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El libro de los Salmos ocupa, sin lugar a dudas, un puesto de honor entre el conjunto de libros del Antiguo Testamento. Son obras escritas hace miles de años que hoy siguen utilizándose en el mundo judío y cristiano, porque la experiencia de fe que guardan mantiene su actualidad para el creyente de todos los tiempos. Cantamos para ti se detiene en 25 salmos del total de 150 que recoge el salterio. Hemos acudido a los más leídos en la liturgia, a los más proclamados en los tiempos fuertes, a los más recitados y meditados por los creyentes en general. Con ellos queremos seguir orando, cantando y testimoniando al Señor cada uno de los días de nuestra vida.
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Seitenzahl: 235
Veröffentlichungsjahr: 2021
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PRESENTACIÓN
UNIDAD 1
• Texto bíblico: Salmo 1
UNIDAD 2
• Texto bíblico: Salmo 2
UNIDAD 3
• Texto bíblico: Salmo 8
UNIDAD 4
• Texto bíblico: Salmo 16 (15)
UNIDAD 5
• Texto bíblico: Salmo 22 (21)
UNIDAD 6
• Texto bíblico: Salmo 23 (22)
UNIDAD 7
• Texto bíblico: Salmo 27 (26)
UNIDAD 8
• Texto bíblico: Salmo 34 (33)
UNIDAD 9
• Texto bíblico: Salmo 45 (44)
UNIDAD 10
• Texto bíblico: Salmo 49 (48)
UNIDAD 11
• Texto bíblico: Salmo 51 (50)
UNIDAD 12
• Texto bíblico: Salmo 63 (62)
UNIDAD 13
• Texto bíblico: Salmo 63 (62)
UNIDAD 14
• Texto bíblico: Salmo 72 (71)
UNIDAD 15
• Texto bíblico: Salmo 77 (76)
UNIDAD 16
• Texto bíblico: Salmo 90 (89)
UNIDAD 17
• Texto bíblico: Salmo 91 (90)
UNIDAD 18
• Texto bíblico: Salmo 95 (94)
UNIDAD 19
• Texto bíblico: Salmo 103 (102)
UNIDAD 20
• Texto bíblico: Salmo 116 (114-115)
UNIDAD 21
• Texto bíblico: Salmo 122 (121)
UNIDAD 22
• Texto bíblico: Salmo 130 (129)
UNIDAD 23
• Texto bíblico: Salmo 136 (135)
UNIDAD 24
• Texto bíblico: Salmo 139 (138)
CELEBRACIÓN FINAL
¡Alabemos al Señor! (Salmo 150)
Hace unos años, Editorial Verbo Divino sacó a la luz la colección «Animación Bíblica de la Pastoral». Con ella pretende ofrecer a cristianos inquietos por conocer y vivir mejor el mensaje del Evangelio, unos recursos serios y sencillos para profundizar en su fe. Dentro de ella, la subcolección «Leemos, compartimos, oramos» es una propuesta concreta para reflexionar y orar personalmente o en grupos creyentes, desde el itinerario de la Lectio Divina, con diferentes textos y libros bíblicos.
El presente volumen, después de los dedicados a los evangelios, a Hechos de los Apóstoles y a Pablo de Tarso, se vuelve al Antiguo Testamento y se centra en 25 salmos escogidos de entre los 150 que componen el salterio bíblico. En ellos, hemos querido poner en valor el itinerario de fe que presentan y alejarnos de la tentación de leerlos en versículos sueltos e independientes, sin conexión con la unidad literaria y olvidando al orante de carne y hueso que expresa en cada uno de ellos su experiencia religiosa. Como no podía ser menos, también los hemos vinculado a la persona y al mensaje de Jesucristo, de modo que pueda ser acogido y rezado por cada cristiano de hoy.
En el aspecto formal, y aunque mantenemos la línea pedagógica general sobre la que se estructura el libro, hemos recogido en una sola unidad la lectura creyente y la orante. Así, cada salmo, se reflexiona y ora con el itinerario de la Lectio Divina en una sola sesión. A la persona que coordina el grupo le corresponde ajustar tiempos de modo que el tercer paso, la oración, no quede relegada ni sea un mero, y a veces olvidado, apéndice en el encuentro.
Estos materiales están pensados para el trabajo en grupo, pero también son válidos para la reflexión personal. Constan de 25 unidades de las cuales, la final, es una celebración. Son los encuentros que suelen tener lugar a lo largo del año en cualquiera de nuestras parroquias y grupos bíblicos.
Hemos adoptado el itinerario clásico de la Lectio Divina, al que hemos añadido, según la sensibilidad actual, el paso del compromiso:
• Lectura: ¿Qué dice el texto?
• Meditación: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?
• Oración: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?
• Contemplación (incluida en la Oración): Miro y me dejo mirar
• Compromiso: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros el texto?
Este itinerario va precedido por unos momentos de silencio y oración inicial que denominamos «Nos disponemos» y termina con una «Oración final» en la que se unifican las voces de los participantes y que pone el cierre a la sesión grupal.
Este es el paso que más hemos desarrollado en el itinerario. Consideramos que es importante enseñar a leer un texto bíblico y, a la vez, ofrecer pautas de comprensión para unas unidades literarias con características propias, que fueron escritas hace mucho tiempo, pero cuyo contenido de fe puede ser un espejo en el que se miren también los creyentes de hoy. Por eso, este paso, lejos de ser un análisis meramente intelectual del texto bíblico, busca descubrir el mensaje de fe que contiene, desde una actitud orientada a «saborear» el pasaje.
Los participantes del grupo bíblico, ayudados por la persona que hace las veces de animador, van leyendo el relato, deteniéndose en las reflexiones y preguntas marcadas en cursiva. Juntos, buscan responderlas acudiendo a los textos que se señalan. Es recomendable no saltar al párrafo siguiente, pues en él se ofrecen las respuestas requeridas. De esta forma, el mismo grupo va verificando su avance en la comprensión del pasaje.
Los recuadros al margen tienen carácter informativo. Son ayudas para comprender mejor el texto y para profundizar en elementos que quedan fuera de la explicación ofrecida. El animador debe decidir en qué momento de la sesión pueden ser leídos, o incluso recomendarlos para el trabajo de profundización personal después del encuentro grupal.
El segundo paso del itinerario es la meditación. El objetivo en este caso es la actualización del mensaje de fe para la vida creyente de cada participante y, en su caso, del grupo. Es momento para compartir cómo la Palabra me lee, provoca un cambio en mi vida, me invita a cambiar de actitudes y de comportamientos concretos. La autenticidad, la transparencia, la sincera interiorización y la humildad son algunas de las actitudes que pueden ayudarnos en este segundo paso del itinerario.
La presencia del animador o animadora en este momento es importante para facilitar el diálogo y la apertura al grupo de cada uno de los participantes. Su labor es, además, moderar las intervenciones, de modo que, en el tiempo fijado, nadie se extienda tanto en su palabra que prive a otros de compartir la suya.
Después de haber escuchado lo que dice el texto y haber compartido lo que dice de cada uno de los participantes, es momento de hablar con el Dios que nos ha dirigido su Palabra. En este paso, estos materiales contienen algunas sugerencias para la oración. Son solo eso, sugerencias, pero lo ideal es que, superando lo escrito por otros, el mismo orante llegue a expresarle a Dios su alabanza, sentimientos, súplicas, a partir del salmo compartido y meditado.
En todas las unidades, la última de las sugerencias para la oración es una llamada a dejar un tiempo de silencio contemplativo. Es cierto que Dios habla en las palabras de otros, en los acontecimientos, pero también en la interioridad silenciada de palabras propias y habitada por el silencio. Es lo que queremos favorecer con ello. No obstante, el animador puede provocarlo de otras formas que puedan ser provechosas para su grupo.
La Palabra comprendida, meditada, orada y contemplada, va conformando en nosotros la mirada, los sentimientos y las actitudes de Cristo. Solamente desde aquí brota un compromiso auténtico y coherente con nuestra identidad cristiana, que es el elemento que se explicita en este último paso.
El libro de los Salmos ocupa, sin lugar a duda, un puesto de honor entre el conjunto de libros del Antiguo Testamento. Se encuadra en el tercer bloque de la Biblia hebrea conocido como «Escritos» y su redacción final lo podemos situar, aproximadamente, entre los siglos III y II a.C. Sin embargo, los distintos salmos que forman el libro proceden de épocas diversas. La colección más antigua, quizá, sea la que se remonta hasta la época de la monarquía unificada en Israel, en tiempos del rey David (siglo XI a.C.).
Desconocemos la autoría tanto del compilador final de los 150 salmos que forman el libro como el de los autores individuales de cada salmo. Si bien es cierto que algunos de ellos ofrecen una información al inicio de cada salmo que nos habla de quien pudo haber sido, hipotéticamente, su autor. Así, por ejemplo, encontramos 73 salmos atribuidos al rey David, mientras que únicamente uno está atribuido a Salomón y otro a Moisés. Estas atribuciones a personajes tan relevantes de la historia de Israel buscaban dar mayor relevancia a cada uno de esos salmos.
Los 150 salmos, además, están organizados en cinco colecciones principales que quieren ser una respuesta a los cinco primeros libros de la Biblia (Torá), hablándose en este sentido de «Pentateuco sálmico».
El libro de los Salmos es un libro escrito en poesía y esta es otra característica importante de su naturaleza literaria, que le distingue de la mayoría de los libros de la Biblia, que están escritos bajo una forma narrativa. Dentro del libro de los Salmos encontramos también una gran variedad de géneros literarios: súplicas, himnos, lamentaciones, cantos de alabanza, acciones de gracias, salmos didácticos, cánticos de peregrinación...
El libro de los Salmos es, antes que nada, Palabra de Dios. Por tanto, es Dios mismo quien habla en cada uno de estos textos. Una Palabra revelada que busca una respuesta y que el libro de los Salmos ha dejado consignada. En cada salmo se puede percibir esa voz del orante que responde a Dios en cualquier circunstancia y en cada momento de su existencia: sea de alegría (Sal 122), de acción de gracias (Sal 32), de alabanza (Sal 103), de confianza (Sal 63), de duda o lamentación (Sal 77).
Los salmos son obras escritas hace miles de años y sin embargo su contenido es plenamente actual. No solo fue y es todavía el libro de oraciones de Israel (muchos de los salmos tuvieron su origen en el culto), sino que también para la Iglesia es el manual de oraciones por excelencia. Hoy, en muchos lugares del mundo y por gente de muy diversa condición se siguen utilizando los salmos como palabra actual para dirigirla a Dios. No en vano recogen experiencias de fe contadas en primera persona, sin rodeos y a corazón abierto.
Nuestras sociedades han cambiado mucho respecto a las de hace más de dos mil años, pero el corazón del orante no ha cambiado tanto: a veces siente necesidad de gritar a su Dios al que siente lejano, otras veces le alaba por su protección y compañía. De la alabanza a la acción de gracias, pasando por la duda, el rechazo y la angustia. Ninguna de esas situaciones vitales nos es desconocida hoy. Quizá experiencias como el dolor, el sufrimiento y el silencio de Dios representan un mayor desafío para el creyente actual. En la prosperidad es fácil creer, en la dificultad no tanto.
Por eso, otra riqueza de este libro es que refleja bien esta noche oscura: «¡Despierta! ¿Por qué sigues dormido?» (Sal 44,24). Es el grito angustiado del salmista que no encuentra a su Dios. Este dolor profundo que siente el orante, Dios también lo quiere sanar y salvar porque nada hay verdaderamente humano que sea ajeno al corazón de Dios (GS 1).
Podemos hacer una teología general del libro de los Salmos y conocer las características que acerca de Dios nos presenta. Y así descubriremos, por ejemplo: el Dios creador, que todo lo hizo a su imagen y semejanza; el Dios de nuestros padres Abraham, Isaac y Jacob que siempre ha sido fiel a sus promesas; el Dios fiel y protector, que se ha comprometido con su pueblo, el Dios del Sinaí, el Dios de la Alianza, el Dios padre misericordioso... Pero también hay que añadir que, después de la riqueza del conjunto de los 150 salmos, nos encontramos con que cada salmo es un tesoro. Cada uno de ellos es un tratado de teología en sí mismo.
La experiencia humana que hay detrás de cada texto tiene también algo de sagrada, sea desde la crisis o desde la prosperidad. Los salmos entran en un diálogo directo con Dios y por eso cada uno de ellos nos enseña mucho del ser de Dios y del ser humano. En definitiva, en los salmos encontramos la mejor síntesis de toda la Sagrada Escritura.
Eran la oración de su pueblo y Jesús, sin duda, conoció los salmos y rezó con ellos. Recordamos el camino hacia Emaús, cuando Jesús se unió a aquellos hombres que, derrotados, se marchaban de Jerusalén. Jesús les dijo que todo lo que estaba escrito acerca de él «en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos se tenía que cumplir» (Lc 24,44).
El Nuevo Testamento nos ha dejado 16 citas directas en labios de Jesús de algún versículo de los salmos (Lc 23,46; Mc 12,36; Jn 10,34...). Sabemos que se utilizaban en el culto sinagogal y que Jesús solía participar del mismo (Jn 6,59; Mc 1,21). Así, es un enorme privilegio poder rezar con los mismos salmos que también rezó Jesús y podernos dirigir a Dios con las mismas palabras: «Pero tú, Señor, no te alejes, fuerza mía, date prisa en ayudarme» (Sal 22,20).
Los salmos son un regalo de Dios para nosotros. Es una palabra suya que se nos ofrece para llevarnos, de nuevo, hasta él. Es un camino de ida y vuelta. Dios nos da su palabra y quiere que, a través de ella, lleguemos a entrar en comunión con él. Sería como emprender el camino de vuelta, como el recordado hijo de la parábola lucana (Lc 15,1): los salmos nos invitan a volver a casa. En el salterio todos podemos encontrar unas palabras que se ajusten a la situación que estamos viviendo. Estas palabras inspiradas nos ayudarán a volver de nuevo nuestros labios y nuestro corazón a Dios.
Hemos realizado una selección de 25 salmos dentro del salterio, que pretenden ser representativos de la gran riqueza y variedad que contiene el libro. Con ellos queremos seguir cantando al Señor cada uno de los días de nuestra vida. Sabemos que en el gozo y en el dolor está el Señor. Él es nuestra mayor esperanza. Acabamos esta sencilla introducción con las mismas palabras del salmista: «¡Que cuanto respira alabe al Señor! ¡Aleluya!» (Sal 150).
Cantamos para ti, Señor.
¡Bienvenidos al apasionante mundo de los Salmos!
Empecemos.
Equipo Bíblico Verbo
1 Dichoso quien no sigue el consejo de los malvados,
ni en la senda de los pecadores se detiene,
ni en compañía de los necios se sienta,
2 sino que se complace en la ley del Señor
sobre la que reflexiona día y noche.
3 Es como un árbol plantado junto al arroyo:
da fruto a su tiempo y no se secan sus hojas;
consigue todo cuanto emprende.
4 No ocurre así a los malvados,
paja que el viento arrastra.
vv. 1-4: Dicha del justo y desgracia del malvado.
5 No vencerán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos
6 pues el Señor protege la senda de los justos
mientras la senda de los malvados se desvanece.
vv. 5-6: Destino final.
Salmo 1
Comenzamos nuestro encuentro pidiendo al Espíritu Santo que nos ilumine en el camino de la vida. Son muchas las elecciones que hacemos cada día y estamos necesitados de discernimiento para descubrir el querer de Dios en nuestras vidas.
Espíritu de amor,guía mis pasos para que busque siempre el bien.Dame tu luz para acoger la Palabra.Que mis pensamientos, palabras y accionesmarchen siempre por el camino de la justicia.Que tu gracia me acompañe y me sostengapara que en todo glorifique al Dios de la Vida.
El salmo 1 es el pórtico del salterio. En él aparecen presentados dos caminos contrapuestos: el de la dicha y el de la desgracia. Cuando oramos con él recibimos la invitación a buscar y seguir en la vida la voluntad de Dios.
– Leemos el pasaje en voz alta.
– Acogemos en silencio la Palabra de Dios en nuestro interior.
– Compartimos con el grupo la frase que nos resulte más iluminadora.
... este primer salmo expresa el sentimiento de un hombre que eleva sus ojos a la situación entera del mundo, y considera cómo algunos avanzan y otros caen.
Santo Tomás de Aquino
El salmo tiene una estructura en dos partes. La primera comienza declarando la bienaventuranza de los que buscan hacer la voluntad de Dios en su vida (vv. 1-2). Después de esta declaración, presenta los dos caminos a los que se enfrenta todo ser humano (vv. 3-4): el camino de la justicia y el camino de la maldad. La segunda parte señala el destino final de quien ha seguido en su vida cada uno de estos caminos (vv. 5-6).
El salmista comienza proclamando la felicidad de un tipo de personas. Leamos los vv. 1-2: ¿A quién declara dichosos el salmista?, ¿qué tres actitudes negativas son presentadas?
El salmista inicia su oración felicitando a quien no sigue tres actitudes que aparecen presentadas en forma de progresión. La primera de ellas es «no escuchar» el consejo de los malvados, es decir, declara dichoso a quien no se deja guiar por aquel que tiene malas intenciones. Igualmente, es dichoso quien no se detiene en la senda de los pecadores. «Caminar» en el mundo bíblico es una imagen que se refiere al comportamiento ético. No detenerse en este camino sugiere la idea de no titubear ante el mal. La tercera actitud tiene que ver con la asamblea de los cínicos. «Sentarse» en ella supone compartir la actitud de los que se burlan del bien.
Meditar día y noche la ley del Señor supone un ejercicio activo de discernimiento continuo de la Palabra. En Jos 1,8 encontramos una invitación parecida. La clave de la dicha del justo es configurar su vida a la luz de la Palabra.
En oposición a estos tres comportamientos, encontramos el comportamiento de quien se centra en la ley del Señor, el que dedica su existencia a reflexionar sobre lo que Dios quiere y a ponerlo en práctica. La mención al «día y la noche» sugiere la idea de la centralidad de la ley del Señor en la existencia del justo. Todo él y todo su tiempo se rigen por la Palabra de Dios.
Dos destinos vienen presentados en los vv. 3-4. ¿Con qué imagen identifica cada uno de ellos el salmista?
Cada uno de los caminos conduce a una meta diferente. El camino del justo es comparado con un árbol que está plantado junto a corrientes de agua. La imagen también la encontramos en la profecía de Jeremías (cf. Jr 17,8). El justo que se nutre de la ley es como un árbol fructífero y lleno de vida; un árbol de hondas raíces. La imagen que emplea el salmista muestra que quien medita la ley del Señor buscará el bien en todas sus acciones porque su elección fundamental viene de la ley de la que se alimenta por la reflexión. Así pues, la fecundidad es el destino de quien se deja guiar por la ley.
En contraste, el camino de los malvados es comparado con la paja. La paja es un símbolo de inconsistencia, de fragilidad, y evidencia aquí la ausencia de vida. De ella, se especifica que está a merced del viento para expresar que quien elige el camino de la necedad no tiene fundamento para responder a las situaciones que se plantean en la vida. El camino de los malvados es así, sin raíces y sin frutos.
Leemos los vv. 5-6: ¿A qué conclusión llega el salmista?
El salmo concluye sugiriendo una última imagen: el juicio. El salmista asegura que la inconsistencia conduce a los malvados y pecadores al fracaso total en todos los ámbitos de la vida. La asamblea de los justos es el lugar de la reunión de los sabios del pueblo, el tribunal, el lugar del juicio. A esta asamblea recurren quienes quieren zanjar una cuestión. El salmo dice que en ella son reconocidos los justos y, por el contrario, tienen las de perder quienes siguen el camino de los malvados.
Un nuevo contraste separa aún más ambos caminos. Hay una diferencia sustancial entre ellos. Dios está con el justo, guía su camino y lo acompaña. Sin embargo, el camino de los malvados es inconsistente y se desvanece. No es Dios quien condena, sino la persona que con sus elecciones opta por uno u otro camino. El salmo concluye como inició. El orante comenzó anunciando la dicha de quien no sigue el camino de los malvados y concluye afirmando que el camino de los impíos está destinado a la desgracia.
El salmo primero trae a la memoria dos pasajes evangélicos que nos ayudan a releerlo en clave cristiana. El primer pasaje es Mt 7,13-14. Jesús recuerda que el camino que conduce a la vida es estrecho e invita a su comunidad a caminar buscando no lo más fácil, sino lo más evangélico. Igualmente, en el evangelio de Juan el mismo Jesús se propone como el camino (Jn 14,6), dando así a entender a sus discípulos que es la vía que conduce a la comunión con el Padre.
A menudo nos encontramos ante la disyuntiva de tener que decidir. Delante de nosotros se presentan realidades que nos interrogan y somos tentados a optar por lo que consideramos mejor para nosotros, pero no siempre esta elección es la más justa. Es necesario pararse ante las posibles opciones que se nos proponen y preguntarnos desde dónde hacemos nuestras elecciones.
– Entre los dos caminos que propone el salmo, ¿por cuál quiero caminar yo? ¿Qué estoy haciendo concretamente para caminar por él? (Tiempo de reflexión que invierto, amigos de los que me rodeo, actitudes concretas...).
La diferencia sustancial entre los dos caminos que tenemos ante nosotros es la compañía del Señor. El orante dice que Dios protege el camino de los justos. Nos dirigimos a Dios que camina con nosotros y da sentido a nuestras decisiones.
• Presentamos al Señor las elecciones que hemos tomado en nuestra vida hasta el día de hoy. Reconocemos ante él que, a veces, estas no han sido acertadas porque hemos mirado solo nuestro beneficio. Le pedimos sabiduría para reconducir nuestros pasos.
• Damos gracias a Dios porque acompaña nuestro camino y lo protege. Bendecimos a las personas que él pone en nuestra vida, damos gracias por aquellas que nos muestran el sendero de la dicha y de la justicia. Le hablamos al Señor de cada una de ellas.
• El justo es como un árbol plantado junto al arroyo. Miramos a nuestro alrededor y meditamos sobre quiénes son signo de justicia en nuestro mundo. Nos detenemos a reflexionar acerca de cómo estas personas están enraizadas en Cristo y qué frutos las identifican.
• Le pedimos a Dios que ilumine a quienes tienen una vida inconsistente. Oramos por aquellos que han elegido una senda equivocada o por quienes por las circunstancias de la vida se han visto abocados a hacer elecciones injustas.
El salterio se abre con este salmo que nos invita a seguir un camino que lleva a la felicidad. Elegir supone tomar una decisión y optar por lo que consideramos lo mejor. Cuando nos decidimos queremos llevar a la vida nuestra opción. Comuniquemos al grupo cómo queremos vivir nuestra elección por la justicia.
– Nos damos un tiempo para recoger cuanto hemos orado. Personalmente cada uno formula su compromiso desde aquello que le ha iluminado la Palabra.
– Libremente expresamos en público nuestro compromiso.
Seis miembros del grupo leen cada uno un versículo del salmo en voz alta y pausadamente.
1 ¿Por qué las naciones se sublevan
y los pueblos urden planes sin sentido?
2 Los reyes de la tierra se rebelan,
los príncipes conspiran juntos
contra el Señor y su ungido:
3 «¡Rompamos sus ataduras,
desprendámonos de su yugo!».
vv. 1-3: Rebelión de los reyes.
4 El que habita en el cielo se ríe,
el Señor se burla de ellos.
5 Les habla entonces con furia,
con su ira los atemoriza:
6 «He ungido a mi rey
en Sion, mi monte santo».
vv. 4-6: Dios interviene.
7 Voy a proclamar el mandato del Señor.
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.
8 Pídemelo y te daré las naciones en herencia,
los confines de la tierra en heredad.
9 Los aplastarás con cetro de hierro,
los destrozarás cual vasija de alfarero».
vv. 7-9: El ungido, hijo de Dios.
10 Y ahora, reyes, reflexionad,
recapacitad, jueces de la tierra.
11 Servid al Señor con reverencia,
festejadlo emocionados,
12 [besad al hijo],
no sea que se enoje y andéis perdidos
al estallar de repente su ira.
¡Dichosos los que en él confían!
vv. 10-12: Invitación a los reyes.
Salmo 2
Comencemos nuestro encuentro poniéndonos en la presencia del Espíritu Santo, que él nos ilumine para que descubramos la dicha de confiar plenamente en Dios, rey y señor del universo, y nos dé fuerza para superar toda duda ante las adversidades.
Ven, Espíritu Santo, y úngenos con tu gracia,para afrontar y vencer las dificultades que se presentan en el camino.Susurra dentro de cada uno de nosotros la voz de Dios Padre que nos dice «tú eres mi hijo».Abre nuestra mente y nuestro corazón a la Palabra de Dios.
El salmo 2 presenta el poder de Dios y de su ungido. El orante experimenta a Dios como dueño y señor del universo, que por medio de su ungido vence a los enemigos y deshace sus planes.
– Proclamación del salmo.
– Dejamos unos momentos para hacer eco. Favorecemos así que el salmo resuene en nuestro interior.
El salmo gira en torno a la figura del rey y se articula en cuatro estrofas. La primera introduce la pregunta acerca de los planes perversos de las naciones y de sus dirigentes (vv. 1-3). La segunda contiene la respuesta de Dios, rey del cielo (vv. 4-6). La tercera recoge la voz del rey, ungido de Dios, y describe la misión que le ha encomendado (vv. 7-9). La cuarta estrofa vuelve sobre los reyes de la tierra con una interpelación para que confíen en el Señor (vv. 10-12).
Leamos la primera estrofa, vv. 1-3. El salmo empieza con una pregunta y la referencia a los planes de los reyes de las naciones, ¿de qué planes se trata?
El término ungido (masiah) proviene del verbo hebreo masah (ungir). Remite a la figura del rey, profeta o sacerdote que eran ungidos con aceite para llevar a cabo una misión. De aquí proviene la referencia teológica al Mesías, ungido de Dios, mediador de salvación.
El salmista lanza una inquietante pregunta acerca del poder perverso de las naciones. Los que rigen los pueblos se han amotinado tramando proyectos contra el Señor y su ungido. Su intención es quitarse de encima el yugo de Dios, es decir, desligarse de él y caminar libres de su dominio. Buscan separarse de lo que consideran una esclavitud. El salmista busca luz para su turbación.
¿Cuál es la respuesta de Dios? ¿Qué dice sobre su ungido? Leamos los vv. 4-6.
En el Antiguo Oriente era común la fiesta de la entronización del rey, momento en el que comenzaba su reinado. Se le imponían los signos de su señorío (corona, manto, cetro, nombre...), era ungido con aceite y se le proclamaban los títulos reales que lo conectaban a su dios.
Ante este desafío, la respuesta de Dios es en primer lugar de risa y después de ira. El salmista describe la reacción de Dios con estos dos sentimientos tan humanos. La primera reacción hace que la angustia de la pregunta inicial se disuelva. La sorpresiva burla de Dios proclama su poder frente a esos ataques merecedores de risa. A la vez, Dios increpa airado a estos poderosos provocando su terror. En sus palabras, Dios remite a su rey, a quien ha ungido, entronizándolo en Sion, la ciudad santa de Jerusalén (ver recuadro lateral). Él llevará a cabo sus planes.
Fijémonos ahora en las palabras de este rey, vv. 7-9: ¿Qué le ha dicho el Señor y qué misión le ha encomendado?
