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El libro "Fígaro (Artículos selectos)" de Mariano José de Larra es una compilación de artículos que refleja la aguda observación social y la crítica mordaz del autor hacia la sociedad española del siglo XIX. A través de un estilo vivaz y un uso ingenioso del lenguaje, Larra aborda temas como la política, la moral y las costumbres de su tiempo. Su prosa, a menudo impregnada de un humor ácido, permite al lector vislumbrar las contradicciones de una sociedad en plena transformación, marcada por tensiones entre tradición y modernidad. El contexto literario de la obra se sitúa en el Romanticismo, caracterizado por su énfasis en la subjetividad y la expresión personal, lo que Larra canaliza magistralmente en su escritura periodística. Mariano José de Larra, considerado uno de los más importantes dramaturgos y ensayistas de su época, fue un ferviente observador de las injusticias sociales y políticas de España. Nacido en 1809, su formación en un entorno intelectual le empujó a reflexionar sobre la identidad cultural y las debilidades de su patria. Atrapado entre la esperanza y la desilusión, su vida estuvo marcada por tragedias personales que sin duda influyeron en su acercamiento crítico a la realidad. Larra se convirtió en una voz fundamental del pensamiento español, cuyo eco resuena hasta nuestros días. "Fígaro (Artículos selectos)" es una lectura indispensable para quienes deseen profundizar en la historia literaria y social de España. A través de sus análisis deslumbrantes y su penetrante ingenio, Larra invita a la reflexión sobre temas contemporáneos que, aunque inmersos en un contexto específico, mantienen una relevancia sorprendente. Los lectores encontrarán en esta obra no solo una crítica de su época, sino también un espejo en el que se reflejan las inquietudes de la sociedad actual. En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura: - Una Introducción amplia expone las características unificadoras, los temas o las evoluciones estilísticas de estas obras seleccionadas. - La sección de Contexto Histórico sitúa las obras en su época más amplia: corrientes sociales, tendencias culturales y eventos clave que sustentan su creación. - Una breve Sinopsis (Selección) oferece uma visão acessível de los textos incluidos, ajudando al lector a seguir tramas e ideias principais sin desvelar giros cruciais. - Un Análisis unificado examina los motivos recurrentes e los rasgos estilísticos en toda la colección, entrelazando las historias a la vez que resalta la fuerza de cada obra. - Las preguntas de reflexión animan a los lectores a comparar las diferentes voces y perspectivas dentro de la colección, fomentando una comprensión más rica de la conversación general. - Una selección curada de citas memorables muestra las líneas más destacadas de cada texto, ofreciendo una muestra del poder único de cada autor.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Esta colección, Fígaro (Artículos selectos), reúne una muestra esencial de la prosa periodística de Mariano José de Larra, firmada con su célebre seudónimo. Nacidos en la prensa madrileña de la década de 1830, estos textos ofrecen un panorama coherente de su mirada crítica sobre la sociedad española, la política y las costumbres urbanas. El propósito de la presente selección es doble: servir de puerta de entrada para nuevos lectores y brindar una cartografía compacta para quien busque volver a los núcleos más representativos de su obra. No aspira a la exhaustividad, sino a la nitidez: piezas clave dispuestas para leer el conjunto en relieve.
El volumen abarca los géneros que Larra cultivó con maestría: artículos de costumbres, crítica teatral, crónica de viaje, sátira política, retratos de tipos, ensayos sobre el lenguaje y piezas epistolares. Conviven aquí escenas madrileñas como El castellano viejo, La vida de Madrid y Las casas nuevas; crónicas de escenario en Una primera representación y Yo quiero ser cómico; viajes y observación en La diligencia y Nadie pase sin hablar al portero; sátira administrativa en Vuelva usted mañana, En este país y Por ahora; y reflexiones sobre oficio en Ya soy redactor, Un periódico nuevo y El hombre pone y Dios dispone o lo que ha de ser el periodista.
Estas páginas comparten un hilo contundente: la medición moral y práctica de una sociedad que vacila entre modernización y hábito. La burocracia dilatoria, la inercia colectiva y la retórica vacía aparecen expuestas con precisión en piezas como Vuelva usted mañana, Las palabras y La alabanza. Otras indagan en el teatro social, las máscaras y los disfraces cotidianos —El mundo todo es máscaras todo el año es carnaval—, o retratan profesiones y ambiciones estériles —Modos de vivir que no dan de vivir, Don Timoteo o el literato, Don Cándido Buenafé—. El conjunto compone un mapa de vicios públicos observado desde la experiencia concreta.
La forma es tan decisiva como el diagnóstico. Fígaro despliega ironía sostenida, hipérbole medida, interrogaciones directas al lector y escenas dialogadas que acercan la crítica a la vivacidad del teatro. Alterna la primera persona con un narrador observador, construye personajes-tipo y recurre al contraste veloz entre lo solemne y lo doméstico. El ritmo periodístico convive con una prosodia nítida, capaz de convertir un trámite, una fonda o un coche de posta en emblemas. Textos como La Nochebuena de 1836 Yo y mi criado ensayan el desdoblamiento del yo para pensar, con humor gravísimo, lo que la sociedad exige y lo que el individuo soporta.
El marco histórico de estos artículos es la España de los años 1830, en plena transición política y cultural. Entre periódicos, tertulias y escenarios madrileños, Larra practicó un periodismo moderno que convirtió la actualidad en forma literaria. De ahí la atención a lugares comunes de la vida urbana —cafés, fondas, oficinas, teatros, porterías— y a la circulación de noticias, papeles y opiniones. La crónica de viaje en La diligencia o las estampas de llegada en Vitoria sitúan la experiencia del movimiento frente a fronteras y rutinas. Sin erudición ajena al día, estos textos proceden del contacto directo con la ciudad y sus ritmos.
Leídos hoy, mantienen una vigencia sorprendente. La demora institucional, el lenguaje evasivo, la precariedad del trabajo intelectual, las modas tecnológicas y la distancia entre promesas y resultados atraviesan debates presentes. Vuelva usted mañana se ha convertido en emblema de las resistencias burocráticas; El hombre-globo condensa el vértigo de novedades que suben y caen; Las circunstancias y El ministérial observan la deriva oportunista. No son piezas de museo: late en ellas una exigencia de responsabilidad cívica y precisión verbal. La sátira no cancela la compasión; la lucidez no rehúye el desengaño. Ese equilibrio explica su permanencia en la conversación pública.
Esta selección propone una lectura continua, pero también admite el salto entre motivos y tonos. Ofrece un corpus reconocible de textos que, sin agotar la producción de Larra, la perfilan en sus líneas maestras: costumbrismo crítico, escena teatral, política inmediata, viaje, lenguaje y oficio de escribir. Los títulos aquí reunidos bastan para seguir la evolución de una voz que, firmando como Fígaro, dio al artículo español un rigor expresivo y una eficacia pública inéditos. Su humor severo, su método de observación y su conciencia de estilo invitan a leer, pensar y volver, con ánimo de reforma, a las cosas de cada día.
Mariano José de Larra (1809–1837), que firma como Fígaro, escribe los artículos de esta colección entre 1832 y 1836, en una España que transita del Antiguo Régimen a un liberalismo inestable. Su trayectoria enlaza el periodismo de costumbres con la crítica política e intelectual del primer Romanticismo español. Piezas como Mi nombre y mis propósitos y Ya soy redactor anuncian un proyecto de observación moral y cívica, atento a los usos, a la burocracia y al debate cultural. La perspectiva de Larra condensa una experiencia generacional marcada por guerras, exilios familiares, censuras y aperturas parciales, y por la expectativa de modernización tras décadas de crisis.
Tras el Trienio Liberal (1820–1823) y la restauración absolutista, la muerte de Fernando VII (1833) abre la regencia de María Cristina y la Primera Guerra Carlista. Entre el Estatuto Real (1834) y la Constitución de 1837, la vida pública oscila entre reformas y reacciones, con leyes de imprenta cambiantes. Fígaro registra esa inestabilidad en textos como Por ahora, El ministerial, La polémica literaria o El siglo en blanco, donde examina la retórica de partido y las promesas vacías. La sátira de la administración —Vuelva usted mañana, Las circunstancias, En este país— apunta la fricción entre legalidad nueva y prácticas heredadas que frenan inversión, justicia y eficacia.
El auge de la prensa periódica urbana en la década de 1830, con nuevos diarios, suplementos y folletines, crea un público lector que condiciona la política. La relativa liberalización de 1834 permite el desarrollo de revistas y una crítica más incisiva, aunque sujeta a jurados de imprenta y suspensiones. Larra tematiza este ecosistema en Un periódico nuevo, Ya soy redactor, El hombre pone y Dios dispone o lo que ha de ser el periodista y Cartas a Andrés Niporesas, donde aparecen la precariedad del oficio, la dependencia de suscriptores y la vigilancia oficial. La colección muestra cómo el periodismo se vuelve tribuna y termómetro de la vida nacional.
El teatro es escenario de la «batalla romántica»: traducciones, estrenos y polémicas enfrentan normas neoclásicas y nuevas poéticas históricas. La década ve debates sobre unidad de acción, verosimilitud, mezcla de tonos y libertad de imaginación, avivados tras éxitos como Don Álvaro (1835). Fígaro interviene como crítico y dramaturgo, y en Una primera representación, Yo quiero ser cómico, Don Timoteo o el literato y La polémica literaria disecciona empresas teatrales, compañías, público y censores. Sus artículos revelan la función social del coliseo —termómetro del gusto y de la opinión— y la tensión entre cosmopolitismo romántico y hábitos locales de claque, rutina y moral vigilada.
La acelerada vida madrileña de los años treinta, con cafés, fondas, paseos y tertulias, articula una sociabilidad burguesa emergente. Larra explora esta escena en La vida de Madrid, La fonda nueva, Las casas nuevas y El álbum, donde aparecen modas, consumos y rituales de cortesía. Los textos tratan también la inflación verbal y el disfraz social —Las palabras, El mundo todo es máscaras, Los calaveras—, síntomas de una modernidad superficial que convive con hábitos tradicionales. El castellano viejo contrasta urbanidad y rusticidad, evidenciando que la reforma exterior no asegura educación cívica. La colección observa cómo espacios y costumbres moldean ciudadanía, ocio y reputación.
Las mejoras en caminos reales y correos favorecen la movilidad, pero el viaje sigue lento y reglamentado. La diligencia ofrece un microcosmos social, y en Nadie pase sin hablar al portero o los viajeros en Vitoria asoman controles, portazgos y fronteras interiores. El hombre-globo remite al entusiasmo por espectáculos científicos y novedades técnicas divulgadas en prensa. La Junta del Castel-o-Branco sitúa la mirada en la Península, con ecos de conflictos e interdependencias luso‑españolas. Esta dimensión material —transportes, comunicación, exhibiciones— contextualiza la esfera pública que Larra retrata: circulación de noticias y de cuerpos, codificada por policías, aduanas y autoridades municipales en transición.
La economía posnapoleónica, con deuda pública, diezmos en revisión y mercados poco profundos, dificulta crédito e iniciativa. Empeños y desempeños, Modos de vivir que no dan de vivir y En este país revelan estrategias de subsistencia, oficios inestables y cultura del favor. La sátira de fondas y alquileres señala expectativas de confort que chocan con servicios deficientes. Vuelva usted mañana expone trámites, escribanías y retrasos que obstaculizan capital extranjero y emprendimiento. En Las circunstancias y La alabanza o que me prohíban este se desnuda el cálculo oportunista. El duelo y Varios caracteres muestran códigos de honor y tipologías morales persistentes en la vida cotidiana.
La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado capta la fatiga de una generación que, entre guerra civil y reformas intermitentes, percibe promesas incumplidas. Textos como La sociedad, Las palabras o Por ahora vuelven sobre la distancia entre programas y realidades. Esta colección, escrita al calor de los acontecimientos, funciona como crónica crítica de la modernización española: registra actores, lenguajes y obstáculos sin dejar de invocar ideales de educación cívica, trabajo y responsabilidad. Releer a Fígaro, desde el Realismo decimonónico hasta la crítica del siglo XX y XXI, ha permitido ver en él un precursor del periodismo moderno y una conciencia incómoda del liberalismo español.
Fígaro se presenta, define su apuesta crítica y mide con ironía lo que el periodismo promete y lo que realmente puede. Entre manifiesto y retractación preventiva, traza una ética del oficio: lucidez, rechazo de la complacencia y gusto por la exactitud. A lo largo del conjunto, esa voz se afila hasta convertir la columna de costumbres en diagnóstico público.
Crónicas de estrenos y ambiciones de actor revelan el engranaje del espectáculo y la fragilidad de la fama. Tipos del mundo letrado —el pedante, el ingenuo que busca gloria, el polemista— permiten una sátira del campo cultural y sus vaivenes. El tono oscila entre el entusiasmo escénico y la desmitificación mordaz de las bambalinas.
Un mosaico de retratos capta la ciudad moderna: el tradicionalista recalcitrante, el bravucón de salón, el ocioso elegante, el coleccionista de firmas y la multitud cambiante. Se exploran la economía menuda, las apariencias y la precariedad de oficios que no dan para vivir. Predominan la observación minuciosa, la hipérbole y una ironía que desnuda la vanidad social.
Las reformas del espacio cotidiano —edificios y fondas— sirven para medir el choque entre confort moderno y ostentación hueca. La figura del hombre-globo parodia los entusiasmos inflados por lo novedoso y el espectáculo. La sátira señala cómo el progreso exterior no siempre transforma las costumbres interiores.
El viaje en diligencia condensa al país en un carruaje: mezcla de tipos, choques de opiniones y reglas implícitas de convivencia. La escala ante porteros y controles revela burocracias locales y arbitrios menudos. Con humor escénico, el tránsito se vuelve observatorio privilegiado de hábitos y jerarquías.
La Navidad contrapone bullicio urbano e introspección del narrador, dejando ver la distancia entre rito y sentimiento. La metáfora del carnaval se extiende a todo el año para denunciar la comedia social de roles y disfraces. El tono mezcla melancolía y sátira, con una sensibilidad crítica ante lo festivo.
La figura del trámite interminable y las fórmulas hechas retratan una cultura de la demora y la excusa. Entre sueño político y crónica, desfilan el oportunista que cambia con el poder, la junta pintoresca y el lamento nacional reiterado. La sátira es incisiva y amarga: identifica hábitos que inmovilizan tanto como las leyes.
Se desmontan los usos del lenguaje que encubren, a base de lugares comunes, eufemismos y elogios interesados. El artículo analiza cómo la palabra pública fabrica consensos y censuras invisibles. Predomina el juego lógico y la paradoja al servicio de una crítica de la retórica dominante.
El ritual del duelo aparece como teatro social donde el honor se confunde con la apariencia. El relato observa las contradicciones entre dignidad individual y presión de grupo. La ironía trágico-burlesca cuestiona la utilidad y sentido de ese código.
El intercambio con un interlocutor esquivo convierte la carta en ensayo vivo sobre expectativas, país y desengaños. La confidencia pública combina coloquialismo y lucidez, abriendo un espacio para dudas y réplicas. El tono es incisivo y a la vez resignado, con humor que atenúa la acritud.
Breve pieza que medita, con sobriedad y sarcasmo, sobre la finitud y la memoria. El signo funerario funciona como emblema de cierre reflexivo más que como crónica, dejando una inquietud moral persistente.
