Una historia más - Belén Muñoz Gallego - E-Book

Una historia más E-Book

Belén Muñoz Gallego

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Beschreibung

En Una historia más (Historia de una "trastorná"), Belén nos describe la desgarradora visión de la mujer que tiene que vivir con los estigmas de la violencia en su desarrollo personal con las repercusiones que acarrea la respuesta de la sociedad. En este tiempo, una mujer cuenta la historia de su vida desde su nacimiento hasta su presente actual. Pasando por agresiones sexuales y violencia de genero siendo todavía un adolescente, se adentra en un mundo de adicciones y toxicidad en la zona más conflictiva de un barrio de la capital. Todas esas experiencias que sufre durante su desarrollo le acarrean trastornos mentales y una discapacidad psicológica de por vida. Siendo madre madre soltera y teniendo que cuidar a un bebé, se complican más las cosas. Con un toque irónico y de humor agridulce, nos transmite un mensaje lleno de esperanza. Muestra la crueldad y falta de empatía en estos tiempos. Cruda, emotiva, con grandes reflexiones sobre los valores del ser humano.

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Seitenzahl: 139

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Una historia más: historia de una trastorná

Belén Muñoz Gallego

Ilustrado por Fernando Centeno López

ISBN: 978-84-19445-04-9

1ª edición, abril de 2022.

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

Este libro es:

Para ti Ángel, para dejarte constancia

de que no hay que tener miedo a ser uno mismo

y que puedas estar siempre orgulloso de tu madre.

Para ti, Esther Arribas, por darme ese lugar

que todos se negaron a darme y enseñarme a volver

a brillar cuando se me había olvidado.

Para ti, Jose Juan, donde quieras que éstes...

gracias por ser el primero en confiar en mi obra.

DIOSA te llevo antes de tiempo.

Todas somos Whitney Houston...

Parte uno

Capitulo uno

Nacer

Esta historia no quería que muriera conmigo, no es que fuera especial, es una más de tantas de este mundo en el que vivimos cada vez más cruel y de falta de emociones.

A pesar de que es una de tantas, quería gritarla al mundo y que llegara a corazones con parches, con agujeros negros que no pueden llenarse.

Os la voy a contar desde el principio, como debe contarse una buena historia. Comenzó en 1982, no puedo hablar mucho de esa época, era un bebé. Recuerdos fugaces que se unen a testimonios que hacen que ponga imagen a esta historia.

Un grupo de jóvenes, amigos de toda la vida, al cual mi padre y mi madre pertenecían. Mi padre, un ser inteligente, comenzó a inquietarse por la vida que había aparte de las normas. Era atractivo pensar en tener sus propias reglas contra el sistema.

Es inevitable que la gente inteligente vea una cárcel llena de ataduras y de normas que la sociedad te impone y empiezas a materializar el pensamiento de empezar a ser políticamente incorrecto. El mundo se te hace pequeño.

Su seguridad y su labia le hicieron el cabecilla del grupo, el que aportaba ideas, recursos. Jugar con fuego tiene mucho peso para aquel que quiere más.

Era una época donde la droga pisaba fuerte. Un hombre con recursos, visitador médico, cobrando más dinero que el resto de la media. Su ambición le convenció de que podía conseguir más, mi madre no se pudo resistir a la idea tan atractiva que mi padre traía.

Apareció ELLA, la heroína, MADRE de hijos que se peleaban por ser los afortunados de coger su mano en el corro de la patata. Alcohol, tabaco, porros, cocaína, tripis…pero ELLA, madre de todas, hacía no quererte despegar de sus pechos amamantando tu realidad, dándote sabor y las vitaminas que te quitaba la crudeza de la vida. ELLA, como un tsunami, hacía desaparecer el alma de todos aquellos que la probaban, te robaba tu humanidad, se quedaba con tu alma hasta que te consumía física y mentalmente hasta hacerte desaparecer de la manera más fría y egoísta que ELLA necesitaba, morías con ella y con nadie más, porque se convertía en la única compañera o familia que realmente amabas inclusive x encima de tu alma. Con ELLA conseguías tener esos momentos íntimos que tanto ansiabas, eras capaz de destrozar a todos los enemigos que te intentaban separar de MADRE, aunque un día fueron tus padres, hermanos o tus propios hijos los que con la manipulación de las lágrimas intentaban separarte del único y verdadero amor de tu vida, con ella olvidabas el mundo que tanto te torturaba, con ella volabas y con ningún otro ser humano habías rozado la paz que MADRE te daba.

Mi padre no quería jugar con los descendientes de MADRE, a veces les hacía participar por tener versatilidad en cada momento que los necesitaba, escogiendo muy bien la sensación que cada uno le daba, pero era MADRE su predilección, el amor por el que el suspiraba. Traspasó su coherencia, su inteligencia le suplicaba que no olvidara que si se casaba con MADRE ella no le dejaría marchar. Pero él quería jugar, quería más…

El dinero le dio la posición para adquirir cantidades controladas para fiestas privadas, que terminó en convertirse en una máquina de mover mercancía y dinero.

Yo llegué en ese momento, donde tener descendencia no cuadraba en ese fuego. Aún siendo bien pequeña, unos cuatro años, imágenes claras todavía retengo bien adentro de mi mente. Siempre gente en casa, fumando sin descanso, nunca había calma, siempre ruido, confusión, desconcierto… Un sitio poco apropiado para iniciar una vida.

Recuerdo la tristeza y las lágrimas de mi madre porque en su fuero interno sabía que estaba condenando a su hija a un mundo sin retroceso. Hubo muchos momentos en los que casi pierdo la vida…bebiendo agua de los vasos donde estaban las agujas que utilizaban o el detonante que hizo que mi madre tomara la decisión sin dudar de que me tenía que salvar de esa vida de destrucción en la que estaba creciendo del que tengo un pequeño y vago recuerdo, unas imágenes efímeras sin llegar a poner lógica al argumento del suceso.

Ese día estábamos mamá y yo solas en casa y rompieron la puerta con violencia, entrando, arrasando con sus armas y con sus amenazas de quitarnos la vida si no le daba mi madre toda la mercancía y todo el dinero. Alguien me cogía en brazos muy fuerte, me hacía daño, un cuchillo me rozaba la garganta. Vi el terror en la cara de mi madre, creo que ese día hizo que tomara la decisión definitiva de salir de ese infierno. Solo recuerdos rápidos, pero algo recuerdo. ¿Había sido un sueño?

Ya ella sabía que no podía dejar entrar a MADRE, veía como cambiaba a las personas que se adentraban en su juego, que la aguja no podía traspasar, aunque la vena palpitaba más fuerte pidiéndole a gritos ese orgasmo, esa explosión del ser al sentir el oro líquido que recorría saboreando todo el recorrido q lentamente se fusionaba en su sangre, que provocaba ese frenesí, esa copulación espiritual de MADRE con ellos.

Ella lloraba por la noche sin consuelo. Por fin, su instinto maternal pudo con el miedo, decidió marchar, pero ¿cómo empezar? todos vigilaban y a cualquier salida que creía encontrar la tapiaban llevándola al centro del laberinto desde el comienzo, teniendo que repetir el proceso en su mente de volver a pensar salir de cero. Estudiaba cada paso, cada alternativa que se le ocurría que nos permitiera huir corriendo… sin éxito, la única opción era terrible, pero era la menos peligrosa y más factible, era un viaje de solo una, ella, sabía que tenía que marchar sola, sanar y hacerse fuerte para combatir a su propio miedo para por fin volver a por mí.

Mamá se marchó, me abrazó bien fuerte y cubriéndome la cara de besos mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas prometiendo que volvería pronto, marchó a un lugar seguro, un lugar del que nunca, al conocerlo yo querría marchar, un templo. No entendía bien sus lágrimas y su sufrimiento, pero de repente me encontré en casa de mis abuelos paternos, me encantaba…me sentía feliz …era mi familia.

Papá “trabajaba mucho”, venía a verme en cuanto podía en los descansos de su trabajo, sobre todo trabajaba mucho de noche, casi no le veía, tenía un trabajo muy importante. Mamá también venía a verme de vez en cuando… ¡la echaba tanto de menos!

Venía al bar de siempre, unos amigos de papá me llevaban y se quedaban cerca de nosotras, observándonos atentamente, para protegernos.

Mamá se sentaba nerviosa, con las manos temblando, frías, muy frías y me daba siempre un abrazo muy fuerte sin soltarme durante un largo período de tiempo, lloraba y besaba mi carita incrédula y me repetía que ya quedaba menos para poder estar juntas de nuevo…no sé por qué lloraba, yo sabía que era verdad y eso me ponía contenta, si yo estaba genial en casa de los abuelos, me querían mucho.

Un día sin saberlo la promesa se convirtió en hecho, los amigos de papá fueron a hacer un recado, solo tardarían un momento. Mamá me miró nerviosa y con voz temblorosa y pálida me dijo susurrándome al oído:

-Hija, ¿quieres venirte con mamá y ver a los abuelos?

¡Q pregunta! Ver a mis abuelos, y con mamá, como no iba a querer verlos, hacía mucho tiempo que no los veía porque mi papá me decía que estaban trabajando lejos y por eso siempre estaba con ellos sin poder ver a la familia materna, ni siquiera a mi mamá. Qué fácil siendo niño que te den explicaciones donde no les das vueltas y buscas el porqué de las cosas…

La dije que sí, saltando de alegría, estaba muy contenta. Ella me agarró la manita muy fuerte, temblando y me dijo:

-Hija, no me sueltes, corre lo más rápido que puedas y no mires atrás, no tengas miedo, todo va a salir bien…

No entendía por qué debía tener miedo, pero al oír su voz temblorosa al decirlo, comenzó a surgir el miedo en mi interior. Salimos corriendo, no miré atrás, paró mamá un taxi, al subirnos y cerrar las puertas, por fin respiró tranquila…lo había conseguido…

Nos marchábamos…

En los muchos ciclos que se presentan en la vida, siendo sólo una niña, pasan desapercibidos, hay gente que no tiene demasiados y otros que superan el límite de lo normal. Este era el primero, con tan solo cinco años que desencadenaría una montaña rusa constante en mí y en mi desarrollo emocional.

Capitulo dos

Un nuevo comienzo

De esta etapa puedo decir mucho, de los cinco años a los siete, han sido los únicos recuerdos que mi mente no ha tenido que esconder en una habitación oscura cerrándola con llave para poder seguir sobreviviendo.

La masita que se formaba en mi interior creaba la figura que determinaría mi mente y mi alma, que sostendría la base del ser humano que soy ahora.

Dicen que idealizamos las figuras románticas por lo mensajes avasalladores que hemos recibido en todas las películas que nos hicieron mamarlas desde pequeñas, pero yo lo vi real, puro, incondicional, altruista basados en el cariño, en el humor, en la educación y respeto que emanaba en cada rincón de esa casa. Es un privilegio ver qué SÍ EXISTE.

Mis abuelos eran esos seres, sobre todo mi abuelo. Nunca en mi vida he conocido a alguien tan puro, demasiado bueno para este mundo. Seguramente diréis, como casi todos los abuelos, pero independientemente del lazo que nos unía, todas las personas que alguna vez le han conocido han coincidido en ello.

Esa etapa bonita, ha sido la única vez en mi vida donde me he sentido a salvo, querida, mimada y protegida. Borraron todo recuerdo traumático quedando flases rápidos en mi mente. Su amor y su cariño anularon completamente cualquier malestar protegiéndome siempre en un abrazo reconfortante emocional.

Me enseñaron todo lo que hoy soy con su ejemplo; ser fiel siempre a nuestros principios a nuestros valores, los que siempre tenían que caminar al lado de la bondad, de hacer el bien y no mirar a quién, nunca juzgar ni criticar, ser leal, generoso, bondadoso con los que más lo necesitan, siempre tener sentido del humor y por encima de todo el respeto a cualquier ser humano o ser vivo de la tierra...tantas cosas más.

Era un hombre con una sensibilidad especial, le encantaba bañarme y ponerme peinados de loca con el jabón en mi pelo que luego cuidadosamente cepillaba. En esa época, cerca de los 90 no era habitual que el hombre tuviera esas atenciones con una niña.

Era tan divertido cuando me pedía que le hiciera coletas por su tupé con gomas de todos los colores. Me enseñaba a leer antes de aprender en el colegio, jugaba conmigo a los recortables, a pintar los dibujos de los libros de colorear con colores llamativos e imposibles, porque eran más bonitos. Me enseñó a adorar los colores llamativos a ver la grandiosidad de un arco iris, la felicidad que se siente al tener detalles y cuidar a los suyos, a ser pulcra, ser exigente en las cosas que hacemos sin contentarte con lo mediocre, si no a hacerlo lo más perfecto que se pudiera, con paciencia y delicadeza. Nunca faltaban canciones, regalos, cariño y sobre todo a no alterarse nunca ni emplear una palabra más alta que otra.

Hoy en día al ser madre, me doy cuenta de la labor tan difícil que tuvieron como padres, que a pesar de estar sufriendo por el bienestar de su hija con todo lo que pasaba, luchar por ella, defendiéndola ante una familia hostil que le hacía la vida imposible, al estar con su nieta jamás mostraron ningún tipo de emoción desalentadora o negativa ante mí, que gran trabajo saber cambiar la tesitura y una vez me cogían de la manita mantener totalmente ocultos estos sucesos tan desoladores para ellos.

Pasaba todo el tiempo con ellos y con mi tío, este hombre que cuando faltó mi abuelo se convirtió en mi todo.

Mi madre seguía luchando en tejer una vida digna, en ordenar el desorden emocional que te deja el que en los 80 daba igual lo bueno que fuera tu marido, solo se veía la clase de mujer que es una cuando le deja y abandona. Todos querían lo que él tenía, fue muy fácil que todo su círculo de quince años la menospreciara y la dieran de lado como si hubiera sido una delincuente.

En ese proceso, en esa transición, hubo una persona que por mucho que lo intentaran, la veía enorme, alguien la amaba en silencio rezando por fin tener una oportunidad… y esa persona llegó, justo en el momento que más lo necesitaba, sosteniendo su cabeza y levantándosela cuando tenía miedo de pasar por su hogar de toda la vida, su barrio por los desprecios públicos. Él sujetó bien fuerte su mano y hasta hoy, después de treinta años sigue sin soltársela. Eso aceleró el proceso de ser más fuerte, de arreglar el desorden trabajando muy duro para por fin poder vivir con su hija.

Hoy lo entiendo, que difícil es tomar decisiones, en dar el paso, es simplemente coger seguridad y darlo, un segundo, para cruzar esa línea de miedo e inseguridades, dudas que te asaltan continuamente.

Hay muchos factores que intervienen sobre todo en la infancia que nos condiciona nuestro ser y las decisiones que tomemos el resto de nuestra vida; será idealizar la pareja, la familia, un hogar, tener hijos, un buen trabajo lo que la sociedad nos impone continuamente en publicidad, en las películas en sus mensajes, pero yo conocí la felicidad en ese oasis y deseaba tener una familia tan maravillosa y feliz.

Mamá regresó, esta vez para llevarme con ella, otra vez volvíamos a empezar.

Capitulo tres

Empezando otra vez

Es increíble como el subconsciente duerme mientras estás despierta, enterrando los recuerdos que te hacen daño, pero por la noche vagan libres en tu mente sin descanso, noche tras noche atormentándote.

La figura de mi padre se esfumaba, cada vez me era más difícil recordar su voz, su cara. El venía a verme a escondidas al colegio y por miedo a que me llevara con él, me cambiaban continuamente de un centro a otro. Cuando tenía una amiga…la perdía.

Así que me acostumbré a estar sola, con mis muñecos, con mi música, en mi refugio seguro que, aunque cambiara de casa, siempre lo llevaba conmigo. Con siete años fabriqué mi propio mundo.

Pero el volvía por las noches y me llevaba mientras yo lloraba llamando a mamá que intentaba alcanzarnos, pero nunca llegaba, él era más rápido…me despertaba gritando en silencio, sudando, otra vez note avergonzada que se había convertido en literal al tocar mis braguitas y mi pijama empapados. Crecí con la imagen de mi padre como algo aterrador, por las impresiones de los recuerdos fugaces que tenía una niña pequeña y por la poca colaboración de mi madre que su experiencia de la separación la condicionaba.

Avisaba a mamá, después de pensarlo una y otra vez como decírselo, estaba avergonzada, lo mismo de ayer y de antes de ayer.

Mamá había conseguido una casita, con una habitación por fin podíamos estar juntas.

Pero mamá nunca llegó del todo como yo necesitaba.

Ella vivía una nueva relación basada en el amor y la esperanza donde inevitablemente la necesidad de un niño pasa inadvertida después de salir de un matrimonio sucio y toxico.

Él llego de poco en poco, idolatraba a mi madre, siempre estaba con ella, hablaban y reían hasta tarde.