Miradas cruzadas - AAVV - E-Book

Miradas cruzadas E-Book

AAVV

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Beschreibung

Desde mediados del siglo XIX, los cambios en el orden geopolítico del mundo, sumados a las transformaciones del transporte, generaron una gran circulación de población. Las primeras escritoras o artistas recorrieron el mundo dejando constancia en diarios de viaje o crónicas periodísticas en distintas geografías, de la lucha de las mujeres. Entre 1830 y los primeros años del siglo xx, encontramos numerosos relatos que prestaron especial atención a los modos de auto-representación y representación de la «mujer» como categoría contada por mujeres. Textos que exploran formas de asociacionismo y de apoyo trasnacional entre intelectuales. Desde diferentes propuestas literarias y creativas, este libro busca cartografiar esas redes y analizar el modo en que los imaginarios de «lo estadounidense», «lo europeo», «lo hispano» y «lo femenino» se transforman en los intercambios de estas.

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MIRADAS CRUZADAS

ESCRITORAS, ARTISTAS E IMAGINARIOS(ESPAÑA-EE.UU., 1830-1930)

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americanshttp://www.uv.es/bibjcoy

Directora

Carme Manuel

MIRADAS CRUZADAS

ESCRITORAS, ARTISTAS E IMAGINARIOS(ESPAÑA-EE.UU., 1830-1930)

Fernanda Bustamante y Beatriz Ferrús (coords.)

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americansUniversitat de València

Miradas cruzadas: escritoras, artistas e imaginarios (España-EE.UU., 1830-1930)

© Fernanda Bustamante y Beatriz Ferrús, coords.

© Montserrat Amores, Fernanda Bustamante, Isabel Clúa, Alba del Pozo García,

Beatriz Ferrús, Patricia Fra, Alicia V. Ramírez Olivares, Carmen Simón, Mauricio Zabalgoitia

Esta publicación está vinculada al proyecto “Las primeras escritoras y artistas profesionales: redes de mujeres y mitologías de progreso (Fondo críticodocumental: España-Estados Unidos)” del Instituto Franklin (UAH), que ha financiado este libro. También se encuentra avalada por el grupo “Redes transatlánticas: relaciones intelectuales y literarias” (ref. 2014SGR 78-GRE)

1ª edición 2015

Reservada todos los derechos

Prohibida su reproducción total o parcial

ISBN: 978-84-9134-170-3

Imágenes de cubierta: Sophia de Vera Höltz

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicación de la Universitat de València

http//puv.uv.es

[email protected]

Edición digital

Índice

Cuestionar paradigmas e imaginarios desde miradas entrecruzadas

Fernanda BUSTAMANTE y Beatriz FERRÚS

MIRADAS A ESTADOS UNIDOS

Cinco meses en los Estados-Unidos, de Ramón de la Sagra:retratos de “La felicidad de un pueblo industrioso”

Montserrat AMORES

Eva Canel y su conflictiva relación con los Estados Unidos

Carmen SIMÓN

“From the land of Carmen”: la bailarina española en el imaginario norteamericano (1890-1920)

Isabel CLÚA

Defensa, administración y mercancía en los cuadros de costumbres. Gregoria Urbina de Miranda y su mujer norteamericana

Mauricio ZABALGOITIA

Letras femeninas decimonónicas mexicanas en Chicago

Alicia V. RAMÍREZ OLIVARES

MIRADAS A ESPAÑA

Turismo y academia en las primeras hispanistas estadounidenses:The Way to Saint James (1920) de Georgiana Goddard King

Alba DEL POZO GARCÍA

Las escritoras en el Camino: el peregrinaje de Edith Wharton a Santiago de Compostela, 1925-1930

Patricia FRA

Las chicas de Vassar viajan por España y América Latina

Beatriz FERRÚS

Sobre los autores

Cuestionar paradigmas e imaginariosdesde miradas cruzadas

Fernanda BustamanteBeatriz FerrúsUniversitat Autònoma de Barcelona-Instituto Franklin (UAH)

Desde mediados del siglo XIX, los cambios en el orden geopolítico del mundo (las independencias en América Latina con el fin del imperio español, el neocolonialismo inglés y francés, o las nuevas formas imperialistas norteamericanas), sumados a las transformaciones en el ámbito del transporte, generaron una circulación de población sin precedentes. En este contexto, muchas de las primeras escritoras o artistas profesionales, amparadas en las nuevas políticas liberales, recorrerían el mundo con fines laborales, dejando constancia en diarios de viaje o crónicas periodísticas de la lucha de las mujeres, en distintas geografías, por ganar derechos políticos y sociales, así como de la reivindicación de su papel como profesionales en diversas disciplinas.

Entre 1880 y principio del siglo XX, podemos encontrar numerosos textos de estos géneros que prestan especial atención a los modos de auto-representación y representación de la “mujer” como categoría contada por mujeres. Textos que exploran formas de asociacionismo y en los que se trazan redes de apoyo trasnacional entre intelectuales; al tiempo que no son ajenos a las mitologías de la modernidad y el progreso que se configuraron en la época, donde los Estados Unidos emerge como paradigma de futuro, España se escenifica como espacio en crisis que debe reinventarse y América Latina mira a ambos escenarios.

De esta forma, si los viajeros hablaban en sus diarios de las posibilidades de explotación comercial de un territorio o de sus problemas políticos, reinventando imaginarios y geografías; las mujeres relatarían el modo de ser y de actuar de otras mujeres, la diferencia que las separaba de éstas, pero también las posibles formas de solidaridad que las unía a ellas.

La investigación que condujo a la publicación del libro de Beatriz Ferrús Antón, Mujer y literatura de viajes en el siglo XIX: entre España y las Américas (Valencia; PUV, 2011), avalada por la Biblioteca Javier Coy de Estudios Norteamericanos, nos reveló que la existencia de importantes vínculos entre América Latina, Estados Unidos y España, resultantes de los desplazamientos de mujeres entre los tres territorios, dio lugar a un trazado de redes de apoyo intelectual éstas.

Si los objetivos prioritarios de este trabajo fueron estudiar el género literario “literatura de viajes”, su proliferación masiva a finales del siglo XIX y principios del XX, y el particular sesgo que escritoras como Clorinda Matto de Turner, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Eva Canel, Emilia Serrano o Eduarda Mansilla, entre otras, aportarían a él; la lectura de sus textos dejó entrever la importancia que todas ellas darían al trazado de “redes de mujeres” de carácter transnacional. Desde aquí, fueron dos los conceptos que sirvieron para articular lo que en principio fue sólo una intuición o un tema que surgió de forma secundaria: la crítica transatlántica de Julio Ortega y la idea de red, teorizada, entre otros, por Margarita Merbilhaá.

El hecho es que la lectura transatlántica requiere la triangulación del español que circula entre España, América Latina y Estados Unidos. Primero, porque esa es la articulación de buena parte de nuestra experiencia crítica y cultural; segundo, porque es el horizonte lingüístico de las migraciones, esto es, de las nuevas rutas culturales del siglo XXI, cuyas estrategias, redes y derechos, el nuevo hispanismo acompaña. Lo transatlántico, por ello, no es sino un trabajo adelantado en las tareas de la frontera, que son, si no me equivoco, de hospitalidad. (Ortega, 2011)

Aquí aparece la pertinencia de la noción de red intelectual, que permite referir estas relaciones no codificadas pero caracterizadas por la complementariedad de las relaciones interpersonales. Se trata así de un sistema de intercambio no organizado, no sistemático, en el que ciertas posiciones aparecen con mayor frecuencia que otras en lugares centrales (los que más capital social van adquiriendo y a la vez, mayor capital simbólico en su capacidad de instituirse como “líderes de opinión” y consagradores)… (Merbilhaá, 2012)

Así, cuando Clorinda Matto de Turner (Perú, 1852 – Argentina, 1909) escribe Viaje de recreo (1902), a diferencia de lo que el nombre de su texto indica, no plantea el relato de su periplo como la descripción de los espacios visitados, sino como un listado de nombres de mujeres, que, en tanto destacadas escritoras, científicas, pedagogas o simplemente feministas, ayudan a transformar el sentido del mundo que se recorre, articulando esa “hospitalidad” de la que habla Ortega: “Me refiero a las mujeres que escriben, verdaderas heroínas que, luchan, día a día, hora tras hora, para producir el libro, el folleto, el periódico, encarnados en el ideal del progreso femenino” (Matto, 1902: 252).

Algo semejante encontramos en América y sus mujeres (1886), de Emilia Serrano (Granada, 1843 – Barcelona, 1922), posiblemente el texto que más explícitamente se dedica a cartografiar las estructuras creadas a uno y otro lado del océano como soporte de los primeros feminismos; o en Lo que vi en Cuba. A través de la isla (1916), de Eva Canel (España, 1857 – Cuba, 1932), donde el concepto de “visita” es otra de las formas de esta red.

Pero hay más, puesto que junto con las escritoras profesionales, las artistas de teatro, ópera, bailarinas, actrices, artistas de variedades… mujeres del espectáculo, en definitiva, tuvieron un grandísimo impacto en este contexto. Por un lado, su desempeño profesional, en una industria cultural en plena expansión hacia la cultura de masas, las convertía en epítomes de la mujer moderna, que estaba configurándose como referente en esos momentos. Su proyección en los Estados Unidos —como fue el caso de las españolas Carolina Otero (España, 1868 – Francia, 1965), Rosario Guerrero, Raquel Meller (Zaragoza, 1888 – Barcelona, 1962), Tórtola Valencia (Sevilla, 1882 – Barcelona, 1955), etc.— reforzaba esa imagen de mujer independiente, profesional, capaz de explotar sus cualidades en nuevos mercados, lo que las convirtió en paradigmas de una nueva agentividad femenina.

Esta investigación, que empezó siendo una intuición individual, dio lugar al proyecto “Las primeras escritoras y artistas profesionales: redes de mujeres y mitologías de progreso (Fondo crítico-documental)”, financiado por el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares. De esta forma, tras un diálogo de los miembros del equipo —entre ellos los autores aquí presentes Beatriz Ferrús, Alba del Pozo, Isabel Clúa y Mauricio Zabalgoitia— con otros especialistas en este campo; y como parte de los primeros resultados obtenidos en este proyecto, surge Miradas cruzadas: escritoras, artistas e imaginarios (España – EE.UU., 1830-1930). El objetivo de este volumen es, por una parte, cartografiar esas redes, identificando los nombres, las alianzas y las producciones que las constituyen, así como plantear un debate teórico desde la crítica transatlántica y la propia noción de red; y por otra, analizar y problematizar el modo en que los imaginarios de “lo estadounidense”, “lo europeo”, “lo hispano” y “lo femenino” se transforman y cuestionan. El libro se estructura en dos partes. La primera de ellas —MIRADAS A LOS ESTADOS UNIDOS— está formada por cinco textos en los que se analizan viajes de intelectuales y artistas españoles y latinoamericanos a los Estados Unidos, y cómo estas experiencias dan paso a una articulación y desarticulación de los imaginarios identitarios. Abre esta sección el texto de Montserrat Amores, “Cinco meses en los Estados-Unidos, de Ramón de la Sagra: retratos de ‘La felicidad de un pueblo industrioso’”, dedicado al sociólogo, economista, escritor y político español, Ramón de la Sagra (España, 1798 - Suiza, 1871). En éste Amores analiza el libro de viajes del intelectual, enfatizando cómo dentro de su pensamiento ilustrado, imperialista y de corte colonial, su mirada hacia los EE.UU. era de admiración (que vinculaba fascinación y extrañeza) hacia la nueva democracia norteamericana frente a la “vieja” soberanía moderna europea. Este primer artículo servirá de introducción a la transformación de imaginarios y paradigmas que recogen las escritoras que protagonizan los otros ensayos; al tiempo que no olvida la imagen-mujer como categoría de asombro y análisis en de La Sagra.

Le sigue el texto de Carmen Simón, “Eva Canel y su conflictiva relación con los Estados Unidos”, en el cual la autora revisa la experiencia de la escritora y periodista española Eva Canel (España, 1857 - Cuba, 1932) durante sus años en EE.UU. y su posicionamiento crítico en torno a las políticas internacionales relativas a Cuba. En el texto se profundiza particularmente en episodios como su reencuentro en Nueva York con José Martí y en las diferentes crónicas que publicó (en medios españoles, panameños y cubanos) a raíz de la Exposición Universal de Chicago en 1893.

Por su parte, en “‘From the land of Carmen’: la bailarina española en el imaginario norteamericano (1890-1920)”, Isabel Clúa problematiza la contestación y negociación de los imaginarios sobre la feminidad y la españolidad, a partir de la revisión de prensa norteamericana de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX en torno a los espectáculos, piezas, y actuaciones públicas de algunas bailarinas, divas españolas del fin-de-siècle. La autora guía su lectura a partir de la idea de la explotación del cuerpo femenino como símbolo de la nación, donde la tópica de lo exótico —con Carmen, la mujer del sur, como paradigma— y de la fatalidad cumplieron un rol fundamental.

Mauricio Zabalgoitia, desde el enfoque metodológico de los estudios transatlánticos de Julio Ortega, y categorías analíticas como la mitopolítica y la crítica como sabotaje de Manuel Asensi, en su ensayo “Defensa, administración y mercancía en los cuadros de costumbres. Gregoria Urbina de Miranda y su mujer norteamericana”, analiza algunos textos de la escritora española finisecular Gregoria Urbina de Miranda (EE.UU., 1857 – España, ?) y cómo en ellos plasma una escritura en la que se desplaza el cuadro de costumbres y se problematiza “la cuestión femenina” burguesa e ilustrada, así como la idea de “el ángel del hogar”.

Finalmente, se cierra este apartado con el texto de Alicia V. Ramírez, “Letras femeninas decimonónicas mexicanas en Chicago”. Como ya lo adelanta su título, en esta ocasión, el cruce de miradas ya no es transatlántico, sino que dentro del propio continente americano. Al igual que el artículo anterior, desde la teoría de Manuel Asensi crítica y sabotaje, la autora analiza la antología literaria La lira poblana (1883), escrita por mujeres mexicanas específicamente para la Exposición Universal de Chicago en 1893 como parte de la celebración del IV Centenario de la llegada de Colón a América. Su lectura gira en torno a la idea de que en esa obra es posible entrever cómo la voz femenina mexicana decimonónica se sirvió de un evento universal, que resaltaba los valores coloniales, para manifestar “la efervescencia de una conciencia que va despertando en aras de una subjetividad femenina”.

La segunda parte del volumen —MIRADAS A ESPAÑA— está formada por tres ensayos que reflexionan en torno a la articulación de estos imaginarios ya mencionados (“lo europeo”, “lo español”, “lo femenino”) a partir del análisis de libros de viajes y manuscritos, así como correspondencias de intelectuales y artistas norteamericanas a España. En el primero de ellos, “Turismo y academia en las primeras hispanistas estadounidenses: The Way to Saint James (1920) de Georgiana Goddard King”, Alba del Pozo aborda un corpus visual y textual, producido por la historiadora norteamericana Georgina Goddard King (1871-1939), durante sus cuatro viajes a España, los cuales contaron con el patrocinio de la Hispanic Society of America (HSA), creada en 1904. La autora se centra en los tres volúmenes de The Way to Saint James (1920) y problematiza la mirada que King construye sobre uno de los itinerarios más arquetípicos desde los que se recorre la Península.

En el texto siguiente, “Las escritoras en el Camino: el peregrinaje de Edith Wharton a Santiago de Compostela, 1925-1930”, Patricia Fra describe la ruta del Camino de Santiago realizada por la autora norteamericana Edith Wharton (EE.UU., 1862 – Francia, 1937) en 1925, a sus 63 años. Fra, continuando con su investigación presentada en su libro Edith Wharton: Back to Compostela / Regreso a Compostela (2011), reconstruye y comenta el recorrido emprendido por Wharton y sus observaciones de la ruta jacobea, a partir de los datos aportados en su correspondencia, en su autobiografía, Una mirada atrás (1934), y en sus diferentes apuntes de viajes. Así, la autora destaca el gusto por los viajes de Wharton, su gran espíritu aventurero e inquietud, y explica cómo la lectura de obras de diferentes eruditos motivó su viaje.

Concluye este volumen con el texto de Beatriz Ferrús, “Las chicas de Vassar viajan por España y América Latina”. En éste, se analiza una de las primeras series para chicas publicadas en Estados Unidos, “Three Vassar Girls” de Elizabeth Champney, una viajera impenitente, que junto con su marido James Champney, paisajista de gran prestigio, recorrería medio mundo. Ferrús examina el modo en que las jóvenes heroínas de ficción, protagonistas de esta serie, se convierten en modelos de educación y de modos de “deber ser mujer”, que no sólo cuestionan los paradigmas más tradicionales de la época en torno al género, sino que también se hacen eco de la mirada neo-imperial norteamericana hacia España y América Latina.

De esta forma, Miradas cruzadas: escritoras, artistas e imaginarios (España – EE.UU., 1830-1930) se presenta como un muestrario de cruces que da cuenta cómo en el entrelazado de miradas, redes de escritoras y de artistas; en los intercambios de la historia y de la ficción, de la palabra y de la imagen; y en las idas y las vueltas del camino, se observan tendencias, afirmaciones y contradicciones, encuentros y desencuentros que invitan a seguir pensando y dialogando desde esta visión transatlántica.

Finalmente, no podemos cerrar esta presentación sin agradecer a los autores por haber querido formar parte de este volumen; a Carme Manuel, directora de la Biblioteca Javier Coy de Publicacions de la Universitat de València por acoger este libro dentro de su colección, y muy especialmente al Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares por apoyar esta investigación.

Bibliografía

MERBILHAÁ, Margarita (2012), “El estudio de las formas materiales de sociabilidad intelectual: algunas cuestiones metodológicas en torno a las redes intelectuales de escritores latinoamericanos en Europa (1895-1914)”, en Actas del VIII Congreso Internacional de Teoría y Crítica Literaria Orbis Tertius, 7 al 9 de mayo de 2012. La Plata. <http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.2374/ev.2374.pdf> (31/01/2015).

ORTEGA, Julio (2011), “La crítica transatlántica en el siglo XXI” en La ciudad literaria. <http://blogs.brown.edu/ciudad_literaria/2011/03/23/critica-transatlantica-en-el-siglo-xxi/> (31/01/2015).

MIRADAS A ESTADOS UNIDOS

Cinco meses en los Estados Unidos, de Ramón de la Sagra:retratos de la “felicidad de un pueblo industrioso”1

Montserrat AmoresUniversitat Autònoma de Barcelona

El 19 de abril de 1835 Ramón de La Sagra llega a la ciudad de Nueva York procedente de Cuba. Sus primeras impresiones sobre la ciudad no pueden ser más entusiastas, pues escribe cuatro días después:

Pero lo que mas me complace aquí, no es la vista hermosa de la ciudad, lo espacioso de las calles, la limpieza de las casas, su ornato esterior; sino la grande actividad comercial que veo por todas partes, el movimiento de la industria animada, los progresos de la población, el aseo general de las gentes y cierto aire de bienestar que todas las clases ofrecen. (La Sagra, 1836: 2)

La estancia en Estados Unidos se alargó más de lo proyectado y tuvo resultados insospechados entonces en la trayectoria intelectual del viajero. Pero esas primeras sensaciones de La Sagra al contemplar la ciudad de Nueva York, asociadas a la “grande actividad” y al “aire de bienestar” que la sociedad norteamericana le ofrecían, acompañarán al autor de Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte (1836) durante su viaje por las tierras del este de los Estados Unidos. Esas dos características, que según La Sagra sustentan las costumbres americanas, se desarrollarán con más precisión a lo largo de este extenso libro de viajes a través de la mirada, entre atónita y asombrada, de “un viajero, que en las soledades del Nuevo Mundo discurre sobre la suerte de una nacion eminentemente republicana” (La Sagra, 1836: X-XI).

***

Ramón de La Sagra había pasado 12 años en Cuba, enviado por el gobierno español, con una misión científica. A su llegada fue nombrado director del jardín Botánico de La Habana, donde realizó durante todo este tiempo numerosos estudios relacionados con diferentes ámbitos científicos aplicados a la isla. Representaba, no obstante, el proyecto del gobierno español liberal de “mantener la posesión de la isla como colonia rentable” (Cambrón Infante, 1998: 218). En 1835 su situación personal se hizo insostenible debido a los continuos enfrentamientos con los hacendados criollos, razón por la cual tomó la decisión de volver a Europa, haciendo una breve estancia en los Estados Unidos.

El propósito del viaje era principalmente científico. La Sagra pretendía “establecer algunas relaciones con las personas que cultivan las ciencias naturales, y aprovechar la comodidad de los paquetes americanos para su regreso a Europa” (La Sagra, 1836: IX). Así, el 26 de abril refiere su visita al barón Lederer, entonces cónsul general de Austria, y puede examinar su colección de minerales y piedras preciosas de los EE.UU. ordenadas por localidades, visitar el Liceo de Historia Natural en Nueva York y varios museos públicos de la ciudad. Sin embargo, muy pronto descubre el admirable funcionamiento de las instituciones benéficas y filantrópicas de Nueva York. Diez días después de su llegada a la metrópoli su centro de interés parece desplazarse, pues el 29 de abril refiere que ha empezado a tomar notas de los establecimientos benéficos de la ciudad que quiere visitar, mencionando las dificultades que ha hallado para encontrarlos debido a la actividad de los habitantes de Nueva York (La Sagra, 1836: 11).

Battery Park, Nueva York, 1830

De este modo, el 14 de junio anota un importante cambio de planes, que le obligará a alargar su estancia en los EE.UU.:

He entrado en reflecsiones conmigo mismo, y me he convencido que hallándome en oportunidad de estudiar algunas útiles instituciones de este pais, no debo menospreciarla, y que el sacrificio pecuniario y de algunos meses que pueda costarme, será muy pequeño en comparación de la instrucción que puedo adquirir en muchos ramos necesarios á la España y que algun dia el gobierno ó los habitantes, pensarán en introducir. Tales son las prisiones, por el sistema penitenciario, las casas de refugio para los jóvenes delincuentes, […] y en fin, todos los establecimientos que tienden á mejorar la suerte de los humanos que por efectos de la miseria, de una mala educacion, de los vicios ó de causas fatales independientes de su voluntad, caen bajo el imperio, demasiado poderoso ya, de la desgracia y del infortunio. […] Los Estados-Unidos me parecen el país clásico para este género de exploraciones; la suerte me ha favorecido; la salud y una grande actividad me acompañan y será muy grato para mí, que solo me proponia llevar de los Estados-Unidos á mi patria algunas producciones naturales para el museo de Madrid, el ofrecerle la útil aplicacion de nociones útiles sobre establecimientos filantrópicos y empresas industriales. Es verdad que no tengo tiempo para realizar el plan que veo formarse por resultado de estas reflecsiones, pero haré lo que pueda, y esto poco será incomparablemente mas de lo que pensaba hacer á mi salida de la Habana. […] Tales son los proyectos que estoy formando, en la bella Filadelfia, cuya sociedad hizo germinar en mi corazon sentimientos deliciosos de la entusiasmada juventud, adormecidos hacia años por las tareas de una vida simplemente científica, y bajo la influencia de un mundo poco á propósito para hacerlos percibir. Vuelvo pues á la vida de los sentimientos tiernos y filantrópicos, y bendigo el pais que me ha proporcionado este agradable cuando inesperado regreso… Tal vez él me predispone para dar un adios de despedida al estudio de las ciencias!... (La Sagra, 1836: 95-97)

Mes y medio después de su llegada a EE.UU., este científico modifica, pues, sus objetivos, y amplía su itinerario y el tiempo de estancia. De Filadelfia parte a Baltimore, luego visita Washington y regresa de nuevo a Filadelfia para cerrar definitivamente los compromisos adquiridos. Así, el 8 de julio, poco menos de un mes después de escribir lo anterior, tras dejar listo un envío para España que contiene materiales cedidos para el Gabinete de Historia Natural de Madrid, respira aliviado, pues, a partir de ese momento podrá consagrarse “á la reunion de noticias y á la visita de establecimientos, sin sacrificar muchas horas, como hasta aquí, en ecsaminar colecciones particulares de historia natural, que á nada conducen para mi plan de investigaciones” (La Sagra, 1836: 171). Poco después viaja de nuevo al estado de Nueva York para recorrer las ciudades de Albany, Siracusa, Auburn, Geneve y las cataratas del Niágara. Visita a continuación el estado de Massachussetts, especialmente la ciudad de Boston y viaja después al estado de Connecticut, haciendo parada en Worcester, Hartford, capital del estado, y New Haven, para volver finalmente a la ciudad de Nueva York. El viajero embarca para Europa el 24 de septiembre y se instala en París con el propósito de publicar la Historia física, política y natural de la isla de Cuba (Cambrón Infante, 1998: 219). Cinco meses después de su llegada a Nueva York, concluye: “He llegado pues al término de mi viaje por los Estados-Unidos, que emprendí sin plan alguno, y que prolongué por el vivísimo interes que en mí esccitaron las instituciones de este admirable pais” (La Sagra, 1836: 436).

El viaje a Estados Unidos supuso para La Sagra no sólo el descubrimiento de una sociedad y de unas costumbres modélicas, sino también una revelación, pues a partir de ese momento la trayectoria vital de este ilustrado se transformó sustancialmente.2 Como señala uno de sus biógrafos, Emilio González López, “de este modo el paso por los Estados Unidos, que debía ser sólo como una estación de espera, en espera del paquebote que le llevara a Europa, se convirtió en una de las estaciones fundamentales en la peregrinación de su vida” (1983: 109).3

De todo ello dará cuenta este hombre de ciencia en Cinco meses en los Estados-Unidos de la América del Norte, libro de viajes escrito en forma de diario que publica la imprenta parisina de Pablo Renouard en 1836.4 En su “Introducción” el autor señala las deficiencias estilísticas del libro, puesto que no fue concebido en principio para su publicación:

Finalmente en Paris, varios sujetos distinguidos por sus talentos me decidieron a imprimirlas [mis observaciones]. […] De consiguiente mi obra es tal como la he escrito en los momentos de descanso de mis viajes, entre una y otra jornada, y á veces en las horas de sosegada calma en que navegaba por los rios y los canales de aquellas regiones. Asi es que conserva el carácter variado é irregular de un diario, pero de un diario de verdad y de buena fé, con todos los defectos de estilo y de lenguaje que quedan siempre en un manuscrito de esta clase, apenas revisado ni corregido. (La Sagra, 1836: X-IX)

Efectivamente, Cinco meses en los Estados-Unidos presenta una factura heterogénea. La Sagra no escribe con una periodicidad establecida y en sus entradas ofrece información variada sobre sus experiencias. El viajero muestra su interés por tomar nota de todo cuanto ven sus ojos. Detalla minuciosamente su visita a bibliotecas, academias, museos, escuelas, institutos y universidades; describe el funcionamiento de instituciones benéficas, como hospitales, colegios de sordomudos, asilos, albergues, prisiones, etc.; especifica los gastos y actividades de los últimos años de estas instituciones, o el contenido de cada una de las comidas de los presos, los huérfanos o los sordo-mudos. Sin olvidar su primera vocación científica, aunque orientada esta vez a la agricultura, ofrece información de primera mano sobre la nueva maquinaria introducida en los cultivos y los nuevos métodos de labranza. También muestra su admiración por la industria y los modernos medios de comunicación. Como viajero se traslada en tranvía, barcos de vapor, diligencias y otros transportes, y describe deslumbrado su rapidez y su confort. Visita las construcciones de vías férreas y de canales navegables, y se admira de las ciudades americanas, de la limpieza, la amplitud de sus calles, y sus numerosos parques y jardines. Acude a conocidos y amigos que le facilitan la estancia en las diversas ciudades que visita y le ayudan a comprender algunas costumbres norteamericanas. Durante su primera visita a la ciudad de Nueva York el cónsul de España, Francisco Staugthon, se convierte en su cicerone (La Sagra, 1836: 44). Allí conoce al barón de Lenderer y al doctor Julius. El pintor inglés Daniel Thomas Egerton será el compañero con el que realiza la excursión del “paso bajo la catarata” del Niágara (La Sagra, 1836: 261). La Sagra programa sus visitas para que el responsable del centro pueda mostrarle la institución; acude a algunos con cartas de presentación y se informa mediante la lectura de documentos de toda índole de los establecimientos e instituciones que visita, buena parte de los cuales formarán los volúmenes depositados en la Biblioteca Nacional, tal y como señala el autor en la “Introducción” al libro de viajes.5 También acude a las impresiones de otros viajeros. Ha leído el Viaje a los Estados-Unidos de Norte de América (1834) de Lorenzo de Zavala, con quien comparte muchas opiniones (La Sagra, 1836: 283), y se muestra en desacuerdo con otros extranjeros, en concreto viajeras inglesas, que ofrecen sus impresiones, siempre en este caso negativas, en torno a las costumbres americanas. Así ocurre, como se verá, con el Journal of Frances Anne Butler, una “obrita del dia, sobre las costumbres de este pais, y á cuyas críticas pueriles dan los Americanos mas importancia de la que merecen” (La Sagra, 1836: 33), de la actriz inglesa Frances Anne “Fanny” Kemble, y con el famoso volumen Domestic Manners of the Americans (1832) de Frances Trollope.

Por esta razón, uno de sus biógrafos, Emilio González López, califica Cinco meses en los Estados-Unidos, como un “libro de viajes socio-económico ” (1982: 107-108; cursivas del original). En este sentido el viaje de La Sagra participa del flujo de viajeros europeos o hispanoamericanos que se trasladan a Estados Unidos con el propósito de analizar y estudiar las instituciones y la sociedad americana como modelos de progreso. En esta corriente se sitúa el viaje de Alexis Henri Tocqueville y Gustave Beaumont, cuya estancia en los Estados Unidos entre 1831 y 1832 por encargo del gobierno francés, tenía como objetivo estudiar el sistema penitenciario norteamericano con el fin de que pudiera servir de ejemplo a Europa. Resultado de ese viaje fue la publicación de Du système pénitentiaire aux États-Unis et de son application (1833) que La Sagra conocía cuando escribe su Viaje, puesto que reproduce algún fragmento de la obra (La Sagra, 1836: 326-327), y De la Démocratique en Amérique, cuya primera parte vio la luz en enero de 1835, y que muy probablemente pudo también leer el escritor español.

El mismo La Sagra realiza parte de su viaje acompañado de Michel Chevalier, pensador sansimoniano con quien recorre el río Hudson, que también había sido enviado por el ministro de interior francés, Adolphe Thiers, a Estados Unidos, en este caso con el propósito de analizar los avances en la industria y la economía norteamericana. Sin embargo, el punto de partida del viaje de La Sagra es diferente al de Tocqueville y condiciona claramente la actitud de los viajeros ante lo que ven. Tocqueville declara: “Confieso que en América he visto más que América: he buscado una imagen de la democracia en sí, de sus inclinaciones, de su carácter, de sus prejuicios, de sus pasiones; he querido conocerla aunque solo fuese por saber, cuando menos, qué debemos esperar o temer de ella” (Tocqueville, 2007: 44). Algo de ello hay en la actitud de La Sagra al analizar desde un punto de vista comparatista la sociedad americana. Sin embargo, como se verá, el escritor español descubre la democracia americana en el curso de su viaje, lo cual explica la actitud fascinada del viajero.

Pero las páginas de Cinco meses en los Estados-Unidos no ofrecen únicamente datos, informes exhaustivos sobre las instituciones que visita o descripciones de monumentos y edificios. El volumen es algo más que un libro de viajes socioeconómico. Se revela también como una especie de viaje iniciático y no sólo porque transforma a La Sagra “de ‘naturalista’ en ‘filántropo’”, en palabras de Cambrón Infante (1998: 219), sino porque muestra al ilustrado al completo. Me refiero al La Sagra, que se manifiesta como hombre sensible, capaz de penetrar en el mecanismo entre las relaciones de madres y niños (La Sagra, 1836: 270-271) y que refiere su experiencia de lo sublime en las cataratas del Niágara:

Esta rara complicación de sonidos, el singular aspecto de los rayos de luz vacilante, que á veces penetraba para dejar percibir, de una manera indefinible, las aguas en su despeño; esta atmósfera tan fuertemente conmovida, bajo una bóveda formada por una roca vertical y un mar despeñado en su cima, ofreciendo una verdadera imágen del caos, produjeron en mi alma una impresion tan nueva, tan fuerte y tan intensa, que no olvidaré jamas. Creí hallarme caminando á la eternidad misteriosa, en medio de las ruinas del mundo, sin que el disgusto, el temor, ni ninguna pasion, se apoderasen de mí un solo instante. La memoria de este gran sentimiento físico, se unirá siempre en mi imaginacion á la de una nueva época en mi ecsistencia moral, determinada por mi viaje á los Estados-Unidos. (La Sagra, 1836: 263)

La “catarata imponente” (La Sagra, 1836: 260) desvela a La Sagra, en “una escala prodigiosa en su estensión y movimiento” (258), la “naturaleza joven” (259) de América del Norte.

Grabado incluido en Etats-Unis d’Amerique de Roux de RochellePublicado por Firmin Didot Freres, Paris, 1837

No obstante, su verdadera fascinación nace con el descubrimiento paulatino de los mecanismos de funcionamiento de la sociedad americana basada en los principios de la democracia, de esa soberanía que reside en el pueblo americano y de su entidad moral. Todo ello es referido por un viajero que se entusiasma con lo que ve, y siente la obligación de trasladarlo a la vieja Europa y a España para que pueda ser de provecho. Es consciente, como Tocqueville, de la inoportunidad de intentar trasladar a su patria las instituciones de los Estados Unidos como modelo, puesto que, según él, “en la época presente de regeneracion” (La Sagra, 1836: X), su patria no está todavía preparada. En 1835 España se encontraba inmersa en la configuración del estado liberal, encendida por una guerra civil, y gobernada por la débil regencia de María Cristina.

No seré yo, ciertamente, el que brinde con los sazonados frutos del árbol frondoso y robusto que vegeta en el privilegiado suelo de los Estados-Unidos, al pueblo español tan malamente dispuesto para digerirlos; antes por el contrario, suplicaré y ecsortaré a los amantes sinceros del bien de nuestra patria, que reunan y concentren todos sus conatos para difundir la instruccion literaria, moral y religiosa en las masas, antes que ecsaltarlas con la imágen de bienes que no pueden concebir, y que por lo mismo promuevan el establecimiento de los principios sobre que estriba la felicidad social, el desarrollo de las fuerzas productoras, únicas que pueden favorecer la vegetacion del tierno arbusto de nuestra libertad, y dejen que el tiempo y la naturaleza operen su completo desarrollo hasta la virilidad, época marcada por la inflorescencia y la fructificacion. (La Sagra, 1836: XII-XIII)

La alegoría naturalista, que refleja la dedicación de La Sagra a las ciencias, pone también de manifiesto una visión cercana al despotismo ilustrado que recorrerá las páginas de Cinco meses en los Estados-Unidos, aplicada a diferentes ámbitos. El principio esencial del que parte es la necesidad, en primer lugar, de una “instruccion literaria, moral y religiosa en las masas” (La Sagra, 1836: XII) que sitúe a la nación en el estado idóneo para aplicar los principios de la libertad y la democracia. Como Tocqueville (Tocqueville, 2007: 43-44; Schleifer, 2007: 41-42), aunque de distinto modo, La Sagra no pretendía trasladar las leyes americanas a España, ni tan siquiera sus costumbres, pues era consciente de que las costumbres establecidas en la sociedad americana emanaban de la sólida educación moral de sus habitantes, de la que carecían, según su opinión, los españoles. Por esta razón insiste en la necesidad de una profunda reforma moral del pueblo español y no puede evitar pensar en su patria:6

¿Qué necesita, pues, una sociedad constituida de la manera que se halla la de España? – Educarla y reformarla. No hablaré de la reforma política y administrativa, objeto de la revolución actual, y mirada de distinta manera y bajo dos diversos aspectos por los partidos que despedazan el seno de la patria. Mi objeto, en las indicaciones que este libro ofrece, se limita á recomendar la educacion primaria y la reforma moral del pueblo español. (La Sagra, 1836: XXI)

A pesar de que el autor niegue la posibilidad de que pueda trasladarse a España el modelo de vida norteamericana, no deja de insistir en la comparación de aquello que analiza frente a lo que conoce. La Sagra es consciente del rechazo que provocará el modelo entre los liberales y los absolutistas españoles, por razones completamente distintas:

que si por ejemplo ciertos liberales se alarman por la severidad de los deberes morales y religiosos que aquel pueblo ha sancionado, los absolutistas se escandalicen también al oir que se les recomiendan las costumbres y la religiosidad de los republicanos. Por única respuesta diré á los primeros, que en vano buscarán otras bases para establecer la felicidad de la nacion española; y á los segundos les aconsejaré que si desean hacer amable y respetable la religion cristiana, imiten la conducta de los hijos de la libertad. (La Sagra, 1836: XXIV)

Por otra parte, a veces, el binomio se desplaza de Estados Unidos / España a Estados Unido / Europa.

Al reflecsionar sobre los erróneos principios que fomentan y sostienen los vicios, parece que la Europa, no obstante, el grado maravilloso de civilizacion que ha alcanzado, se halla bajo el influjo del genio del mal que atiza el fuego de los desórdenes y sopla su llama esterminadora sobre las clases mas numerosas, empleando como materias combustibles el mismo refinamiento del lujo y los ardientes incentivos que arrastran, con una especie de furor, ácia los goces sociales, que casi siempre piden el sacrificio de la virtud. Los hombres filantrópicos se afanan, los gobiernos ilustrados se esfuerzan por atajar un incendio que tiende á consumirlo todo; pero agotan en vano sus esfuerzos, porque cuando mas solo consiguen ocultar las llagas y ahogar los clamores de las víctimas. (La Sagra, 1836: XV)

Para el proyecto colonial en el que se inscribe el pensamiento del autor, que se presenta en divisiones binarias y una visión totalitaria, el viejo continente europeo en el que ocupa un lugar peculiar España se identifica con términos como “decrépita”, “vicio”, “lujo”, “galantería” “desorden”. Frente a la soberanía moderna europea aparece un nuevo concepto de soberanía que se hermana con “libertad”, “democracia” “actividad”, “templanza”, “educación”, y culmina con el término “felicidad”. Su visión colonial, no olvidemos la misión de La Sagra en Cuba, determina también el paternalismo con el que mira a “los pueblos de la América que hablan nuestra misma lengua, y que en la nueva carrera de regeneracion que se proponen seguir, necesitan los consejos y las noticias de todos los amantes de la humanidad” (La Sagra, 1836: XXVI). En esencia, lo que admira La Sagra, como admiran también Tocqueville y Beaumont, es esa nueva soberanía que se dota de poder y que se enfrenta a la “vieja” soberanía moderna europea.

A diferencia de las concepciones europeas modernas de la soberanía, que atribuían el poder político a una esfera trascendente y por ende apartaban y enajenaban las fuentes del poder de la sociedad, en este caso el concepto de soberanía se refiere a un poder que se sitúa por entero en el seno de la sociedad. La política no se opone a la sociedad, sino que se integra en ella y la complementa. (Hardt y Negri, 2005:185)

El descubrimiento por parte de este filántropo de esa nueva soberanía imperial, va de la extrañeza a la fascinación y de esta a la defensa a ultranza de sus principios. El otro imperio se revela pues como dechado de atributos y facultades, aunque también detectará algunas grietas. La exposición de este nuevo sistema se explica desde el patrón de la soberanía moderna europea. Así, el 5 de julio, tras visitar la casa de pobres en las afueras de la ciudad de Filadelfia, escribe:

No ceso de admirar este espíritu público de los Americanos para empresas benéficas, y esta noble independencia que los lleva á acometerlas, sin contar con los ausilios del gobierno hasta despues que las han establecido. Aquí, por el contrario que en Europa, los vecinos son los que se dan el ejemplo á la autoridad y le demuestran las utilidades de una obra que debe proteger. Bien mirado, esta es la marcha racional que deben seguir las empresas formadas por hombres amantes del bien público; á ellos toca esccitar al gobierno, y demostrar lo útil y lo conveniente, porque la autoridad no es la parte mas ilustrada de una nacion, sino cuando se halla asociada é íntimamente ausiliada por los talentos de la época. (La Sagra, 1836: 170)