Un tesoro escondido - Equipo Bíblico Verbo - E-Book

Un tesoro escondido E-Book

Equipo Bíblico Verbo

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Beschreibung

El leccionario del año litúrgico, que tiene como centro la persona de Jesucristo, quedó estructurado después del Concilio Vaticano II en tres ciclos (A, B y C) con tres lecturas para cada domingo. Un tesoro escondido contiene una reflexión y estudio, en clave de lectio divina, del evangelio del ciclo A. Con esta iniciativa, pretendemos que los acontecimientos de la vida de Cristo marquen el ritmo y ofrezcan profundidad y sabor a nuestra vida cotidiana. Esta publicación quiere ser el acompañante cercano y accesible que se hace presente para ofrecer rayos de luz en el camino. Lo decisivo es que la Palabra hecha carne, el tesoro por excelencia, vuelva a encarnarse en nuestra sociedad, en nuestro mundo.

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Seitenzahl: 636

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Contenido

Presentación

Tiempo de Adviento y Navidad

Domingo 1º de Adviento

Domingo 2º de Adviento

Domingo 3º de Adviento

Domingo 4º de Adviento

Domingo de la Natividad del Señor

Domingo de la Sagrada Familia

Santa María, Madre de Dios

Domingo 2º de Navidad

Epifanía del Señor

Bautismo del Señor

Tiempo de Cuaresma y Pascua

Domingo 1º de Cuaresma

Domingo 2º de Cuaresma

Domingo 3º de Cuaresma

Domingo 4º de Cuaresma

Domingo 5º de Cuaresma

Domingo de Ramos

Jueves Santo

Viernes Santo

Domingo de Pascua de Resurrección

Domingo 2º de Pascua

Domingo 3º de Pascua

Domingo 4º de Pascua

Domingo 5º de Pascua

Domingo 6º de Pascua

Domingo de la Ascensión del Señor

Domingo de Pentecostés

Tiempo Ordinario

Domingo de la Santísima Trinidad

Domingo del Cuerpo y Sangre de Cristo

Domingo 2º del Tiempo Ordinario

Domingo 3º del Tiempo Ordinario

Domingo 4º del Tiempo Ordinario

Domingo 5º del Tiempo Ordinario

Domingo 6º del Tiempo Ordinario

Domingo 7º del Tiempo Ordinario

Domingo 8º del Tiempo Ordinario

Domingo 9º del Tiempo Ordinario

Domingo 10º del Tiempo Ordinario

Domingo 11º del Tiempo Ordinario

Domingo 12º del Tiempo Ordinario

Domingo 13º del Tiempo Ordinario

Domingo 14º del Tiempo Ordinario

Domingo 15º del Tiempo Ordinario

Domingo 16º del Tiempo Ordinario

Domingo 17º del Tiempo Ordinario

Domingo 18º del Tiempo Ordinario

Domingo 19º del Tiempo Ordinario

Domingo 20º del Tiempo Ordinario

Domingo 21º del Tiempo Ordinario

Domingo 22º del Tiempo Ordinario

Domingo 23º del Tiempo Ordinario

Domingo 24º del Tiempo Ordinario

Domingo 25º del Tiempo Ordinario

Domingo 26º del Tiempo Ordinario

Domingo 27º del Tiempo Ordinario

Domingo 28º del Tiempo Ordinario

Domingo 29º del Tiempo Ordinario

Domingo 30º del Tiempo Ordinario

Domingo 31º del Tiempo Ordinario

Domingo 32º del Tiempo Ordinario

Domingo 33º del Tiempo Ordinario

Jesucristo Rey del Universo

Fiestas

Festividad de San José

Festividad de la Asunción de María

Festividad de Todos los Santos

Festividad de la Inmaculada Concepción de María

Índice. Ciclo A

Índice de textos evangélicos comentados. Ciclo A

Créditos

Presentación

Hace unos años, Editorial Verbo Divino presentó la colección «Animación Bíblica de la Pastoral». Con ella pretende ofrecer a todos los cristianos unos materiales serios y sencillos para profundizar en su fe a la luz de la Sagrada Escritura leída como palabra de Dios. Dentro de esta colección, hay una subcolección «Leemos, Compartimos, Oramos» que es una propuesta concreta para reflexionar y orar personalmente o en grupos creyentes, desde el itinerario de la Lectio Divina, con diferentes textos y libros bíblicos. Junto a esta subcolección ofrecemos ahora tres publicaciones orientadas a la reflexión y el estudio en grupo del evangelio que se proclama en la liturgia dominical:

• Son tres publicaciones. Cada una de ellas sigue el ciclo litúrgico correspondiente (ciclo A, B, C).

• Pensadas para una comunidad creyente y orante. Sin embargo, ello no excluye la reflexión personal. En ambos casos, comprobaremos que, cuando se han meditado antes los textos bíblicos, la eucaristía o celebración dominical adquiere una mayor resonancia en la vida.

• Leemos el evangelio en clave de Lectio Divina. En un recuadro final ofrecemos un brevísimo comentario de las otras lecturas bíblicas del domingo correspondiente que deben ponerse en relación con el contexto litúrgico y la situación concreta de la comunidad que celebra.

Un itinerario de lectura creyente y orante…

A partir del Concilio Vaticano II, y sobre todo a partir de los últimos papas, se está volviendo a recordar la centralidad del estudio, lectura, meditación y oración de la Sagrada Escritura. Para ayudar a este fin, la Iglesia ha recobrado algunos itinerarios de lectura de la Biblia y en su seno han surgido otros nuevos. Nosotros hemos adoptado el itinerario clásico de la Lectio Divina, al que hemos añadido, según la sensibilidad actual, el paso del compromiso:

• Lectura: ¿Qué dice el texto?

• Meditación: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

• Oración/Contemplación: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

• Compromiso: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros el texto?

Este itinerario va precedido por unos momentos de silencio y oración inicial que denominamos «Nos disponemos» y termina con una «Oración final» en la que se comparten las voces de los participantes. Un recuadro final recoge las otras lecturas bíblicas de la liturgia y pone el cierre a la sesión grupal.

Lectura: ¿Qué dice el texto?

Este es el paso que más hemos desarrollado en el itinerario. Consideramos que es importante enseñar a leer un texto bíblico y, a la vez, ofrecer pautas de comprensión para unas unidades literarias con características propias, que fueron escritas hace mucho tiempo pero cuyo contenido de fe puede ser un espejo en el que nos miremos también los creyentes de hoy. Por eso, este paso, lejos de ser un análisis meramente intelectual del texto bíblico, busca descubrir el mensaje de fe que guarda, desde una actitud orientada a «saborear» el pasaje.

Los participantes del grupo bíblico, ayudados por la persona que hace las veces de animadora, van leyendo el relato, deteniéndose en las reflexiones y preguntas marcadas en cursiva. Juntos, buscan responderlas acudiendo a los textos que se señalan. Es recomendable no saltar al párrafo siguiente, pues en él se ofrecen las respuestas requeridas. De esta forma, el mismo grupo va verificando su avance en la comprensión del pasaje.

Los recuadros al margen tienen carácter informativo. Son ayudas para comprender mejor el texto y para profundizar en elementos que quedan fuera de la explicación ofrecida. El animador debe decidir en qué momento de la sesión pueden ser leídos, o incluso recomendarlos para el trabajo de profundización personal después del encuentro grupal.

Meditación: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

El segundo paso del itinerario es la meditación. El objetivo en este caso es la actualización del mensaje de fe para la vida creyente de cada participante del grupo. Es momento para compartir cómo la Palabra me lee, provoca un cambio en mi vida, me invita a cambiar de actitudes y de comportamientos concretos. La autenticidad, la transparencia, la sincera interiorización y la humildad son algunas de las actitudes que pueden ayudarnos en este segundo paso del itinerario.

La presencia del animador o animadora en este momento es importante para facilitar el diálogo y la apertura al grupo de cada uno de los participantes. Su labor es, además, moderar las intervenciones de modo que, en el tiempo fijado, nadie se extienda tanto en su palabra que prive a otros de compartir la suya.

Oración: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

Después de haber escuchado lo que dice el texto y haber compartido lo que dice de cada uno de los participantes, es momento de hablar con el Dios que nos ha dirigido su Palabra. En este paso, estos materiales contienen algunas sugerencias para la oración. Son solo eso, sugerencias, pero lo ideal es que, superando lo escrito por otros, el mismo orante llegue a expresarle a Dios su alabanza, sentimientos, súplicas, a partir del salmo compartido y meditado.

En todas las unidades, la última de las sugerencias para la oración es una llamada a dejar un tiempo de silencio contemplativo. Es cierto que Dios habla en las palabras de otros, en los acontecimientos, pero también en la interioridad callada de palabras propias y habitada por el silencio. Es lo que queremos favorecer con ello. No obstante, el animador puede suscitar otras formas provechosas para su grupo.

Compromiso: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros el texto?

La Palabra comprendida, meditada, orada y contemplada va conformando en nosotros la mirada, los sentimientos y las actitudes de Cristo. Solamente desde aquí brota un compromiso auténtico y coherente con nuestra identidad cristiana, que es el elemento que se explicita en este último paso.

… para vivir el año litúrgico

A nadie se nos escapa que vivimos inmersos en el tiempo. Toda nuestra actividad se desarrolla en el transcurso de los días, los meses y los años. Todo pasa y todo se renueva. La Iglesia está inmersa y acompaña este devenir humano en el tiempo. Mediante el año litúrgico ofrece a cada creyente y a cada comunidad cristiana la oportunidad de vivirlo dejando que sean los acontecimientos de la vida de Cristo los que marquen el ritmo, los que den profundidad y sabor a la existencia sin sucumbir al sin-sentido de la rutina. Así, a lo largo de muchos siglos de experiencia creyente y avatares diversos, ha quedado configurado un itinerario religioso que denominamos año litúrgico. Partiendo del acontecimiento central de la Pascua y deteniéndose en cada domingo del año, rememora la vida del Señor Jesús, la buena noticia de cómo vivió, de lo que hizo y enseñó.

El Leccionario del año litúrgico, que, como decimos, tiene como centro la persona de Jesucristo, quedó estructurado después del Concilio Vaticano II en tres ciclos (A, B y C) con tres lecturas para cada domingo. Este año corresponde el ciclo A y será el evangelista san Mateo quien nos acompañe en los llamados «Domingos del Tiempo Ordinario». Para los llamados «Tiempos Fuertes» (Adviento y Navidad, Cuaresma y Pascua), el Leccionario seguirá una temática según los acontecimientos rememorados y, además de san Mateo, se proclaman textos de otros evangelistas.

Evidentemente estas lecturas evangélicas y acontecimientos recordados en el año litúrgico no suponen una repetición acrítica del pasado. Ofreciéndolos para nuestra proclamación y celebración, la Iglesia orienta su mirada y la nuestra hacia una vida en fidelidad: fidelidad a las enseñanzas del Maestro y Señor, y fidelidad al momento histórico en el que estamos llamados a encarnar tales enseñanzas. En este sentido somos como el escriba Mateo que es capaz de sacar de su arcón «cosas nuevas y viejas» (cf. Mt 13,52).

Tenemos en las manos un tesoro, el Evangelio, que tristemente ha estado escondido durante mucho tiempo. Hoy, ahora, es el momento apropiado para redescubrirlo. El año litúrgico puede ayudarnos a disfrutarlo y vivirlo. Esta publicación quiere ser solo el acompañante humilde que se hace presente para ofrecer rayos de luz en el camino. Lo decisivo es que la Palabra hecha carne, el tesoro por excelencia, vuelva a encarnarse en nuestra sociedad, en nuestro mundo.

Equipo Bíblico Verbo

Tiempo de Adviento y Navidad

Domingo 1º de Adviento

Evangelio: Mateo 24,37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—37Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 38En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: 40dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

42Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

«Estad en vela. Estad preparados»

Mt 24,37-44

g Nos disponemos

En medio de las preocupaciones cotidianas, nos reunimos para escuchar la palabra del Señor y compartir su presencia junto a los hermanos. Queremos «darnos cuenta» de que Dios sigue haciéndose presente en nuestras vidas y en nuestro mundo.

Señor Jesús,

que nos acompañas en el camino,

que te manifiestas en cada situación,

en cada persona que nos sale al paso en la vida.

No dejes de impulsar nuestros pasos,

no dejes de enviarnos tu Palabra y tu voluntad salvadora.

¡Ven, Señor, pasa por nuestras casas,

hazte presente en nuestra comunidad!

g Proclamación de Mateo 24,37-44

En el evangelio de este primer domingo de Adviento, el evangelista Mateo anuncia la llegada definitiva de Jesucristo, el Hijo del hombre. El vencedor de la muerte, Señor del cosmos y juez de la historia y de la humanidad, llegará de forma inesperada e imprevisible.

Lectura de Mt 24,37-44

Dejamos unos momentos de silencio para que el texto del evangelio resuene en nuestro interior.

g LECTURA: ¿Qué dice el texto?

El pasaje evangélico de este domingo nos sumerge en el quinto y último discurso de Jesús (Mt 5–7; 10; 13; 18; 24–25), según el evangelio de Mateo. La ocasión para este discurso la ofrecen los discípulos cuando se acercan a preguntar al Maestro, que «estaba sentado en el monte de los Olivos», sobre la venida del Hijo del hombre (Mt 24,3).

Jesús está «sentado», la postura de quien enseña con autoridad (como en Mt 5,1 y 13,12). Además, se encuentra en el «monte», lugar de revelación divina. Por tanto, el evangelista invita a los oyentes de todos los tiempos a poner suma atención a estas palabras del Señor.

El discurso está presentado en una forma de escribir propia del mundo judío de la época, el género literario escatológico (del griego ésjatos: último, definitivo), cargado de imágenes y símbolos tales como catástrofes, guerras, conmociones cósmicas, persecuciones, etc. Al ser un género literario (esto es, una forma de expresarse para transmitir un mensaje) no podemos leerlo como un relato literal de lo que ocurrirá en el futuro. Por tanto, nos acercamos a dichas imágenes buscando captar su sentido profundo, que es una reflexión creyente sobre la necesidad de vivir esperando la llegada del Hijo del hombre (explicitada tres veces en el pasaje: vv. 37, 39 y 44).

Las dos primeras imágenes son pequeñas parábolas que hablan sobre cuándo llegará el fin de los tiempos. Leamos Mt 24,37-39a y Mt 24,39b-41. ¿Qué dicen al respecto?

Según el Antiguo Testamento, el Hijo del hombre está representado por una figura humana que sube al cielo para reinar con Dios (Dn 7,13-14). Los primeros cristianos identificaron a Jesús con este personaje y esperaban su venida como juez universal, revestido con la gloria y el poder de Dios.

La comunidad de Mateo empezaba a mostrar signos de rutina y abandono en la vivencia de la fe. Se retrasaba la llegada inminente de Jesucristo como juez definitivo y algunos sucesos que muchos identificaban como el final de los tiempos (por ejemplo, la guerra contra Roma y la destrucción del templo de Jerusalén) no eran tales. Recordando las enseñanzas del Maestro, el evangelista subraya que lo más importante no es cuándo llegará el Señor glorioso, sino cómo se aguarda su venida. La actitud de los creyentes no puede ser la despreocupación que se vivió en tiempos de Noé, porque entonces la llegada del Hijo del hombre sería catastrófica: «se los llevó a todos» (v. 39a). Y eso nos podría tocar a cualquiera, en medio de las labores cotidianas, dentro de la misma familia (vv. 40-41).

Ante esta posibilidad, se nos exhorta: «estad en vela», «estad preparados». Leamos Mt 24,42-44. ¿Con qué parábola se ilustra esta exhortación a la vigilancia?

La vigilancia, para Mateo, implica la responsabilidad hacia los semejantes (24,45-51), la obediencia activa desde los talentos recibidos (25,15-23) y, sobre todo, el amor a los hermanos más humildes (25,31-40). En el relato de Getsemaní, los lectores quedan invitados a velar con Jesús también ante el sufrimiento (26,41).

Ulrich Luz

Ante la llegada súbita e imprevista del Hijo del hombre, la parábola del ladrón invita a la vigilancia. Estar atentos ante la venida definitiva de Jesucristo es similar a la atenta vigilancia que mantiene el dueño de una casa ante la posibilidad de un robo, porque no sabe en qué momento de la noche será atracado por los bandidos. Esta es la invitación que se nos hace siempre, aunque de manera especial durante este tiempo de Adviento, a los discípulos de ayer y de todos los tiempos.

g MEDITACIÓN: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

Jesús invita a sus discípulos a velar y estar preparados para su imprevista venida final. También, durante el tiempo de Adviento, la Iglesia nos pide que revisemos el estado de nuestra vida religiosa, moral y social de modo que nos dispongamos para la llega de Jesús esta Navidad.

¿A qué cosas he de prestar atención en mi vida para vigilar y estar preparado ante la venida de Jesús?

g ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

Lo decisivo no es cuándo será la llegada final del Hijo del hombre, sino cómo vivimos aquí y ahora para que dicha venida nos encuentre preparados. Pedimos al Señor que sepamos acogerlo en nuestras vidas y en nuestro mundo.

• Gracias, Señor, por este tiempo de Adviento que nos invita a avivar en nosotros la esperanza. Te pedimos que no nos dejemos atrapar por el cansancio, la rutina, la indiferencia, el activismo, la superficialidad.

• Adviento es un tiempo idóneo para alcanzar la paz interior y, de esa manera, colaborar en la paz social. Señor, que nos impliquemos para hacer posible el sueño del profeta Isaías: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas» (Is 2,4).

• Hacemos nuestra la oración inicial de la liturgia de este domingo: «Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras».

• Hoy permanezco junto a ti, Señor, en pie, levantado, con la actitud despierta y vigilante del centinela. Con los ojos abiertos, el corazón alegre y los pies dispuestos ante el amigo y el Señor que viene.

g COMPROMISO: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros este texto?

Estar en vela, vivir vigilantes y atentos no significa, para el cristiano, vivir paralizado, sino prestar atención a los signos que hablan de la presencia de Dios en la historia. Es tener el corazón dispuesto para la solidaridad, para la ayuda, para la oración.

– Con la luz que nos ha aportado la Palabra, la meditación compartida y la oración, coloco una palabra o frase al margen del texto. Con ella formulo el compromiso que quiero adquirir.

– Compartimos en el grupo nuestros compromisos.

Oración final

Terminamos recitando juntos el salmo responsorial de este domingo o cantando una canción de Adviento, por ejemplo, «Vamos a preparar el camino», de Carmelo Erdorzáin.

Vamos a preparar el camino del Señor.

Vamos a construir la ciudad de nuestro Dios.

Vendrá el Señor con la aurora,

él brillará en la mañana,

pregonará la verdad.

Vendrá el Señor con su fuerza,

él romperá las cadenas,

él nos dará la libertad.

Él estará a nuestro lado,

él guiará nuestros pasos,

él nos dará la salvación.

Visitará nuestras casas,

nos llenará de esperanzas,

él nos dará la salvación.

Lecturas bíblicas:

Domingo 1º de Adviento

Primera lectura: Isaías 2,1-5

El profeta anuncia la gran transformación que traerá la venida del Mesías. El templo, signo de que Dios habita en medio de su pueblo, irradiará su luz sobre todo el mundo y atraerá a todas las naciones hacia la reconciliación, la paz y la unidad. En espera de ese día, Isaías invita a caminar a la luz del Señor, poniendo en práctica desde ahora la vida del futuro anhelado.

Salmo 121,1b-2.4-9:

Vamos alegres a la casa del Señor.

Los peregrinos, que suben al encuentro con el Dios de la paz, en Jerusalén, entonan un canto de alegría. Están dispuestos a vivir como pueblo reconciliado que vive según la ley de Dios.

Segunda lectura: Romanos 13,11-14a

El apóstol Pablo nos invita a despertar ante la inminente llegada de Cristo. Las exhortaciones de estos versículos son claras: «Comportaos», «Dejemos», «Pongámonos», «Andemos», «Revestíos».

Domingo 2º de Adviento

Evangelio: Mateo 3,1-12

1Por aquellos días, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, 2predicando:

—Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. 3Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo:

«Voz del que grita en el desierto:

“Preparad el camino del Señor,

allanad sus senderos”».

4Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; 6confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. 7Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

—¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8Dad el fruto que pide la conversión. 9Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Tenemos por padre a Abrahán», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. 10Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. 11Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

«Preparad el camino del Señor»

Mt 3,1-12

g Nos disponemos

Recorriendo el tiempo de Adviento nos preparamos para acoger la palabra de Dios en este nuevo encuentro de oración. Pedimos al Espíritu Santo que aparte de nosotros toda distracción y todo obstáculo que nos impida acoger este evangelio y que nos ilumine con su luz para que lo comprendamos y lo hagamos vida.

Danos tu Espíritu, Señor.

Donde no hay Espíritu, no puede brotar la vida.

Donde no hay Espíritu, lo único posible es el miedo.

Donde no hay Espíritu, la rutina lo invade todo.

Donde no hay Espíritu, no podemos reunirnos en tu nombre.

Donde no hay Espíritu, se olvidan las cosas esenciales.

Donde no hay Espíritu, no puede haber esperanza.

Danos tu Espíritu, Señor.

gProclamación de Mateo 3,1-12

Cada año la liturgia de Adviento nos pone ante la figura de Juan el Bautista como ayuda esencial para realizar este camino espiritual. El evangelio de san Mateo nos lo presenta justo después de narrar el nacimiento de Jesús (cc. 1–2) como antesala del inicio de su misión. En esta unidad vamos a reflexionar sobre este pasaje.

Lectura de Mt 3,1-12

Dejamos unos momentos de silencio para releerlo y permitir que el texto resuene en nuestro interior.

g LECTURA: ¿Qué dice el texto?

El profeta Elías no murió, sino que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego (2 Re 2,11). La tradición judía esperaba su vuelta, para anunciar la venida inminente de Dios en el día final (Mt 11,14). Su labor era la de preparar los corazones con la conversión para que Dios no tuviese que castigar al pueblo en su llegada (Mal 3,1.24-25; Eclo 48,9-10; Lc 1,17).

La escena tiene como protagonista a Juan el Bautista junto con el pueblo que acudía a él. El texto se divide en tres partes. La primera contiene la llegada del Bautista y su predicación general (3,1-3). La segunda es una sección descriptiva del personaje y del resultado de su misión (3,4-6). La tercera incluye las palabras dirigidas a los fariseos y saduceos cuando acudían a él para ser bautizados (3,7-12).

Comencemos leyendo la primera parte, vv. 1-3. ¿Dónde está Juan y cuál es su misión? ¿Qué función representa en medio del pueblo?

El evangelista, después de narrar el nacimiento de Jesús y su ida y vuelta de Egipto, señala que José se fue con María y el niño a Nazaret. Inmediatamente después da un salto cronológico y con la genérica indicación «por aquellos días» introduce repentinamente la figura de Juan el Bautista. Lo sitúa en el desierto de Judea, lugar donde los judíos carismáticos buscaban purificar la religión de Israel con su predicación y su vida austera. Así lo reflejan las palabras que salen de su boca, llamando a la conversión porque el reino de los cielos está llegando. Invita a un cambio en el modo de orientar la vida, dirigiendo el pensamiento y el corazón hacia Dios. Mateo indica que a él se refería el profeta Isaías cuando aludía a la voz que clamaba en el desierto (Is 40,3). El Bautista queda identificado como el precursor que prepara el camino del Señor.

Leamos la segunda parte, vv. 4-6. ¿Cómo se describe a Juan? ¿Qué significan sus vestidos y alimento? ¿Le escuchaban?

A continuación, el evangelista pasa revista a la vestimenta y la dieta de Juan. Llevaba un vestido de piel de camello y una correa de cuero a la cintura. De esta forma se le caracteriza como el profeta Elías (2 Re 1,7-8), apasionado defensor de la pureza de la religión de Israel y cuyo retorno se esperaba antes del día de la salvación final (Mal 3,23-24). Su alimentación es la típica del desierto, señalando la austeridad. Su predicación tuvo una fuerte repercusión, atrayendo a las gentes de toda la región de Judea y los alrededores del Jordán (se puede pensar que tanto en tierras judías como paganas), quienes una vez confesados sus pecados se hacían bautizar por él.

En el AT el fuego es elemento del castigo final en el juicio (Is 66,24; Jdt 16,17; Eclo 7,17). Mateo recoge también este símbolo. Especialmente se inspira en el fuego permanente que ardía en el valle del Hinon (de ahí el nombre de gehenna), lugar donde se amontonaban y quemaban las basuras de la ciudad (2 Re 23,10; Jr 7,31) y que se convirtió en signo del castigo del más allá (Mt 5,22; 10,28; 18,9; 23,15.33).

Pasemos ahora a leer la última parte comenzando por los vv. 7-10. ¿A quiénes se dirige Juan de modo particular? ¿Por qué usa ese tono?

Entre las muchas personas que se le acercan para ser bautizadas están los fariseos y saduceos, grupos representantes del judaísmo de la época, con gran influencia en el ámbito social y religioso. La reacción del Bautista es dura y áspera: ¡raza de víboras! Los compara con este animal astuto y peligroso, capaz de moverse sibilinamente y escapar. En este caso Juan les dice que quieren huir de esa manera del juicio que pesa sobre ellos por sus comportamientos (Mt 23). Les pide que den frutos auténticos de conversión. No bastan sus palabras sino sus obras. Ellos se aferran a su pertenencia al linaje de Abrahán, como un salvoconducto de salvación que los hace inmunes. Pero sus obras deben corresponder a lo que Dios pide. Con la imagen de la tala, el Bautista indica que el juicio es inminente y quien no dé fruto será cortado y echado al fuego.

Continuemos con las siguientes palabras del Bautista a los fariseos y saduceos, vv. 11-12. ¿Con quién se compara? ¿Qué diferencias hay entre ellos?

Entonces Juan les habla de su misión en comparación con alguien que viene detrás de él, con más fuerza y dignidad. No lo nombra, pero se refiere a Jesús. Juan bautiza con agua para la conversión; Jesús, en cambio, bautizará en el Espíritu Santo y fuego. Es decir, tiene la capacidad de sumergir (eso significa bautizar) en la vida divina, en la salvación, logrando no solo un lavado externo (agua) sino una purificación interior (fuego). Juan asevera que Jesús es el que trae el juicio. Lo representa con las imágenes escatológicas de la parva y el fuego devorador (Is 66,24; Mt 5,22; 13,42). La parva va a ser aventada para cribar el trigo de la paja, lo bueno de lo malo. Los justos y fieles serán recogidos por Jesús, el salvador, y los infieles serán quemados en el fuego.

Llegados al final, ¿qué función cumple Juan en la historia de la salvación? ¿Qué relación tiene con Jesús?

Todo el relato nos presenta la figura de Juan como el último de los profetas del Antiguo Testamento. La voz y misión de estos profetas resuena en su propia voz y misión: todos ellos invitan a poner el corazón en Dios para vivir desde su voluntad y anuncian la salvación que llega preparando su camino. Su predicación se cumple definitivamente en Jesús. La voz de Juan es dura, sus imágenes también. Pero hay alguien más fuerte que da lo que no puede conceder el Bautista: la vida de Dios y el fuego de su Espíritu. El mismo Juan tendrá que someterse a su buena nueva y contrastar sus expectativas con los signos del reino de los cielos que trae el Mesías Jesús (Mt 11,2-15, ver siguiente unidad). La voz de los profetas nunca muere, siempre está viva esperando ser acogida y provocar el fruto de la conversión y el encuentro con el salvador.

g MEDITACIÓN: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

Las palabras de Juan siguen resonando con esa misma fuerza, especialmente en este desierto del Adviento. Hoy somos su audiencia, cada uno de nosotros estamos ante él interpelados por sus palabras. Dejemos que toquen nuestra conciencia y nos lleven al encuentro con Dios.

– ¿De qué siento en este momento que me tengo que convertir?

– ¿Qué fruto está esperando Dios de mí? ¿Por qué no termino de darlo?

g ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

Después de escuchar las palabras de Juan y dejarlas pasar por el corazón confrontando nuestra vida con ellas es el momento de responder con nuestra oración presentando a Dios los sentimientos y necesidades que nos ha suscitado.

• En primer lugar, damos gracias a Dios por todos los que han sido y son profetas del Señor en nuestra vida y en el mundo. Por los que nos han ayudado a cambiar comportamientos y actitudes equivocadas haciendo de nosotros mejores personas y mejores cristianos. Por los que no callan su voz denunciando el mal y abriendo caminos de vida y esperanza.

• Pedimos perdón por no dar los frutos de conversión que Dios espera. Por resistirnos a cambiar las actitudes que nos alejan del Evangelio, por resistirnos a salir del egoísmo y la pereza, del individualismo y el orgullo, de la vida derrochada y sin sentido.

• Ponemos ante Dios nuestras vidas, para que este tiempo de Adviento nos ayude a acercarnos más a Dios y a Jesús. Para que nos fortalezca en la esperanza de vivir dando frutos de vida y amor siendo instrumentos que construyan una nueva civilización.

• Terminamos sabiéndonos amados por Dios, cuya misericordia y ternura son bálsamo que regenera. Ponemos nuestro corazón en el Señor, sabiendo que el fuego de su Espíritu nos sana y nos sosiega, nos abrasa y nos calma, nos inunda de gozo y nos impulsa a la misión.

gCOMPROMISO: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros este texto?

El texto nos exhorta fuertemente a dar signos que muestren la autenticidad de nuestra conversión y la coherencia de nuestra vida. Terminemos esta oración concretando el modo en el que esta Palabra nos mueve a cambiar alguna actitud o comportamiento equivocado.

– Con la luz que nos ha aportado la Palabra, formulo el compromiso que quiero adquirir.

– Compartimos en el grupo nuestros compromisos.

Oración final

Finalizamos con este poema que nos invita a cambiar lo viejo, a renovar nuestra vida, a «nacer de nuevo» como nos invitan los profetas.

Nací una vez,

a la luz, a la vida, 

al ruido, a los olores,

al calor y al frío,

a los abrazos,

al hambre,

a los sabores, 

a la saciedad,

al gusto, 

a la música,

a la ternura,

a los encuentros.

Después, 

pequeñas muertes

fueron matando sueños,

anhelos, inocencia

y pasión.

Si tú tiras de mí,

naceré de nuevo,

al reino y al evangelio,

al amor y la esperanza,

a la voz de los profetas,

a una misión.

Cada vez que muera,

volveré a nacer.

La verdad

se irá curtiendo

en mil duelos.

El espíritu 

irá renovando

mi yo gastado.

El agua viva lavará

cada herida vieja.

Hasta esa muerte final,

que será antesala

de un último nacimiento,

a la Luz, a la Vida,

y al Amor.

Y esta vez ya para siempre

José María R. Olaizola

Lecturas bíblicas:

Domingo 2º de Adviento

Primera lectura: Isaías 11,1-10

El profeta anuncia con este bello poema la restauración de la dinastía davídica. Nacerá un descendiente de David, sobre el que estará la plenitud del Espíritu de Dios para traer la justicia y la paz paradisiaca a toda la creación. Un anuncio que en Jesús ha visto su pleno cumplimiento.

Salmo 71,1-17:

Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

El salmista dirige la mirada a Dios implorando que otorgue su juicio al rey para que este traiga la justicia y la paz, defendiendo a los pobres y oprimidos.

Segunda lectura: Romanos 15,4-9

Pablo hace un elogio de las Escrituras que fueron escritas para el bien y la salvación de todos y nos mantienen en la esperanza y el consuelo. Y a la vez exhorta a tener los mismos sentimientos de Cristo viviendo en comunión fraterna.

Domingo 3º de Adviento

Evangelio: Mateo 11,2-11

2En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:

3—¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

4Jesús les respondió:

—Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: 5los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. 6¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!

7Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

—¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? 8¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, 9¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10Este es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti». 11En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

«¿Eres tú el que ha de venir?»

Mt 11,2-11

g Nos disponemos

Entramos en el tiempo del encuentro con el Señor y con los hermanos, a través de la palabra de Dios. Dejamos para luego otras ocupaciones. Invocamos la guía y el auxilio del Espíritu Santo.

Ven, Espíritu de Dios,

dispón nuestro corazón y nuestro entendimiento.

Que la Palabra sea para cada uno de nosotros

como esa agua de la lluvia

que limpia, purifica, regenera y da vida.

Ayúdanos con tu gracia, Espíritu divino,

para que la Palabra del Señor no quede baldía

sino que dé abundante fruto en buenas obras.

g Proclamación de Mateo 11,2-11

Probablemente una de las motivaciones que tuvieron los evangelistas para redactar sus obras fue responder a la cuestión crucial: «¿quién es Jesús?». No en vano, en los evangelios encontramos muchas definiciones y títulos sobre Cristo. En el texto que trabajamos hoy, esta pregunta, puesta en labios de Juan, va a ser respondida por el mismo Jesús.

Lectura de Mt 11,2-11

Dejamos unos momentos para releer el texto. Favorecemos así que las palabras del evangelio resuenen en nuestro interior.

g LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Después de dos grandes discursos (sermón de la montaña Mt 5,1–7,29 y discurso de la misión 9,35–11,1) y una sección de varios milagros (Mt 8,1–9,34), Mateo retoma la narración de los inicios del ministerio público de Jesús. Al comienzo de dicha narración, que corresponde al evangelio que hoy proclamamos, Juan Bautista envía a algunos de sus seguidores para que interroguen a Jesús sobre su verdadera identidad (Mt 11,2). Este no evita responder a los enviados de Juan (Mt 11,3-6), y lo hace utilizando un argumento irrefutable: la propia Escritura. Cuando la embajada del Bautista se ha retirado, Jesús detalla a la muchedumbre cuál es la verdadera identidad del precursor (Mt 11,7-11).

Comencemos leyendo Mt 11,2-3. Juan el Bautista se encuentra preso en la cárcel por orden de Herodes. ¿Qué es lo que Juan ha oído sobre el Mesías? ¿Qué motiva la pregunta que le formula a través de sus discípulos?

En un evangelio como el de Mateo donde son tan importantes las palabras del Señor (hay en el evangelio cinco grandes discursos de Jesús) es significativo que ahora vuelva a destacarse la importancia de sus obras. El mismo Jesús lo afirma claramente en otro pasaje: no se trata solo de «decir» sino que hay que «hacer» la voluntad del Padre (Mt 7,26).

Juan, desde la cárcel, oyó hablar de las obras de Jesús. Está confundido porque él esperaba un mesías con unas obras totalmente distintas, como se deduce de su predicación (Mt 3,5-12). Ante tanta injusticia, opresión y corrupción, esperaba un Mesías castigador y eficaz en su lucha contra el mal. Un mesías que mostrase la severa corrección de Dios y que con él, de forma inminente, llegase el gran juicio del fin de los tiempos. Pero el Bautista oye que Jesús no castigaba a nadie, que su misión no iba por el camino de la represión, sino de la misericordia y la solidaridad hacia los que sufren. Así que envía a sus discípulos buscando una confirmación de que ese Jesús es el Mesías ansiado por Israel (Is 11,1).

En Mt 11,4-6 encontramos la respuesta de Jesús a los enviados de Juan. ¿Cuántos tipos de personas aparecen en la respuesta que da Jesús? ¿Qué tienen todos ellos en común?

Jesús responde de forma sorprendente a la pregunta de Juan. Lejos de utilizar argumentos teóricos, se limita a recordar lo que él ha hecho en favor de seis grupos de personas que tienen en común la fragilidad (ciegos, cojos…) y que formaban parte de los últimos de la sociedad. Las obras que ha realizado con ellos son las esperadas del Mesías, según la Escritura (Is 26,19; 29,18-19; 35,5-6; 42,7; 61,1). Su línea de actuación no partió de la fuerza, la opresión y los gestos justicieros, sino del servicio liberador a los que necesitaban vida.

Sin embargo, Jesús sabe que sus obras salvadoras pueden decepcionar a quienes sueñan con un Mesías poderoso, hacedor de gestos espectaculares. Por eso, termina sus palabras con una bienaventuranza (v. 6): Dichoso el que no se escandalice de su persona ni de su proyecto mesiánico. A cada persona le corresponde decidir por sí misma su adhesión o rechazo a Jesús y al plan salvador que trae.

Una vez que los discípulos del Bautista se han marchado, Jesús se vuelve hacia los que le acompañan, hablándoles sobre el propio Juan (Mt 11,7-11). ¿Qué elogios dirige Jesús a Juan?

Después de haber respondido a la pregunta sobre su identidad, Jesús considera la persona del Bautista, mostrando que ambos están en armonía dentro de la historia de la salvación. Lo que viene con Jesús es inédito, pero ello no reduce la grandeza de Juan, quien también tiene un puesto en la novedad del reino. Y esto lo expresa Jesús mediante tres grandes elogios al Bautista. Primero, Juan fue un gran profeta reconocido por el pueblo (ver Mt 21,26b); segundo, fue «más que un profeta», porque preparó el camino al Mesías; tercero, es el mayor de los nacidos de mujer (dicho de otro modo, el más destacado entre los hombres). Y termina Jesús: «aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más importante que él» (v. 11b). Y es que hacerse pequeño, humilde, por el reino, supera cualquier otra grandeza.

g MEDITACIÓN: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

El evangelio de hoy nos invita a contemplar a Jesús como el esperado, aquel en quien el reino se hace presente en acontecimientos salvadores para los más pequeños y frágiles de la sociedad. Ante ello, Juan Bautista se muestra desconcertado porque no es el tipo de mesías que esperaba y anunciaba. Volvamos la mirada sobre nosotros mismos y preguntémonos.

¿Qué signos de la presencia de Jesús, el esperado del mundo, intuyo o veo a mi alrededor? ¿Qué me desconcierta de su persona y de su presencia?

g ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

Jesús ha dicho a los discípulos de Juan que le preguntaron por su identidad: «Id a anunciar lo que estáis viendo y oyendo». Es lo mismo que se nos pide hoy a nosotros: salir y contar, de palabra y obra, aquello que se nos ha comunicado. Pidamos al Señor la gracia de «verlo» y «oírlo».

• Ven, Señor Jesucristo, tú que traes esperanza y salvación a los más frágiles de la sociedad. Gracias por todas aquellas personas que ya está haciendo evidente tu llegada en realizaciones de justicia, de paz, de solidaridad, de dignidad. Danos un corazón valiente para podernos comprometer en acciones concretas hacia ellos.

• Ven, Señor Jesús. Sostén nuestra fe cuando estemos a punto de escandalizarnos por tu «debilidad», por la predilección de Dios hacia los más frágiles, porque tus designios no cuadran con nuestros esquemas y voluntades.

• Ven, Señor Jesús, a toda la Iglesia, a nuestra parroquia o/y grupo donde vivo la fe, para que nunca nos acomodemos siendo cristianos. Desconciértanos, incomódanos, ayúdanos a no caer en el derrotismo, en el «siempre se ha hecho así». Que descubramos la novedad de Jesús y del reino cada día.

• Ven, Señor Jesús. Que hable menos y actúe más. Que los valores que Jesús nos ha enseñado los procure reproducir en mi vida. Que, como pide el papa Francisco, «busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos» para vivir de acuerdo con el Evangelio.

g COMPROMISO: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros este texto?

Celebrar el Adviento sin comprometernos activamente en la llegada de Jesucristo a nuestro mundo, no tiene sentido. Con sus palabras y obras, Jesús reveló su identidad. Con nuestras palabras y obras decimos si somos o no seguidores del Mesías.

- Con la luz que nos ha aportado la Palabra, la meditación compartida y la oración, coloco una palabra o frase al margen del texto. Con ella formulo el compromiso que quiero adquirir.

- Compartimos en el grupo nuestros compromisos.

Oración final

Podemos terminar nuestro encuentro con el salmo responsorial del domingo, o bien recitando esta oración:

Señor Jesús, en este tiempo de Adviento

tu Iglesia te espera, anhela tu presencia,

y canta tu llegada.

Sabemos que ya estás con nosotros

pero no queremos dejar de desear tu venida.

Porque tú, Señor, eres el motor de nuestra vida

y nuestra mayor esperanza.

Has venido de parte de Dios Padre a anunciarnos

la Buena Noticia del Reino.

Hoy te queremos pedir que nos hagas valientes, Señor,

y comprometidos con los valores de tu Reino.

Sigue habiendo entre nosotros mucha gente arrojada

al borde del camino, sin futuro ni esperanza.

Ayúdanos, Señor, para no quedarnos indiferentes

ante el sufrimiento ajeno.

Danos la luz de tu gracia para descubrir cómo podemos ayudar,

a quién, y ponernos manos a la obra.

Ven, Señor Jesús, la humanidad te espera.

Cada uno de nosotros te esperamos,

deseamos encontrarnos contigo.

¡Ven Señor Jesús!

Lecturas bíblicas:

Domingo 3º de Adviento

Primera lectura: Isaías 35,1-6a.10

El profeta anuncia a Israel que, tras la traumática experiencia del exilio, podrá regresar a Jerusalén. La alegría es rebosante, toda la naturaleza se ve afectada y todo el pueblo, especialmente los más frágiles, encontrarán la salvación: los débiles y vacilantes serán fortalecidos y los ciegos recobrarán la vista.

Salmo 145,6c-7.8-9a.9bc-10:

Ven, Señor, a salvarnos.

Todos los verbos del salmo describen el ser de Dios: endereza, guarda, sustenta… y muestra su amor predilecto hacia los más débiles: oprimidos, hambrientos… Por eso, la súplica del salmista es también nuestra: «Ven, Señor».

Segunda lectura: Santiago 5,7-10

El apóstol Santiago invita a la espera del Señor manteniendo actitudes como la paciencia, el fortalecimiento del corazón y el amor al prójimo. Nuestra espera ha de ser paciente pero activa. Como ese labrador que aguarda el fruto, pero que previamente ha trabajado y preparado la tierra, así debemos preparar también nuestro corazón.

Domingo 4º de Adviento

Evangelio: Mateo 1,18-24

18La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

—José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

22Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta: 23«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

24Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

«Le pondrás por nombre Jesús»

Mt 1,18-24

g Nos disponemos

La Navidad está a las puertas. Queremos seguir prestando nuestro corazón para que, a modo de pesebre, Jesús pueda volver a nacer en nuestro mundo. Como sincera expresión de este deseo, Nos disponemos a escuchar la palabra de Dios presente en el evangelio de este cuarto domingo de Adviento.

Nuestro corazón está dispuesto, Señor.

Hemos dejado a un lado las tareas cotidianas

para escuchar tu Palabra junto a nuestros hermanos.

Abre nuestro corazón y prepara en él un espacio acogedor

donde puedas manifestarte.

Enséñanos, luego, a llevarte a todos los hogares,

a todos los lugares donde todavía no estás presente.

g Proclamación de Mateo 1,18-24

En el evangelio de Lucas, María se convierte en la mujer del «sí» a Dios. En el evangelio de Mateo, es José quien no duda en ponerse al servicio del plan salvador divino para que Jesús, el Enmanuel, venga a vivir entre nosotros. Escuchamos el relato.

Lectura de Mt 1,18-24

Dejamos unos momentos de silencio para que el texto del evangelio resuene en nuestro interior.

g LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Los relatos de la infancia son testimonios sobre Jesús escritos a la luz de la fe en la resurrección. No son relatos históricos en el sentido actual del término. Manifiestan quién es Jesús y cuál es su misión.

La comunidad de Mateo se pregunta: «¿Quién es, en su identidad profunda, este Jesús a quien proclamamos Mesías y Señor resucitado?» El evangelista responde elaborando un relato catequético que conocemos como «evangelio de la infancia» (Mt 1–2) y en el que se tocan los grandes temas que luego recorrerán el resto de la obra. Este es, en pocas palabras, el contexto del pasaje que proclamamos hoy. Un texto que cobra especial relevancia en este tiempo litúrgico de Adviento, a muy pocos días de la llegada de la Navidad. En él encontramos una anticipación de la estampa del pesebre, con unos personajes humanos (María y José), un Dios que interviene en la historia para salvar y Jesús, Mesías e Hijo de Dios, en el centro del relato.

Leamos Mt 1,18-24. ¿Descubrimos estos personajes en el texto?

José es un hombre creyente que busca, que duda, que tiene miedos, que escucha y discierne las mediaciones de Dios en su historia (en este caso, los sueños y el ángel). Es un hombre que pasa por distintas etapas hasta comprender su lugar y su misión en el proyecto salvador de Dios. Y una vez comprendido, se coloca bajo la voluntad de Dios para llevarlo adelante en su vida.

Apenas se habla de María en el texto. Aunque tanto Mateo como Lucas utilizan el género literario «Anunciación» para presentar a Jesucristo, uno lo hace desde José y otro desde María (Lc 1,26-38). Mateo se dirige a una comunidad formada por judeocristianos que se están abriendo al mundo pagano y que pueden identificarse con la figura de José, un judío que supo acoger, por encima de sus planes, la novedad del Dios que se hacía carne en Jesús. A nosotros nos resultan extraños los relatos de anunciación, habituales en el mundo judío y en el helenístico, por la presencia de detalles prodigiosos, signos portentosos y oráculos proféticos. Por eso, es importante distinguir entre la manera de contar algo y el mensaje de fe que se quiere transmitir.

Volvamos al texto: Mt 1,18-23. ¿Quién es el personaje más nombrado en todo el pasaje? ¿Qué se dice de él?

Con una primera lectura, habremos apreciado que el personaje más nombrado es José. Aparece envuelto en un relato de desposorios acorde con las circunstancias palestinas del siglo i. Según la ley hebrea, los futuros esposos solo convivían tras un año de compromiso pactado. En ese tiempo intermedio José, el hombre «justo», se encuentra en un dilema. Si nos atenemos al sentido estricto de justicia, debería haber repudiado en público a María, como era habitual (Dt 22,13-21). Sin embargo, elige otra fórmula, más compasiva, en la que se eliminaba la difamación pública de la mujer (Dt 24,1). La suya es una justicia que hunde sus raíces en el Antiguo Testamento y tiene mucho que ver con la voluntad de Dios y con el amor hecho misericordia (dos elementos que Mateo desarrollará ampliamente en su evangelio). Pero Dios interviene cambiando los planes de José.

Hasta aquí una primera lectura. La persona más nombrada es José. Pero ¿de quién se habla siempre en el texto de Mt 1,18-24? ¿Qué se dice de él?

Podemos decir que todos los personajes del relato están en función del niño que va a nacer. Él es el centro, el mensaje de fe se refiere a él. De este niño habla el narrador (v. 18), el ángel del Señor (vv. 20-21) y el profeta Isaías (v. 23). De él se dice que nació en la familia formada por José y María, aunque no es un hombre como cualquier otro. Es el Mesías, el Cristo (v. 16); su misión va expresada en su nombre y será «salvar a su pueblo de los pecados» (v. 21); en él Dios ha intervenido en la historia y la presencia del Espíritu Santo desde sus orígenes confirma su divinidad y mesianidad (v. 20). El plan salvífico de Dios anunciado desde antiguo por boca de los profetas se cumple en este niño: él va a hacer realidad la tan anhelada presencia de Dios en medio de su pueblo (v. 23).

Leamos Mt 1,24. ¿Cómo actúa José cuando comprende el plan de Dios sobre su vida?

Por medio de José, Jesús recibe una nación, un pueblo, una cultura, la adhesión al pueblo de Abrahán y a la estirpe de David, de la que nacería el mesías rey esperado. Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, se encarna gracias a la obediencia de José y de María. Jesús, el Dios-con-nosotros, es el gran regalo de Dios para con su pueblo. En este regalo José tiene un papel muy importante, porque se dejó involucrar en el plan divino. A las puertas de la Navidad, el Señor continúa llamando a personas concretas para seguir encarnándose y realizando en el mundo su obra creadora. De José tenemos mucho que aprender.

g MEDITACIÓN: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

La figura de José se convierte, también en tiempo de Adviento, en un modelo ejemplar para los creyentes que buscan la voluntad de Dios en sus vidas y quieren ponerse al servicio del Señor y de su plan salvador. Meditemos sobre las actitudes concretas que podemos llevar a nuestras vidas.

Ante la Navidad, ¿es José para mí ejemplo de discernimiento, de misericordia, de búsqueda de la voluntad de Dios? ¿Cómo puedo concretar sus actitudes en mi vida?

g ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

El nombre del niño que está a punto de nacer es «Dios salva» y «Dios-con-nosotros». En él y desde él, Dios nos escucha, nos acompaña, nos bendice y nos salva. A él nos dirigimos con toda confianza.

• Damos gracias porque la palabra de Dios nos abre los ojos. Gracias porque, mirada en profundidad, siempre desbarata alguno de nuestros planes y nos invita a modificarlos según la voluntad de Dios. Gracias porque la Palabra siempre nos conduce más adentro de lo evidente, nos lleva hasta lo más hondo en nosotros mismos. Gracias porque nos convierte en ángeles, mensajeros de la divinidad para el mundo.

• Necesitamos personas como José, personas justas que sueñen con Dios; personas que lean el espíritu de la ley y la comprendan como misericordia hacia los demás; necesitamos hombres y mujeres que escuchen a Dios y a los hermanos; personas que no teman comprometer la vida a largo plazo. Oramos.

• Dios sigue utilizando mediaciones para comunicarse con nosotros. Pedimos saber descubrir en cada hermano que pasa a nuestro lado, en cada circunstancia, en cada sueño, en cada palabra, un mensaje de Dios para nosotros y para nuestro mundo.

• Se acerca la Navidad. Permanezco junto a José y María, esperando y adorando a aquel en cuya carne débil está todo el poder salvador y amoroso de Dios.

g COMPROMISO: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros este texto?

José no se quedó en teorías. En cuanto descubrió la voluntad de Dios, se apresuró a «hacer lo que le había mandado el ángel del Señor». Siguiendo su ejemplo, concretemos ahora nuestro compromiso.

– Con la luz que nos ha aportado la Palabra, la meditación compartida y la oración, coloco una palabra o frase al margen del texto. Con ella formulo el compromiso que quiero adquirir.

– Compartimos en el grupo nuestros compromisos.

Oración final

Terminamos cantando juntos «Ven, ven, Señor, no tardes», de Cesáreo Gabaraín, o bien otro canto de Adviento que conozcamos todos.

Ven, ven, Señor, no tardes.

Ven, ven, que te esperamos.

Ven, ven, Señor, no tardes.

Ven, pronto, Señor.

El mundo muere de frío,

el alma perdió el calor.

Los hombres no son hermanos,

el mundo no tiene amor.

Al mundo le falta vida,

al mundo le falta luz.

Al mundo le falta el cielo,

al mundo le faltas tú.

Lecturas bíblicas:

Domingo 4º de Adviento

Primera lectura: Isaías 7,10-14

La dinastía davídica está en peligro. El profeta Isaías invita al rey Acaz (735-716 a.C.) a confiar. Una señal, de parte de Dios, acompaña sus palabras: el nacimiento de un descendiente real que mantendrá el linaje de David. Leído y releído a lo largo de los siglos, este oráculo de Isaías va proyectándose en la figura del Mesías, y Mateo lo aplica a Jesús.

Salmo 23,1b-4b.5-6:

Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.

La comunidad creyente del Antiguo Testamento entra en el templo y aclama al Señor, que da la victoria a su pueblo. Los cristianos aclamamos al Señor, el rey de la gloria, que llega en la debilidad de un niño.

Segunda lectura: Romanos 1,1-7

La vida de Pablo está en función del anuncio del Evangelio. El que se define como «siervo», «apóstol» y «elegido», invita a los creyentes de su comunidad, y a nosotros hoy, a incorporarnos al proyecto salvador de Dios.

Domingo de la Natividad del Señor

Evangelio: Juan 1,1-18

1En el principio existía el Verbo,

y el Verbo estaba junto a Dios,

y el Verbo era Dios.

2Él estaba en el principio junto a Dios.

3Por medio de él se hizo todo,

y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

4En él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

5Y la luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no lo recibió.

6Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: 7este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

9El Verbo era la luz verdadera,

que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

10En el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de él,

y el mundo no lo conoció.

11Vino a su casa,

y los suyos no lo recibieron.

12Pero a cuantos lo recibieron,

les dio poder de ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre.

13Estos no han nacido de sangre,

ni de deseo de carne, ni de deseo de varón,

sino que han nacido de Dios.

14Y el Verbo se hizo carne

y habitó entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria:

gloria como del Unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

15Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

16Pues de su plenitud

todos hemos recibido, gracia tras gracia.

17Porque la ley se dio por medio de Moisés,

la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

18A Dios nadie lo ha visto jamás:

Dios Unigénito, que está en el seno del Padre,

es quien lo ha dado a conocer.

«Se hizo carne y habitó entre nosotros»

Jn 1,1-18

g Nos disponemos

Es Navidad. La palabra de Dios hecha carne, que nació en un pesebre, quiere nacer también en nuestras vidas y reposar en nuestros corazones. Dispongámonos para acogerlo con un canto (autor: Joaquín Madurga):

Hoy en la tierra, nace el Amor.

Hoy en la tierra, nace Dios.

Alegría, paz y amor,

en la tierra a los hombres.

Alegría, paz y amor,

esta noche nace Dios.

g Proclamación de Juan 1,1-18

El prólogo de Juan es un antiguo himno que recitaban los primeros cristianos para confesar su fe en Jesucristo. Es un resumen de todo lo que es la Navidad, porque el niño de Belén es el Hijo único de Dios, la verdad, la luz y la vida del mundo.

Lectura de Jn 1,1-18

Dejamos unos momentos de silencio para que el texto del evangelio resuene en nuestro interior.

g LECTURA: ¿Qué dice el texto?

El himno cristológico con el que comienza el evangelio de Juan se remonta a la eternidad de Dios. Las traducciones hablan del Logos (en griego) o Verbo (en latín) o Palabra (en Dios palabra y acción son inseparables: lo que Dios dice, lo hace). En cualquier caso, se refieren a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.

El cuarto evangelista comienza su escrito con un prólogo poético, similar a la obertura de una obra musical. En dicho prólogo resuenan los grandes temas que luego se desarrollarán a lo largo de todo el evangelio. Para comprender mejor su contenido vamos a dividirlo en tres momentos: a) Presentación del Verbo (vv. 1-5); b) El Verbo en el mundo (vv. 10-14); c) El Verbo da a conocer al Padre (vv. 15-18). Como intermedio entre las partes es presentada la figura de Juan el Bautista, testigo de la luz (vv. 6-8.15). Puesto que hoy es Navidad, nos fijaremos sobre todo en lo que se dice de Jesucristo, el Hijo encarnado, en este hermoso himno.

Comencemos leyendo la primera parte (Jn 1,1-5). ¿A qué momento se remonta el texto? ¿De quién se habla? ¿Qué se dice de él?

El prólogo comienza situándonos «en el principio». Es esta una expresión que remite a las primeras palabras del libro del Génesis (Gn 1,1). No alude simplemente a un comienzo histórico del mundo. «En el principio» es una confesión de fe: Dios está en el origen de todo, en la hondura más profunda de todo ser, en el principio incipiente de toda vida. Ese Dios, siendo uno, es relación de personas, diversidad y unicidad. Dios y el Verbo se comunican, generan vida, porque el auténtico amor siempre sale de sí, se expresa donándose. Introducidos en esta dinámica de vida entregada y recibida eternamente, el evangelista continúa hablando de la mediación del Verbo en la creación (Jn 1,3: «Por medio de él se hizo todo») y de su ofrecimiento de luz y vida a la humanidad (Jesús se identifica con la luz y la vida en Jn 8,12 y Jn 11,25).

El Verbo está en el mundo. Leamos Jn 1,9-14. ¿Cómo expresa el evangelista el rechazo que encuentra el Verbo? ¿Qué ofrece a quienes lo acogen?

El contraste entre el ofrecimiento divino de luz y vida y el rechazo de la humanidad se hace evidente. El evangelista lo expresa mediante oposiciones de términos como luz/tinieblas, creer/rechazar, nacer de Dios/nacer de la carne, etc. Algunos acogen la luz y pasan a ser hijos de Dios, a participar de su vida divina (v. 12). En un gesto supremo de entrega, escandaloso para algunos, Dios renueva su ofrecimiento de luz y de vida a la humanidad. El Verbo asume nuestra debilidad, se hace más cercano y visible para nosotros. El Hijo de Dios se encarna (v. 14), en Jesucristo se manifiesta de forma evidente la gloria de Dios (1 Jn 1,1ss).

Jesucristo, el Verbo de Dios, se ha hecho carne. Leamos Jn 1,16-18. ¿Qué se dice de él en estos versículos?

Si Moisés fue el mediador de la ley (recordemos que para el mundo judío en la ley de Moisés quedaba expresada la voluntad de Dios), ahora queda superada toda mediación, porque Jesús es el Hijo, el rostro visible del Padre, que nos muestra su voluntad con sus palabras y sus signos. Aceptarle es permitir que su amor permanentemente fiel se derrame sobre nosotros por pura gracia, como magnífico don. Un ejemplo de respuesta y de acogida positiva es la del Bautista, testigo de la luz (Jn 1,6-8.15). Hoy, ante el Verbo hecho carne y recostado en un humilde pesebre, demos, una vez más, nuestra respuesta al Dios que «habitó entre nosotros».

g MEDITACIÓN: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

Quizá hayamos banalizado la Navidad al llenarla de luces, comidas, regalos y champán. No olvidemos que Navidad es la celebración en la que recordamos que el Hijo de Dios ha elegido la vida del ser humano para que este pudiera comprender el amor de Dios y su proyecto salvador. Reflexionemos.

– ¿Qué tiempo dedico en Navidad a meditar sobre la encarnación de Jesús?

– ¿A qué me invita el rostro de Dios que aparece expresado en este himno del cuarto evangelio?

g ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

Hoy es un día para contemplar, para ponerse de rodillas ante el Dios que se hace próximo a sus creaturas, que asume todas las fragilidades humanas por amor. Agradezcamos su cercanía y su Palabra creadora.

• Gracias, Señor, porque eres el Dios amor que te entregas y nos llamas a la donación, al servicio desinteresado y gratuito. Gracias porque podemos celebrar tu llegada con nuestra familia humana y cristiana.

• Pedimos perdón por las veces que elegimos las tinieblas del egoísmo, de la cerrazón, de la dureza de corazón. Perdón por las veces que, personalmente o en comunidad, no recibimos a Jesús, preferimos no conocerlo, rechazamos con nuestras opciones su vida y su luz.

• Presentamos ante el pesebre a los más pobres de nuestro mundo. Junto a ellos, ponemos nuestro deseo de una Iglesia más testimonial, más implicada en acercarse a quienes necesitan el amor de Dios en sus vidas.

• Ante una imagen del Niño nacido, acojo conscientemente, una vez más, el don que Dios nos hace en su Hijo Jesús. Me dejo iluminar por su luz e inundar por su vida. Contemplo, agradezco y alabo.

g COMPROMISO: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros este texto?

Celebrar la Navidad es contemplar el amor de Dios hecho carne, hecho historia y compromiso. Por eso, no podemos quedarnos indiferentes después de este encuentro. Estamos llamados a hacer vida lo que hemos contemplado y compartido.

– Con la luz que nos ha aportado la Palabra, formulo el compromiso que quiero adquirir.

– Compartimos en el grupo nuestros compromisos.

Oración final

Terminamos nuestro encuentro recitando libremente estos pensamientos en torno a la Navidad que nos ha dejado el papa Francisco:

Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma.