Tierra sin vino - Jose Miguel Rodriguez Calvo - E-Book

Tierra sin vino E-Book

Jose Miguel Rodriguez Calvo

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Beschreibung

Sinopsis: A principios de los años cuarenta, en "Castilla la Vieja", la humilde y apacible vida lugareña de un pueblecito de la sierra de "Las Quilamas", en la provincia de Salamanca. Y el empeño de "Hipolito", uno de sus súbditos, en proporcionar a "Toribio del Monte" su aldea, de un viñedo proprio, siendo este, el unico pueblo de la comarca, que carecia de él.

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«Para nuestros Angelitos»

TIERRA SIN VINO

Autor

José Miguel RODRIGUEZ CALVO

Esta novela es una ficción. Cualquier parecido con hechos reales, existiendo o habiendo existido, sería sólo casualidad fortuita y pura. Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público.

Sinopsis

A principios de los años cuarenta, en "Castilla la Vieja”, la humilde y apacible vida lugareña de un pueblecito de la sierra de las "Quilamas" en la provincia de Salamanca.

Y el empeño de "Hipólito", unos de sus súbditos, de proporcionar a "Toribio del Monte", su aldea, de un viñedo propio, siendo este, el único pueblo de la comarca que carecía de él.

Lugar

Pueblo: "Toribio del Monte"

modesta aldea que coronaba el "Pico de la sierpe"

situado en la sierra de "Las Quilamas".

Provincia de Salamanca.

Castilla la vieja. (España)

Época

Principio de los años cuarenta.

Personajes

Hipólito Menéndez (42 años soltero)

Hijo único, vivía en casa de su madre que falleció dejándole dinero, la casa y tierras en la ladera de Valero.

Amelia (29 años soltera) Su amiga de siempre

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Don Paulino (52 años) El alcalde del pueblo

Felisa (48 años) su mujer y

Dominga la hija de ambos (18 años novia de Mauro).

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Casildo (39 años soltero) Un buen amigo.

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Hermenegildo (40 años soltero) Otro buen amigo.

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Don Agustín Fernández (70 años) El Medico y

Jacinta (38 años Su mujer).

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Don Prudencio (75 años) El Sacerdote que se jubiló.

Don Silverio (28 años) El nuevo párroco.

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Don Feliciano (60 años viudo) Maestro de escuela.

Urraca su hija (30 años solterona) a la que le importaba poco cuando y con quien.

------

Felipe (43 años carpintero) y

Facunda (35 años) su mujer.

------

Herminia (39 años viuda) Patrona del local bar y comestibles y

Mauro (19 años) su pícaro ayudante.

------

Teodomiro Iñiguez (55 años)

Hilaria (48 años su esposa) y

Antolina (24 años) hija de ambos que estudiaba derecho en la capital.

(Ricos terratenientes del campo charro, dueños de una dehesa que vivían en la lujosa casa de sus antepasados a las afueras del poblado).

Sommaire

Indication

Sinopsis

Lugar

Época

Personajes

Chapitre 1

Chapitre 2

Chapitre 3

Chapitre 4

Chapitre 5

Chapitre 6

Chapitre 7

Chapitre 8

Chapitre 9

Chapitre 10

Chapitre 11

Chapitre 12

Chapitre 13

Chapitre 14

Chapitre 15

Chapitre 16

Chapitre 17

Chapitre 18

Chapitre 19

Chapitre 20

Chapitre 21

Chapitre 22

Chapitre 23

Chapitre 24

Chapitre 25

Chapitre 26

Uno de mis poemas para los aficionados

Del mismo autor

Biografía

Du même auteur

Biographie

1

"Toribio del Monte"

Corrían los primeros años cuarenta del pasado siglo, en un pueblecito de Castilla la Vieja, llamado "Toribio del Monte", ubicado en la sierra de "Las Quilamas" Provincia de "Salamanca".

La modesta aldea coronaba el "Pico de la Sierpe" a unos mil cuatrocientos metros y solo lo superaba en aquella zona, el "Pico Cervero" enclavado entre "Escurial de la sierra" y "Aldea nueva del Campo", y un poco más alejado, la famosa "Peña de Francia".

En aquellos tiempos, el pueblo contaba con apenas doscientas almas.

Por su peculiar ubicación, el poblado carecía de los más fundamentales elementos básicos de modernidad, sin embargo, habían terminado por llevar la luz eléctrica, que cambiaría la mísera vida de sus vecinos.

Por otro lado, por estar entre las rocosas laderas de las "Quilamas" y al borde del precipicio que descendía en picado hasta "Valero", lamentablemente, no contaban con ningún medio de comunicación.

Tan solo una estrecha ruta empedrada, conducía malamente a "San Miguel de Valero", al cual llegaba el modesto coche de línea que pasaba todos los días. Este recorría "Linares de Riofrio", y las otras localidades del campo charro hasta la Capital.

La mayoría de las familias Toribienses, vivían del ganado caprino. El pastor del pueblo conducía el rebaño por las gradientes laderas, donde pastaban.

Los animales les proporcionaban la leche, y la que no consumían, la convertían en gustosos quesos.

También, algunas aves de corral les proveían con escasos huevos, y de vez en cuando algo de carne. Pero la mayoría del tiempo esta provenía del cerdo que cada familia engrasaba con remolacha y los moderados restos de comida. El cual terminaba sacrificado a la entrada del invierno con "la Matanza".

Cada familia gozaba también de su propio huerto, donde con duras penas lograban plantar algunas patatas o zanahorias, para su autoconsumo.

Aunque modesto, el municipio contaba con su proprio médico, el Doctor Don Agustín que, a pesar de su avanzada edad, seguía practicando su crucial e imprescindible oficio.

"Don Prudencio " era el sacerdote que continuaba oficiando su misa dominical, y los sábados, confesando a gran número de feligreses de la parroquia.

Por otro lado, estaba Don Feliciano, que animaba la pequeña escuela.

Y obviamente, todos contaban con el señor alcalde, "Don Paulino".

"Toribio del Monte", gozaba con su imprescindible local de ocio, atendido por "Herminia" y su joven ayudante, el pícaro "Mauro".

El singular espacio hacía de taberna y de tienda de comestibles, pero se podía conseguir cualquier utensilio o herramienta para el hogar, y enviar o recoger una carta o un paquete de Correos.

Para el pueblo, la "Casa Herminia" era el punto de encuentro imprescindible, donde se daban cita por la tarde, y sobre todo los domingos, las mujeres que acudían a comprar algún alimento o artículo para el hogar, y los hombres que tan solo venían a tomarse algunos chatos o jugar una partida. Uno de los que nunca faltaba, era " Hipólito".

"Hipólito Menéndez" era un solterón de cuarenta y dos años, hijo único, que vivía en casa de su madre.

Ella había fallecido unos años atrás, dejándole de herencia cierta cantidad de dinero, la casa donde vivía y unas tierras en las laderas de "Valero".

También, tenía unas cabras, un cerdo, varias gallinas y el imprescindible asno, que guardaba en el corral cercano a la casa.

Pero desde hace mucho tiempo, había algo que no conseguía sacar de sus pensamientos.

Para él, se había convertido en una verdadera obsesión.

"Toribio del Monte", era el único pueblo de la comarca donde no había ningún viñedo.

Era una tierra sin vino.

Y para él, esa carencia no podía seguir faltando más tiempo. pero a ninguno de sus súbditos lugareños se le había ocurrido plantar una sola cepa, y menos aún, un viñedo.

Entonces, lo había decidido, se encargaría él.

No obstante, aunque sus intenciones eran estimables, le faltaba lo esencial, el conocimiento.

Y no tenía la intención de rebajarse a preguntar el procedimiento de elaboración o la forma de plantar y cuidar las cepas.

Tenía su dignidad, y además quería hacerlo a su manera, porque debía ser el mejor vino de la sierra.

Por eso, una mañana, apenas amanecía, ensilló su burro y emprendió el rocoso camino hasta San Miguel antes de que partiera el coche de línea.

Tres horas después, habiendo recorrido media provincia, llego a la capital, distante de unos sesenta kilómetros.

No era rutinario, ni mucho menos asiduo. La última vez que había ido a Salamanca hacía casi un año. Él tan solo iba en contadas ocasiones.

Se acordaba muy bien, porque acababa de terminar la guerra, y la ciudad estaba repleta de gente en uniforme.

Tuvo que venir a comprar una azada para cavar su huerto, ya que la anterior la había heredado de su abuelo, y ya no estaba en condiciones.

Esta vez venía a por libros, sobre vino, viñas y viñedos. Y aunque le costaba leer, porque solo frecuentó la escuela escasos años, se las apañaba como podía para descifrar y enterarse de lo que ponía.

Recorrió las mejores librerías y consiguió lo que quería.