La sinodalidad en la vida de la Iglesia - AAVV - E-Book

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Siguiendo las directrices del Papa Francisco, que ha dicho que «el camino sinodal es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», el Grupo Iberoamericano de Teología reunió en la Universidad de Puebla a un reconocido grupo de teólogas y teólogos, pastoralistas y canonistas de América Latina, España, Italia y Norteamérica, con el fin de reflexionar sobre las consecuencias de La sinodalidad en la vida de la Iglesia. Fruto de ese encuentro nace este libro, que ofrece las aportaciones internacionales del Grupo Iberoamericano de Teología, en respuesta a una nueva fase en la recepción del Concilio apenas iniciada con el pontificado de Francisco. Urge profundizar en un modelo de Iglesia, pueblo de Dios, que anime nuevos modos de participación en los procesos de discernimiento, la toma de decisiones y la gobernanza en la Iglesia hoy.

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©SAN PABLO 2020 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)

Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723

E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es

©Rafael Luciani y María del Pilar Silveira 2020

Distribución: SAN PABLO. División Comercial

Resina, 1. 28021 Madrid

Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050

ISBN: 978-84-285-5946-1

Depósito legal: M 29348-2020

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos –www.conlicencia.com).

ÍNDICE

Prefacio: el Grupo Iberoamericano de Teología. Tres años dinamizando procesos para contribuir a la reforma de la Iglesia

Introducción: la llamada de Francisco a reformar la Iglesia(Rafael Luciani y María del Pilar Silveira, editores)

La reforma de la Iglesia en clave sinodal

La figura sinodal de la Iglesia según la Comisión Teológica InternacionalCarlos María Galli (sacerdote argentino)

Reforma, conversión pastoral y sinodalidad. Un nuevo modo eclesial de proceder

Rafael Luciani (laico venezolano)

Estándares contemporáneos de buena gobernanza. Hacia una sinodalidad estructuralCarlos Schickendantz (teólogo argentino)

Las conferencias episcopales en una Iglesia sinodal

Sinodalidad eclesial y colegialidad episcopalAgenor Brighenti (presbítero de la diócesis de Tubarão, Brasil)

Hacia una conversión pastoral y misionera de la IglesiaGilles Routhier (presbítero de la diócesis de Quebec)

La «relevancia eclesiológica» de las conferencias episcopales en una Iglesia sinodalSantiago Madrigal SJ (jesuita de origen español)

Caminando desde América Latina

Experiencias de sinodalidad en la Iglesia latinoamericanaAna María Bidegaín (Laica, nacida en Uruguay)

Sinodalidad con el puebloPedro Trigo SJ (jesuita venezolano de origen español)

Laicos y laicas en la práctica de la sinodalidadAntonio José de Almeida (licenciado, máster y doctor en Teología dogmática)

Puebla: resistencia y colegialidad sinodal en América LatinaAlzirinha Souza (laica. Doctora en Teología)

Experiencias locales

El concilio plenario de Venezuela. Una buena experiencia sinodal (2000-2006)Mons. Raúl Biord Castillo SDB (salesiano. Obispo de La Guaira, Venezuela)

El sínodo Panamazónico: caminar juntos en  un kairós eclesialMauricio López Oropeza (laico ignaciano)

Una Iglesia toda ella ministerial

El sínodo para la Amazonía  y la reflexión sobre  los ministerios que «hacen Iglesia»Serena Noceti (laica italiana. Doctora en Teología dogmática)

Conclusión abierta:  desafíos para la vivencia  de una Iglesia sinodalOlga Consuelo Vélez Caro (laica colombiana)

Prefacio: el Grupo Iberoamericano de Teología. Tres años dinamizando procesos para contribuir a la reforma de la Iglesia

En febrero de 2017, laEscuela de Teología y Ministerio del Boston College organizó el I Encuentro Iberoamericano de Teología. Teólogos, teólogas y pastoralistas de América Latina, España y latinos en Norteamérica iniciaron un camino dediálogo teológico-pastoral en contextos ibero-latino-americanos. Eseprimer Encuentro nos hizo ver la necesidad de impulsar procesos dediálogo yconversión pastoral entre distintas facultades de Teología de Iberoamérica. Revisamos la diversidad de opciones y modelos teológicos existentes, invitando a regresar a la conexión personal con el lugar social y cultural desde donde hacemos teología.

Este camino inicial nos llevó a la necesidad de profundizar en la recepción del concilio Vaticano II a la luz del principio depastoralidad de la teología. La doctrina debe estar al servicio de las personas y los pueblos, y responder a sus realidades. Así surgió la convocatoria para elII Encuentro, desarrollado en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana en abril de 2018. El propósito fue reflexionar sobre lapastoralidad como nota inherente al quehacer eclesial y teológico, y no una mera aplicación práctica de la teología. Por ello, durante este segundo encuentro profundizamos en los nuevos retos que nos presenta hoy la recepción del concilio Vaticano II a la luz del pontificado de Francisco, tanto en los procesos de reforma eclesial como en la misión de la Iglesia en el mundo hoy. De estos encuentros hemos publicado varios libros y dos comunicados que invitan a unareforma de las mentalidades como elemento fundamental de laconversión pastoral.

Hoy consideramos que es preciso avanzar hacia lareforma estructural de la Iglesia. Para tal fin, en 2019 han tenido lugar dos encuentros. Uno en Puebla, elIII Encuentro, en la Universidad Iberoamericana de Puebla, y otro en Madrid, en la sede de la Fundación Pablo VI. Este año hemos reunido a más de 80 teólogos/as, pastoralistas y canonistas, pertenecientes a más de 30 facultades de Teología de América Latina, España, Italia y Estados Unidos, para trabajar juntos el tema de lasinodalidad en la vida de la Iglesia.Con estos encuentros estamos ofreciendo aportes concretos para avanzar en la reforma de la Iglesia.

Creemos que es la hora de pasar de la reforma de las mentalidades a la reforma estructural e institucional de la Iglesia, siguiendo lo que el Papa ha dicho: «El camino sinodal es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Por ello, nuestro aporte va en la línea de buscar nuevos modos de participación eclesial de todos y todas en los procesos de discernimiento y toma de decisiones en función de la misión de la Iglesia, siguiendo el clásico principio según el cuallo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos.

Introducción: la llamada de Francisco a reformar la Iglesia

Rafael Luciani y María del Pilar Silveira, editores

A partir del pontificado de Francisco hemos entrado en una nueva fase en la recepción del concilio Vaticano II caracterizada por un giro eclesiológico que ha generado un proceso de transición de una Iglesia occidentalizada y monocultural, centralizada en Roma y el primado, a otra mundial e intercultural. Lo más nuclear de esta transición es que ha logrado desencadenar un proceso de reformas de las mentalidades que afectan directamente aestilos de vida,prácticas de discernimiento yestructuras de gobierno propias de una cultura eclesial que necesita ser revisada y cambiada.

En la eucaristía celebrada el 9 de noviembre de 2013 en Santa Marta, Francisco evocó la imagen de la«Ecclesia semper reformanda. La Iglesia siempre tiene necesidad de renovarse porque sus miembros son pecadores y necesitan deconversión». No se refería a la reforma como un acto puntual de revisión o actualización de ciertas estructuras caducas, sino a un proceso constante y permanente de«conversión eclesial», de«toda la Iglesia entera». Esto lo confirmará días después, en laEvangelii gaudium, citando al papa Pablo VI:

«Pablo VI invitó a ampliar el llamado a larenovación, para expresar con fuerza que no se dirige solo a los individuos aislados, sinoa la Iglesia entera (...). El concilio Vaticano II presentó laconversión eclesial como la apertura a unapermanente reforma (...). Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia unaperenne reforma» (EG26).

Unos años después, el 22 de diciembre de 2016, Francisco precisó que «el significado de lare-forma es, en primer lugar, hacer a la Iglesiacon-forme a la Buena Nueva que debe ser proclamada a todos con valor y alegría, especialmente a los pobres, a los últimos y a los descartados;con-forme a los signos de nuestro tiempo». Sitúa, por tanto, la reforma de cara a la misión de la Iglesia en el mundo y pone a esta en función de las necesidades humanas, especialmente las de los pobres. Nuevamente queda clara la continuidad con Pablo VI quien, durante la última sesión pública del Concilio se refirió a la figura del samaritano como referente para el discernimiento de la praxis y la misión eclesial:

«La antigua historia del samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio (...). El descubrimiento de las necesidades humanas ha absorbido la atención de nuestro Sínodo. Hemos recordado que en el rostro de cada hombre, especialmente a través de sus lágrimas y dolores, podemos y debemos encontrar al rostro de Cristo (cf Mt 25,40) (...). Para conocer a Dios se necesita conocer al ser humano»[1].

Bajo esta inspiración, Francisco no pone el acento en la reforma de la mera organización interna de la estructura eclesial y su funcionamiento, sino en su misión de servir a las personas y a los pueblos. Y esto nace –como lo había señalado en el 2014– del «contacto directo con el pueblo de Dios». Es este contacto el que genera una conversión real que es la base de cualquier reforma, porque, como recuerda Francisco, «sin un “cambio de mentalidad” el esfuerzo funcional será inútil».

Para alcanzar una «reforma perenne» (EG26),Evangelii gaudium propone la vía de laconversión pastoral, es decir:

«Una opción misionera capaz de transformarlo todo, para quelas costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige laconversión pastoral solo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales enconstanteactitud de salida» (EG27).

La conversión pastoral se presenta como la condición sin la cual no habrá una verdadera reforma eclesial, pues implica revisar «costumbres, estilos, horarios, lenguaje y toda la estructura eclesial» a la luz de una «constante actitud de salida» (EG 27). Este giro no es simplemente de lugar social, sino de lugar hermenéutico, desde donde se ve al mundo y se discierne la presencia de Dios y la misión de la Iglesia. Al culminar el Concilio, el cardenal Suenens dijo que «la dirección común de la mirada parte del centro hacia la periferia. Muy distinto es el acercamiento que va de la periferia hacia el centro» (junio de 1969). Al salir hacia las periferias, el regreso al centro supone una conversión, un modo de proceder que, estando ya en la base, llama a construir la comunión entre todos los sujetos y niveles para poder ser pueblo de Dios.

Desde las periferias, la Iglesia puede entonces emprender el camino de una reformaen clave sinodal. Esto es lo que Francisco afirmó en el discurso que pronunció el 17 de octubre de 2015 con motivo de la conmemoración del L aniversario de la institución del sínodo de los obispos. Ahí sostuvo que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabraSínodo. Caminar juntoslaicos, pastores, obispo de Roma».

La novedad de su visión no radica en la sinodalidad en sí misma, sino en que esta solo será posible desde unaconversión pastoralde toda la Iglesia, porque la sinodalidad generaun nuevo modo eclesialde proceder,que hace de la reforma un acontecimiento deconversión discipularpermanente, de abajo hacia arriba, comenzando por pequeñas comunidades fraternas y viviendo ensalida misionera constante hacia las periferias. De este modo, el llamamiento de Francisco es a revisar «la forma de vivir y obrar(modus vivendi et operandi)» de toda la Iglesia, lo cual pasa hoy por la conversión de nuestrosestilos de vida (espíritu), la formación enprácticas de discernimiento(método) y la comunicación fraterna entre todos losniveles yestructuras de gobierno. Es el reto de una Iglesia en clave sinodal.

La reforma de la Iglesia en clave sinodal

La figura sinodal de la Iglesia según la Comisión Teológica Internacional

Carlos María Galli (sacerdote argentino)

En el marco del diálogo teológico iberoamericano nos reúne el tema de la figura sinodal y la reforma misionera de la Iglesia. En mayo de 2018 comenzó a difundirse el último documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI):La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (en adelante, S)[2]. Me corresponde presentar sintéticamente la renovada comprensión de la sinodalidad por parte del documento con el trasfondo del magisterio del papa Francisco y el desarrollo reciente de la eclesiología católica. Mi contribución deja hablar al texto, del cual emergela figura sinodal de la Iglesia (S 10).

Una cuestión sinodal, muchas cuestiones sinodales

En su magisterio en movimiento, el papa Francisco enseña una renovada comprensión de la sinodalidad[3]. Al conmemorar el L aniversario de la institución del sínodo de los obispos por elmotu proprio Apostolica Sollicitudo de san Pablo VI, afirmó: «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia en el tercer milenio»[4]. Esta afirmación, dicha con laparresía del Espíritu, se articula con su llamada a avanzar en una conversión pastoral y misionera (EG 27).

En ese discurso de 2015 subrayó que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabraSínodo».¿Todo lo que Cristo quiere de su Iglesia está contenido en los conceptossinodalidad ysínodo? Si la voluntad de Dios para la Iglesia está expresada en palabras bíblicas comoEvangelio, reino de Dios, amor, vida, salvación, comunión osantidad, ¿cómo se relacionan estas con aquellas? Además, el Papa argentino dijo que la sinodalidad es una «dimensión constitutiva de la Iglesia». ¿Cuál es la dimensión sinodal? ¿Designa la comunión del pueblo de Dios o las asambleas episcopales? ¿Cómo se vinculan los sínodos con la sinodalidad? ¿Cuáles son las principales novedades para la teología, la pastoral y la espiritualidad? ¿Qué es una «Iglesia sinodal» para el catolicismo? ¿Qué implicaciones tiene para el sínodo de obispos?¿Y para los sínodos de las Iglesias locales?

La cuestión inicial se despliega en varios interrogantes. Su complejidad genera resistencias, y estas producen más preguntas: ¿la Iglesia debe ser confesada hoy como una, santa, católica, apostólica y sinodal? ¿La sinodalidad es otra concesión de la teología católica que se desvía de su tradición? ¿No es una expresión de moda como antes lo fueronpueblo de Dios ocomunión? ¿Su mero enunciado no lleva a acomodarse a doctrinas de la ortodoxia, el anglicanismo o la Reforma? ¿No pone en riesgo el equilibro católico ente colegialidad y primado? ¿No hay peligro de deslizarse hacia una teoría sociopolítica de corte conciliarista, asamblearia, parlamentaria? ¿No compromete la función de la autoridad jerárquica,de iure divino? ¿No gira el péndulo de una forma de gobierno de tinte monárquico a otra democrática e incluso populista? Quienes redactamos el documento escuchamos esas u otras preguntas, aunque no deseamos disipar todas las dudas porque hay muchas cuestiones abiertas. Solo brindamos, según elordo disciplinae, un serio desarrollo metódico, sistemático y sintético del tema.

El documento parte de la renovación del lenguaje producida en el último medio siglo y señala el rol decisivo cumplido por el Vaticano II para delinear una nueva conciencia eclesiológica.

En la literatura teológica, canónica y pastoral de los últimos decenios se ha hecho común el uso de un sustantivo acuñado recientemente,sinodalidad, correlativo al adjetivosinodal y derivados ambos desínodo. Se habla así de la sinodalidad como «dimensión constitutiva» de la Iglesia o, simplemente, de «Iglesia sinodal». Este lenguaje novedoso, que requiere una atenta puntualización teológica, testimonia una adquisición que se viene madurando en la conciencia eclesial a partir del magisterio del concilio Vaticano II y de la experiencia vivida, en las Iglesias locales y en la Iglesia universal, desde el último concilio hasta hoy... Aunque el término y el concepto de sinodalidad no se encuentren explícitamente en la enseñanza del Vaticano II, se puede afirmar que la instancia de la sinodalidad se encuentra en el corazón de la obra de renovación promovida por él (S 5-6).

Después del Vaticano II se está dando una nueva comprensión católica de la colegialidad de los obispos y de la sinodalidad de la Iglesia, lo que supera la extrañeza de ambos temas en la teología latina previa al Concilio[5]. El documento de la CTI, en línea con la doctrina modelada por el «sacrosanto Sínodo congregado en el Espíritu Santo» (LG 1), es un hito en el desarrollo de la nueva conciencia eclesiológica. El texto, aprobado en forma específica, es fruto de un estudio hecho de 2014 a 2018 por una de sus subcomisiones. Aprobado en la sesión plenaria de 2017, fue presentado a su presidente, el cardenal Luis Ladaria SJ, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Él autorizó su publicación después de recibir el parecer favorable de Francisco el 2 de marzo de 2018.

La sinodalidad: caminar juntos por el camino de Cristo

La Comisión ofreceun texto de eclesiología que integra diversos aportes de la exégesis bíblica, la historia de la Iglesia, la teología sistemática, la teología pastoral, el derecho canónico, la teología espiritual, la liturgia, el ecumenismo y la doctrina social de la Iglesia. El documento, editado en la página oficial de la Santa Sede en varios idiomas, profundiza en el significado teológico-pastoral de la sinodalidad en la perspectiva de la eclesiología católica. Tiene 121 parágrafos y 170 notas.

El contenido se estructura en una introducción, cuatro capítulos y una conclusión. La introducción muestra elkairós de la sinodalidad y aclara las nociones básicas (S 1-10). El capítulo primero se remonta a los datos normativos de la Sagrada Escritura y la Tradición que sitúanla figura sinodal en el desarrollo histórico de la Revelación transmitida por la Iglesia (11-41). El segundo esbozauna teología de la sinodalidad desde sus fundamentos teologales y en sintonía con la enseñanza del Vaticano II. Considera la comunión sinodal del pueblo de Dios peregrino y misionero, con especial referencia a las propiedades de la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad (42-70).

Sobre estas bases se ofrecen orientaciones pastorales y espirituales. En el marco de la vocación sinodal del pueblo de Dios, el tercero desarrollala concreta actuación de la sinodalidad, considerando los sujetos, las estructuras, los procesos y los acontecimientos sinodales. Comienza en la Iglesia local, sigue en la comunión entre Iglesias de una región y culmina en el conjunto de la Iglesia, recogiendo aportes de las tradiciones y estructuras de Oriente y de Occidente (71-102). El último capítulo ayuda a pensar acerca dela conversión espiritual y pastoral hacia una renovada sinodalidad, analizando la espiritualidad eucarística de la comunión; el ejercicio sinodal mediante la escucha, el diálogo y el discernimiento, y los reflejos positivos en el camino ecuménico y en la diaconía social (103-119). La Subcomisión argumentó, debatió y aprobó introducir el capítulo cuarto, pastoral, lo que refrendó la plenaria.

El capítulo primero analiza las fuentes de la sinodalidad y explicita sus figuras en el primer y segundo milenios hasta los dos concilios vaticanos. El estudio del tema en el Nuevo Testamento recoge aportes de Lucas, Juan y Pablo. Aquí solo señalo que la sinodalidad es comprendida en clave cristológica-trinitaria a partir de la teología lucana del caminante y la teología joánica del camino.

Jesús es el peregrino que proclama la buena noticia del reino de Dios (cf Lc4,14-15; 8,1; 9,57; 13,22; 19,11), anunciando «el camino de Dios» (cf Lc20,21) y señalando la dirección (Lc9,51–19,28). Más aun, él mismo es «el camino» (cf Jn14,6) que conduce al Padre, comunicando a los hombres, en el Espíritu Santo (cf Jn 16,13), la verdad y la vida de la comunión con Dios y los hermanos. Vivir la comunión de acuerdo con la dimensión del mandamiento nuevo de Jesús significa caminar juntos en la historia como pueblo de Dios de la nueva alianza, de manera correspondiente con el don recibido (cf Jn15,12-15). El evangelista Lucas, en el relato de los discípulos de Emaús (cf Lc24,13-35), ha delineado una imagen viva de la Iglesia como pueblo de Dios, guiado a lo largo del camino por el Señor resucitado que lo ilumina con su Palabra y lo nutre con el Pan de la Vida (S 16).

Los cristianos «fijamos la mirada en Jesús» (Heb 12,2), el peregrino evangelizador que anuncia la Buena Noticia del reino de Dios (Lc 9, 57). La Iglesia es la comunidad de «los que siguen el camino del Señor» (He 9,2). Jesús es «el camino» (Jn 14,6) que revela la Verdad y dona la Vida del Padre. Cristo, caminante, camino y patria, nos guía por el «camino más perfecto» (1Cor12,31).

El documento explica la reunión apostólica en Jerusalén (He15,4-29) en clave sinodal (S 19-21). Ese «concilio» revela la vida sinodal desde los orígenes cristianos. Frente al desafío pastoral y doctrinal de la crisis judaizante, que podía encerrarla en una secta, la Iglesia ejercitó el discernimiento comunitario bajo la guía del Espíritu Santo, que la confirmó en su vocación católica y misionera para ser unpueblo de pueblos(ἐξ ἐϑνῶν λαόν, 15,14) según la voluntad salvífica universal de Dios. En esa reunión participaron, diversamente, «apóstoles y presbíteros con toda la Iglesia (σὺν ὅλῃ τῇ ἐκκλησία)» (He 15,22; cf 4.6). La carta dirigida a los hermanos de Antioquía tiene una sugestiva fórmula que reconoce el protagonismo del Espíritu: «El Espíritu Santo y nosotros mismos hemos decidido...» (He 15,28). En ese acontecimiento ejemplar se funda la tradición sinodal y conciliar.

Estas cuestiones fueron tratadas en lo que la tradición llamó «el concilio apostólico de Jerusalén» (He15,1-35; Gál 2,1-10). Allí se puede reconocer un acontecimiento sinodal en el que la Iglesia apostólica, en un momento decisivo de su camino, vive su vocación bajo la luz de la presencia del Señor resucitado en vista de la misión. Este acontecimiento, a lo largo de los siglos, será interpretado como la figura paradigmática de los sínodos celebrados por la Iglesia (S 20).

Una teología trinitaria, eucarística y pneumatológica

Sínodo es una palabra griega compuesta por la preposiciónsýn, que significa «con», y el sustantivohodós, que significa «camino». Señala el camino común, bajo la guía del Señor resucitado, que recorre el pueblo de Dios, con la pluralidad de sus miembros y comunidades, con el ejercicio convergente de sus carismas y ministerios, orientado al bien común. Para las primeras generaciones cristianas,σύνοδος significó viajar en común y, luego, encontrarse en asambleas de discípulos, en especial en reuniones episcopales, que expresan la comunidad de creyentes a partir de lacommunio trinitaria[6].

En la patrística griega, la palabraσύνοδος designó el camino común, la asamblea convocada, la comunidad eclesial[7]. En ese contexto, san Juan Crisóstomo plasmó su fórmula:Ἐκκλησία συνόδου ἐστὶν ὄνομα(Ekklēsίa synόdou estὶn όnoma)[8]. Comentando el salmo 149, desarrolló la dimensión sinodal de la Iglesia porque ella es lacompañía de los que caminan juntos, elcoro que entona armónicamente una sinfonía de alabanza a Dios, y unsistema en el cual sus distintas partes, coordinadas, forman una comunión. En este sentido, Iglesia es un nombre de sínodo y sínodo es un nombre de Iglesia. Con san Juan Crisóstomo, el documento dice que Iglesia «es el nombre que indica caminar juntos (σύνοδος)» (S 3). La sinodalidad designa el estilo participativo de la Iglesia de Cristo que camina hacia el Padre cantando, discerniendo y actuando en la comunión del Espíritu Santo.

La sinodalidad configura a la Iglesia como pueblo de Dios en marcha y asamblea convocada por el Señor.Andar juntos por el camino para realizar el proyecto del reino de Dios y evangelizar a los pueblos incluyeestar juntos en asambleas para celebrar al Señor resucitado y discernir lo que el Espíritu dice a las Iglesias. El principio sinodal está ligado a la presencia del Espíritu como fuente de vida eclesial. La comunión en el Espíritu Santo (2Cor 13,13:ἡ κοινωνία τοῦ ἁγίου πνεύματος) funda la comunión sinodal entre los fieles(communio fidelium) y las Iglesias(communio ecclesiarum)[9].

Las asambleas, en especial los concilios ecuménicos y sínodos episcopales, son momentos privilegiados de un discernimiento guiado por el Espíritu al servicio de la evangelización. La Iglesia sigue el ritmo de la vida, que es movimiento y pausa, camino y reunión,sinodalidad y sínodo. El documento cita palabras de Francisco en la LXX Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana.

«Caminar juntos –enseña el papa Francisco– esel camino constitutivo de la Iglesia; lafigura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios;la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones. Solo en este horizonte podemos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo conparresía» (S 120).

La Iglesia es un misterio moldeado por laeucaristía. La asamblea eucarística es la fuente, el centro y el culmen de toda comunión eclesial (S 6, 22, 25, 47, 70, 77, 109). La Iglesia escucha la palabra de Dios y celebra la comunión con el Cuerpo de Cristo. Ella es eucarística, relacional, participativa. La eucaristía crea un dinamismo en la comunión que la configura sinodalmente[10]. ElOrdo ad Synodum, desde los concilios de Toledo del siglo VII alCaerimoniale episcoporumde 1984, manifiesta la naturaleza litúrgica de la asamblea sinodal. La celebración de la eucaristía y la entronización del Evangelio marcan su ritmo vital[11]. Cada sesión comienza con la epíclesis al Espíritu:Adsumus, Domine Sancte Spiritus. De la experiencia espiritual, la predicación evangélica y la comunidad eucarística surgieron las asambleas que discernieron cuestiones doctrinales, litúrgicas, canónicas y pastorales planteadas con el transcurso del tiempo. Ellas han generado una variada e ininterrumpida praxis sinodal.

Desde la eclesiología del concilio Vaticano II

La renovada comprensión católica de la sinodalidad proviene de la novedad de la eclesiología conciliar. La Constitución dogmáticaLumen gentiumbrinda los principios fundamentales para una inteligencia de la sinodalidad en la comunión del Pueblo reunido por la unidad de la Santísima Trinidad (LG 4). El orden de sus tres primeros capítulos es una innovación en la historia del magisterio y la teología. La secuencia: misterio de la Iglesia (cap. 1), pueblo de Dios (cap. 2), constitución jerárquica (cap. 3) enseña que, en el designio trinitario de la salvación, la jerarquía –el colegio episcopal encabezado por el Obispo de Roma– está al servicio del pueblo de Dios. Una de las novedades de la CTI está en pensar la sinodalidad no solo a partir del capítulo tercero sobre el episcopado, su sacramentalidad y su colegialidad, sino desde la lógica arquitectónica de los primeros tres capítulos.

La sinodalidad expresa la condición constitutiva de sujeto que le corresponde a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia[12]. Los bautizados somos compañeros de camino del Señor, llamados a ser sujetos activos en la llamada a la santidad y a la misión porque participamos del único sacerdocio de Cristo y estamos enriquecidos por los carismas del Espíritu. En esa línea, Francisco siempre se refiere a la Iglesia como elsanto pueblo fiel de Dios, completando una rica expresión conciliar (LG 12a)[13].

La sinodalidad expresa la condición de sujeto que le corresponde a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia. Los creyentes sonσύνoδοι, compañeros de camino, llamados a ser sujetos activos en cuanto participantes del único sacerdocio de Cristo y destinatarios de los diversos carismas otorgados por el Espíritu Santo para el bien común. La vida sinodal es testimonio de una Iglesia constituida por sujetos libres y diversos, unidos entre ellos en comunión, que se manifiesta en forma dinámica como un solo sujeto comunitario que, afirmado sobre la piedra angular que es Cristo y sobre columnas que son los apóstoles, es edificado como piedras vivas en una «casa espiritual» (1Pe 2,5), «morada de Dios en el Espíritu» (Ef2,22) (S 55).

En este contexto, el neologismosinodalidad no designa solo un procedimiento operativo ni una ingeniería institucional, sino la específica forma de vivir y de obrar del pueblo de Dios que manifiesta y realiza su comunión caminando junto, reuniéndose en asambleas y participando en la evangelización. La Iglesia es constitutivamente sinodal porque la sinodalidad expresa sumodus vivendi et operandi(S 6, 30, 43, 70). Ella significa y actualiza la naturaleza y la misión del misterio de la Iglesia de Cristo en la historia, que es germen del reino de Dios y está orientada hacia su plenitud escatológica.

El decisivo párrafo 70 recapitula los dos primeros capítulos y hace la transición a los dos últimos. Distingue tres sentidos de la sinodalidad considerando distintas realidades de la Iglesia. En ella hay una analogía de lo sinodal; esta es una realidad que se expresa de diversos modos(S 70). Aquí la CTI da un notable paso al pensar no solo la sinodalidaden la Iglesia sino la sinodalidadde la Iglesia[14].

El texto se concentra en tres significados interrelacionados. Ante todo, indica el estilo peculiar que califica el modo ordinario de vivir y obrar de la Iglesia. En segundo lugar, incluye lasestructurasy los procesosque expresan la comunión sinodal a nivel institucional. Por fin, integra la realización de variadosacontecimientoso actos–desde un sínodo diocesano hasta un concilio ecuménico– en los cuales la Iglesia actúa sinodalmente a nivel local, regional y universal. El capítulo tercero despliega esta multiforme actuación introduciendo una innovación con respecto a documentos anteriores: comienza en el plano local, sigue por lo regional, culmina en lo universal (S 71, 77, 85, 94).

Al conmemorar el L aniversario de la institución del sínodo de los obispos, Francisco se refirió a la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia. Su enseñanza está convalidada por los procesos de participación y escucha que impulsó de 2014 a 2016 con las dos asambleas sobre el amor en la familia. La exhortaciónAmoris laetitia es un fruto maduro de esa práctica sinodal y colegial. Está claro que el Papa «quiere reforzar personalmente los aspectos sinodales en la Iglesia católica»[15].

En la Constitución Episcoporum Communio, del 18 de setiembre de 2018, Francisco renovó la doctrina, el derecho y la praxis del sínodo de los obispos. Las principales novedades comprenden al sínodo: a partir de la teología conciliar sobre el pueblo de Dios, la colegialidad y el primado; en el marco de una Iglesia toda sinodal; como un proceso de escucha recíproca de la voz del Espíritu; que se desarrolla a través de tres fases sucesivas: preparación/consulta, celebración/discernimiento, actuación/recepción, por la participación de tres sujetos diferenciados y unidos: pueblo de Dios, colegio episcopal, sucesor de Pedro; auscultando el sensus fidei fidelium mediante la consulta a los fieles a partir de los organismos sinodales de las Iglesias locales; incluyendo la posibilidad de que el documento final, aprobado por el Papa, se integre en su magisterio ordinario[16]. El sínodo de los obispos y la celebración de sus diversas asambleas manifiestan plenamente la sinodalidad eclesial, la colegialidad episcopal y la diaconía primacial. A cierta mentalidad canónica esquemática le cuesta entender entre dos conceptos: la distinción en la unión, por un lado, y la unión en la distinción entre la sinodalidad y los sínodos, por otro.

La pirámide invertida de la Iglesia sinodal

Francisco no solo supera la figura piramidal de lajerarcología, que todavía marca cierto imaginario colectivo, sino que proponeuna Iglesia sinodalcon la sugestiva imagen de una pirámide invertida.

Jesús ha constituido la Iglesia poniendo en su cumbre al colegio apostólico, en el que el apóstol Pedro es la «roca» (cfMt 16,18), aquel que debe «confirmar» a los hermanos en la fe (cf Lc 22,32). Pero en esta Iglesia, como enuna pirámide invertida, la cima se encuentra por debajo de la base. Por eso, quienes ejercen la autoridad se llaman «ministros»: porque, según el significado originario de la palabra, son los más pequeños de todos[17].

Esta reinversión de la figura ya fue realizada por el Concilio y es confirmada por el Papa argentino[18]. La teología de la sinodalidad es un desarrollo homogéneo del acontecimiento conciliar y de su magisterio eclesiológico. Siguiendo la lógica marcada por laLumen gentium (LG 18), ella ofrece el marco interpretativo adecuado para comprender y vivir el ministerio jerárquico –cima de la pirámide ubicada en la base– como un humilde servicio al pueblo de Dios: una base que se sitúa en la cima.

La sinodalidad se asienta sobre pilares ubicados en los capítulos segundo y tercero de laLumen gentium. Por un lado, elsensus fideide todo el pueblo de Dios (LG 12a) –tema de otro documento de la CTI–[19]; por el otro, la colegialidad apostólica y sacramental del episcopado en comunión con la sede de Roma (LG 22-23). Sobre esas bases, el textodespliega la comunión sinodal entre sujetos significados como«todos»,«algunos» y«uno», articulando los dones del pueblo cristiano, la misión de los obispos y el servicio del sucesor de Pedro[20]. La circularidad virtuosa entre la profecía de los fieles, el discernimiento episcopal y la presidencia petrina enriquece a la Iglesia. Articula la dimensión comunitaria del pueblo de Dios, la comunión colegial del episcopado y el primado diaconal del papa.

Al analizar las articulaciones entre la autoridad de algunos y la participación de todos (S 67-70), la CTI afirma con vehemencia queuna Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable (S 67). Luego, el capítulo tercero, teológico-canónico, describe la actuación de los sujetos, estructuras, procesos y eventos sinodales en los niveles de la eclesialidad, de lo particular a lo universal. Allí aprovecha al máximo los cánones de los códigos de la Iglesia latina y de las Iglesias orientales[21].

«La dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales. La vida sinodal se expresa en estructuras institucionales y en procesos que conducen a través de diversas etapas (preparación, celebración, recepción), a actos sinodales en los que la Iglesia es convocada según varios niveles de actuación de su sinodalidad constitutiva» (S 76).

Desde el inicio (S 4), la sinodalidad –o la conciliaridad, en el sentido amplio de ambas– es distinguida y relacionada con la comunión y la colegialidad, conceptos que están en el corazón del Vaticano II (S 6-7, 63-64). Respecto a lacomunión eclesial –participación en la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo– la sinodalidad explicita la forma de realizarla en la historia mediante procesos de intercambio que comprometen a todos los discípulos misioneros de Cristo. También dice algo específico con relación a lacolegialidad, porque esta expresa la comunión propia de los obispos en elcorpus ecclesiarum en unión con el obispo de Roma. Eldinamismo sinodal articula la corresponsabilidad detodos los bautizados y bautizadas con la autoridad colegial dealgunos y la presidencia por parte deuno, lo que se dasuo modo en cada Iglesia diocesana y en toda la Iglesia (S 64, 79). Así, la Iglesia es un pueblo estructurado desde arriba no de forma binaria sino «triádica»[22].

En la sección dedicada a la sinodalidad en la Iglesia particular, el documento explicita esta dinámica lógica de la comunión participativa, considerando el sínodo diocesano y la asamblea eparquial:

«Siendo al mismo tiempo “acto de gobierno y acto de comunión”, el sínodo diocesano y la asamblea eparquial renuevan y profundizan la conciencia de corresponsabilidad eclesial del pueblo de Dios y son llamados a delinear en concreto la participación de todos sus miembros en la misión según la lógica de todos, algunos y uno. La participación de “todos” se activa a través de la consulta en el proceso de preparación del sínodo, con el fin de reunir todas las voces que son expresión del pueblo de Dios en la Iglesia particular. Los participantes en las asambleas y sínodos, por elección o por nombramiento episcopal, son los llamados “algunos”, a quienes se les confía la tarea de celebrar el sínodo diocesano o de la asamblea eparquial. Es esencial que, en su conjunto, los sinodales ofrezcan una imagen significativa y equilibrada de la Iglesia particular, reflejando la diversidad de vocaciones, de ministerios, de carismas, de competencias, de extracción social y de proveniencia geográfica. El obispo, sucesor de los apóstoles y pastor de su grey, que convoca y preside el sínodo de la Iglesia particular, está llamado a ejercer el ministerio de la unidad y de guía con la autoridad que le es propia» (S 79).

Al mismo tiempo, la CTI insiste en que laicos y laicas están llamados a participar en las estructuras y los procesos sinodales evitando el clericalismo de cierta cultura eclesiástica (S 104-105).

«En esta perspectiva, resulta esencial la participación delos fieles laicos. Ellos constituyen la inmensa mayoría del pueblo de Dios y hay mucho que aprender de su participación en las diversas expresiones de la vida y de la misión de las comunidades eclesiales, de la piedad popular y de la pastoral de conjunto, así como de su específica competencia en los varios ámbitos de la vida cultural y social» (S 73).

En los últimos años, la teología católica está desarrollando los nexos entre la reforma y la sinodalidad[23], y Francisco señala, de modo creciente, la contraposición entre sinodalidad y clericalismo[24].

Conversión o reforma hacia Cristo

para una sinodalidad misionera

La sinodalidad despliega la comunión misionera del pueblo de Dios en el tiempo y en el espacio.

«En la Iglesia, la sinodalidad se vive al servicio de la misión.Ecclesia peregrinans natura sua missionaria est (AG 2), “ella existe para evangelizar” (EN 14). Todo el pueblo de Dios es el sujeto del anuncio del Evangelio (AG 35). En él, todo bautizado es convocado para ser protagonista de la misión porque todos somos discípulos misioneros. La Iglesia está llamada a activar en sinergia sinodal los ministerios y carismas presentes en su vida para discernir, en actitud de escucha de la voz del Espíritu, los caminos de la evangelización» (S 53).

El documento final de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes cita muchas veces, a partir de su número 118, la enseñanza de la CTI de forma explícita e implícita. La primera cita recuerda «que la puesta en acción de una Iglesia sinodal es el presupuesto indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el pueblo de Dios» (S 9). La asamblea resume esta eclesiología pastoral católica en la frase:la sinodalidad misionera de la Iglesia[25].

En 1965, Karl Rahner sostuvo que en el Vaticano II se manifestó el principio sinodal y colegial para impulsar unaEcclesia semper reformanda[26]. En ese año, san Pablo VI quiso que la nueva institución sinodal continuara el espíritu y la praxis del Concilio ante el proceso de mundialización interdependiente. Francisco, en continuidad con Pablo VI[27], está generando una nueva fase en la recepción del Concilio y de la reforma eclesial. Para él, el Vaticano II hizo una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea e impulsó un proceso de renovación irreversible. En la encíclicaLaudato si’ dice que dirigió su exhortaciónEvangelii gaudium «a los miembros de la Iglesia en orden a movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente» (LS 3).La reforma es la conversión sinodal a Jesucristo por parte de todo el pueblo de Dios y de todos en el pueblo de Dios.

En 1950, Yves Congar afirmaba que muchas reformas provienen de las periferias y son confirmadas por el centro[28].Con este pontificado, la dinámica sinodal de conversión pastoral impulsada desde la periferia latinoamericana hace su aportación a la reforma misionera de la Iglesia entera. La palabra portuguesa caminhadaexpresa el itinerario de esta Iglesia regional señalado, sobre todo, por las conferencias generales del episcopado latinoamericano y caribeño[29]. Esta Iglesia hizo una recepción del Vaticano II a partir de la Conferencia de Medellín, inaugurada por Pablo VI en 1968 –ese fue nuestro 68–, y continuada por las asambleas de Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). En esta última, el cardenal Jorge Bergoglio presidió la Comisión de Redacción y condujo la elaboración sinodal y colegial del documento conclusivo. La vitalidad sinodal que el obispo de Roma, surgido del sur del Sur, está dando a la Iglesia, no se puede escindir de su peculiar experiencia latinoamericana[30].

La reforma de la Iglesia exigedar un paso adelante para promover una renovada espiritualidad sinodal capaz de involucrar a todos y cada uno. La Comisión invita a ponerse en disponibilidad al Espíritu, tanto a nivel personal como pastoral, para desarrollar una praxis sinodal que comunique la alegría del Evangelio y responda a los signos de nuestro tiempo. Todas las comunidades e instituciones eclesiales están llamadas a proseguir por la senda de esta reforma sinodal[31]:

«“Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación” (UR 6). Por lo tanto, en el cumplimiento de su misión, la Iglesia está llamada a una constante conversión, que es también una“conversión pastoral y misionera”, consistente en una renovación de mentalidad, actitudes, prácticas y estructuras, para ser cada vez más fiel a su vocación (EG 25-33; A 365-372). Una mentalidad eclesial plasmada por la conciencia sinodal acoge gozosamente y promueve la gracia en virtud de la cualtodos los bautizados son habilitados y llamados a ser discípulos misioneros. El gran desafío para la conversión pastoral que hoy se le presenta a la vida de la Iglesia es intensificar la mutua colaboración de todos en el testimonio evangelizador a partir de los dones y los roles de cada uno, sin clericalizar a los laicos y sin secularizar a los clérigos, evitando en todo caso la tentación de “un excesivo clericalismo que mantiene a los fieles laicos al margen de las decisiones” (EG 102)» (S 104).

La CTI desarrolla, como parte explícita del discurso teológico, sus dimensiones espirituales y pastorales. El corazón de la teología, la mística y la práctica de la vida sinodal se encuentra en las actitudes y los procesos de escucha, diálogo y discernimiento en común. La sección central del capítulo cuarto se titulaLa escucha y el diálogo para el discernimiento comunitario (S 110-114). En él se afirma:

«El ejercicio del discernimiento está en el centro de los procesos y acontecimientos sinodales. Así ha sucedido siempre en la vida sinodal de la Iglesia. La eclesiología de comunión es la específica espiritualidad y praxis que, involucrando en la misión a todo el pueblo de Dios, hacen que “hoy sea más necesario que nunca (...) educarse en los principios y métodos de un discernimiento no solo personal sino también comunitario”. Se trata de determinar y recorrer como Iglesia, mediante la interpretación teologal de los signos de los tiempos bajo la guía del Espíritu Santo, el camino a seguir en el servicio del designio de Dios escatológicamente realizado en Cristo (DV 4), que se debe actualizar en cadakairósde la historia (GS 4,11). El discernimiento comunitario permite descubrir una llamada que Dios hace oír en una situación histórica determinada (PDV 10)» (S 113).

Toda forma institucional del discernimiento sinodal se debe abrir a la novedad del Espíritu:

«El discernimiento comunitario implica la escucha atenta y valiente de los “gemidos del Espíritu” (Rom 8,26) que se abren camino a través del grito, explícito o también mudo, que brota del pueblo de Dios: escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama. Los discípulos de Cristo deben ser “contemplativos de la Palabra y también contemplativos del pueblo” (EG 154)» (S 114).

Reflejos ecuménicos, sociales, culturales y teológicos de la comunión sinodal

a) El documento sitúa la sinodalidad en dos horizontes ecuménicos. El capítulo primero desarrolla la vida sinodal de las Iglesias de Oriente en el primer milenio (S 27-31) y sintetiza doctrinas y prácticas de comunión y de gobierno en Iglesias y comunidades surgidas de la Reforma protestante (S 36). Sin minimizar las diferencias, el cuarto capítulo muestra que la sinodalidad ilumina el camino ecuménico hacia la unidad plena y visible en Jesucristo (S 115-117). Reconoce que la «convergencia» entre las nociones de comunión y sinodalidad expresa mejor la naturaleza de la Iglesia y encamina los pasos hacia la unidad eclesial comprendida como una «armonía reconciliada» (S 117).

«Se debe constatar con alegría el hecho de que el diálogo ecuménico ha llegado en estos años a reconocer en la sinodalidad una dimensión reveladora de la naturaleza de la Iglesia, constitutiva de su unidad en la multiplicidad de sus expresiones. Se trata de la convergencia en la noción de la Iglesia comokoinonía, que se realiza en cada Iglesia local y en su relación con las otras Iglesias, mediante específicas estructuras y procesos sinodales» (S 116).

En dos párrafos, la CTI menciona documentos de consenso que ayudan al «intercambio de dones». Cita elDocumento de Chieti (2016), de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, que está en línea con lo dicho por el sucesor de Pedro para que la Iglesia católica aprenda de la experiencia sinodal de las Iglesias ortodoxas (EG 246). También cita el documentoThe Church. Towards a Common Vision, de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias (2013). Este texto afirma que, bajo la guía del Espíritu Santo, la Iglesia es sinodal en todas sus comunidades y niveles. La actuación de la vida sinodal y la profundización de su significado teológico constituyen una gran oportunidad para proseguir el camino ecuménico.

b) La dimensión cultural de la sinodalidad se destaca cuando el texto se refiere al componente cultural de las Iglesias locales y de las figuras sinodales (S 24, 58, 77). La institución sinodal ha variado y varía con los contextos culturales de cada tiempo y lugar (S 30, 35, 93, 100). Aquí destaco el desafío que constituye la fisonomía cultural de las regiones para la sinodalidad entre Iglesias particulares:

«El nivel regional en el ejercicio de la sinodalidad es el que se da en los reagrupamientos de Iglesias particulares presentes en una misma región: una provincia –como sucedía en los primeros siglos de la Iglesia– o un país, un continente o parte de él... Los orígenes históricos comunes, la homogeneidad cultural, la necesidad de hacer frente a análogos desafíos en la misión, hacen presente en forma original al pueblo de Dios en las diversas culturas y los diversos contextos. El ejercicio de la sinodalidad en este nivel promueve el camino común de las Iglesias particulares, refuerza los vínculos espirituales e institucionales, favorece el intercambio de dones y sintoniza las opciones pastorales» (S 85).

c) Además, la sinodalidad ilumina el testimonio eclesial en el contexto de la sociedad globalizada de nuestro tiempo (S 118-119). Los desafíos cruciales que enfrenta la familia humana requieren una cultura del encuentro y, por eso, el cultivo del diálogo, el servicio y la cooperación. Ante el desinterés y la desconfianza que afectan al compromiso con el bien común nacional e internacional, es necesario ampliar los espacios y los procesos para recrear una participación ciudadana corresponsable y solidaria. Caminando por el sendero de la reforma evangelizadora, la Iglesia puede aportar ladiaconía social de la sinodalidad para ayudar a cultivar la justicia, la paz y el cuidado de la casa común.

d) La conversión debe seguir la lógica de la ejemplaridad y el testimonio. El documento nos llama a los miembros dela comunidad teológica a pensar la fe de un modo sinodal al servicio de la palabra de Dios y del pueblo de Dios. Lo hace en el entorno del medio siglo de la Comisión, instituida por san Pablo VI en 1969, acogiendo una propuesta de la Asamblea del Sínodo de los Obispos de 1967. Aquí el documento cita otro texto de la CTI: «Como en el caso de todas las vocaciones cristianas, el ministerio de los teólogos, al tiempo que personal, es también comunitario y colegial»[32]. Y agrega:

«En la vocación sinodal de la Iglesia, el carisma de la teología está llamado a prestar un servicio específico mediante la escucha de la palabra de Dios, la inteligencia sapiencial, científica y profética de la fe, el discernimiento evangélico de signos de los tiempos, el diálogo con la sociedad y las culturas al servicio del anuncio del Evangelio. Junto con la experiencia de fe y la contemplación de la verdad del Pueblo fiel y con la predicación de los Pastores, la teología contribuye a la penetración cada vez más profunda del Evangelio (DV 8). Además, “como en el caso de todas las vocaciones cristianas, el ministerio de los teólogos, al tiempo que personal, es también comunitario y colegial”. La sinodalidad eclesial compromete también a los teólogos a hacer teología en forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y la variedad de las instancias y de los aportes» (S 76).

El Espíritu nos mueve a imaginar caminos para hacer teología sinodalmente, de un modo relacional.

«El diálogo sinodal implica valor tanto en el hablar como en el escuchar... En efecto, el diálogo ofrece la oportunidad de adquirir nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista para iluminar el examen del tema que se está tratando. Se trata de ejercitar “un modo relacional de ver el mundo, que se convierte en conocimiento compartido, visión en la visión de otro o visión común de todas las cosas” (LF 27). Para Pablo VI, el verdadero diálogo es “un arte de comunicación espiritual” (ES 31) que exige actitudes específicas: el amor, el respeto, la confianza y la prudencia. “El clima del diálogo es la amistad. Más todavía, es servicio” (ES 33). Como subraya Benedicto XVI: “la verdad eslógos que creadiá-logos y, por eso, comunicación y comunión” (CiV 4)» (S 111).

La comunión en el Cuerpo de Cristo, a imagen de la Trinidad y a partir de la eucaristía, requiere una renovada praxis sinodal y dialogal que viva del don del Espíritu y anuncie la alegría del Evangelio.

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Carlos María Galli. Sacerdote argentino. Profesor ordinario titular en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA). Ha dirigido la carrera de Doctorado y ha sido director del Departamento de Teología Sistemática de la UCA. Actualmente es decano de la Facultad de Teología y coordina el grupo de investigaciónLa teología en la Argentina. Es asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y miembro de su Equipo Teológico-Pastoral. También es miembro de la Comisión Teológica Internacional (CIT) y cofundador del Grupo Iberoamericano de Teología. Cuenta con varios libros y más de 60 artículos académicos.

Reforma, conversión pastoral y sinodalidad. Un nuevo modo eclesial de proceder

Rafael Luciani (laico venezolano)

La reforma eclesial a través de la conversión pastoral

El llamamiento de Francisco a reformar la Iglesia

En la eucaristía celebrada el 9 de noviembre de 2013 en Santa Marta, Francisco aludió a la Iglesia como«Ecclesia semper reformanda. La Iglesia siempre tiene necesidad de renovarse porque sus miembros son pecadores y necesitan deconversión»[33]. No se refería a la reforma de la Iglesia como un acto puntual de revisión o actualización de ciertas estructuras caducas, sino a un proceso constante y permanente deconversión eclesial, detoda la Iglesia entera. Así lo confirmará el 24 de noviembre de 2013 al hacer pública la Exhortación ApostólicaEvangelii gaudium, que será su hoja de ruta:

«Pablo VI invitó a ampliar el llamado a larenovación, para expresar con fuerza que no se dirige solo a los individuos aislados, sinoa la Iglesia entera (...). El concilio Vaticano II presentó laconversión eclesial como la apertura a unapermanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo (...). Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia unaperenne reforma» (EG26).

Un año más tarde, en 2014, presentó una breve descripción fenomenológica de los elementos enfermizos de la actual cultura eclesial que debían reformarse. Habló del descuido de controles, la excesiva planificación y el funcionalismo, la pérdida de la comunión entre los miembros del cuerpo eclesial, la apariencia de la ropa y los honores, el carrerismo y el oportunismo y la pertenencia a círculos cerrados[34]. Con sus palabras destacó elementos propios de los estilos de vida, las prácticas de discernimiento y las estructuras de gobierno.

Al año siguiente, en 2015, habló delservicio de colaboración entre la Iglesia universal y las particulares, y de laprofesionalidad para procurar un mejor funcionamiento en el gobierno de la misma. Luego agregó un tercer elemento que«está en la base de lacalidad del trabajo»: el «contacto directo con el pueblo de Dios»[35], especialmente con los más pobres. En este sentido, Francisco precisa que «el significado de lare-forma puede ser doble: en primer lugar hacerlacon-forme a la Buena Nueva que debe ser proclamada a todos con valor y alegría, especialmente a los pobres, a los últimos y a los descartados;con-forme a los signos de nuestro tiempo (...). Al mismo tiempo, se trata de que la curia sea máscon-forme con su fin, que es el de colaborar con el ministerio específico del sucesor de Pedro»[36]. Al situar la reforma de cara a la misión de la Iglesia en el mundo, y esta en función de las necesidades humanas, especialmente las de los pobres, queda clara la continuidad con Pablo VI quien, durante la última sesión pública del Concilio, explicó el espíritu del mismo usando la figura del samaritano (Mt 25)[37]. De este modo, los esfuerzos de la Iglesia han de impulsar y acompañar «decisiones, programas, mecanismos y procesos» orientados a «la promoción integral de los pobres» (EG 204).

Siguiendo este itinerario, se puede apreciar que para Francisco la «reforma no es un fin en sí mismo, sino que es un proceso de crecimiento y sobre todo deconversión». De este modo, «cabe señalar que la reforma solo y únicamente será eficaz si se realiza con hombres “renovados” y no simplemente con hombres “nuevos”. No basta solo cambiar el personal, sino que hay que llevar a los miembros de la curia arenovarse espiritual, personal y profesionalmente. La reforma de la curia no se lleva a cabo de ningún modo con el cambio de las personas –que sin duda sucede y sucederá–, sino con la conversión de las personas. En realidad, no es suficiente una “formación permanente”, se necesita también y, sobre todo, “una conversión y una purificación permanente”. Sin un “cambio de mentalidad” el esfuerzo funcional sería inútil»[38].

La vía de la conversión pastoral

En el parágrafo 27 deEvangelii gaudium, Francisco plantea, de forma específica y programática, lavía para lograr esta «perenne reforma» (EG26):

«Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para quelas costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige laconversión pastoral solo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales enconstanteactitud de salida» (EG 27).

Laconversión pastoral se presenta como la condición sin la cual no habrá una verdadera reforma, pues ella implica revisar «costumbres, estilos, horarios, lenguaje y toda la estructura eclesial» a la luz de una «constante actitud de salida» al mundo (EG 27)[39], como lo había manifestado durante su intervención a los cardenales previa al cónclave: «La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias». Este giro no es simplemente de lugar social, sino de lugar hermenéutico, desde donde se ve al mundo y se discierne la presencia y la misión de la Iglesia en cada tiempo.

Al culminar el Concilio, el cardenal Suenens había dicho en una entrevista, refiriéndose al modelo piramidal y jerárquico preconciliar, que «tal es la dirección común de la mirada, cuando se parte del centro hacia la periferia. Muy distinto es el acercamiento que vade la periferia hacia el centro»[40], porque ya no se trata de buscar nuevos métodos para un anuncio más eficaz delkerygma, sino de vivir en proceso de conversión –personal y estructural– a partir de unapermanente actitud de salidahacia las periferias, pues desde ellas se convierte el centro. Por ello, la clave de este modelo de reforma está en la recuperación del «contacto directo con el pueblo de Dios», desde donde se da la conversión pastoral necesaria para la reforma eclesial.

Con la noción deconversión pastoral, Francisco asume la vía de la recepción conciliar ambiental y orgánica latinoamericana[41], logrando una síntesis que permite leer la reformabilidad eclesial (UR 6) a la luz del principio de pastoralidad. Esta noción tiene su origen en la IV Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe reunida en Santo Domingo.Ahí los obispos latinoamericanos enfatizaron que:

«La Nueva Evangelización exige laconversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal» (SD 30).

En cuanto a la conversión de las mentalidades, el texto pide revisar la misión de la Iglesia tanto en su ser como en su quehacer (conciencia y praxis). Esto lleva a una conversión en el ejercicio de la autoridad a la luz de relaciones de igualdad que broten delsensus fidelium y den paso a una Iglesia toda ella ministerial que viva para servir en los muchos y diversos modos posibles. De este modo, las estructuras han de responder a la misión de la Iglesia en el mundo y no a su autoconservación o preservación institucional.

La V Conferencia en Aparecida(368-370) profundiza esta senda y pide «abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe» (Aparecida365). Nuevamente nos sitúa en el plano de laconversión pastoral que parte de «la escucha de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta» (Aparecida 366) para lograr «reformas espirituales, pastorales e institucionales» (Aparecida 367). En el nuevo modelo, «la conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades dediscípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor. De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva detodos los fieles en la vida de las comunidades cristianas» (Aparecida 368). El primer paso para lograr esto es pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera» (Aparecida370). Superar, como sostuvo Medellín, relaciones y estructuras del modelo preconciliar de cristiandad «basado en una sacramentalización con poco énfasis en la previa evangelización» (Medellín 6,1).

La conversión pastoral