Perspectivas de la hermenéutica - Mauricio Beuchot - E-Book

Perspectivas de la hermenéutica E-Book

Mauricio Beuchot

0,0
12,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

La filosofía contemporánea oscila entre dos abismos: el dogmatismo rígido y el relativismo sin rumbo. Mauricio Beuchot ofrece aquí una salida lúcida: la hermenéutica analógica, un modo de interpretar que equilibra razón y emoción, apertura y rigor, identidad y diferencia.Desde la verdad práctica hasta la interculturalidad, pasando por la concepción de la persona y los desafíos de la posmodernidad, este libro traza un camino para renovar el pensamiento y recuperar su función vital: comprender al otro y comprendernos a nosotros mismos.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 232

Veröffentlichungsjahr: 2026

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Mauricio Beuchot

Perspectivas de la hermenéutica

Razón y emoción

Herder

Diseño de la cubierta: Herder

Edición digital: www.voringran.com

 

© 2025, Mauricio Beuchot

© 2026, Herder Editorial, S.L., Barcelona

 

ISBN ePub: 978-84-254-5304-5

1.a edición digital, 2026

 

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a cedro (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)

 

Herder

www.herdereditorial.com

Índice

Cubierta

Portada

1. Oportunidad para una hermenéutica analógica

La crisis actual de la filosofía

La hermenéutica

La analogía

La hermenéutica analógica

El acto de interpretación analógica

Utilidad de la hermenéutica analógica: su recepción en el mundo

Conclusión

2. Hacia una racionalidad analógica

La búsqueda de una racionalidad analógica

Una racionalidad analógico-simbólica

Una racionalidad en contexto iberoamericano

Conclusión

3. Sobre la verdad práctica desde una hermenéutica analógica

Teorías de la verdad en la filosofía reciente

Hermenéutica analógica y verdad

Hermenéutica analógica y verdad práctica

Verdad práctica y ética

Conclusión

4. Una concepción de la persona

Descripción fenomenológica de la persona

Dimensión hermenéutica del ser humano

La intencionalidad existencial y la ontología o metafísica

Dimensión ontológica del ser humano

Conclusión

5. Cultura y utopía en la posmodernidad

La cultura y sus crisis

La cultura de la técnica y la técnica de la cultura

La cultura como respuesta a la vida

El recurso del método analógico

Conclusión

6. El fenómeno imparable de la interculturalidad

Intervención de la imaginación analógica en la interpretación intercultural

La imaginación analógica en la hermenéutica analógica de la interculturalidad

La existencia de accesos analógicos a las culturas

Conclusión

La razón analógica y su astucia

Una aplicación: la pedagogía

Otra aplicación: la enseñanza de la filosofía

Conclusión

8. Relevancia de una fenomenología analógica

Edmund Husserl: el origen

Edith Stein: la relación con el tomismo

Maurice Merleau-Ponty: fenomenología y existencialismo

André de Muralt: las cautelas

Emmanuel Lévinas: el otro como fenómeno y persona

Jean-Luc Marion: la saturación de la fenomenología

Reflexión

Conclusión

9. El pensamiento otro

La razón y el corazón

Hermenéutica y facticidad

La historia

Antropología filosófica

¿Más allá de la hermenéutica?

Realismo en ética, más allá de la ontología

Nuevos rumbos

Conclusión

Epílogo

Bibliografía

Sobre este libro

Sobre el autor

Otros títulos

Introducción

En este libro deseo plasmar la importancia de una hermenéutica analógica y de la racionalidad, analógica también, en la que se sustenta. Se tratará de una racionalidad que ha sido relegada en la historia, pero que puede verse como necesaria para la actualidad.

Comenzaré exponiendo la relevancia de la hermenéutica analógica, aludiendo a lo que, en nuestro contexto, nos puede ofrecer para la filosofía actual. Es, ante todo, la que nos permitirá evitar el univocismo de los racionalismos obtusos y el equivocismo de los relativismos excesivos.

Mostraré luego algunas características de esa racionalidad analógica que fundamenta la hermenéutica del mismo signo. Tiene apertura, pero con seriedad; sirve para hacer silogismo, pero sin la cerrazón de la racionalidad logicista, manteniéndose en un equilibrio proporcional. Es abierta, pero seria; acogedora, pero exigente.

Pasaré luego a substanciar cómo se aplica tal racionalidad a la verdad práctica. Esta se da en el juicio prudencial, con sentido del término medio virtuoso. Es la que nos abre a la ética y también a la efectividad. Gadamer ha dicho que lo que ha levantado recientemente a la filosofía ha sido su parte práctica, no la teórica; por eso debemos atender a este aspecto suyo.

Y ya que la razón filosófica tiene que beneficiar al ser humano, expondré, en seguida, el concepto de persona que me parece más correcto. Es una concepción que comienza con la fenomenología de los elementos que lo constituyen, pasa a la hermenéutica de esos datos o a interpretar esos hechos, y llega a una ontología de la persona, como substancia racional en relación múltiple. Recoge, pues, lo clásico y lo contemporáneo. La tradicional insistencia en su substancialidad y el reciente énfasis en su carácter relacional.

Dado que la persona tiene como entorno la cultura, vendrá después una reflexión sobre ese ámbito cultural que la circunda, incluso más que el natural. Atenderé, pues, al modo en que se da la cultura en la posmodernidad, trataré de dilucidar si es posible todavía una utopía en estas condiciones. En efecto, hay que salir de la postración en la que se encuentra la política y aspirar a una situación social mucho mejor.

Después de hablar de la cultura, accederé al tema de la interculturalidad, fenómeno en el que tiene mucha cabida la hermenéutica, y creo que debe ser analógica, para que haya un diálogo aceptable. En efecto, en un diálogo unívoco hay imposición de una de las partes y en uno equívoco hay un caos de todas las partes; en cambio, en un diálogo analógico hay paridad y la relevancia la obtiene la buena argumentación.

Me detendré, asimismo, en el tema de la astucia de la razón, como la llamó Hegel; pero aquí será la astucia de la razón analógica, la cual tiene sus peculiaridades. Así como la astucia de la razón hegeliana consistía en hacer creer que se labora por lo individual, siendo que se trabaja en pro de lo universal, la astucia de la razón analógica consiste en hacer creer que conocemos lo individual, siendo que en eso mismo estamos conociendo lo universal (pero de una manera dialéctica y conjetural).

Además, ya que junto con la hermenéutica se sitúa la fenomenología, trataré de mostrar la necesidad de una fenomenología analógica. Es decir, así como la hermenéutica analógica incorpora el concepto de la analogía y aprovecha su riqueza, creo que la fenomenología se verá beneficiada al hacerlo, pues hay fenómenos cuya donación solo se puede alcanzar de esa manera, un tanto indirecta, analógica.

Añadiré algunas aplicaciones de la hermenéutica analógica al pensamiento distinto, el que escucha las razones del corazón y no solo las de la razón; asimismo, el que atiende a la interpretación de los hechos, con el fin de ir más allá del dictum de Nietzsche: «No hay hechos, solo interpretaciones», y mostrar que lo que hay son hechos interpretados, para pasar, por último, a la filosofía de la historia. Esto nos permitirá asomarnos más allá de los límites de la hermenéutica, buscando nuevos horizontes.

La obra se cierra con un epílogo y una bibliografía selecta.

1. Oportunidad para una hermenéutica analógica

En este capítulo trataré de exponer un instrumento conceptual que ayudará a la renovación de nuestra filosofía. En efecto, continuamente se nos dice que la filosofía actual está en crisis. Mucho más después del tiempo de pandemia, que no solo se da en México, sino en todo el mundo. Parece que nada se­guirá siendo lo mismo. Aceptada la situación presente, debemos buscar un remedio, para seguir adelante con el pensamiento filosófico. Pues bien, creo que una hermenéutica analógica puede servir para curar esa crisis e incluso para renovar la filosofía.

Por eso, deseo hacer una exposición introductoria de lo que es o aspira a ser una hermenéutica analógica.[1] Para tal efecto, primero hablaré de la hermenéutica en general, con el fin de dar una idea somera pero suficiente de ella, para después detallar lo que a la noción de hermenéutica añadiría la de una hermenéutica analógica. Para tal fin, habrá que exponer, también brevemente, qué es la analogía, la analogicidad, de la que toma su nombre la hermenéutica analógica, a fin de que este último concepto sea comprendido más fácil y de forma clara.

En efecto, la hermenéutica analógica surge como una tentativa de respuesta, como un intento de solución, o quizá de puerta, que saque a aires más respirables, en este momento en que la pelea entre univocismos y equivocismos ha fatigado a los espíritus. Por combatir el univocismo, que toma cuerpo en posturas racionalistas, cientificistas, positivistas, etc., se ha dado demasiado lugar al equivocismo, que se encarna en los relativismos, subjetivismos, escepticismos, etc., tan frecuentes en nuestro tiempo. Hace falta una postura intermedia, un tertium quid, una salida diferente. Y eso es lo que trata de ser la hermenéutica analógica. Así pues, de acuerdo con lo dicho, comencemos explicando la idea de hermenéutica.

La crisis actual de la filosofía

Mencioné la crisis filosófica. En efecto, en la actualidad se polarizan la filosofía anglosajona y la filosofía continental. La primera consiste principalmente en la filosofía analítica; la segunda abarca la fenomenología y la hermenéutica. Pues bien, la hermenéutica ha sido adoptada por muchos pensadores posmodernos, por eso me centraré en ella. No obstante, hay que decir que la filosofía posmoderna está de salida.[2] Al parecer ya dio de sí, está agotada, exhausta. Cumplió algunas de sus expectativas, como disminuir las pretensiones de la razón moderna, pero exageró en esa línea y llegó a un relativismo muy extremo, rayano en el escepticismo; siempre con la sombra del nihilismo. Por eso, fue necesario un avance, un cambio.

De acuerdo con lo anterior, en años muy recientes han surgido nuevas corrientes filosóficas. Una de ellas es el llamado «nuevo realismo», capitaneado por Maurizio Ferraris, que ha ganado a varios filósofos jóvenes, muy brillantes, entre los que se cuentan el alemán Markus Gabriel, el francés Quentin Meillassoux y el estadounidense Graham Harman.[3]

Lo curioso es que estos nuevos filósofos son discípulos de pensadores posmodernos, aunque ahora enfrentados a ellos. Ferraris es alumno de Vattimo, pero se cansó del relativismo de su mentor. Meillassoux es alumno de Badiou, quien fue seguidor de Deleuze. También es curioso que estos nuevos filósofos se debaten entre la filosofía analítica y la filosofía posmoderna, pues igual adoptan tesis de Wittgenstein que de Heidegger. De hecho, debería hablarse de realismos, ya que son varios y diversos. Entre ellos, Ferraris ha colocado mi propuesta de una hermenéutica analógica, en forma de realismo analógico, lo cual me ha hecho meditar en la actualidad y vigencia de una postura amparada en el concepto de la analogía.

Debido a ello, quiero presentar aquí los rasgos más salientes de esa hermenéutica analógica, la cual me gustaría que sirviera para renovar la filosofía, para colaborar en la actualización de nuestra disciplina y que nos haga acceder a terrenos más promisorios, más allá del univocismo de los analíticos y del equivocismo de los posmodernos. Trataré de exponerlo a continuación: cómo en la hermenéutica, que es el instrumento conceptual más reciente en la historia de la filosofía, puede incorporarse el concepto de la analogía y darnos una hermenéutica analógica, que renueve la filosofía, superando las hermenéuticas unívocas, como las del positivismo, y las hermenéuticas equívocas, como las del posmodernismo.

La hermenéutica

La hermenéutica es la disciplina de la interpretación de textos.[4] Interpretar es comprender en un sentido dinámico, según el cual se va profundizando cada vez más en la comprensión. Los textos pueden ser escritos, hablados y actuados. El texto su­pone un autor, que es quien lo ha producido, y un receptor o intérprete, que no siempre es el destinatario que el autor tenía en mente. Por eso en el texto confluyen dos intencionalidades, a veces opuestas: la del autor y la del lector.[5] La intencionalidad del autor es lo que él quiso expresar en su texto y la del lector es lo que este interpreta en el texto. Como se ve, no siempre coinciden las dos intencionalidades, esto es, no siempre el lector interpreta en el texto lo que el autor quiso que se interpretara en él; por eso algunos, Umberto Eco entre ellos, hablan de una intencionalidad del texto, esto es, una vida propia que el texto llega a adquirir, un mensaje bastante distinto que se produce según los distintos lectores que lo interpretan.[6] Aquí se produce un conflicto de intencionalidades, y si damos la preferencia al autor, estamos propiciando una hermenéutica objetivista, que cree que se puede rescatar su intención de manera pura y exacta; sin embargo, en vista de que casi nunca es alcanzable, si damos la preferencia al lector, estamos promoviendo una hermenéutica subjetivista, la cual llega a ser a veces excesiva; por eso me parece que se trata de buscar una solución intermedia, pero que no peque de ser una idea simplista e inútil, sino que sepa recoger ese ideal de los griegos de un término medio virtuoso, a la vez complejo y rico, difícil y fecundo, que es lo que en el fondo nos guía en la vida, ya que es la idea de virtud o areté, sobre todo de prudencia o phrónesis.[7]

Para interpretar un texto se busca el contexto en el que fue producido, por eso interpretar es poner un texto en su contexto, lo cual requiere un trabajo arduo. Además de saber el idioma en el que el texto está escrito, hay que investigar al autor, sus ideas, su época, su cultura, elementos que nos puedan hablar de sus intenciones textuales. También hay que ponderar la relación que el texto tiene con nosotros, seamos o no los destinatarios que el autor quería, y aun en el caso de no ser esos destinatarios, qué nos dice el texto a nosotros. Es decir, nos ponemos en contexto frente a él, analizamos nuestra recepción de este. Por eso Gadamer decía que toda interpretación es al mismo tiempo una autointerpretación. Al interpretarlo, nos colocamos frente al texto (y frente a su autor).

Al interpretar un texto, al ponernos frente a él, al sentirnos interpelados por él, nos planteamos una o varias preguntas in­terpretativas: ¿Qué dice? ¿Qué quiso decir su autor? ¿Qué me dice a mí ahora? Es como la admiración, que, según Aristóteles, nos hace investigar, y, según Peirce, nos mueve a hacer una abducción o a lanzar una o varias hipótesis interpretativas, casi siempre más de una. Y nos damos a la tarea de eliminar las hipótesis improcedentes para quedarnos con las mejores o la mejor; en ello mismo las ponemos a prueba, las contrastamos con la información que logramos recabar acerca del texto, sobre todo para ver si podemos rescatar la intencionalidad del autor, lo que este quiso expresar. Es decir, al elegir una hipótesis como la principal, al tratar de argumentarla (con argumentación retórica o tópica y no, por supuesto, apodíctica), hacemos una deliberación, la establecemos como tesis, como juicio interpretativo o como respuesta a la pregunta interpretativa del comienzo. Según se ve, en ello se da la estructura de la prudencia o phrónesis, como quería Gadamer, pues preguntar acerca del texto, deliberar para proponer hipótesis y elegir las más viables es el procedimiento de esta virtud. Y no solo Gadamer, también Popper, el gran filósofo de la ciencia, llegó a decir que en el trabajo científico se elige entre dos teorías rivales no tanto por argumentación lógica sino por phrónesis, aplicando esa deliberación prudencial que nos hace encontrar las más adecuadas y fructíferas para la investigación subsiguiente.[8]

Por lo demás, interpretar textos es lo que, en esencia, hacemos en las ciencias humanas o humanidades, en concreto en la filosofía. Por eso la hermenéutica va siendo cada vez más aceptada como un instrumento cognoscitivo importante para la filosofía. De hecho, la hermenéutica se ha colocado como lo más importante en la filosofía actual, llamada tardomoderna o posmoderna. La posmodernidad es típicamente hermenéutica, a veces con riesgo de exagerar su presencia y sus límites. Pero se ha abusado de una hermenéutica equívoca; por eso, sin caer en una hermenéutica unívoca contraria, es conveniente alcanzar una hermenéutica analógica.

La analogía

Para hablar de la hermenéutica analógica, una vez que hemos disertado sobre la hermenéutica en general, atendamos ahora a la analogía, que es la que la vertebra. La ventaja que tenemos es que la noción de analogía tiene una larga tradición que llega hasta nosotros de los griegos;[9] aunque en diferentes épocas ha experimentado varias distorsiones, por lo que conviene tener cuidado, precaverse bien contra ellas. No es la simple semejanza, sino que en la analogía predomina la diferencia; es compleja, requiere que sepamos más de las cosas en lo que difieren que en lo que se parecen. Esta idea simplista de analogía como mera semejanza es la que, con toda razón, causó prevención y suspicacia a autores acuciosos como Foucault, quien la denunciaba en el hermetismo renacentista, en el que todo se asemejaba a todo, indiscriminadamente.[10] Pero no, la analogía es algo mucho más serio.

La analogía es, en la filosofía del lenguaje de todos los tiempos, un modo de significación intermedio entre el unívoco y el equívoco.[11] El significado unívoco pretende ser exacto, claro y distinto; el equívoco es del todo ambiguo e inconmensurable, sujeto a oscuridad y relativismo. En cambio, el significado analógico es en parte idéntico y en parte diferente; en él predomina la diferencia, porque así se nos muestra la semejanza misma en la experiencia humana.

Analogía significa en griego «proporción». En efecto, los genios de la analogía fueron los pitagóricos, filósofos presocráticos y grandes matemáticos, que introdujeron la idea de analogía en la filosofía: era la proporción, a:b=c:d, con lo cual encontraban la armonía en la música e investigaban las propiedades de las cosas en la física y la astronomía. Sobre todo, la usaron al topar con los números irracionales y con la inconmensurabilidad de la diagonal, lo cual manifiesta que la analogía o proporción ayuda a superar la irracionalidad y a acercar cosas que son inconmensurables entre sí. Los pitagóricos pasaron esta idea a Platón, que tuvo muchos maestros y amigos de esta corriente, como Timeo de Locres, Lisis, Teeteto, etc. Platón recoge, sobre todo, la aplicación moral de la analogía o proporción, en forma de virtud (areté), en la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia, según se ve en su diálogo sobre la República. Pareja utilización moral de la analogía o proporción, en el ámbito de las virtudes, se ve en Aristóteles en su Ética a Nicómaco. Pero Aristóteles aborda la idea de analogía de una manera más teórica, especulando acerca de sus propiedades semióticas y epistemológicas. Por eso estudia la analogía en su filosofía del lenguaje, entre la sinonimia y la homonimia, es decir, entre la univocidad y la equivocidad; pero también añade, a la analogía como proporción, la analogía que después se llamará de atribución, esto es, como atribución jerárquica de un predicado, teniendo un analogado principal y analogados secundarios, según cierta gradación de lo más propio a lo más impropio. Por ejemplo, el predicado «sano» se puede aplicar al organismo, al alimento, al medicamento, al clima, incluso a la orina, por cuanto es signo de la salud para los médicos.

La teoría de la analogía atraviesa la Edad Media, sobre todo gracias a santo Tomás de Aquino, y al llegar al Renacimiento encuentra un sistematizador en Tommaso de Vio, llamado el Cayetano, que le asigna una división muy recibida y aceptada. Las principales son las que ya conocemos: la analogía de atribución y la analogía de proporcionalidad, que se divide en otras dos: la de proporcionalidad propia y la de proporcionalidad metafórica. La propia usa términos en sentido no figurativo o tropológico, como «el instinto es al animal lo que la razón al hombre» o «las alas son a las aves lo que las aletas a los peces»; la impropia es una clase muy importante de metáfora, la metáfora analógica, como «el prado ríe», expresión que comprendemos basándonos en la proporción siguiente: «Las flores son al prado lo que la risa al hombre», en el sentido de dar alegría. Como se ve, la analogía es muy amplia, pudiendo oscilar entre lo metafórico y lo metonímico, entre la analogía de proporcionalidad impropia o metafórica y la analogía de proporcionalidad propia y la de atribución, más metonímicas. Abarca la metáfora y la metonimia, que, según el semiótico Roman Jakobson, son los dos polos del discurso humano, de nuestra racionalidad.[12] La analogía, la analogicidad, abarca y abraza la metáfora y la metonimia, hace intersección entre ellas; por ello puede modularlas e interpretar, cuando sea conveniente, de una manera metafórica, de una manera metonímica o de una manera mixta entre las dos. Contiene riqueza.

La analogía casi se pierde en la modernidad, pero se refugia en los barrocos, en Giambattista Vico y en los románticos. También Kant la preservó algo en su Crítica del juicio. Después de ese tiempo moderno en que fue rechazada, preterida o incomprendida (tal vez por enigmática y molesta), muchos pensadores están tratando de recuperarla. Por ejemplo, uno que enfatizó mucho la analogía fue Octavio Paz;[13] pero también otros más recientes, como Enrique Dussel en México, Juan Carlos Scannone en Argentina y Germán Marquínez Argote en Colombia. De hecho, hay todo un movimiento de la hermenéutica analógica en América Latina que comienza a desplazarse a otras partes.

En consecuencia, la hermenéutica analógica trata de superar la distensión que hoy se da entre las hermenéuticas unívocas y equívocas. En efecto, la hermenéutica, en toda su historia, ha sido jalonada entre el univocismo y el equivocismo, de modo que puede hablarse de una hermenéutica univocista, que restringe demasiado las posibilidades de la interpretación, y una hermenéutica equivocista, que abre en demasía dichas posibilidades, hasta el punto de que no se puede discernir entre una buena interpretación y otra incorrecta. De un tiempo a esta parte ha habido más tendencia a la hermenéutica equívoca, en esta época que llamamos de tardomodernidad o posmodernidad. Y como la analogía está semánticamente entre la univocidad y la equivocidad, por eso ha habido necesidad de implementar una hermenéutica analógica, cuyas características pasaremos a considerar. Unas son estructurales y otras funcionales, aunque están muy conectadas entre sí, guardan estrecha dependencia entre ellas.

La hermenéutica analógica

Hemos visto el concepto de hermenéutica y el de analogía. Ahora los podemos unir para obtener como resultado la hermenéutica analógica. Y para que se vea que ambos conceptos no se unen de manera incoherente, veamos la estructura y la función de esta propuesta filosófica.

Estructura de la hermenéutica analógica

En cuanto a su estructura, la hermenéutica analógica tiene, como es natural, la característica de ser mediación entre una hermenéutica unívoca y otra equívoca.[14] No tiene la rigidez de la primera, pero tampoco incurre en las extralimitaciones que cabrían en la segunda; trata de situarse como participando de ambas, aunque sin quedarse como un término medio equidistante, sino más inclinado hacia la diferencia. En efecto, la analogía está entre la identidad y la diferencia, pero en ella predomina la diferencia sobre la identidad. Por eso una hermenéutica analógica tenderá más a la equivocidad que a la univocidad; es conciencia de su carácter humano y falible. Este predominio de la diferencia en la analogía tiene varias consecuencias estructurales en la hermenéutica analógica, que se reflejan en su misma vertebración interna y que trataré de enumerar a continuación.

Una hermenéutica analógica nos dará una interpretación más amplia que la puramente univocista y más estricta que la puramente equivocista. Así podremos superar la hermenéutica unívoca de los positivismos y la hermenéutica equívoca de los posmodernismos. Además, tendrá los distintos modos de la analogía, a saber, la analogía de proporcionalidad, que nos ayuda a conjuntar diversas interpretaciones por su «común denominador», para admitir las más que se pueda como válidas. Pero también, por la analogía de atribución, que es jerárquica, nos hará escalonar las interpretaciones válidas de mejor a peor, hasta que ya se hunden en la equivocidad, y sin alcanzar nunca la univocidad. Asimismo, ambos tipos de analogía permitirán distintas interpretaciones: unas que se acerquen más a la metáfora y otras que se acerquen más a la metonimia. Esto es abrir el ámbito de las interpretaciones, a diferencia de los univocistas, perosin que se vayan al infinito, como suelen pedirlo los equivocistas posmodernos. Tal posición nos permite guardar un equilibrio entre la interpretación literal y la alegórica;[15] de este modo, nos ayudará a captar el sentido sin renunciar a la referencia. Los analíticos privilegian la referencia y los posmodernos el sentido sin referencia alguna a la realidad; pero ambos lados del signo son necesarios. Gracias a esta apertura delimitada, tiene como instrumento principal la distinción, y por ello requiere del diálogo. Por otra parte, una hermenéutica analógica nos ayudará a superar la dicotomía entre descripción y valoración, tan importante para la ética y la política, pues corresponde a la dicotomía tan tajante entre hecho y valor, la cual lleva a establecer la llamada falacia naturalista, que establece como inválido el paso del ser al deber ser, de los enunciados descriptivos a los valorativos, lo cual impide una fundamentación de lo moral y político en el estudio de la naturaleza humana. Incluso, una hermenéutica analógica ayudará a superar la dicotomía de Wittgenstein entre el mostrar y el decir. Él los separaba demasiado, sin punto de conciliación ni solución de continuidad. El decir era lo científico y el mostrar lo místico. Pero muchas veces decir es mostrar y mostrar es decir; los místicos usaron la analogía para decir lo que solo se podía mostrar. Al menos decirlo un poco, a través de metáforas y poesías.

Función de la hermenéutica analógica

En cuanto a las funciones de la hermenéutica analógica, resultan de la estructuración que hemos señalado en ella. Al oscilar entre la univocidad y la equivocidad, puede ejercer funciones de integración, salvaguardando la diferencia, pero sin perder por completo toda reducción a la identidad; aunque, como ya se ha dicho, en ella predomina la diferencia. Una hermenéutica analógica integra sin confundir, reduce dicotomías sin que se mezclen en extremo. Es lo que querían los pragmatistas, sobre todo Peirce, pero acercando los opuestos sin confundirlos; así, lo teórico y lo práctico, lo analítico y lo sintético, y hasta (me parece a mí) lo universal y lo particular.

Así se podrán privilegiar las diferencias sin perder las semejanzas; no la perfecta identidad del univocismo, pero tampoco la completa diferencia del equivocismo. De esta manera, permitirá interpretar correctamente el símbolo, evitando los extremos de quienes desean interpretarlo unívocamente, encontrando los mismos símbolos en las diferentes culturas, reduciéndolos a una interpretación positivista o traducción cientificista, y el de los que los interpretan equívocamente, esto es, los que dicen que de hecho no se pueden interpretar, que solo se pueden vivir.

Lo propuesto permite conjuntar, en el límite, hermenéutica y ontología, lenguaje y ser, sentido y referencia. Con esto se lograría lo que quería Heidegger en Ser y tiempo, esto es, interpretar el ser, que la ontología fuera hermenéutica de la facticidad. Ello puede abrir a una cierta ontología, una ontología analógica, acorde con una hermenéutica analógica.[16] Desde una ontología de la persona, también puede ayudarnos a construir una filosofía política que supere los desencuentros del liberalismo y el comunitarismo, en una síntesis más rica, que privilegie a este último, pero sin perder las ganancias de aquel.

Por lo mismo, permite hacer una filosofía propiamente latinoamericana, que se inserta en la filosofía universal, mundial.[17] Es decir, un decolonialismo sano, que busque lo propio sin renunciar a lo ajeno. Es, por lo demás, el pensamiento analógico algo propio de la historia de la filosofía mexicana, desde los aztecas hasta lo más reciente; por ejemplo, en Octavio Paz, Alejandro Rossi y Enrique Dussel: el poeta en la analogía metafórica y el último en la analéctica o ana-dialéctica que promovía.

Según se ve, una hermenéutica analógica responde a un uso de la analogía en filosofía que tiene una larga tradición, que también abarca el cultivo de esta disciplina en América Latina. De manera especial, ayudará a superar los pensamientos que se clausuran en sistemas cerrados y en totalidades excluyentes. Es un recurso del pensamiento que ha servido para comprender la alteridad, sin las pretensiones de completa conversión a una otredad absoluta, pues eso es meramente ilusorio, sino que, dentro de ciertos límites, se abre a la comprensión del otro, pero brindándole la crítica que surge de la propia ubicación en el mapa de la cultura.

El acto de interpretación analógica

Recogiendo lo que hemos dicho, y tratando de ejemplificar un poco, veamos cómo es, puede ser o tiene que ser el acto de interpretación que surge de una hermenéutica analógica. En primer lugar, recordemos que la analogía es proporción, por lo que el acto interpretativo analógico buscará en un texto la proporción que toca al autor, al lector y al mismo texto en cuanto al significado. Es decir, hay un significado del autor y un significado del lector que, sintetizados, configuran el significado del texto. También se verá si esa interpretación es conmensurable con otras.