Secuestro en Salamanca - Jose Miguel Rodriguez Calvo - E-Book

Secuestro en Salamanca E-Book

Jose Miguel Rodriguez Calvo

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Esta novela es una ficción.

Cualquier parecido con hechos reales, existiendo o habiendo existido, sería sólo casualidad fortuita y pura.

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público.

___________

Ce roman est une fiction.

Toute ressemblance avec des faits réels, existants ou ayant existé, ne serait que fortuite et pure coïncidence.

Le Code de la propriété intellectuelle interdit les copies ou reproductions destinées à une utilisation collective. Toute représentation ou reproduction intégrale ou partielle faite par quelque procédé que ce soit, sans le consentement de l'auteur ou de ses ayants droit ou ayant cause, est illicite et constitue une contrefaçon, aux termes des articles L.335-2 et suivants du Code de la propriété intellectuelle.

A nos petits Anges

Para nuestros Angelitos

Indice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

1

¡Salamanca Hace algún tiempo!

En un conocido bar de la calle concejo, justando la célebre plaza Mayor.

— ¡Hola Jacinto! ¡Buenos días! ¿Qué tal dormiste?

— Bueno, bien pero poco, ¡Anoche fue la hostia!

— ¡Si! ¿Y con tu mujer Raquel no hubo problema?

— No ninguno, conté que estuvimos toda la noche con la grúa, sacando un coche que se había caído en un terraplén cerca de Ávila.

— ¿Al final, dónde dejaste nuestro coche?

— Hombre como siempre, en el aparcamiento de la calle Toro.

— ¿Y la chica? ¿Qué te pareció?

¿Crees que está segura?

— ¡Si claro, Allí nadie la buscara!

¡Además amordazada, y entrabada en aquel sótano, no te preocupes, era el sitio perfecto!

¡Quien quieres que vaya a percatarse de su presencia, en ese lugar perdido!

Solo son cuatro casas medio derrumbadas, una de ella fue la de mis abuelos que se encuentra abandonada desde más de veinte años.

¡Y encima en el puto sótano!

No te preocupes está en el medio del bosque, no hay carretera, como viste, el único acceso es un antiguo camino por el que no transita ni Dios.

— ¡Está bien, nos vemos luego!

— ¡Si Luis! ¿a las dos no?

— ¡Bueno pues a las dos aquí mismo!

Los dos además de sus esposas, trabajaban en la misma empresa.

"Venta y taller de Automóviles Campos y Galván" situada en la "Avenida de Portugal".

"Luis Campos" y "Jacinto Galván" eran socios de la dicha entidad de automóviles.

Pero para ellos la empresa era una "tapadera" una fachada que ocultaba el verdadero delictivo trapicheo de todo lo que se puede traficar.

"Luis", de treinta y cinco años, su esposa "Alba" de treinta y la mujer de "Jacinto", "Raquel" 29 años se encargaban de las ventas además de la burocracia. "Jacinto" gestionaba los cinco empleados del taller en el cual faenaba también "Roberto Peñas" un chaval de veinte y cinco años siempre voluntario, optativo y ameno para cualquier tarea.

Su novia "Natalia" de veinte y dos era la secretaria de Luis.

Las actividades de la empresa "Campos y Jacinto", no se limitaba al negocio de venta y reparaciones de coches, los dos eran amigos de largo tiempo, se conocían desde la infancia, juntos, habían hecho de todo, y pasado por las comisarías y cuarteles de toda la provincia.

Robos de coches, atracos en farmacias y tabacaleras, tráfico y venta de hachís entre otras muchas cosas delictivas.

Jamás habían tenido algún trabajo formal o cosa parecida.

Fue con el fruto de todos estos sucios negocios con el que pudieron montar la empresa.

No estante, jamás perdieron la nefasta adicción al dinero fácil, era como si lo llevaran en sus genes.

¡Como decían!

— ¡Nosotros no hemos nacido para trabajar como negros por cuatro duros!

— ¡La vida es otra cosa, está para disfrutarla, si disfrutarla de todas las maneras posibles, buenas comidas buen vino y buenas tías!

Y de manera precisa era realmente lo que hacían, porque jamás faltaban a ninguna fiesta o movida de la alta sociedad salmantina.

Consecuencia de los numerosos favores que concedían a algunas personas de la burguesía y funcionarios de la ciudad, llegaron a lograr abrirse hueco entre las poderosas personas que hacían autoridad en Salamanca y su Provincia.

De hecho, se custodiaban con todo el mundillo de rango social destacado e importante, donde estaban como peces en el agua.

No faltaban a ninguna recepción o manifestación.

Luis y Jacinto con sus respectivas esposas Alba y Raquel, aunque sin títulos ni nobleza andaban airosos entre esa gente, por su elegancia y buen ver.

Y a las dos damas, no les faltaban piropos y miradas insistentes por parte de muchos caballeros.

2

Escasos días antes, Luis se reunió con Jacinto en una cafetería para hablarle de una idea que se le había ocurrido y que llevaba ya un tiempo, dándole vueltas por la cabeza.

— ¡Escucha bien!

Voy a contarte un proyecto que se me ha venido a la mente, y si quieres podemos compartirlo, se trata de ganar un montón de dinero, digamos cinco millones de euros.

— ¡Joder tío, qué dices! Saltó Jacinto.

¿Quieres atracar un banco?

¿O lo mismo quieres matar a alguien?

— ¡Nada de eso! Nosotros no somos sicarios.

Contestó Luis, estallando en carcajadas.

— ¡Es mucho más sencillo!

¡Aunque lleva su tiempo y dedicación!

El sábado siguiente, en un conocido "music-bar" de la gran vía, en plena zona de ambiente solían citarse numerosos alumnos extranjeros de la universidad, la mayoría norteamericanos después de los cursos para tomar café o algún refresco.

Les gustaba el ambiente relajado del local y la simpática camarera rubia que les atendía con su perpetua sonrisa.

Después por la noche, todo cambiaba, el relajado bar se transformaba en llamativo "music-bar" sobre todo los sábados, donde una verdadera desbordante oleada humana llenaba las calles y colmaba los bares asta saciedad.

Fue ese sábado noche que "Daisy Taylor" de veinte años, hija del banquero neoyorquino "Cristofer Taylor" desapareció.

Se encontraba con unas amigas disfrutando de la noche salmantina, pero con el indescriptible tumulto la perdieron de vista.

Ella había salido a la terraza, escapando del sofocante calor del local, y a partir de ese momento nadie la volvió a ver.

Sus compañeras la buscaron por todas partes sin éxito, pero no se alarmaron realmente y pensaron que había regresado al apartamento que compartían en la calle "del Prior" muy cerca de la plaza mayor.

Pero dos hombres la llevaron hasta un coche aparcado a tan solo unos metros, y la obligaron a montar con ellos.

Los dos secuestradores Luis y Jacinto, no tuvieron la mínima dificultad en acercarse a la joven que trataba de abrirse camino entre la muchedumbre por la tumultuosa avenida y meterla en el coche, El automóvil, un "Nissan 4x4 terrano II" se dirigió hasta el puente nuevo que cruzaba el rio "Tormes" y girando a su derecha tomaron la dirección de "Béjar", hasta un pequeño poblado nombrado "Tornadizo".

Allí siguieron una estrecha ruta sin asfalto hasta llegar a un camino apenas visible cubierto de altas hierbas que serpenteaba entre las encinas, y que debocaba en un caserío a mitad derrumbado donde se encontraba la antigua casa de los abuelos de "Jacinto".

Eran más de las dos de la madrugada, pero la luna llena alumbraba el campo casi como en pleno día.

Al llegar al destino intentaron bajarla del auto, "Daisy" que llevaba los ojos cubiertos, y sus manos atadas, se puso a gritar.

— ¡No por favor! ¿Qué hacéis? Quiero volver con mis amigas a Salamanca.

— ¡Tranquila tía! No te vamos a hacer ningún daño, solo quédate quieta.

— ¡Soltadme cabrones! ¡No sabéis quien soy yo, lo vais a pagar caro!

Daisy seguía gritando, y no tuvieron más remedio que amordazarla fuertemente con un pañuelo.

— Escucha te vas a quedar aquí, volveremos mañana para traerte de comer y beber.

Aquí tienes una litera y mantas para dormir y en la esquina un cubo por si lo necesitas.

Te vamos a dejar un pequeño candil encendido por si temes la oscuridad.

Si te portas como es debido no tendrás ningún problema, pero no intentes huir o llamar la atención, porque en este lugar abandonado, pudiese incluso ser peligroso para ti. Así que quédate tranquila y todo, ira bien.

Luis y Jacinto cerraron la puerta del sótano y regresaron a la ciudad.

3

Daisy Taylor estaba completamente aterrorizada en aquel inhospitalario lugar, lleno de telarañas y de ratones que deambulaban a su aire entre los numerosos escombros de todo tipo.

Y aquella temblorosa lúgubre luz del candil le daba aún más la impresión de encontrarse como en una película de terror.

— ¿Pero porque me han traído aquí?

¿Qué piensan hacer de mí?

Se preguntaba Daisy con un frenético y espantado pánico.

Para Daisy, la noche trascurrió sin poder pegar ojo, se encontraba sola y abandonada sin esperanza del menor auxilio, además en aquel desolador y angustioso zulo.