El licenciado Vidriera - Agustín Moreto - E-Book

El licenciado Vidriera E-Book

Agustín Moreto

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Beschreibung

El licenciado Vidriera es una comedia teatral del autor Agustín Moreto. Con ciertos rasgos amargos y trágicos, se basa en la idea de un hombre que cree que su cuerpo se ha convertido en cristal.

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Seitenzahl: 88

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Agustín Moreto

El licenciado Vidriera

 

Saga

El licenciado VidrieraOriginal titleEl licenciado vidrieraCover image: Shutterstock Copyright © 1911, 2020 Agustín Moreto and SAGA Egmont All rights reserved ISBN: 9788726597639

 

1. e-book edition, 2020

Format: EPUB 2.0

 

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

SAGA Egmont www.saga-books.com – a part of Egmont, www.egmont.com

PERSONAJES

CARLOS, estudiante.

GERUNDIO, gracioso.

POMPEYO, viejo.

LAURA.

CELIA, criada.

EL DUQUE DE URBINO.

LISARDO.

CASANDRA.

FEDERICO.

Damas.

Criados.

Músicos.

Soldados. Acompañamiento.

 

La escena es en Urbino y sus inmediaciones.

Jornada I

Salón del alcázar.

Escena I

CARLOS y GERUNDIO, de estudiantes.

 

UNA VOZ (Dentro.)

Nuestro duque viva, viva.

CARLOS Mil siglos goce el Estado.

GERUNDIO Carlos, señor, ¿qué cuidado

en esta pompa festiva

aumenta las esperanzas 5

en tu miserable estrella,

pues nunca has sacado della

mas que riesgos y mudanzas?

CARLOS Gerundio amigo, si el cielo

no me niega su favor, 10

hoy tendrá premio y honor

mi justo y noble desvelo;

de mis estudios espero,

pues tan continuos han sido,

ver el logro merecido. 15

GERUNDIO ¿Qué logro ni que logrero?

¿Tu estrella a ti ha de premiarte?

Si premios lloviera aquí,

no se viniera uno a ti,

sino es a descalabrarte. 20

¿No sabes tu mala suerte

y tus ciegas esperanzas,

pues cuantos bienes alcanzas

en sapos te los convierte?

Pues ¿qué espera tu locura? 25

¿Tú premios? ¿tú ser dichoso?

Aunque nacieras potroso

jamás tuvieras ventura.

¿No sabes que te he seguido

desde niño en tu partida? 30

Pues dame un lance en tu vida

que de ventura haya sido.

Si en amores ha de ser,

no hay fregona ni gallega

que para ti no este ciega, 35

porque no te pueden ver.

Y si en tu pobreza va,

hacen bien, que al pretendellas

¿qué ha de dárseles a ellas

de quien nada se les da? 40

Y este crédito maldito

nos tiene, para sus yerros,

tan señalados por perros,

que me suelen llamar cito.

Con que, nunca hemos podido, 45

sino a escuras y callando

enamorar, porque hablando

nos conocen el ladrido.

Esto es de amor, y si quiero

en el juego reparar, 50

en plantándote a jugar

tienes perdido el dinero.

Que siempre tu suerte trajo

debajo el naipe, se nota;

mas si tu suerte es de sota, 55

bien hace en venir debajo.

Si al hombre juegas, no hay moros

que te sufran; sin malilla,

brujuleando la espadilla,

siempre te viene el tres de oros. 60

Paciencia y dinero apuras;

y si a otro juego te metes,

a los cientos te dan sietes,

y a la primera figuras.

Yo de tu suerte soy lince; 65

mas lo que me dio más queja,

fue ver que un día una vieja

te ganó jugando al quince.

Pues si amor y juego te echa

de su reino desterrado, 70

¿qué espera el que es desdichado

con trocada y con derecha?

Pretender (tiemblo al decillo)

luz del sol, no consiguieras;

y si pretensión lo hicieras, 75

no te diera un tabardillo.

Si el dinero a gastar vienes,

un real por medio te sale:

lo que tienes no te vale;

pues ¿qué hará lo que no tienes? 80

En todo es tu suerte manca,

y porque vea tu porfía

cuál es tu desdicha, un día

amanecimos sin blanca.

Y estando la panza tierna, 85

salimos de casa, y luego

tropezaste en un talego

que te quebrantó una pierna.

Llegó a tu voz lastimada

un hombre, el talego alzó 90

y el dinero se llevó,

y tú la pierna quebrada.

Pues si es este tu destino,

¿con qué esperanza, Señor,

te trae a Urbino el amor? 95

¿A qué venimos a Urbino,

cuando Bolonia y su escuela

te llama luz de las leyes?

Allí das envidia a reyes,

y asco aquí a cualquier mozuela. 100

Allí a juventud bizarra

a leer la cátedra vienes

de prima, y aquí no tienes

prima para una guitarra.

Allí mil vítores dejas, 105

y aquí ignoran si hay tal hombre,

y hay más almagre en tu nombre

que en un rebaño de ovejas.

Pues vuélvete y deja amores;

que más quiero yo, como antes, 110

ser Gerundio entre estudiantes

que supino entre señores.

CARLOS Gerundio, mi mala estrella no la puedo yo ignorar,

pero no quiero dejar 115

nada que deberle a ella.

Lo que me puede traer

es pretensión bien fundada,

y por mal solicitada

no la he de dejar perder; 120

mas referírtela intento,

porque lo conozcas della.

GERUNDIO Rabiando estoy por sabella; dila por Dios.

CARLOS Oye atento.

Ya sabes que grato el cielo 125

me dio en Urbino, mi patria,

alto y claro nacimiento,

sangre ilustre y pobre casa.

Criéme en esta ciudad

sin padres (que de la parca 130

cortó el impensado filo

sus alientos en mi infancia);

pero siendo mi familia

la más noble y dilatada

de Urbino, y yo su cabeza, 135

por el decoro de tantas,

socorrido de mis deudos,

para que no me criara

sin la decencia debida

al respeto de mi casa. 140

Enfrente de mí vivía

el feliz padre de Laura,

Pompeyo, ese noble anciano,

a quien el Senado encarga

del gobierno deste Estado, 145

por su prudencia y sus canas,

su discreción y su sangre,

la justicia y la templanza.

Desde un balcón de la mía

vía todas las mañanas 150

de Laura en los bellos ojos

mejorar luces al alba.

Desde que a la noche el sol

me faltaba en sus ventanas

(el suyo, claro es, que el otro 155

no me pudiera hacer falta),

estaba yo entretenido

con tan dichosa esperanza

en las mías, hasta ver

que haciendo mi amor la salva, 160

volvía a salir su aurora.

Pues de aplausos coronada

(no menos que cuando al prado

sale derramando nácar

de su rosado esplendor, 165

donde con lenguas arpadas

los pintados jilguerillos,

cantando en las copas altas,

le reciben esparciendo

los matices de sus alas, 170

mi amor, al ver que salía,

formando en las verdes ramas

de su alta esperanza el coro),

hacía, por saludarla,

pajarillos los deseos; 175

que de las colores varias

de afectos y de finezas

matizados por más gala,

prevenían su salida,

diciendo sus consonancias: 180

«Flores, que ya viene el día;

fuentes, que se acerca el alba;

campos, que el sol se descubre;

montes, que amanece Laura.»

Porque mi amor entendiese 185

miré, y mirando callaba;

que a veces callan los ojos

y mudamente habla el alma;

que es rúbrica del amor,

para explicarse quien ama, 190

tener la lengua en los ojos,

y el silencio en las palabras.

No fue el mío mal oído;

que en el papel de su cara

vi muchas veces escrita 195

una alegría al mirarla,

que decía: «Ya te entiendo;

y pues me alegro, esto basta

para aviso de tu duda.»

Que como el silencio hablaba, 200

usó de la misma frase

con que la hablaron mis ansias,

por responderme discreta

con modestia y elegancia.

Fuéronse, dando licencia 205

a los afectos el alma,

los afectos al semblante,

el semblante a las palabras,

y ellas al concierto alegre

de unir nuestras esperanzas 210

en la posesión dichosa,

que almas y vidas enlaza.

Para lograrla me dijo

que diese mi industria traza

con que Pompeyo, su padre, 215

lo quisiese, a quien es tanta

su obediencia, que sin ella,

ni quiere ni vive Laura.

Busqué los medios posibles,

supo Pompeyo mis ansias, 220

y con cordura y decoro

me respondió: «Yo lograra,

Carlos, con vuestra persona

sucesión digna a mi casa;

mas en la joya de amor 225

tiene hoy día parte tanta

el caudal y la riqueza,

que, si no es en quien la tasa,

la piedra que la guarnece

es el oro que la esmalta. 230

Vos sois muy noble y muy pobre,

mi hacienda es sólo mi fama;

dos noblezas sin hacienda

se hacen menores entrambas.

Vuestra edad aún es muy tierna, 235

la de mi hija aún no la iguala;

en el término que queda

la obligación de casarla,

caber puede el mejorar

vos de fortuna; intentadla; 240

que yo la palabra os doy

de esperar hasta que salga

de lo preciso este plazo,

sin que en él haya mudanza,

hasta ver si es nuestra suerte, 245

si no liberal, no avara,

dándoos para no ser pobre,

que en vuestra sangre eso basta.

Noble sois y yo os estimo,

vuestra obligación os llama; 250

adiós pues, que vuestras obras

han de cumplir mi palabra.»

Quedé alentado y corrido

por su atención cortesana:

corrido de mi pobreza, 255

y alentado a la esperanza.

Dije entre mí: «La riqueza

se adquiere por letras y armas.»

De armas entonces no había

empresa digna en Italia; 260

las letras, en cualquier tiempo

el que las busca las halla,

y yo a buscarlas resuelto,

partí a Bolonia en las alas

de mi amor, donde juntando, 265

para lograr mi esperanza,

las ansias de mi deseo,

abrevié el plazo a mi fama;

pues hizo mi suficiencia

a la licencia ordinaria 270

suplir términos precisos,

dándome con honras tantas

como viste, graduado,

la cátedra, donde hoy gana

tantos aplausos mi nombre. 275

¡Providencia de amor rara,

saber tan presto a las leyes

las dificultades altas!

Mas no te admires, sabiendo

que las aprendí por Laura, 280

porque era ley de mi amor

saberlas para alcanzarla;

y para aprender las otras

puse esta ley en el alma.

Hasta aquí nada te he dicho 285

de lo que trae mi esperanza;

pues oye, que aunque no es esto,

funda su logro esta basa.

Por muerte del duque Julio,

quedó Urbino, nuestra patria, 290

sin sucesor, y el derecho

dudoso por esta causa

entre tres sobrinos suyos:

uno el que duque hoy aclama,

otro el marqués Federico 295

de la Robere, y Casandra,

prima hermana de los dos.

Y al querer tomar las armas,

pretendiendo cada uno

la corona, los ataja 300

el Senado, proponiendo

al Pontífice la causa;

donde a razón reducida,

cada cual pensó lograrla,

alegando sus derechos 305

con informaciones varias.

Yo viendo que esta ocasión

alentaba mi esperanza,

por elección u destino,

quise fomentar la causa 310

del Duque, que guarde el cielo,

y intenté con dicha tanta

esta empresa, que escribiendo

una información, se allana

su derecho de tal suerte, 315

que las tres sentencias saca

conformes, con que de Urbino

por sucesor le declaran.

Alzó por él el Senado

el estandarte a su usanza; 320

y él obligado de amor

de la divina Casandra,

con la mano la corona

la ofreció, y por obligarla,

la que perdió pretendida 325

le quiso dar voluntaria.

Mas ella, que aborrecía

su nombre, salió a campaña,

y apeló de la sentencia

al tribunal de las armas. 330

Con el marqués Federico

viene atrevida y bizarra,