqué instituciones colaboradoras que nos pudiesen acompañar, consulté con mis amigos Rafael Barraquer y Lluís Giner, y con los miembros de nuestra fundación, y decidimos entre todos aceptar este nuevo destino, al que podríamos incorporar, además, audiólogos y audioprotesistas, como hacemos normalmente en otras expediciones, para adaptar, gratuitamente, audífonos de los que disponía la Fundación Clarós.
La infraestructura que precisaban los diferentes equipos de participantes que nos iban a acompañar no era excesivamente complicada; solo hacía falta una base de actuación, unos cientos de pacientes —de los que, sin duda, habría a miles— y, por último, adaptar sus diferentes necesidades al terreno en el que trabajarían. Bastaría con transformar las aulas escolares en los diferentes pabellones que alojarían a cada una de las especialidades y alquilar generadores eléctricos para alimentar los equipos médicos que realizarían las exploraciones clínicas. Sin embargo, para la realización de nuestras cirugías el tema era más complejo. Nuestra labor quirúrgica no se podría realizar en un aula escolar, y menos sin una infraestructura hospitalaria que la apoyase. Nosotros necesitábamos un quirófano mínimamente equipado, salas de hospitalización, equipo de anestesia competente, alguien que hiciese la selección y el seguimiento de los pacientes; y, por supuesto, ganas de trabajar de los malgaches.
En África, un denominador común es la poca motivación que pueden tener los funcionarios del Estado y el propio personal hospitalario, acostumbrados a un ritmo lento de actividad diaria, un sueldo muy bajo (un médico anestesista cobra unos doscientos euros al mes), el escaso mantenimiento —o nulo— de sus infraestructuras y la dificultad de formarse profesionalmente. Después de tantas misiones, estaba convencido de que Madagascar no iba a ser diferente. Poco tardaría en darme cuenta de que todas las características mencionadas las íbamos a encontrar y en estado superlativo.
Empezamos a explorar el terreno y, tras muchas llamadas y conversaciones telefónicas, finalmente, conocí a Cinta que, junto con su familia, había creado su propia ONG en el 2017, dedicada a la cooperación de educación escolar en este país. A su vez, ella estaba en contacto con dos personas, Niry y Landry (la primera, dedicada a la enseñanza, y la segunda, a la medicina comunitaria) quienes podrían ser la ayuda que esperábamos para el desarrollo de nuestra misión.
Sobre esta imaginaria base edificamos el proyecto humanitario en Madagascar, con la esperanza de que llegaría a ser posible. Cinta es farmacéutica y con experiencia en este país. Este conocimiento previo la había llevado a tener amistad con gente de la isla. En una de nuestras conversaciones por correo me explicó:
«Creamos Edugascar después de conocer Madagascar y darnos cuenta de que con su pobreza era muy difícil que pudiera haber una educación escolar de calidad. Habíamos acogido en casa y ayudado a un chico malgache a estudiar dos másteres y empezar el doctorado. Acordamos con él que el coste del segundo nos lo devolvería y, también con nuestra colaboración, lo utilizaríamos para ayudar en temas de educación en Madagascar y poder dar oportunidades a otros niños. Sabemos que es solamente un grano de arena en la inmensidad, pero es lo que podemos hacer, lo que está en nuestras manos. ¡Y nos sentimos arropados por tantos amigos que están colaborando a llevar a cabo muchas iniciativas, como la de esta misión médica, que nunca hubiéramos ni soñado!».
Tras leer su narración, vi posible —no muy convencido— que algo pudiéramos hacer en el sentido de una colaboración internacional, y por ello acepté participar en el proyecto. Haciendo un resumen corto, le expliqué a Cinta los pasos que habría que seguir si queríamos organizar una misión humanitaria en ese lugar. Indudablemente no tiene nada que ver la estructura que necesita una ONG de educación con la de una caravana de carácter médico, llena de una gran complejidad en todos sus aspectos.
Durante meses estuvimos gestando conjuntamente los puntos importantes, tanto administrativos como financieros, pasando por los trámites burocráticos, selección del personal, preparación del material por transportar, estrategias de viaje, contactos con el personal malgache local y reuniones con nuestros voluntarios. La verdad es que el equipo humano es lo más importante y la base del esqueleto principal de la misión, pero esto no funciona solo, si no hay una infraestructura local, que seguía cuestionándome, desde el inicio.
Respecto a las bases para la selección del personal de cooperantes, recomendé, basándome en mi experiencia, centrarse en buscar aquellas personas que fuesen competentes para cumplir unas condiciones especiales que les definiesen como capaces de superar las condiciones adversas que nos podríamos encontrar. No es lo mismo una actuación de una ayuda puntual en la comunidad del barrio donde vivimos, durante un fin de semana repartiendo comida en la iglesia vecina sabiendo que, al terminar, regresan a sus respectivas casas con todas las comodidades habituales, que estar durante una semana o diez días atendiendo a pacientes necesitados en países extranjeros en unas condiciones francamente duras.
No había ninguna duda: había que gestionarlo bien. Cada uno de los diferentes responsables de los equipos participantes se encargarían de seleccionar a sus componentes. Me pareció oportuno escoger gente joven, con ilusión y formación suficiente para desarrollar sus cometidos. Los odontólogos encargados del grupo, Lluís Giner y Marta Satorras, seleccionaron a seis de los mejores alumnos de los últimos cursos de la carrera, con una gran motivación y habilidad manual, y los demás equipos hicieron lo mismo.
Otro de los puntos que había que considerar era el país al que acudiríamos. En este caso, deberíamos adaptarnos a las características de Madagascar: uno de los países más pobres del mundo, con escasas infraestructuras, ya que, desde que se independizó de Francia en los años sesenta, sus carreteras, hospitales, trenes y escuelas están anclados en el pasado por falta total de mantenimiento y en pésimas condiciones. Su población, de unos veintinueve millones de habitantes, proviene de diecisiete etnias distintas, con baja escolarización y cultura. El lema de la isla es el «Mora-Mora» (poco a poco), pero yo pongo en duda que sea su consigna principal, más bien creo que es una aceptación resignada de las casi nulas posibilidades de desarrollo del país que justifica su actitud desmotivada.
En el ámbito educativo, las instituciones religiosas han hecho una labor excepcional para dar formación básica a miles de niños y niñas en sus centros escolares, pero, evidentemente, no llegan a todos. Este es el principal motivo por el que algunas fundaciones particulares y ONG, como Edugascar, trabajan en el ámbito de las escuelas públicas. Edugascar se centra en la zona de Ambatondrazaka, a 250 km de la capital, donde encontramos escuelas como la del poblado de Andingadingana que, con unos quinientos alumnos, no tiene ni agua corriente ni luz eléctrica, solamente un pozo que Edugascar financió en 2022. Pero África es eso, no hay que ponerlo en duda y menos ignorarlo. En este continente «no funciona todo a la vez». Si hay agua, no hay electricidad y si hay las dos, no hay Internet o gasolina.
Volviendo a los salarios, los docentes cobran una miseria, y los padres, en muchos casos, no entienden el valor de que sus hijos vayan a la escuela. El absentismo escolar es muy alto y el nivel de la educación pública, muy baja. Pero esto es un denominador común para los países africanos. Ahondando en el problema, tiene una cierta lógica que las gentes locales se cuestionen su propio futuro. Para ellos, resulta muy duro ir unos años a la escuela, luchar para obtener un acceso difícil a la universidad, ahorrar o trabajar para poder costearse un desplazamiento forzoso a la capital para estudiar una carrera universitaria donde puedan formarse como especialista para, al final, encontrar un puesto de trabajo por el que como mucho pueden llegar a alcanzar un ridículo salario de doscientos cincuenta euros al mes. Y existe además otro agravante: los estudios no se reconocen en el extranjero y los visados de salida son escasos. Lo peor de todo es que, después de tanto sacrificio, un agricultor, un ganadero o un vendedor ambulante los puede igualar o superar económicamente sin tanto esfuerzo. Entonces, la cuestión es ¿para qué estudiar?
Siguiendo con el objetivo de preparar los detalles de la misión, debíamos pensar en el alojamiento y en la alimentación del grupo de voluntarios. Cinta propuso buscar un hotel digno donde residiríamos todos, y para proporcionar la alimentación sugirió solicitarla a unos voluntarios locales del Movimiento de los Focolares de Madagascar.1 La verdad es que era la primera vez que yo oía hablar de esta organización, nacida en Italia y extendida por muchos países, pero, por lo demás, esta opción me parecía bien si con ello cumplíamos con el abastecimiento diario de nuestros voluntarios, teniendo en cuenta que la mayoría eran jóvenes y con apetito voraz.
Seguía estando muy preocupado por los comentarios frecuentes de Cinta referentes a la escasa organización que existe en Madagascar, y en repetidas ocasiones hablé sobre el tema con ella:
—Cinta, de verdad que no lo veo claro —le insistía—. No es mi forma de hacer las cosas, no llegan las respuestas que me gusta tener. ¡Hay un silencio que no me gusta nada!
—Doctor, ¡con paciencia y respetando sus expectativas, lo conseguiremos! —me respondía.
—Veo que eres muy optimista, pero yo estoy intranquilo. Me cuestiono si hemos escogido el lugar ideal para desarrollar esta misión. Cada vez tenía mas dudas. Con mi gran experiencia había desarrollado un olfato superior al de los caninos. Esto no me estaba gustando mucho.
—El doctor Landry Ramisimamojy es miembro del Ministerio de Salud de Madagascar, y Niriniania Rakotovololontsoa es la responsable del Ministerio de Educación de la formación secundaria en Ambatondrazaka. A ambos los conozco y sé que están comprometidos con la causa —intentaba tranquilizarme—. Para nuestra forma de ser, nos parece que allí todo va mora-mora. Pero sé que las cosas salen y saldrán adelante, confío plenamente en ellos.
