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Sab es una novela ambientada en la Cuba colonial que entrelaza un amor imposible con una denuncia de la esclavitud y de la lógica mercantil. El esclavo mulato Sab ama a Carlota, heredera blanca prometida a Enrique Otway, emblema del interés económico; a su alrededor, Teresa y otros muestran cómo patriarcado y dinero gobiernan destinos. Publicada en Madrid en 1841, combina prosa lírica, naturaleza simbólica y pathos romántico para articular una crítica social pionera. Gertrudis Gómez de Avellaneda, nacida en Puerto Príncipe en 1814 y afincada en España desde 1836, traslada a su narrativa la memoria de la plantación y la experiencia del desarraigo. Poeta y dramaturga mayor del Romanticismo hispánico, de sensibilidad heterodoxa y temprana conciencia feminista, volcó en Sab sus pérdidas afectivas y su educación criolla para cuestionar el régimen esclavista y el matrimonio como contrato económico. Recomiendo Sab a lectores de novela decimonónica y a quienes estudian raza, género y economía en el Atlántico hispano. Su sentimentalismo de época no atenúa su vigencia ética y estética. En edición anotada, ofrece una lectura intensa y esclarecedora sobre deseo, libertad y violencia estructural. Quickie Classics resume obras atemporales con precisión, preserva la voz del autor y mantiene la prosa clara, ágil y legible: destilada, nunca diluida. Extras de la Edición enriquecida: Introducción · Sinopsis · Contexto histórico · Análisis breve · 4 preguntas de reflexión · Notas editoriales.
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Veröffentlichungsjahr: 2026
En el corazón de un ingenio azucarero, el amor y la libertad se miden con la misma vara implacable de la esclavitud. Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, propone desde sus primeras páginas un conflicto íntimo y social: la dignidad humana frente a un orden económico que convierte a las personas en mercancía. La novela convoca a leer no solo una historia de pasión contenida, sino también un examen moral del mundo colonial donde la riqueza del azúcar sostiene jerarquías raciales y de género. Con una prosa de raigambre romántica, la obra entrelaza emoción, paisaje y denuncia sin abandonar la sutileza narrativa.
Publicada en 1841, en pleno auge del Romanticismo hispánico, Sab es una novela ambientada en la Cuba colonial de comienzos del siglo XIX. Su autora, nacida en la isla y activa literariamente en el mundo hispano, aprovecha el molde sentimental para tensarlo hacia una crítica social de amplio alcance. El relato se despliega entre haciendas, caminos y ciudades criollas, con una atmósfera que combina exotismo paisajístico y cotidianeidad dura. En ese marco genérico y espacial, la obra se reconoce como una de las intervenciones tempranas de la literatura en lengua española contra la esclavitud, sin por ello volverse panfleto.
El planteamiento inicial es tan sencillo como devastador: un joven esclavizado, de profunda sensibilidad y lucidez, ama en secreto a la hija del hacendado que lo posee. Ella está comprometida con un pretendiente ventajoso cuya llegada promete asegurar la prosperidad familiar. En torno a esa triangulación afectiva, la narración observa gestos mínimos, silencios elocuentes y decisiones condicionadas por la ley y el dinero. La tensión no reside en giros espectaculares, sino en la imposibilidad cotidiana de decir y elegir. Así, la premisa sentimental habilita una indagación pausada sobre el precio de la obediencia y los riesgos de la compasión.
La experiencia de lectura combina un narrador omnisciente atento a la interioridad con descripciones plásticas del entorno tropical. La voz alterna juicio moral y empatía, y modela una cadencia que oscila entre lo meditativo y lo vehemente. Los capítulos construyen crescendos emotivos más que peripecias de aventura, y aprovechan el contraste entre la naturaleza exuberante y los linderos sociales que constriñen a los personajes. La prosa recurre a imágenes sensoriales, a digresiones reflexivas y a una musicalidad que intensifica el pathos, rasgos característicos del Romanticismo. El resultado es un tono elegíaco que no excluye la ironía ni la crítica incisiva.
Entre sus temas cardinales destacan la esclavitud y su lógica de cosificación, la racialización de los cuerpos, el matrimonio como transacción y las lealtades que se forjan al margen de la ley. La novela explora cómo el dinero y el prestigio social dictan afectos, y cómo las jerarquías coloniales atraviesan incluso los actos de piedad. Asimismo, sugiere afinidades entre la condición de las personas esclavizadas y la situación de las mujeres sometidas a pactos familiares, sin equipararlas de modo simplista. El texto pone a prueba el alcance de la empatía y cuestiona la ética de una sociedad que confunde bienestar con propiedad.
Leída hoy, Sab dialoga con preocupaciones vigentes sobre racismo estructural, violencia de género, desigualdad económica y memoria histórica. Su retrato de la mercantilización de la vida —en la plantación, en el mercado matrimonial, en la valoración social— resuena en debates contemporáneos sobre derechos y cuidados. Además, la perspectiva transatlántica de su autora y la localización caribeña ofrecen un prisma valioso para pensar identidades híbridas, migraciones y herencias coloniales. La novela invita a interrogar cómo se construyen las fronteras de la humanidad y qué vidas cuentan. Su vigencia no depende solo del tema, sino de la intensidad ética de su mirada.
Acercarse a Sab es entrar en una tradición literaria que hizo del sentimiento una herramienta crítica y del paisaje un espejo de la injusticia. Como novela romántica publicada en 1841, muestra cómo la forma puede tensarse hasta alojar una denuncia sin sacrificar complejidad estética. El lector encontrará una historia íntima cuya resonancia desborda lo privado, sostenida por una voz que llama a reconocer la humanidad donde la ley la niega. Es, por ello, una obra fundamental para comprender el diálogo entre literatura y sociedad en el siglo XIX hispano y para pensar, desde hoy, los límites morales de la libertad.
Sab, novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda publicada en 1841, se sitúa en la Cuba colonial y sigue la historia de un joven esclavizado, mestizo y de gran sensibilidad, que vive en la hacienda de una familia criolla. La trama se activa con el anuncio del próximo matrimonio de Carlota, la hija del propietario, con Enrique Otway, un inglés cortés y emprendedor. Desde el inicio, la obra entrelaza pasión, jerarquía racial y cálculo económico, a la vez que exhibe rasgos del romanticismo. El relato combina escenas domésticas, desplazamientos por el campo y fragmentos epistolares, mientras instala una crítica social que orienta la lectura.
A partir de la llegada de Enrique y de las gestiones para formalizar la boda, emergen señales de que el enlace obedece a intereses más amplios que el afecto. Cartas y conversaciones dejan entrever la gravitación del dinero y el prestigio. En ese marco, Sab, sometido legalmente y admirado por su nobleza, guarda en secreto un amor imposible por Carlota que intensifica su conflicto interior. La narración explora su conciencia y su dignidad bajo un orden que lo despoja de libertad. También muestra el peso de las apariencias en una sociedad que naturaliza la violencia y blinda los privilegios.
Carlota aparece como una joven afectuosa, criada entre comodidades, cuya educación sentimental choca con el pragmatismo que la rodea. Junto a ella vive Teresa, parienta empobrecida y aguda observadora de los límites que la clase y el género imponen. Entre Sab y Teresa se teje una confianza discreta que funciona como contrapeso moral frente a la hipocresía ambiente. El paisaje cubano, descrito con lirismo, enmarca paseos, fiestas y traslados que acercan y separan a los personajes sin romper los códigos del decoro. En esas escenas se anuncian riesgos y decisiones que irán probando la lealtad, el deseo y la ambición.
La novela construye su crítica mostrando la contradicción entre la sensibilidad de Sab y la lógica esclavista que lo reduce a propiedad. A la vez, cuestiona el matrimonio como transacción, donde la dote y la conveniencia pesan más que la elección de las mujeres. Las intervenciones de personajes secundarios, administradores, comerciantes y religiosos dibujan un sistema que se legitima a sí mismo. El paralelismo entre esclavitud y subordinación femenina no se formula como tesis abstracta, sino que emerge de gestos, silencios y pequeñas violencias. Así, la intriga sentimental se vuelve vehículo de una reflexión política sin perder impulso narrativo.
A medida que avanzan los preparativos de la boda, se intensifican tensiones económicas y familiares que ponen fecha y condiciones al porvenir de Carlota. Enrique multiplica gestiones y promesas, proyectando una vida próspera ligada a sus negocios, mientras su correspondencia revela prioridades. Sab, consciente del abismo que lo separa de aquello que ama, busca afirmarse en actos de protección y de rectitud que nadie puede reprocharle. Teresa, desde su precariedad, calibra lo que se gana y se pierde con cada paso. La vida rural y la urbana se alternan, y con ellas cambian la etiqueta, los rumores y las presiones.
En el tramo decisivo, peligros imprevistos y contratiempos de viaje obligan a tomar decisiones rápidas que exponen la entraña de los personajes. Sacrificios silenciosos, gestos de gratitud y revelaciones epistolares reordenan afectos y expectativas, al tiempo que dejan ver el costo humano del interés material. El contraste entre bravura y cálculo no ofrece respuestas plenas, pero ilumina lo que cada uno está dispuesto a arriesgar. Sin agotar la intriga ni cerrar moralmente el relato, la autora hace converger los hilos privados y sociales en una secuencia intensa que redefine vínculos y muestra las fisuras del orden establecido.
Sab ha sido leída como una de las primeras novelas antiesclavistas de la lengua española y como precursora de sensibilidades feministas en el siglo XIX. Su vigencia reside en la lucidez con que asocia raza, clase y género, y en la densidad poética con que convierte en experiencia íntima lo que es estructural. Al combinar narración sentimental, crítica del capitalismo colonial y exploración del deseo, la obra interroga aún hoy las formas de dominio que disfrazan la violencia de normalidad. Sin revelar sus resoluciones, sugiere que la libertad y el amor requieren algo más que voluntad individual ante instituciones que los limitan.
Sab, novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda, apareció en Madrid en 1841 y se sitúa en la Cuba colonial de las primeras décadas del siglo XIX. Avellaneda, nacida en Puerto Príncipe (hoy Camagüey) en 1814, conoció de primera mano la sociedad criolla antes de emigrar a la Península. La obra se inscribe en el Romanticismo hispánico, que privilegiaba la emoción, la naturaleza y la crítica de las convenciones. El marco novelesco remite a ingenios, haciendas y ciudades de oriente cubano, bajo dominio de la Capitanía General de Cuba, institución con amplios poderes militares, fiscales y políticos delegados por la monarquía española.
La economía cubana vivía entonces una expansión azucarera sin precedentes, acelerada tras la Revolución Haitiana (1791–1804), que desplazó capitales, técnicos y temores hacia la isla. Los ingenios crecieron especialmente en occidente —La Habana y Matanzas—, mientras en oriente coexistían haciendas ganaderas y cafetales impulsados por inmigrantes franceses y criollos. La liberalización comercial de 1818 facilitó la exportación de azúcar y café, integrando a Cuba más estrechamente en los circuitos atlánticos. Esta prosperidad dependió del trabajo esclavizado y de redes de crédito con casas mercantiles británicas y estadounidenses, que financiaron maquinaria, caminos y nuevas formas de disciplinar la producción.
Aunque España firmó con Gran Bretaña tratados para suprimir la trata atlántica en 1817 y declaró ilegal el tráfico en 1820, el contrabando de personas esclavizadas persistió durante décadas. Comisiones mixtas en La Habana condenaban buques capturados, pero los circuitos clandestinos se adaptaron. La población esclavizada en Cuba aumentó de forma sostenida en la primera mitad del siglo XIX, y la disciplina en plantaciones se endureció mediante mayor vigilancia, castigos y reglamentos internos. Este trasfondo determina el paisaje social de la novela: espacios productivos jerarquizados, dependencia del capital externo y una economía cuyo auge se sostenía en la desposesión forzada.
La estructura colonial reforzaba jerarquías raciales y de estatus: blancos peninsulares y criollos dominaban la propiedad y el gobierno local; existía un numeroso sector de libres de color con derechos restringidos, y la gran mayoría de origen africano vivía esclavizada. El recuerdo de alzamientos en el Caribe tras Haití alimentó el control policial, la censura y el castigo ejemplar. En los años cuarenta, esa lógica desembocó en la represión conocida como La Escalera (1843–1844). Aunque posterior a la publicación de Sab, refleja el clima de sospecha y violencia que ya marcaba la vida cotidiana en ingenios, ciudades y caminos.
