Jesús, Maestro, Señor resucitado - Equipo Bíblico Verbo - E-Book

Jesús, Maestro, Señor resucitado E-Book

Equipo Bíblico Verbo

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Beschreibung

El primer evangelio que encontramos al abrir el Nuevo Testamento es el de san Mateo. Es un texto muy apreciado, citado y comentado en la Iglesia, entre otras razones por su insistencia en la vida de la comunidad cristiana, por el tono catequético que manifiestan sus páginas y por el rostro de Jesucristo que revela. Jesús, Maestro, Señor resucitado es una ayuda para introducirnos en este evangelio en clave de lectura creyente y orante. El Dios-con-nosotros que está presente en medio de su comunidad reunida, dará a nuestras iglesias la fortaleza y el empuje necesarios para mantenerse en el discipulado misionero todos los días hasta el fin del mundo.

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Seitenzahl: 261

Veröffentlichungsjahr: 2016

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Índice

PRESENTACIÓN

Parte I: Presentación de Jesús y de su ministerio

UNIDAD 1

• Texto bíblico: Mt 2,1-12

• Lectura creyente: Ha nacido una estrella

• Lectura orante: «Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,1-12)

UNIDAD 2

• Texto bíblico: Mt 4,1-17

• Lectura creyente: La gran tentación

• Lectura orante: «Vete de aquí, Satanás» (Mt 4,1-17)

UNIDAD 3

• Texto bíblico: Mt 6,5-15

• Lectura creyente: La oración de los que viven según el reino

• Lectura orante: «Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará » (Mt 6,5-15)

UNIDAD 4

• Texto bíblico: Mt 8,5-13

• Lectura creyente: La fuerza liberadora del reino

• Lectura orante: «Una sola palabra tuya bastará para que sane» (Mt 8,5-13)

Parte II: Hacia el surgimiento de la Iglesia de Jesús

UNIDAD 5

• Texto bíblico: Mt 10,16-33

• Lectura creyente: La fidelidad en tiempos difíciles

• Lectura orante: «No tengáis miedo» (Mt 10,16-33)

UNIDAD 6

• Texto bíblico: Mt 13,1-9.18-23

• Lectura creyente: Preparar el terreno

• Lectura orante: «Salió el sembrador a sembrar» (Mt 13,1-9.18-23)

UNIDAD 7

• Texto bíblico: Mt 18,1-14

• Lectura creyente: Los pequeños en la comunidad del reino

• Lectura orante: «El Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido» (Mt 18,1-14)

Parte III. Resistencia y hostilidad

UNIDAD 8

• Texto bíblico: Mt 20,1-16

• Lectura creyente: La justicia de la bondad

• Lectura orante: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?» (Mt 20,1-16)

UNIDAD 9

• Texto bíblico: Mt 22,1-14

• Lectura creyente: Las invitaciones del rey

• Lectura orante: «Invitad a la boda a todos los que encontréis» (Mt 22,1-14)

UNIDAD 10

• Texto bíblico: Mt 25,31-46

• Lectura creyente: Un juicio final que se prepara cada día

• Lectura orante: «Tuve hambre y me disteis de comer» (Mt 25,31-46).

Parte IV: Pasión y Resurrección

UNIDAD

• Texto bíblico: Mt 26,17-30

• Lectura creyente: Una cena de despedida

• Lectura orante: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo» (Mt 26,17-30).

UNIDAD 12

• Texto bíblico: Mt 28,1-10.16-20

• Lectura creyente: La misión universal

• Lectura orante: «Yo estoy con vosotros todos los días» (Mt 28,1- 10.16-20)

Celebración final: Llamados a más

Créditos

Presentación

Hace unos años pusimos en marcha la colección «Animación Bíblica de la Pastoral» y, en ella, la serie «Leemos, Compartimos, Oramos». El objetivo es ayudar a que la Lectura creyente y orante de la Sagrada Escritura sea el alimento permanente de todo cristiano. Un grupo formado por teólogos y biblistas, hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos y laicos, hemos preparado estos materiales. Tenemos por delante, en duración estimada de un curso, el reto de introducirnos como creyentes en el evangelio de Mateo. La aventura es fascinante, pero no fácil, porque seguir con coherencia a Jesucristo es navegar contracorriente. Contamos, para ello, con el apoyo inestimable del grupo bíblico, con el sostén de la comunidad eclesial y con el viento del Espíritu que, sin duda, hará que la obra llegue a buen puerto.

1. Cómo utilizar estos materiales

Estos materiales están pensados para el trabajo en grupo, pero también son válidos para la reflexión personal. Se componen de doce Unidades más una celebración final. Dado que cada Unidad está pensada para dos sesiones, resulta un total de 25 reuniones de grupo, que son los encuentros que suelen tener lugar a lo largo del año en cualquiera de nuestras parroquias y grupos bíblicos.

Primer encuentro: Lectura creyente

Hemos denominado a la primera parte de la Unidad «Lectura creyente». Lejos de ser un análisis meramente intelectual del texto bíblico, pretende descubrir el mensaje de fe que guarda, buscando sobre todo «saborear» el pasaje.

Los participantes del grupo bíblico, ayudados por la persona que hace las veces de animador, van leyendo el relato, deteniéndose en las reflexiones y preguntas marcadas en cursiva. Juntos, buscan responderlas acudiendo a los textos que se señalan. Es recomendable no saltar al párrafo siguiente, pues en él se ofrecen las respuestas requeridas. De esta forma, el mismo grupo va verificando su avance en la comprensión del pasaje.

Los recuadros al margen tienen carácter informativo. Son ayudas para comprender mejor el texto y para profundizar en elementos que quedan fuera de la explicación ofrecida. El animador debe decidir en qué momento de la sesión pueden ser leídos, o incluso recomendarlos para el trabajo de profundización personal después del encuentro grupal.

Esta sesión de lectura saboreada de un pasaje que hemos denominado «Lectura creyente» termina con un recuadro que lleva por título «Herramientas para profundizar». En él se ofrecen recursos para seguir ahondando en el tema desde otros lugares de la Escritura, desde las enseñanzas de la Iglesia, desde la pastoral, etc. El animador debe llevar preparado el recurso sobre el que profundizará el grupo, así como los materiales precisos para que pueda desarrollarse.

Segundo encuentro: Lectura orante

La segunda sesión de cada Unidad es una ficha de Lectura orante. Una vez que el grupo de Lectura creyente ha saboreado el texto bíblico, da un paso más y efectúa una Lectura orante del mismo. De esta forma la Palabra es comprendida, meditada, orada y contemplada, hasta conformar en nosotros la mirada, los sentimientos y las actitudes de Cristo. Solo desde aquí brotará un compromiso auténtico y coherente con nuestra identidad cristiana.

Hemos tomado el itinerario clásico de la Lectio Divina, al que hemos añadido, según la sensibilidad actual, el paso del compromiso:

• Lectura: ¿Qué dice el texto?

• Meditación: ¿Qué dice de mí/nosotros el texto?

• Oración: ¿Qué le decimos a Dios a partir del texto?

• Contemplación (incluida en la Oración): Miro y me dejo mirar

• Compromiso: ¿Qué hace surgir en mí/nosotros el texto?

Este encuentro de Lectura orante, aunque se realice en grupo, tiene momentos de silencio y reflexión personal, tal y como está señalado en cada ficha. Como el objetivo es ayudar en el itinerario de oración, cada uno de los pasos (Lectura, Meditación, Oración) contiene numerosas sugerencias que, por otra parte, no se agotan en sí mismas. Evidentemente, no pueden contemplarse todas en una sola sesión. Será necesario que cada participante elija una para reflexionar y después poner en común en el grupo. El tiempo de silencio previo está orientado a dejar que la Palabra ponga al descubierto el elemento más apropiado para mí aquí y ahora, y sobre el que cada uno va a detenerse y a compartir después con el grupo. El resto de las sugerencias, y otras no escritas que puedan presentarse, serán motivo de reflexión y oración en otros momentos.

2. El evangelio de Mateo

El primer evangelio que encontramos al abrir el Nuevo Testamento es el de san Mateo. Varias son las razones que ayudaron a colocarlo en este lugar. Una es que, durante mucho tiempo, se consideró el primero de los cuatro en ser redactado (hoy se reconoce que Marcos fue el primero). Otra razón es su insistencia en la vida de la comunidad cristiana y el tono catequético de la obra. Otra razón más: fue frecuentemente citado y largamente comentado en los primeros siglos de la Iglesia. Esta primacía ha llegado hasta nuestros días, pues antes del Vaticano II casi un 40% del total de lecturas litúrgicas eran tomadas de él.

La más antigua tradición cristiana (siglo II d.C.) consideraba que su autor era uno de los doce apóstoles: Mateo, el cobrador de impuestos (Mt 9,9; 10,3). Hoy se piensa que el autor fue un cristiano de origen judío que pertenecía a la segunda generación cristiana (70-100 d.C.), que conocía el griego y estaba familiarizado con el Antiguo Testamento, pues es el evangelio que más citas recoge de este bloque bíblico. Fue escrito, probablemente, alrededor del año 80. La mayoría de los estudiosos actuales coinciden en colocar el lugar de composición en torno a las comunidades cristianas que vivían en Antioquía de Siria.

Una comunidad en dificultades

A finales del siglo I, Antioquía de Siria era una ciudad próspera y uno de los centros culturales más importantes del Imperio. Allí se estableció un grupo de judeocristianos de cultura griega (helenistas), que acudían huyendo de la persecución que se desató en Jerusalén con motivo, según Hechos de los Apóstoles, de la muerte de Esteban (Hch 8,1-3; 11,19-21). Muy pronto esta comunidad se mostró libre frente a la ley judía, y empezó a aceptar en su seno a gentiles sin someterles a la circuncisión ni a otras prescripciones del judaísmo. Se originó entonces en Antioquía una comunidad pujante, caracterizada por el espíritu misionero y que buscaba la comunión, no sin dificultades, entre judeocristianos y paganocristianos. Pedro fue considerado el garante de la tradición, la autoridad máxima de la iglesia.

Las dificultades que la comunidad vivía en su interior se vieron acrecentadas por el ambiente exterior. Tras la caída de Jerusalén a manos de los romanos, en el año 70 d.C., el judaísmo se plegó sobre sí mismo y el grupo de los fariseos tomó el control de una religión que se volvió rigorista. Los cristianos, considerados hasta entonces un grupo dentro del judaísmo y tan solo tolerados, fueron atacados por los judíos más conservadores y expulsados de las sinagogas. Era imprescindible que los seguidores de Jesucristo definieran su identidad como comunidad diferente al judaísmo y llamada a anunciar el reinado de Dios a toda la humanidad.

Un evangelio para hoy

Pudiera parecernos, desde una lectura superficial de los evangelios, que estos tratan de presentar solo una visión histórica de Jesús y sus discípulos. Al lector avispado no se le escapa que en estos escritos aparece reflejada también la situación de la comunidad que los vio nacer.

Jesús es un personaje del pasado, reconocido por sus seguidores como el Maestro, el Mesías, el Hijo de Dios; pero es también el Señor resucitado presente en su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Los discípulos son figuras históricas que personifican muchos rasgos de la comunidad posterior; pero son también modelos para el creyente de cualquier época que entra en relación con Jesús y que aprende a seguirle. Pedro y los Doce ocupan un lugar especial en este evangelio, porque son eslabones en una tradición que remonta a Jesús y que se mantendrá vigente por siempre (Mt 16,17-19).

Así pues, buscando caminos para que la comunidad rehaga su identidad desde Jesucristo, Mateo presenta a los discípulos de ayer como modelo en el que pueden mirarse los creyentes de hoy y de todos los tiempos. Además, les ofrece criterios sobre los que asentar esa identidad. Atendiendo a este fin, recoge y expone de forma ordenada las enseñanzas de Jesús. Los cinco discursos (Mt 5–7; 10; 13; 18; 23-25) recuerdan los cinco primeros libros de la Biblia que los judíos llaman «Ley». Es como si Mateo quisiera decir a los cristianos que la ley definitiva que Dios ha dado a los hombres y mujeres, es Jesús de Nazaret, sus palabras y sus obras.

La identidad del seguidor de Jesús está en función del reino, que debe anunciarse con palabras y con obras. En este sentido, el evangelista subraya la importancia del «hacer». Aunque lo más difícil para el seguidor de Jesús es llegar a comprender el alcance y las exigencias de la cruz. Sobre el modelo del relato de Marcos, Mateo añade algunos elementos que subrayan el carácter dramático del final que espera a Jesús, anunciado en las Escrituras, y que pueden sufrir sus seguidores. La muerte en cruz conduce hacia la escena final, clave para comprender todo el evangelio: El Señor resucitado constituye el nuevo pueblo de Dios que continúa su misión (Mt 28,16-20).

Otros acentos del evangelio según san Mateo

En esta propuesta de seguimiento de Jesucristo a la que invita el evangelio de Mateo, van apareciendo diferentes temas significativos, de entre los que aquí subrayamos tres: la presentación de Jesús como el Maestro y Señor resucitado, la importancia de la comunidad eclesial y la invitación a cumplir la voluntad del Padre realizada en la misericordia.

Primero, el evangelista, como ya hiciera Marcos, aunque con matices propios, presenta a Jesús como el Mesías esperado, el Hijo de Dios sufriente. Además le confiesa como el Resucitado presente en la comunidad, el Señor del mundo y de la historia. Mateo es consciente de que hay un solo Maestro, Cristo, en quien se cumplen plenamente las promesas de Dios en el Antiguo Testamento.

Segundo, el evangelio de Mateo tiene un marcado carácter eclesial. Ante el rechazo de Israel, Jesús asegura la construcción de su Iglesia (Mt 16,18). Él es el Dios-con nosotros (1,23) que permanecerá «hasta el fin del mundo» (28,20). Esta Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús, es una nueva familia establecida como fraternidad radical (23,8-10), donde ofrecer perdón, cuidar del otro y servir sin límites son valores fundamentales.

Tercero, Mateo pone el acento en dos elementos que caracterizan al discípulo: el cumplimiento de la voluntad del Padre y la misericordia (Mt 9,13; 12,7). El seguidor de Jesucristo no es el que, simplemente, confiesa de palabra un credo; lo fundamental es que se deje introducir en la sabiduría de Jesús, el Maestro, e imite sus obras, que conozca su voluntad y la cumpla, de modo que se instaure el reinado de Dios.

La comunidad de Mateo es profundamente misionera. Las palabras de Jesús resucitado, con las que el evangelista cierra su obra, siguen invitando a que nadie quede privado del gozo de la buena noticia. Ojalá la lectura creyente y orante de este evangelio y la ayuda del Espíritu Santo nos sigan estimulando en este camino.

Equipo Bíblico Verbo

Parte I

Presentación de Jesús y de su ministerio

Unidad 1

Texto bíblico:Mt 2,1-12

1Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, durante el reinado de Herodes. Por entonces llegaron a Jerusalén, procedentes de Oriente, unos sabios, 2que preguntaban:

–¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Nosotros hemos visto aparecer su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.

3El rey Herodes se inquietó mucho cuando llegó esto a sus oídos, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén. 4Así que ordenó que se reunieran los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley para averiguar por medio de ellos dónde había de nacer el Mesías. 5Ellos le dieron esta respuesta:

–En Belén de Judá, porque así lo escribió el profeta:

6Tú, Belén, en el territorio de Judá,no eres en modo alguno la menorentre las ciudades importantes de Judá,pues de ti saldrá un caudilloque guiaráa mi pueblo Israel.

7Entonces Herodes hizo llamar en secreto a los sabios para que le informaran con exactitud sobre el tiempo en que habían visto la estrella. 8Luego los envió a Belén diciéndoles:

–Id allá y averiguad cuanto os sea posible acerca de ese niño. Y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber para que también yo vaya a adorarlo.

9Los sabios, después de oír al rey, emprendieron de nuevo la marcha, y la estrella que habían visto en Oriente los guio hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10Al ver la estrella, se llenaron de alegría. 11Entraron entonces en la casa, vieron al niño con su madre María y, cayendo de rodillas, lo adoraron. Sacaron luego los tesoros que llevaban consigo y le ofrecieron oro, incienso y mirra.

12Y advertidos por un sueño para que no volvieran adonde estaba Herodes, regresaron a su país por otro camino.

i Lectura creyente

Ha nacido una estrella

Iniciamos hoy un nuevo curso como grupo de lectura creyente y orante de la Sagrada Escritura. Sin duda, los motivos por los que hemos elegido esta actividad y no cualquier otra, han sido diferentes en cada uno de nosotros: deseamos comprender en profundidad la palabra de Dios; anhelamos el encuentro con Jesucristo y con los hermanos; queremos apoyarnos unos en otros para vivir mejor la alegría del Evangelio. Ser conscientes de lo que esperamos del grupo durante el curso y exponerlo es una forma eficaz de lanzarnos juntos a conseguirlo. El camino a recorrer se presenta con mayor claridad si todos y cada uno expresamos nuestras expectativas.

Pensemos unos momentos y luego compartamos. ¿Qué me gustaría conseguir en este grupo durante este curso? ¿Qué estoy dispuesto a aportar? (Después del diálogo personal, llegamos a un objetivo común aceptado por todos).

i El comienzo del evangelio de Mateo

Nos hemos marcado un objetivo para el curso. En la segunda mitad del siglo i también lo hizo un autor al que llamaremos Mateo, en consonancia con la denominación tradicional en la Iglesia. Pretendía situar a sus lectores ante el mensaje y la persona de Jesucristo, animándoles así a conocerlo mejor y a seguirle como el Señor resucitado. Por eso recogió diversos materiales sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret: gran parte del evangelio de Marcos, dichos y enseñanzas de Jesús y otras informaciones vividas y contadas por sus comunidades. Con todo ello, preparó una catequesis bien cuidada y organizada. Alrededor del año 80 empezó a circular por las comunidades cristianas de Antioquía de Siria una obra que tendría un éxito singular en la espiritualidad y en la liturgia de la Iglesia posterior: el evangelio según san Mateo.

Alrededor del año 350, el papa Julio declaró el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. Mientras una fiesta romana pagana celebraba «el natalicio del Sol invicto», los cristianos empezamos a celebrar el nacimiento de Jesucristo. Cuando las noches empiezan a ser más cortas, los seguidores de Jesús le confesamos y celebramos como la Luz que no conoce el ocaso.

Los primeros capítulos (Mt 1–2) son como una presentación de Jesús, una especie de evangelio en miniatura, donde se recogen los grandes temas que se abordarán más tarde en el resto de la obra. Mediante un relato bien trabado y lleno de alusiones al Antiguo Testamento, Mateo comienza presentando a los ilustres antepasados de Jesucristo (1,1-17), quienes le señalan como el Mesías prometido a Israel (hijo de David) y el padre del nuevo pueblo de Dios (hijo de Abrahán). No solo eso. Jesús, el ilustre personaje del que está hablando, alcanza su máxima importancia porque es el Hijo de Dios, como así le revela el ángel a José. Su misión será salvar al pueblo de sus pecados (1,18-25).

Vayamos al texto sobre el que reflexionaremos hoy: Mt 2,1-12. ¿Quién es el personaje central del relato? ¿Quiénes son los otros personajes que aparecen en él? ¿Qué se dice de ellos en estos versículos?

Hecha la primera presentación del protagonista de su obra, Mateo señala que Jesús nació en Belén de Judea, una pequeña ciudad de Palestina que fue la cuna del rey David. De esta forma, e indirectamente, está señalando a Jesús como el elegido de Dios y el anunciado en el Antiguo Testamento: según las Escrituras, un descendiente de David, nacido en Belén, sería el Mesías, el «caudillo que guiará a mi pueblo» (2,6). Además, Mateo sitúa a Jesús en el tiempo hablando de Herodes, que fue tetrarca (gobernador de cuatro provincias), aunque aquí se le da el título de rey para contraponerlo al «rey de los judíos recién nacido».

La tradición posterior señaló que los sabios de Oriente eran tres, porque tres fueron los dones ofrecidos al niño. Con los tres reyes quedaban simbolizadas las tres edades de la humanidad (joven, adulto, anciano) y se invitaba también al encuentro con Jesús a las gentes de los tres continentes entonces conocidos (Europa, Asia, África).

Ante Jesús, el personaje central del relato, comienzan a desplegarse otros actores. Junto a Herodes cobran protagonismo los sabios de Oriente. Para algunos representan la sabiduría y la religiosidad pagana a través de las cuales se puede conocer a Jesucristo; otros descubren en ellos el camino de todo ser humano en búsqueda de la verdad y de la plenitud, que se encuentra con Cristo desde la palabra de Dios; otros los señalan como personajes simbólicos en los que podrían verse reflejados aquellos paganos que entraban a formar parte de la comunidad de Mateo. Desde el comienzo les caracteriza la búsqueda insistente, de modo que no encuentran obstáculo insalvable para conocer al «rey de los judíos recién nacido». Su inquietud interior, manifestada en la búsqueda, recuerda el camino de fe que todos estamos llamados a realizar hasta encontrar y adorar a Jesucristo.

Tanto Herodes como los sabios toman postura ante Jesús. Leemos Mt 2,3-9a. ¿Cuál es la estrategia de Herodes ante Jesús?

i El rechazo del rey

A partir del v. 3, Herodes parece tomar las riendas de la historia. Se muestra como un mandatario perverso y astuto que teme perder el puesto político asignado por el emperador romano. La estampa toma tintes casi cómicos: el poderoso se siente desafiado por un inofensivo bebé, Herodes siente peligrar su reinado ante el rey de los judíos recién nacido. Su oposición a Jesús es tal que llegará a decretar la muerte de los niños nacidos en Belén (2,16-18). Los lectores recordarán que en el AT también el faraón se conmocionó al considerar que los israelitas podían hacerse más fuertes que los egipcios, llegando al infanticidio (Ex 1,8-16). Y es que Mateo relaciona los comienzos de la vida de Jesús con los inicios del pueblo de Israel para mostrar que en Cristo se cumplen todas las expectativas y promesas anunciadas por Dios en la ley y los profetas.

En su hostilidad contra Jesús, Herodes no está solo. Leamos Mt 2,3-6. ¿Qué grupos comparten con Herodes el rechazo de Jesús? ¿Nos recuerdan algo de la vida de Jesús?

Comparten la inquietud de Herodes y su actitud hostil ante el niño-rey dos grupos de personas. Por una parte, «todos los habitantes de Jerusalén», el pueblo que sentenciará a Jesús diciendo: «De su muerte nos hacemos responsables nosotros y nuestros hijos» (27,25); por otra, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que condenarán a muerte a Jesús (26,3-4) y que se oponían abiertamente a los cristianos en la época del evangelista. Con la actitud hostil de Herodes y estos dos grupos que se alían con él, Mateo hace un guiño a sus lectores: la vida de Jesús, desde el principio, contará con opositores. El misterio de la cruz está presente desde las primeras horas de su vida.

Dios quiere entablar un diálogo salvador con todas las gentes y utiliza el lenguaje que cada uno pueda comprender. A Herodes le habló a través de sus asesores. A los maestros de la ley, a través de las Escrituras. A los sabios, a través de sus estudios astronómicos. A pesar de ello, ni Herodes ni los maestros de la ley se ponen en camino, solo los sabios.

Herodes, el rey perverso, y Jesús, el rey recién nacido, mantienen una confrontación muy desigual. Pero hay una luz de esperanza. Leamos Mt 2,2 y Mt 2,9. ¿A qué luz nos referimos? ¿Cuándo vuelven a encontrarla los sabios?

Cuando se ponen de nuevo en camino, los sabios vuelven a ver la estrella. Evidentemente, no podemos caer en una lectura literal (fundamentalismo), e identificar esa estrella simplemente con una supernova o con la aproximación de dos planetas. Aun cuando no podamos ignorar serias investigaciones científicas, es necesario que comprendamos esa luz más como un recurso teológico que como un acontecimiento astronómico. Un recurso teológico orientado a señalar que en Jesús se cumplen las Escrituras. Ya en Nm 24,17 se habla de que «una estrella sale de Jacob, un rey surge en Israel». Y el profeta Isaías habla de una luz que nace en la noche y brilla en la oscuridad (Is 60,1.3). Jesús es la estrella y la luz. Su nacimiento es una luminaria de tal intensidad que no puede esconderse y está llamado a iluminar a todas las naciones (4,12-16).

Ante esa estrella hay diferentes reacciones. Leamos Mt 2,9-11. ¿Cómo se contraponen las actitudes de los sabios a las de Herodes?

i El encuentro con el rey

A la actitud hostil de Herodes y de Jerusalén, se contrapone la de los sabios. Ellos son de origen pagano, pero están atentos a los signos de Dios presentes en los astros. La estrella les guía desde sus tierras paganas hasta Jerusalén, ciudad de Dios. Allí desaparece la estrella porque ahora quien hace de guía para seguir buscando a este rey-mesías son las Escrituras, que les orientan y les ponen de nuevo en camino. En su búsqueda incansable, saliendo de la ciudad santa, la estrella vuelve a indicarles el punto donde ha nacido Jesús: Belén.

A la inquietud que mantuvo Herodes ante el nacimiento del niño rey (v. 3), contraponen una inmensa alegría (v. 9) y una profunda adoración (v. 11), respuestas positivas de quienes conocen y acogen la luz y la salvación de Dios. No dudan en corregir su imagen de Jesús rey: primero lo buscaron erróneamente en el palacio de la ciudad y luego lo encontraron en un lugar mucho más humilde, en la casa con su madre (v. 11). Muchos paganos que estaban entrando a formar parte de la comunidad de Mateo podrían verse reflejados en la actitud de estos sabios de Oriente.

Pero el pérfido plan de Herodes aún no está desbaratado. Leamos Mt 2,12. ¿Cómo muestra Mateo la intervención de Dios en este momento de la historia?

San Ireneo, un obispo del siglo ii, explica el profundo sentido de los dones que los sabios entregaron a Jesús. Los tres presentes simbolizan la naturaleza divina y humana de Cristo: el oro recuerda que Jesús es rey; el incienso revela al «Dios de los judíos que ahora se manifiesta por primera vez a los gentiles»; y la mirra anticipa su muerte.

En los relatos de la infancia de personajes ilustres, tanto de la antigüedad judía como helenística, era habitual incluir intervenciones extraordinarias de Dios. De esta forma, se ponía de manifiesto que el recién nacido era alguien escogido por la divinidad y cuidado por ella para llevar adelante sus planes sobre el mundo. Un ejemplo de este recurso son los sueños, que encontramos varias veces en el relato de la infancia de Mateo (1,20; 2,12.13.19.22). Mediante ellos, se hace evidente que Dios está implicado con la salvación de su pueblo y no dejará solos ni a su Hijo Jesús ni a los suyos, aunque arrecien las persecuciones (2,13-23). Así, aunque parece que el mal va a triunfar en la historia, Dios tiene la última palabra y desbarata el malvado plan de Herodes avisando a los sabios a través de algo tan humano como es el sueño. Estos, igual que hiciera antes José (1,20-21), se muestran obedientes a la voluntad de Dios y no dudan en cambiar de planes y regresar a su país por otro camino.

El objetivo de los evangelios no es describir lo que ocurrió en un remoto lugar del Imperio romano en el siglo i. Ante todo quieren confesar quién es Jesús de Nazaret para aquellos que creen en él, e invitar a otros al seguimiento.

El relato continúa. Mateo insiste en presentar a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, el rey que lleva a cumplimiento y plenitud las promesas del Antiguo Testamento, considerado palabra de Dios. Los cristianos de su comunidad ya saben lo que pretende el evangelista: que todos conozcan a Jesucristo, que lo busquen incansablemente y que, adhiriéndose a él, lo adoren. Los de origen judío pueden verse reflejados en José, el judío fiel que ha sabido acoger a Jesús; los de origen pagano pueden mirarse en los sabios. Nadie ignora los peligros que acechan a los seguidores de este niño-rey. Nosotros, cristianos del siglo xxi, también estamos invitados a tomar una postura creyente y apasionada que nos haga salir del conformismo y aburguesamiento. La lectura creyente y orante de la palabra de Dios que hoy iniciamos será como nuestra «estrella», que nos guiará al encuentro con Jesucristo, a adorarlo y a seguirle como el rey y Señor de nuestras vidas.

Herramientas para profundizar

jDesde otros pasajes de la Escritura

Buscamos estas citas e intentamos relacionarlas con el texto bíblico sobre el que hemos reflexionado en esta sesión de Lectura creyente:

– Sal 72 (71),10-11

– Is 60,1-4.6

– Nm 24,17

– Nm 22–24

– Miq 5,1

j Desde el estudio del texto bíblico

Leamos detenidamente:

«En la antigüedad, los rabinos judíos estudiaban el Antiguo Testamento buscando cómo interpretarlo y actualizarlo con fidelidad. Fruto de esa reflexión eran unos relatos cortos en los que se contaba la verdad de las Escrituras y se hacía comprensible su mensaje para el presente. Conocemos esos relatos con el nombre de midrás.

Mateo, educado en la mentalidad judía, compuso el relato de la infancia para contar a su comunidad quién era Jesús y señalar que en su persona se han cumplido las promesas anunciadas por Dios en el Antiguo Testamento».

Comentamos: Según lo que hemos leído, ¿puede considerarse el relato de la infancia según san Mateo un midrás? Razonemos la respuesta.

j Desde un autor contemporáneo

Para completar el acercamiento a Mt 1 y 2, podemos leer el artículo de S. Guijarro Oporto «La infancia de Jesús en el evangelio de Mateo», en el libro del mismo autor, Jesús y el comienzo de los evangelios, Verbo Divino, Estella 2006, pp. 151-166.

i Lectura orante Lectura orante

«Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,1-12)

g Nos disponemos

Nos preparamos para acoger la palabra de Dios en nuestra vida con un momento de silencio. Nos unimos en esta invocación al Espíritu Santo para que abra nuestro corazón a la Palabra y nos lleve al encuentro con Jesucristo.

Espíritu Santo, ven. Queremos escuchar y comprometernos con la palabra de Dios, pero nos reconocemos pobres y débiles. Toma nuestras vidas. Recréanos, fortalécenos. Sé en nuestra existencia la estrella luminosa que nos lleve al encuentro de Jesucristo, nuestro Señor.

g PROCLAMACIÓN DEL PASAJE: Mt 2,1-12

g LECTURA. ¿Qué dice el texto?

Tras la proclamación comunitaria del pasaje, volvemos a leerlo de forma personal introduciéndonos en la escena. Recuerdo lo reflexionado en la sesión de Lectura creyente y me fijo, especialmente, en lo que el relato dice de Jesús.

• Recuerdo, en primer lugar, que nos encontramos en el llamado «evangelio de la infancia» de san Mateo. En él, el evangelista toca los grandes temas que luego va a desarrollar a lo largo de toda su obra. Aludiendo a personajes y a textos del Antiguo Testamento, nos ha presentado a Jesús como una persona ilustre, «descendiente de David y de Abrahán» e Hijo de Dios.

• Me fijo en lo que dice el pasaje de Jesús. Le confiesa como el Mesías esperado que, según anunciaron los profetas, debía nacer en Belén, la patria del rey David. Le proclama también «rey de los judíos» y rey de las naciones a quien reconocen y adoran los paganos, representados en los sabios de Oriente.

• Descubro en el pasaje las reacciones que Jesús va a suscitar en el mundo. Por un lado, el rechazo, representado en Herodes, los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y la ciudad de Jerusalén. Por otra, la acogida y la adoración, expresada por María, los sabios y la aldea de Belén.

• Me detengo en los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley. Conocen las Escrituras, las leen, pero su mensaje no llega a calar en ellos, no se ponen en camino y son incapaces de ver en aquel niño recién nacido al rey de los judíos anunciado en el Antiguo Testamento.