La villana de Vallecas - Tirso de Molina - E-Book

La villana de Vallecas E-Book

Tirso de Molina

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La villana de Vallecas es una comedia inusualmente larga (para lo que nos tiene acostumbrados Tirso de Molina, con casi cuatro mil versos) en la que se nos anticipa la obra más conocida del mercedario, El burlador de Sevilla, aunque no sin mantener autonomía temática y siendo de gran interés el uso de personajes indianos y villanos, sin olvidar a la heroína que da título a la comedia, Violante.
En el primer acto, se nos presenta in media res en Valencia por la noche, donde don Vicente y su criado Luzón regresan a casa después de una noche en la que Vicente se ha gastado parte de su maltrecha hacienda en los juegos y tabernas. Es el propio criado quien anticipa las desgracias del estilo de vida de su amo

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Tirso de Molina

Tirso de Molina

LA VILLANA DE VALLECAS

Traducido por Carola Tognetti

ISBN 978-88-3295-773-0

Greenbooks editore

Edición digital

Mayo 2020

www.greenbooks-editore.com

ISBN: 978-88-3295-773-0
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Indice

Personas que hablan en ella

​ ACTO PRIMERO

ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

Personas que hablan en ella

x Don VICENTE x Don GABRIEL x Don PEDRO x Don GÓMEZ x Don LUIS x Doña SERAFINA x Doña VIOLANTE x POLONIA, criada x CORNEJO, criado x AGUADO, criado x LUZÓN, criado x BLAS Serrano, viejo.

x Un ALGUACIL x MATEO, mozo de mulas.

x VALDIVIESO x Un HUÉSPED x Un CRIADO

​ ACTO PRIMERO

Salen Don VICENTE y LUZÓN

VICENTE: Llama, Luzón, a mi hermana. LUZÓN: Según venimos de tarde, pues ya asoma la mañana, cansada de que te aguarde la doncella a la ventana, o el esclavo a la escalera, se habrán echado a dormir. VICENTE: Jugué y perdí. Esta primera nos tiene de consumir bolsa y vida. Sales fuera de casa al anochecer, mudándote hasta las cintas, y, como estás sin mujer,

ya a la polla, ya a las pintas, damos los dos en perder, yo, paciencia, y tú, dinero. Volvémonos a cenar cuando sale el jornalero, segunda vez, a almorzar. Llamando al alba el lucero, aguárdate mi señora, que, en fe de lo que te ama, sin ti lo que es sueño ignora, dando treguas a la cama y nieve a la cantimplora. Entras con llave maestra, cenas a las dos o tres, duermes hasta que el sol muestra el cahiz al reloj que es tasa de la vida nuestra. Si la campana te avisa de nuestra iglesia mayor, cuando es fiesta, oyes de prisa a un clérigo cazador, que dice en guarismo misa.

Hincas encima del guante una rodilla, y sobre él más que rezador, mirante, volatines de un coredel pasan cuentas cada instante; que, de oraciones vacías como cuentas las llamaron la dan, por no estar baldías más de las damas que entraron, que de las Ave-Marías. Oyes a don Juan mentiras; mientras alza el sacerdote, a doña Brígida miras; si te dio cara, picóte; si no te la dio, suspiras; y apenas la bendición con el Ite, missa est da fin a la devoción, cuando salís dos o tres, y, en buena conversación el portazgo o alcabala cobrando de cada una,

la murmuración señala si es doña Inés importuna, si doña Clara regala, si se afeita doña Elena, si ésta sale bien vestida, si estotra es blanca o morena. ¡Mira tú si es esta vida para un Flos Sanctorum buena!

VICENTE: Lo que se usa, no se escusa.

Eso se usa. Llama ahora.

LUZÓN De perdidos es tu escusa.

¡legue a Dios que mi señora nos dé una vez garatusa! Abre, pues que tienes llave.

VICENTE: ¿De qué sirve, si despierta me espera, y que vengo sabe?

LUZÓN: Oye: abierta está esta puerta. Para tan honesta, grave, y amiga de estar cerrada, mucho es que a tal hora tenga patente en la calle entrada, para que cualquiera venga.

VICENTE: Serán de alguna crïada descuidos, o habrá sentido que venimos. Entra allá.

Vase LUZÓN

Casa sin padre o marido es fortaleza que está sin alcalde apercebido.

Quedando por cuenta mía mi hermana doña Violante, mucho mi descuido fía del natural inconstante de una mujer, que podría abrir puerta a la ocasión con la que le da mí juego. Hechizos los naipes son; que poco hay de juego a fuego. ¡Encantada ocupación es la de un tahur! ¡Qué olvido en todos causa el jugar!

Decía un bien entendido que no hay honra que fïar en el jugador marido. Más que amor el juego abrasa, porque aquél mira el honor, cuyos límites no pasa; pero ¿ cuándo el jugador tuvo cuenta con su casa? A ver en mí mismo vengo la experiencia de esto llana; y, si enmiendas no prevengo, es por ser cierta en mi hermana la satisfacción. que tengo.

Sale LUZÓN

LUZÓN: Todos duermen en Zamora; sólo no he podido hallar a tu hermana y mi señora, y dame que sospechar la puerta abierta a tal hora,

y el hallar este papel para ti sobre la mesa. VICENTE: ¿Qué dices?

LUZÓN: No sé; por él podrás ver si, en esta impresa, de desafío es cartel contra tu poco cuidado.

VICENTE: Letra es de doña Violante.

LUZÓN: Por la pinta la has sacado. Brujulea, que adelante verás qué juego te ha entrado.

Lee

VICENTE: "El poco cuidado, hermano mío,

que los dos hemos tenido, tú con tu casa y yo con mi honra, ha dado ocasión para que de entrambas falte la prenda de más estima. Mientras tú jugabas dineros, perdí yo lo que no se adquiere con ellos. Un don Pedro de Mendoza, forastero en Valencia, pagó en palabras de casamiento obras de voluntad. Huyendo se va, y dice quien le encontró, que camino de Castilla; y yo de un monasterio, que no quiero que sepas, hasta que, o hallándole me vengues, o, no pareciendo, sea el silencio de mi vida remedio de mi afrenta. Dentro de este papel va la cédula que me dió de esposo; haz lo que della gustares; y, si culpas mi liviandad, reprehende tu descuido.

Doña Violante."

¡Hay desdicha semejante!

Luzón, ¿qué es lo que he leído?

¡Sin honra doña Violante! Tras la hacienda que he perdido, la joya más importante

pierdo también. ¡El honor que de mi padre heredé! ¡El patrimonio mejor, que en Valencia espejo fué de la nobleza y valor! ¡Por una mujer liviana! ¡Por un juego en que, violento, un tahur la honra me gana! ¿Éste era el recogimiento y la virtud de mi hermana? ¡Mal haya quien confïanza hace en el desasosiego de la femenil mudanza! ¡Mal haya quien en el juego pone hacienda y esperanza! Que si en papeles pintados se funda todo su ser, livianos son sus cuidados y si es papel la mujer, llevando los más pesados el viento, que burlador mi fama deja ofendida,

bien es que llore mi error mi hacienda al juego perdida, como al descuido mi honor.

LUZÓN: ¿De qué ha de servir ahora ponderar, como el perdido, lo que tarde siente y llora? Sepamos dónde se ha ido mi poco cuerda señora, y sacarás de buscalla el saber más claramente quién fué el que vino a engañalla. Despertar quiero la gente.

Llamando

¡Dionisia,Lucrecia!

VICENTE: Calla; no publiques, si eres sabio, la infamia de aqueste insulto; ten la lengua, cierra el labio; que, entre tanto que está oculto, no da deshonra el agravio. Mientras que la noche veda que saque el sol a poblado infamias que decir pueda, déjame vivir honrado este tiempo que me queda.

LUZÓN: Pues,¿ qué hemos de hacer?

VICENTE: Advierte en lo que me ofrece agora la industria en la ocasión fuerte. Don Juan de Aragón adora a mi hermana, y es de suerte, que, aunque intenta en Zaragoza su padre don Luis casalle con una señora moza, noble, y barona del Valle, que con otros pueblos goza, tiene en tanto la belleza de doña Violante ingrata, que, sin mirar su pobreza, las otras bodas dilata, y a éstas su amor endereza.

Toda la gente de casa, como tan público fué, saben lo que en esto pasa.

LUZÓN: Y yo también, señor, sé que por tu hermana se abrasa.

VICENTE: Oye, pues. Tú has de quedarte aquí con un papel mío, que, en fe de que sé estimarte por fiel, de ti mi honor fío, como si en él fueras parte. Escribiré en él, Luzón, a doncellas y a crïados, que de don Juan de Aragón los amorosos cuidados han llegado a ejecución de casarse con secreto con mi hermana en un castillo que tiene para este efeto prevenido, y que encubrillo importa, por el respeto que a su padre es bien tener; y que, en fe de esto, llegó