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Lope de Vega se basó en una popular leyenda castellana, Alonso, caballero procedente de Olmedo, se enamora en la feria de Medina –y es correspondido– de Inés, prometida por su padre a Rodrigo. La dama, para evitar el enlace, finge una repentina vocación religiosa. Durante una corrida de toros en Medina Alonso salva la vida de su rival que, resentido y envidioso, decide matarlo ayudado por su amigo Fernando en el camino de regreso a su casa.
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Seitenzahl: 169
Veröffentlichungsjahr: 2016
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EL CABALLERO
MAGDALENA AGUINAGA
MARÍA ANGULO EGEA
JOSÉ LUIS ARAGÓN SÁNCHEZ
JESÚS ARRIBAS
RAFAEL BALBÍN
PAULA BARRAL CABESTRERO
Mª ESPERANZA CABEZAS MTNEZ.
ÁNGEL MARÍA CALVO
MANUEL CAMARERO
FERNANDO DOMÉNECHRICO
JESÚS FERNÁNDEZ VALLEJO
LUIS FERRERO CARRACEDO
ANTONIO A. GÓMEZ YEBRA
ANTONIO HERMOSÍN
PRUDENCIO HERRERA PIQUERAS
GLORIA HERVÁS
JOSÉMARÍA LEGIDO
FRANCISCO LÓPEZ ESTRADA
ARCADIO LÓPEZ-CASANOVA
JOSÉ MONTERO PADILLA
MARY KAY McCOY
JUAN A. MUÑOZ
FRANCISCO MUÑOZ MARQUINA
FÉLIX NAVAS LÓPEZ
KEPA OSORO ITURBE
Mª TERESA OTAL PIEDRAFITA
BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ
JOSÉ ANTONIO PINEL
IGNACIO PINEDO LÓPEZ
MONTSERRAT RIBAO PEREIRA
ANA HERRERO RIOPÉREZ
TOMÁS RODRÍGUEZ
MERCEDES ROSÚA
BORJA RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ
JORGE ROSELLÓ VERDEGUER
FLORENCIO SEVILLA
EDUARDO SORIANO PALOMO
ALEJANDRO VALERO
J. VARELA-PORTAS DE ORDUÑA
LOPE DE VEGA
EL CABALLERO
DE OLMEDO
TRAGICOMEDIA
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Primera edición impresa: mayo 2008
Primera edición en e-book: septiembre 2012
Edición en ePub: febrero de 2013
© de la edición: Teresa Otal Piedrafita
© de la presente edición: Edhasa (Castalia), 2012
www.edhasa.es
ISBN 978-84-9740-551-5
Depósito legal: B.25483-2012
Ilust. de cubierta: Vittore Carpaccio:Joven caballero en un paisaje(detalle, 1510). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Tiziano:Antonio Anselmi(detalle, h. 1550. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Diseño gráfico: RQ
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Lope de Vega joven, en un grabado paraPoema de San Isidro.Madrid, Pedro Madrigal, 1603.
Debajo:
La existencia de Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635) transcurre en un momento crucial de la historia de España: todavía se vive el sueño que Felipe II bautizó como “Imperio en el que no se pone el sol”, pero aparecen ya síntomas de un grave desgaste político, económico y social.
Lope conoció a tres monarcas de la casa de Austria, de desigual carácter y valía política. Felipe II, obsesionado con mantener la hegemonía española en el mundo y defender la fe católica, continuó la política militar de sus antecesores, aunque el éxito no siempre le acompañó; durante su mandato se produjo la anexión de Portugal a la corona española, se acometieron varias campañas militares contra los musulmanes —de las cuales Lepanto fue la más famosa—, el norte de los Países Bajos consiguió independizarse, hubo sublevaciones en Aragón, y se luchó contra el enemigo protestante en Francia y en Inglaterra (desastre de la Armada Invencible). Tras la muerte de este monarca, subió al trono su hijo Felipe III, persona de temperamento pacífico, pero con tan escasas dotes de mando que confió las labores de gobierno en el Duque de Lerma, y, aunque la tregua con los Países Bajos trajo consigo unos años de paz, pronto España volvió a embarcarse en una empresabélica, la Guerra de los Treinta Años. En 1621 muere Felipe III y le sucedió su hijo, Felipe IV, quien también delegó el poder en manos del valido Conde Duque de Olivares; el año en el que muere nuestro poeta, Francia y Suecia le declaran la guerra a España.
Al declive político de este período le acompañó una profunda crisis económica, reflejada en las sucesivas bancarrotas que sufrió el estado español (1575, 1596, 1607), y que vinieron motivadas tanto por lo gravosas que resultaban las campañas militares (para cuyo gasto no eran suficientes el oro y plata traídos de América), como por la incapacidad española para potenciar la industria y comercio, que no pudieron competir con el creciente poderío inglés y holandés. También tuvieron que ver en esta recesión económica otros factores sociales muy importantes: el desprecio que la clase nobiliaria española sentía por el trabajo y la actividad mercantil, el escaso peso de la burguesía, la expulsión de los moriscos (1609) —que habían sido mano de obra barata para trabajar en el campo—, y la disminución demográfica (debida a las bajas ocasionadas por la guerra, a la creciente emigración a América, y a una serie de epidemias y pestes que azotaron a la población española).
Las ideas que en este momento triunfaban en Europa eran: el método inductivo de Bacon, el racionalismo de Descartes, las teorías de científicos como Newton, Torricelli, Galileo, Boyle… Sin embargo, en España apenas penetraron, en parte debido a la poderosa influencia que el Concilio de Trento (1564) y la Contrarreforma católica ejercieron en los espíritus. En su lugar, se registró una actitud de escepticismo hacia la naturaleza humana, que condujo a una visión pesimista del mundo y de la existencia humana; de ahí que en las manifestaciones artísticas haya abundantes referencias a la muerte, y, aunque la vida y la belleza de las cosas se seguían presentando como algo deleitable, se insistía en su carácter caduco y fugaz.
En el mundo de las artes la estética que triunfaba era la barroca. Algunas de las características más llamativas que vemos reflejadas en las obras de este período son: una sensación constante de movimiento y de rechazo de todo lo que suponía uniformidad y equilibrio, el gusto por reflejar tanto los pequeños detalles como el exceso ornamental, y, sobre todo, una llamativa tendencia a mezclar contrarios: la belleza y la fealdad, el mal y el bien, la luz y la sombra, el idealismo y el realismo. Todas las artes compartieron estas ideas. La arquitectura, escultura y pintura nos han dejado nombres tan sobresalientes como Herrera, Alonso de Cano, Velázquez, el Greco, Zurbarán, Murillo o Claudio Coello.
Algo semejante sucedió en el mundo literario: continuaron cultivándose los mismos temas y motivos que en el Renacimiento, pero las formas se fueron complicando y los conceptos se condensaban cada vez más. Es lo que conocemos como culteranismo y conceptismo. Ambos movimientos son, en realidad, expresión de una misma tendencia, la de crear artificio. El culteranismo, con su abuso de los recursos retóricos, acababa encubriendo la forma; y el conceptismo, con su exceso de frases ingeniosas, llegaba a oscurecer el fondo. Sin embargo, y como también ocurrió en las otras artes, esta época ha pasado. Aparecieron novelas tan importantes comoDon QuijoteoGuzmán de Alfarache; escribieron Góngora, Quevedo y Gracián, y, sobre todo, es el momento en el que el público aplaude con entusiasmo la comedia nueva, cuyo máximo cultivador fue Lope de Vega.
Una de las mejores diversiones para el español del siglo XVII era asistir a una representación teatral. Nunca, antes ni después, hubo tal pasión popular en nuestro país por el teatro. Los dramaturgos escribían a ritmo frenético. Normalmente las obras duraban en cartel tres o cuatro días, y sólo las piezas de más éxito podían llegar a mantenerse durante una quincena. Los espectadores, de todas las clases sociales, y tanto en pueblos como en ciudades, acudían con la ansiedad de ver acción y el deseo de ser sorprendidos. Pero, como espectáculo de masas que fue, también eran frecuentes los incidentes y altercados.
El espectáculo comenzaba entre las dos y las cuatro de la tarde (dependiendo de la estación del año), con música de guitarras y una loa (composición dramática breve, que servía para introducir la comedia, alabar a algún personaje o captar la benevolencia del público). Le seguía la primera jornada de la comedia. En el descanso se interpretaba un entremés (pieza teatral jocosa de un solo acto). Tras la segunda jornada, había un baile (espectáculo dramático en que se representaba una acción por medio de la mímica y danzas). Luego se representaba la tercera jornada, y todo acababa con una mojiganga (obra teatral muy breve, pensada para divertir al público). La función completa finalizaba al anochecer.
Las obras, que constan de unos tres mil versos cada una, eran escritas por los poetas, a quienes se las compraban (con todos los derechos incluidos) los autores de comedias —actuales directores—, que eran quienes contrataban a los actores, y arrendaban los locales donde se realizaban lasactuaciones. Los actores, que estaban integrados en compañías, debían incluir, entre sus habilidades, dotes dramáticas y facultades para el canto y el baile; ahora bien, no gozaban de excesiva reputación, lo cual perjudicaba su imagen moral.
Las obras empezaron a representarse en tablados desmontables, pero a finales del XVI se pasó a contar con unos lugares fijos, los corrales, que eran patios interiores de una manzana de casas, con un tablado para la actuación. La escenografía al principio era pobre (los diálogos de los actores y la imaginación de los espectadores suplían todas las deficiencias), aunque, poco a poco, tanto la tramoya como los accesorios escénicos y el vestuario de los actores se fueron enriqueciendo, ya que el género teatral se llegó a convertir en un negocio lucrativo para quienes lo ejercían, y eso contando con que parte de sus ganancias las dedicaban al mantenimiento de hospitales y a la beneficencia.
Esta comedia que triunfaba y gozaba del favor del público, la comedia nueva, fue el resultado final de las experiencias técnicas y poéticas que muchos dramaturgos efectuaron desde finales del siglo XVI, y que acabó fijando Lope de Vega. A él le siguieron una serie de poetas importantes, como Tirso de Molina, Vélez de Guevara, Ruiz de Alarcón, Calderón de la Barca… Sus principales características están contenidas en elArte nuevo de hacer comedias en este tiempo(1609) del propio Lope, y que, resumidas, son las siguientes:
Su meta es divertir y educar al público, para lo cual en las obras se deben imitar las acciones de los hombres y pintar sus costumbres.
Las historias que cuenta son de la más variada procedencia (históricas, legendarias, moriscas, religiosas…), aunque casi todas ellas giran en torno a los temas del amor y el honor.
Hay unos personajes-tipo que se repiten en casi todas las obras: la comedia histórica suele incluir rey, caballero, dama y villano; y la urbana o de costumbres tiene damas, galanes y, en algunas, viejo. Sobresale en todas la figura del “donaire” o gracioso, que muy a menudo será criado o lacayo —siempre la contrapartida de su señor— y, en no pocas ocasiones, actuará—junto con la criada— de intermediario de amores entre los señores.
Cada personaje adapta su forma de hablar y expresarse a su condición social: es lo que se suele llamar decoro poético.
Las obras se dividen en tres actos o jornadas, que suelen corresponderse con la presentación, nudo y desenlace de la trama.
Rompe con la rigidez de las tres unidades (tiempo, lugar, acción). La acción dramática puede desarrollarse en diferentes lugares y alargarse cuanto convenga a la verosimilitud de la historia que se cuenta. Lope sólo recomienda respetar la unidad de acción (aunque en una obra se puedan mezclar dos o tres intrigas).
Mezcla lo trágico con lo cómico, lo noble con lo plebeyo, lo culto con lo popular…
Son obras escritas en verso, y acomoda los diferentes metros y estrofas a las situaciones escénicas y sentimentales o a la índole de los personajes.
Por otra parte, el dramaturgo del Siglo de Oro cuando escribía una comedia no pensaba en lectores, sino en espectadores. Vendía su obra al autor de comedias, este se encargaba de que fuera representada en el corral, y, a partir de entonces, si era una obra de éxito, era posible que consiguiera ser editada.
Esta manera de trabajar (tan distinta de la actual) es la responsable de algunos problemas con que nos encontramos ante estas obras en la actualidad: textos defectuosos, problemas de autoría, ausencia de fecha de composición… El Caballero de Olmedo no es una excepción.
Lope de Vega nació en Madrid (1562), en el seno de una familia humilde (su padre era bordador), que procedía de la Montaña santanderina. Fue un niño precoz, que empezó a cultivar la poesía desde muy corta edad. Estudió latín y español con Vicente Espinel durante dos años, luego recibió formación en un colegio de la Compañía de Jesús y después en las universidades de Alcalá y Salamanca.
Tuvo una vida sentimental azarosa. A los diecisiete años vivió un apasionado idilio con una actriz separada, Elena Osorio (laFilisde sus poemas; volvió a recordarla en su novelaLa Dorotea); al ser abandonado por su amada, hizo correr por Madrid unos versos ofensivos para ella y su familia, que le valieron un proceso y una pena de destierro. Fue a Valencia y tres meses después se casó por poderes con una mujer de familia noble, Isabel de Urbina (en sus versos la llamaBelisa). En 1583 participó como soldado en la expedición a las Azores y parece ser que se alistó como voluntario en la Armada Invencible. Buscó la protección del duque de Alba. Murió Isabel en 1594, y, al año siguiente, fue perdonado y volvió a Madrid, donde ya era muy admirado como poeta. Su segunda esposa, Juana de Guardo, aportó al matrimonio una cuantiosa dote. No obstante, Lope mantuvo otras relaciones extramatrimoniales, la más duradera con otra mujercasada, Micaela Luján (Camila Lucindaen los versos), que le dio a Lope cinco hijos. A comienzos del siglo XVII, la ruptura con Micaela, la muerte de su mujer y de uno de sus hijos sumieron a Lope en una profunda crisis emocional y religiosa que lo llevó al sacerdocio. Sin embargo, antes de que hubieran transcurrido dos años desde su ordenación se inició el último gran amor de su vida, Marta de Nevares (laAmarilisyMarcia Leonardade sus poemas y novelas). Con ella vivió momentos de felicidad y de prosperidad económica, pero una serie de nuevas desgracias lo acechaban: uno de sus hijos desapareció en un naufragio, Marta —tras quedar ciega—, enloqueció y murió, otra de sus hijas, de tan sólo diecisiete años, huyó con un galán. Lope pasó los últimos meses de su vida solo. Le sorprendió la muerte el 27 de agosto de 1635, y el público de Madrid, que tanto lo había aplaudido en los corrales, acudió en masa a su entierro.
Su talento para cultivar todo tipo de géneros literarios y su enorme fecundidad le valieron los apodos de “fénix de los ingenios” o “monstruo de la naturaleza”. Entre su producción se cuentan novelas, poemas y multitud de obras teatrales (autos, coloquios, loas, entremeses y comedias).
En sus comedias sigue los principios dramáticos expuestos en suArte Nuevo, y demuestra una extraordinaria capacidad para asimilar y mezclar la tradición culta y popular. Sin embargo, no toda su producción es uniforme: se observa en el poeta una evolución estilística que desemboca en unas obras cada vez más sutiles. La temática que aborda en ellas es muy diversa: comedias “de capa y espada”, amorosas, de tema pastoril y mitológico, caballerescas, bíblicas y de santo, obras basadas en la historia antigua y extranjera, o inspiradas en nuestra historia nacional, en narraciones locales o canciones, como es el caso deEl caballero de Olmedo.
El público del XVII ya sabía que con un título como este la obra que iba a ser representada no tendría un final feliz, ya que así lo recordaba el cantar popular (“Que de noche lo mataron / al caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo”):
Alonso, caballero procedente de Olmedo, se enamora de Inés al verla en la feria de Medina. Ayudado por su criado Tello, contrata los servicios de una tercera, Fabia. Consigue una cita en el jardín de su amada, y es correspondido en su honesto amor. Pero el padre de la joven ya ha pactado casar a doña Inés con Rodrigo. La dama, para evitar este matrimonio, finge una vocación religiosa, y consigue así que Tello y Fabia entren en su casa disfrazados de profesor de latín y anciana venerable, y de esta manera puedan traerle noticias de su amado. Llega el rey don Juan a Medina, y se organiza una fiesta en su honor. Durante la corrida de toros, Alonso salva la vida a su rival, pero este, envidioso y resentido, decide, junto a su amigo Fernando, matarlo en el camino de regreso, dándole así la razón de su final a unos funestos presagios (la muerte de un jilguero por culpa de un azor, la aparición de una sombra que le pide que regrese a Medina, la copla de su propia muerte que canta un labrador). Tello pide justicia al rey, en nombre de los padres del desventurado Alonso. Don Juan condena a la horca a Rodrigo y Fernando. Inés ingresa en un convento.
Parece ser que Lope tomó como argumento un crimen que ocurrió realmente a comienzos del siglo XVI entre las localidades de Medina y Olmedo por unas diferencias que tenían entre sí dos caballeros. Este suceso caló hondo en la conciencia popular, y enseguida se inventó una copla, se le puso música, se parodió, se convirtió en baile… El propio poeta, antes de tomarlo como tema central de su comedia lo usó en forma de“canto de negros” y lo pasó “a lo divino”. Sin embargo, en El caballero de Olmedo modificó la historia a su antojo, transformándola en un conflicto amoroso entre dos caballeros por el amor de una mujer, y situando la acción en una lejanía temporal (reinado de Juan II, a comienzos del siglo XV) que favorecía su propósito poético. Ahora bien, aunque el amor y la muerte son los temas nucleares de la comedia, son los celos y el despecho los desencadenantes del triste final.
El caballero de Olmedose editó por vez primera cuando Lope ya había muerto, en 1641. Pero no sabemos con certeza cuándo la escribió, aunque los críticos dicen que pudo ser entre 1620 y 1625. Es, por tanto, una obra de madurez, y, como tal, nada espontánea, al contrario, es una comedia muy pensada y trabajada. En su lenguaje y estilo son abundantes las dilogías, derivaciones, paradojas, paralelismos, metáforas… Y en su construcción poética están presentes varios factores: la tradición culta (petrarquismo, platonismo, amor cortés), lo popular (canciones, romances), los elementos celestinescos (Bataillon dice que esta obra es “un consciente homenaje de Lope al genio cómico de Rojas”), y la gradación de los presagios y agüeros que, a manera de símbolos, anticipan sabiamente el desenlace. Pero quizá lo que mejor articula la estructura de la obra es la mezcla de elementos trágicos y cómicos: la presencia de personajes de elevado rango social (rey, condestable, caballeros) y el funesto fin de la historia nos hacen pensar en una tragedia. Ahora bien, la aparición de una alcahueta como Fabia —que tanto nos recuerda a la madre Celestina— y los chascarrillos que protagoniza el criado Tello, ponen notas de humor a la obra, de ahí que el propio Lope la titularaEl caballero de Olmedo, tragicomedia.
Jardín de la casa-museo de Lope de Vega en Madrid.
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Tintoretto:Autorretrato.
Óleo, h.1546-1547.
Philadelphia Museum of Art.
Fachada de lacasa-museo
Taller de Velázquez:Fuente de los Tritones en el jardín de la Isla de Aranjuez.Óleo, detalle,h. 1627. Madrid, Museo del Prado.
Personas del Acto Primero
DON ALONSO
DON PEDRO
TELLO
DON RODRIGO
DOÑA INÉS
ANA
DON FERNANDO
DOÑA LEONOR
FABIA
[Se abre el telón y, en un escenario que puede simular una calle o plaza, aparece un solo actor, vestido de caballero,DONALONSO.
DONALONSOmonologa sobre el amor: primero afirma que cuando el
